Felipe de Castilla (Sevilla, 28 de mayo de 1292-Madrid, abril de 1327). Infante de Castilla, hijo del rey Sancho IV de Castilla y de la reina María de Molina, fue señor de Cabrera y Ribera, de Lemos y Sarria, adelantado mayor de Galicia, merino mayor de Galicia, pertiguero mayor de Santiago, comendero de la Iglesia de Lugo y mayordomo mayor del rey Alfonso XI de Castilla, cargo este último que desempeñó entre diciembre de 1325 y enero de 1327.

Durante la última etapa de la minoría de edad de su sobrino, Alfonso XI de Castilla, fue tutor del rey junto con don Juan Manuel, nieto de Fernando III de Castilla, y Juan el Tuerto, nieto de Alfonso X de Castilla.

Orígenes familiares Fue hijo de Sancho IV de Castilla y de su esposa la reina María de Molina. Por línea paterna era nieto de Alfonso X de Castilla y de la reina Violante de Aragón, hija de Jaime I de Aragón. Sus abuelos maternos fueron el infante Alfonso de Molina, hijo del rey Alfonso IX de León, y su esposa, Mayor Alfonso de Meneses.

Fue hermano, entre otros, de Fernando IV, rey de Castilla y León, del infante Pedro, y de la infanta Beatriz, reina consorte de Portugal.

Juventud y actuaciones durante el reinado de Fernando IV (1292-1312) El infante Felipe de Castilla y Molina nació en la ciudad de Sevilla el día 28 de mayo de 1292. Era el menor de los hijos varones habidos del matrimonio entre Sancho IV el Bravo y la reina María de Molina. En 1295, cuando tenía tres años de edad, falleció su padre y subió al trono su hermano, Fernando IV.

En las Cortes de Valladolid de 1295, las primeras celebradas durante el reinado de Fernando IV, la reina María de Molina consiguió que todos los procuradores rindiesen homenaje al rey Fernando IV y que reconociesen por tutor del rey al infante Enrique de Castilla el Senador.

Cuando tenía seis años de edad, su madre, la reina María de Molina, envió al infante Felipe al reino de Galicia, con el propósito de reforzar la autoridad real en aquella zona, en la que Juan Alfonso de Albuquerque y Fernando Rodríguez de Castro, señor de Lemos y Sarria, sembraban el desorden. El infante Felipe llegó a Galicia llevando como acompañante y subordinado a Fernán Rodríguez de Biedma, aunque tras las primeras escaramuzas las tropas reales fueron derrotadas y el infante Felipe fue apresado y encerrado en el castillo de Villalba, donde permaneció varios años.

No obstante, en 1304 la situación de Galicia cambió y el infante Felipe, después de abandonar su lugar de encierro, y contando de nuevo con el apoyo de Fernán Rodríguez de Biedma, cercó la villa de Monforte de Lemos, que pertenecía a Fernando Rodríguez de Castro. Cuando este último lo supo, acudió con sus mesnadas a socorrer la villa sitiada. Los acompañantes y consejeros del infante intentaron persuadir a Fernando Rodríguez de Castro para que depusiera su actitud y aceptase llegar a un acuerdo de paz con el infante Felipe, quien era su cuñado, pues era hermanastro de Violante Sánchez de Castilla, su esposa. Sin embargo, no alcanzaron ningún acuerdo y se entabló una batalla, en la que perdió la vida Fernando Rodríguez de Castro.thumb|300px|María de Molina presenta a su hijo Fernando IV en las Cortes de Valladolid de 1295. Óleo sobre lienzo de Antonio Gisbert Pérez, 1863. Congreso de los Diputados de España.

A la muerte de Fernando Rodríguez de Castro, el rey Fernando IV concedió al infante Felipe todos los títulos y posesiones que habían pertenecido al difunto señor de Lemos. De ese modo, el infante Felipe pasó a ser señor de Lemos y Sarria, señor de Cabrera y Ribera, adelantado mayor de Galicia, Pertiguero mayor de Santiago y comendero de la Iglesia de Lugo.

