La rubia del camino es una película cómica argentina de 1938 escrita y dirigida por Manuel Romero, protagonizada por Paulina Singerman y producida por el estudio Lumiton, durante la Época de Oro del cine argentino. Inspirada en la comedia estadounidense It Happened One Night (1934), de Frank Capra, narra la historia de una joven adinerada y caprichosa que huye de su entorno, conoce a un camionero de clase trabajadora durante un viaje y comienza un romance que la lleva a replantearse su vida y sus prejuicios de clase.

La película se enmarca en una etapa prolífica de Romero, uno de los directores más exitosos del cine argentino de los años 1930, conocido por la rapidez con la que filmaba y por un estilo que apelaba al gusto masivo mediante la cultura popular urbana de Buenos Aires. Como buena parte de su obra de este período, La rubia del camino plantea el conflicto entre la clase alta —presentada como egoísta y extranjerizante— y la clase trabajadora, asociada a la moral y lo auténticamente nacional; por ello ha sido considerada un antecedente del discurso peronista. El personaje de Singerman, una de las primeras figuras femeninas activas y con iniciativa del cine local, se cuenta entre las encarnaciones del arquetipo de la «joven moderna».

Fue un éxito y estableció una fórmula que Romero repetiría con Singerman en Isabelita (1940) y Elvira Fernández, vendedora de tienda (1942), en las que la actriz consolidó su personaje típico de millonaria caprichosa. La película es considerada uno de los títulos más representativos de su filmografía.

Argumento

Betty, una joven moderna de clase alta, soberbia y despectiva con quienes no pertenecen a su entorno, se hospeda en el Hotel Llao Llao de Bariloche junto a sus padres, Don Emilio y Doña Elvira, y su abuelo, donde esa noche anunciará su compromiso con su novio, Raúl. Para su disgusto, Raúl ha salido de excursión al Cerro Tronador con otros huéspedes, y ella sospecha que es una excusa para engañarla con Inés, una viuda mayor. Betty sale a jugar al golf con Malipieri, un conde extranjero que insiste en casarse con ella. De vuelta en el hotel, sorprende a Raúl e Inés coqueteando abiertamente en el bar, los increpa y anuncia que rompe su compromiso y que se casará con Malipieri.

En la celebración de esa noche —que pasó de festejar el compromiso con Raúl al del conde—, Betty no logra ocultar su malestar y escapa en su auto, sin chofer, rumbo a Buenos Aires. Su fuga despierta alarma, ya que ese día se había conocido la noticia de un escape de presos de la cárcel de Bariloche. Raúl y Malipieri salen a buscarla en otro auto pero, en una bifurcación, toman la ruta equivocada; tras conducir toda la noche, deciden volver al hotel, no sin antes pinchar una rueda. En paralelo, Betty se queda sin gasolina en plena ruta y la recoge Julián, un transportista de clase trabajadora que se dirige a Buenos Aires, a quien convence de llevarla hasta la ciudad para no quedar varada.

En el Llao Llao, la familia y los dos pretendientes reciben noticias de la policía: hallaron el auto abandonado y suponen que la joven se cambió de ropa y tomó un tren a Buenos Aires. Betty y Julián oyen por la radio que la policía la rastrea, y él la ayuda a esconderse cuando los detienen dos policías a caballo. Poco después son abordados por dos fugitivos de la cárcel, que intentan asaltar el camión, pero Julián los golpea y lo impide. La pareja hace una parada en la casa de Lucía —una joven enamorada de Julián— y su padre, donde Betty, tras resistirse, accede a comer empanadas, dormir un rato y ponerse un vestido de Lucía. Mientras Julián y Lucía comparten un momento a solas, Betty despierta y exige retomar el viaje esa misma noche, lo que provoca un enfrentamiento con Lucía, que queda angustiada al verlos partir.

De a poco, Betty relaja su actitud prepotente: se abriga con el saco de Julián y duerme apoyada en su hombro, él le enseña a tomar mate por primera vez, y recogen de la calle a un perrito abandonado. Paran a almorzar en lo de Batista, un cliente italiano de Julián, a quien encuentran desesperado porque su mujer, Marietta, ha entrado en trabajo de parto. Aunque no tiene experiencia, Betty asiste con éxito el parto y queda conmovida por la experiencia. Ya más distendida, y a diferencia de su anterior rechazo por la música, le pide a Julián que encienda la radio y ambos cantan un tango. En lo que resta del viaje, Betty y Julián se enamoran, y ella se vuelve activa: carga combustible, maneja y comparte salamín con pan.

Al llegar a la casa familiar en Buenos Aires junto a Julián, Betty lo presenta como su novio y anuncia que se ha convertido en una mujer nueva. Intenta entonces adaptarlo a su clase social, cambiándole la ropa y llevándolo a eventos sociales, pero Julián no logra amoldarse a esa vida y decide dejarla y volver a su trabajo de camionero. Cuando va a visitar a su amigo Batista, encuentra que Betty lo espera allí. Ella le anuncia que de ahora en más se llamará Isabel —su nombre real—, y ambos retoman su amor y parten juntos en el camión.

Reparto

Producción y estilo

La rubia del camino fue realizada en un período muy prolífico para Manuel Romero, que había debutado como director para la productora Lumiton en 1935 con Noches de Buenos Aires, con la que le devolvió el éxito en un momento de incertidumbre económica, y pronto se convirtió en su principal realizador. Surgido en 1933, Lumiton fue, junto a Argentina Sono Film, uno de los dos primeros estudios cinematográficos de sonido óptico de América Latina, para lo cual levantó unas pioneras instalaciones de filmación en la localidad de Munro, Gran Buenos Aires. Ambos estudios inauguraron la Época de Oro del cine argentino, un momento de rápido crecimiento y consolidación de la industria cinematográfica local tras el surgimiento del sonoro. Antes de llegar al cine, Romero ya era un reconocido productor teatral de la revista porteña y letrista de tangos, y trasladó varias estrellas y temáticas de esos mundos a sus películas. Se caracterizó por la velocidad con la que filmaba y estrenaba, a la manera de las «quickies» y el cine de clase B estadounidenses, y realizó 30 películas entre 1935 y 1942. El comienzo La rubia del camino se rodó en el Hotel Llao Llao, en Bariloche, recientemente inaugurado en enero de 1938 según el diseño del arquitecto Alejandro Bustillo. Ese primer edificio sufrió un incendio que lo destruyó por completo en octubre del año siguiente y fue reconstruido en 1940, versión que se conserva en la actualidad. Por ello, La rubia del camino funciona también como «un registro audiovisual de ese primer hotel que duró tan poco». Todos los caminos que el personaje de Singerman recorre en automóvil a lo largo del film fueron filmados con la técnica de proyección trasera. La rubia del camino fue un ejemplo de la rapidez que caracterizaba a Romero: entre el comienzo del rodaje y su estreno pasaron solo veintiocho días.

Romero es una figura compleja de analizar desde una perspectiva autoral porque era un director movido por pretensiones comerciales y no artísticas, con un uso elemental de las técnicas cinematográficas y un método basado en actores y situaciones recurrentes que reelaboraba y reversionaba película tras película. El estilo desarrollado por Romero buscó apelar al gusto masivo, representando la cultura popular urbana de Buenos Aires y formas como el tango, la revista porteña o el sainete. Aunque la crítica especializada lo consideraba un estilo inculto, tuvo gran éxito entre las clases populares a las que estaba dirigido, y Romero se convirtió en el director argentino más exitoso de los años 1930. La rubia en el camino se inscribe en la serie de películas en las que Romero trató el conflicto entre la clase alta y la clase trabajadora, identificando a las primeras como villanas y extranjerizantes, y a las últimas como reservorio de la moral y lo auténticamente nacional. Según el historiador Matthew B. Karush: «Las películas de Romero diseñaban una particular versión de la nación argentina, una que enfatizaba la moral convencional y los valores conservadores como el esfuerzo laboral, pero también contenían un mensaje profundamente populista desde el momento en que su premisa era la exclusión de los ricos». El investigador Alejandro Kelly Hopfenblatt señala que esta oposición se construye también mediante decisiones formales concretas: el mundo burgués se presenta en planos generales que dispersan a los personajes por el espacio y refuerzan su individualismo, mientras que los sectores populares aparecen en planos más cerrados, agrupados alrededor de una mesa, lo que remarca la idea de comunidad. El contraste se refuerza además a través de la musicalización: la secuencia de trabajo y felicidad junto a Julián se acompaña con «La marcha del camino» —de letra del propio Romero—, dotando a lo popular de un sonido nacional, mientras que la vida de consumo de la clase alta se asocia a la música de jazz, presentada como extranjerizante. Las películas de Romero de este período han sido consideradas un precedente del discurso peronista por su exaltación del pueblo frente a la elite.

Existe consenso entre los historiadores en que La rubia del camino está basada en la película estadounidense It Happened One Night (1934), de Frank Capra, una de las primeras comedias screwball. Al igual que el film de Capra, La rubia del camino trata sobre una joven rica que esquiva el control paterno, conoce a un hombre de clase más baja, viaja con él a la ciudad y termina enamorándose. Sin embargo, la película de Romero no es simplemente una remake con detalles argentinos, sino que introduce una serie de cambios que la diferencian de la original. Según Karush, sigue las convenciones del melodrama que imperaban en la cultura de masas argentina de la época y ensancha aún más las diferencias sociales entre los protagonistas: reproduce la representación típica del melodrama argentino —el rico odioso y el pobre noble—, pero con la novedad de invertir los roles de género habituales. El personaje de Singerman se cuenta entre los primeros personajes femeninos activos y con iniciativa del cine argentino, y representaba el nuevo arquetipo de la «joven moderna», un fenómeno global del período de entreguerras: mujeres liberadas que bebían, fumaban y adoptaban una actitud cosmopolita y más laxa frente a la moral. Romero repitió la fórmula de La rubia del camino en Isabelita (1940) y Elvira Fernández, vendedora de tienda (1942), protagonizadas por Singerman en lo que se convertiría en su personaje típico: el de la millonaria caprichosa que se transforma tras vincularse con la clase trabajadora. No obstante, Kelly Hopfenblatt sostiene que estas películas fueron atenuando progresivamente el carácter conflictivo de la oposición de clases hacia una visión más conciliadora, en el marco de una vertiente de «comedia burguesa» que se consolidaba en el cine argentino de comienzos de los años 1940.

La figura de Singerman ha llevado muchas veces a encuadrar sus películas dentro de una versión argentina de la comedia screwball estadounidense, aunque los elementos característicos del género pertenecen más al personaje que a la estructura del film. A diferencia del screwball de Hollywood, la formación de la pareja interclasista no supone una unión de opuestos complementarios, sino que Romero plantea la diferencia de clases como irreconciliable. El personaje de Singerman debe abandonar su vida previa e incluso cambiar su nombre por uno que suena menos extranjero. Su gran transformación se produce tras asistir a un parto: allí los valores de la feminidad triunfan sobre las diferencias de clase, y el instinto maternal que despierta en ella la lleva a adoptar los valores de solidaridad del pobre y a abrazar la identidad argentina. En palabras de Karush:

Lanzamiento y recepción