El infante Felipe, vencedor de Fernando Rodríguez de Castro, llegó a ser en Galicia en cierto modo el continuador de la política del vencido, que consistía en el debilitamiento del poder secular de los prelados gallegos, en el engrandecimiendo del poder feudal, y en prestar ayuda a las villas episcopales en su lucha contra los prelados. El infante Juan de Castilla el de Tarifa y el arzobispo de Santiago le disputaban al infante su influencia en Galicia. La lucha comenzó primero entre el infante Felipe y el infante Juan, que no había renunciado totalmente a sus pretensiones sobre los señoríos de Galicia y contaba en las tierras del reino de León con numerosos partidarios.

A los pocos meses de la batalla que le costó la vida a Fernando Rodríguez de Castro, las tierras del señorío de Lemos fueron dadas, junto con otros señoríos de Castilla y León, a Alfonso de la Cerda, pretendiente a la Corona de Castilla y nieto de Alfonso X el Sabio, como compensación por su renuncia a sus derechos al trono castellano-leonés. El rey Dionisio I de Portugal, el infante Juan y el arzobispo de Santiago, Rodrigo de Padrón, fueron los árbitros que pronunciaron el fallo que privó de las tierras del señorío de Lemos al infante Felipe. El rey Dionisio I de Portugal velaba de ese modo por los derechos sobre esas tierras de su protegido, Pedro Fernández de Castro, presunto heredero del señorío de Lemos y Sarria, pues era hijo de Fernando Rodríguez de Castro.

La labor del infante Juan para limitar la influencia de su sobrino, el infante Felipe, en Galicia, no se detuvo ahí, ya que se esforzó en despojarle de los títulos y las encomiendas gallegas que el infante Felipe había obtenido del rey Fernando IV, como premio por su victoria sobre Fernando Rodríguez de Castro. En 1306, el infante Juan consiguió que le dieran a su hijo, Alfonso de Valencia, el título de Pertiguero mayor de Santiago, que ponía bajo su mando las fuerzas militares compostelanas. Poco después, el infante Juan consiguió que el rey Fernando IV le diera el cargo de Merino mayor de Galicia a Diego I García de Toledo, quien gozaba de la confianza del infante Juan. No obstante, el infante Felipe aún conservaba el cargo de comendero de la Iglesia de Lugo y el señorío de Cabrera y Ribera, y un individuo que gozaba de su confianza, Alfonso Suárez de Deza, ocupaba el cargo de Adelantado mayor de Galicia.

En 1308, Rodrigo Yáñez, Maestre de la Orden del Temple en el reino de Castilla y León, se dispuso a entregar a la reina María de Molina las fortalezas de la Orden del Temple en el reino, aunque la reina no aceptó tomarlas sin el consentimiento de su hijo Fernando IV, que este último concedió. Sin embargo, el maestre no entregó los castillos a la reina madre, sino que ofreció al infante Felipe, hermano de Fernando IV, entregárselos a él, a condición de que el infante suplicase al rey, en su nombre, que el monarca atendiese las demandas de los templarios a los prelados de su reino.

En 1308 se entabló un pleito entre el infante Juan de Castilla el de Tarifa y el infante Felipe por la posesión del castillo de Ponferrada, del que este último se había apropiado, así como por la posesión de Alcañices, San Pedro de Latarce y Haro. El infante Felipe se vio obligado a devolver dichas plazas a su hermano el rey, al tiempo que el Maestre del Temple se comprometía a entregar a Fernando IV los castillos que aún tenía en su poder. Ese mismo año, el infante Felipe tomó parte en la limpieza de malhechores de la zona comprendida entre Almazán y Atienza, y en la labor de destruir las fortalezas que les servían de refugio.

En las Cortes de Madrid de 1309, las primeras celebradas en la actual capital de España, Fernando IV manifestó su deseo de ir a la guerra contra el reino de Granada, al tiempo que demandaba subsidios para poder hacer la guerra. En dichas Cortes estuvieron presentes el rey Fernando IV y su esposa, la reina Constanza de Portugal, la reina María de Molina, los infantes Pedro, Felipe y Juan, don Juan Manuel, Juan Núñez de Lara el Menor, Diego López V de Haro, Alfonso Téllez de Molina, hermano de la reina María de Molina, el arzobispo de Toledo, los Maestres de las Órdenes Militares de Santiago y Calatrava, los representantes de las ciudades y concejos, y otros nobles y prelados.

En 1309 el infante Felipe tomó parte en el asedio de Algeciras, y llegó a la ciudad sitiada acompañado por las tropas del arzobispo de Santiago de Compostela, yendo este último acompañado por 400 caballeros y por buen número de peones. No obstante, Fernando IV se vio obligado a levantar el asedio debido a la enfermedad de Diego López V de Haro, señor de Vizcaya, a la defunción de Alonso Pérez de Guzmán, señor de Sanlúcar de Barrameda, al temporal de lluvias que inundaron el campamento cristiano, y a las deserciones del infante Juan y de don Juan Manuel.

En 1312 los habitantes de la ciudad de Lugo, de la que era comendero el infante Felipe de Castilla, se sublevaron contra su obispo, Juan Hernández, ya que este había intentado recobrar el señorío de la ciudad. Por ello, los habitantes de Lugo atacaron el palacio episcopal, capturaron a su guarnición e hirieron al obispo, quien se negó a entregarles la bandera y las llaves de la ciudad y fue expulsado de la ciudad. El pleito fue llevado ante el rey Fernando IV, quien sentenció en favor del obispo Juan Fernández y en contra del concejo de Lugo. Además, el rey ordenó al infante Felipe y a Alfonso Suárez de Deza, Adelantado mayor de Galicia, que hicieran cumplir el veredicto que había emitido a los habitantes de Lugo. No obstante, ambos personajes retrasaron el cumplimiento del acuerdo.

En las Cortes de Valladolid de 1312, las últimas del reinado de Fernando IV, se recudaron fondos para mantener el ejército que se emplearía en la siguiente campaña contra el reino de Granada, se reorganizó la administración de justicia, la administración territorial y la administración local, mostrando con ello el deseo del rey de realizar profundas reformas en todos los ámbitos de la administración, al tiempo que intentaba reforzar la autoridad de la Corona en detrimento de la autoridad nobiliaria. Las Cortes aprobaron la concesión de cinco servicios y una moneda forera, destinados al pago de las soldadas de los vasallos del rey, a excepción de Juan Núñez de Lara el Menor, señor de la Casa de Lara, que se había convertido en vasallo del rey Dionisio I de Portugal.

El día 7 de septiembre de 1312 falleció en la ciudad de Jaén su hermano, Fernando IV de Castilla a los veintiséis años de edad.

Actuaciones durante el reinado de Alfonso XI (1312-1327) La primera tutoría de Alfonso XI (1312-1319) Cuando el infante Juan de Castilla el de Tarifa y Juan Núñez de Lara el Menor tuvieron conocimiento de la muerte del rey Fernando IV de Castilla, solicitaron a la reina María de Molina, que se encontraba en Valladolid, que se hiciese cargo de la tutoría de su nieto, Alfonso XI de Castilla, que contaba con un año de edad, pero que no se hiciese cargo de ella el infante Pedro de Castilla, hermano del difunto Fernando IV. No obstante, la reina se negó a hacerse cargo de la tutoría del niño rey y les solicitó que hablasen de ello con su hijo, el infante Pedro.thumb|250px|Últimos momentos de Fernando IV el Emplazado. Óleo sobre lienzo de José Casado del Alisal. (1860). Palacio del Senado de España.

Juan Núñez de Lara el Menor intentó entonces apoderarse de Alfonso XI, que se encontraba en la ciudad de Ávila. Sin embargo, se lo impidieron las autoridades de la ciudad, prevenidas por la reina María de Molina. Poco después llegó a Ávila el infante Pedro y se negaron a dejarle entrar en la ciudad. Mientras tanto, el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor, que se encontraban en Burgos, convocaron a los ricoshombres, procuradores y concejos del reino para que se reuniesen en Sahagún, al tiempo que el infante Pedro obtenía la aprobación de la reina María de Molina para ser tutor de su sobrino Alfonso XI durante su minoría de edad.