El Real Monasterio de Nuestra Señora de Fresdelval fue un monasterio jerónimo fundado en el y situado en las cercanías de la ciudad de Burgos (España), concretamente entre las localidades de Villatoro, Quintanilla Vivar y Villayerno Morquillas. Exclaustrado y en estado ruinoso, el antiguo cenobio pertenece a una propiedad particular. Fue declarado bien de interés cultural, por entonces Monumento Nacional, el 3 de junio de 1931. Posteriormente (2009) ha sido ampliada la delimitación del monumento.«Resolución de 2 de julio de 2009, de la Dirección General de Patrimonio Cultural, de la Consejería de Cultura y Turismo, por la que se incoa procedimiento de adecuación en la categoría de monumento, y se delimita el entorno de protección del bien de interés cultural denominado Monasterio de Fresdelval, en Quintanilla de Vivar (Burgos)». BOE, 2 de septiembre de 2009.
Precedentes: ermita de Nuestra Señora de Fresdelval Siguiendo la tradición piadosa de buena parte de los monasterios jerónimos, Fresdelval se fundó en el lugar donde existía una ermita dedicada a la Virgen María y que existía desde los tiempos del rey Recaredo. Parece que aquel viejo edificio se reedificaría hacia 1320, en tiempos del rey Alfonso XI. Los cimientos de esta edificación indican que era una iglesia muy modesta.
En el la devoción a la titular del valle estaba muy extendida en Burgos y su comarca. Durante el reinado de Juan I de Castilla, el culto a la imagen de la Virgen de Fresdelval recibe un nuevo impulso por la voluntad de Pedro Manrique, el Viejo, Adelantado Mayor de Castilla, señor del valle. Este caballero hizo juntar a los lugares de Vivar, Quintanilla y otros pueblos de los contornos para formar con todos ellos una cofradía y hermandad en aquella iglesia.
Protección de los Manrique y descendientes miniatura|izquierda|250px|Sepulcro de Gómez Manrique y Sancha Rojas, en el Museo de Burgos.
Con Pedro Manrique y especialmente con su único hijo, aunque ilegítimo, Gómez Manrique de Lara, primer señor de Requena, comienza la protección que esta familia concedió a Fresdelval hasta la extinción de sus últimos sucesores, los Padilla, a comienzos del .
Gómez Manrique nació en 1356 y de niño fue entregado como rehén al rey de Granada con otros hijos de caballeros de Castilla. Convertido al islam, retornó a Castilla donde abjuró de esta religión por el cristianismo. Fue muy devoto de la Virgen de Fresdelval. Fundará aquí un monasterio tras atribuir a la intercesión de esta Virgen la curación milagrosa de su hija mayor, María, en 1400, y por haber salvado la propia vida del adelantado durante el cerco de Antequera, en 1403. Entonces hizo voto de edificar un monasterio junto a la ermita de la Virgen de Fresdelval.
Levantado el asedio de Antequera, el adelantado pidió licencia al infante don Fernando para acercarse con otros caballeros al santuario de Guadalupe. En Guadalupe conoció Gómez a la Orden de San Jerónimo, que ya apuntaba las características que iban a definirla toda su existencia: la solemnidad y compostura en el culto que tanto debió impresionarle y el favor de los reyes, que ya lo disfrutaba de Enrique III y del infante don Fernando.
Ello decidió al adelantado a elegir a esta Orden para su fundación de Fresdelval. Comunicó su resolución al prior de aquel monasterio y a él pidió con este fin cierto número de monjes.
A la muerte de Gómez Manrique, sobrevenida en Córdoba el 3 de junio de 1411, la iglesia debía estar iniciada y al menos con su gran presbiterio abovedado. En ella fue enterrado el 9 de julio de ese mismo año tal y como había dispuesto en su testamento.
El resto de las edificaciones conventuales sufrirán retrasos en su construcción, principalmente debido al incumplimiento de los compromisos contraídos por la viuda de Gómez, Sancha de Rojas. Fueron sus hijas (que emparentaron con los Padilla, Sarmiento y Avendaño) las que continuaron el patrocinio paterno. Los nietos y descendientes de Gómez Manrique rivalizan durante el en la protección de la fundación de su antecesor. Al favor de estas familias se uniría el de numerosos y anónimos burgaleses, llevados por su devoción a la Virgen de Fres del Val.
Primeros monjes. Construcción del monasterio miniatura|210px|Lienzo exterior de la iglesia.
Llegaron cuatro frailes que, junto al capellán del valle, se alojaron en las casas y palacio que el adelantado había edificado, de allí salían a hacer los oficios a la ermita. Sabemos que tres de ellos no llegaron a ver el monasterio terminado, fueron enterrados en la antigua iglesia, fuera de la reja y delante de la imagen de la Virgen.
Una vez instalados los jerónimos en el valle, los religiosos decidieron que se debía levantar el convento junto a la antigua ermita. Acopiados los materiales, se abrieron los cimientos y se puso la primera piedra el 25 de marzo de 1404, día de la Anunciación. Los trabajos de construcción fueron a buen ritmo y en ellos, según la tradición, intervinieron los religiosos con sus propias manos.
Arquitectura Iglesia miniatura|210px|Reproducción pictórica de una ventana del claustro del monasterio de Fresdelval.
La iglesia que erigió el maestro Brahen respondía al tipo de la Orden de San Jerónimo de nave única, modelo tomado de los cartujos y de los franciscanos; si bien la cabecera es cuadrada —al estilo cisterciense— y no poligonal, como era al uso en las órdenes antes mencionadas. El crucero, poco resaltado, daba acceso a las capillas que se situaron en sus brazos: la de San Andrés, en el lado del evangelio y la capilla de San Juan Bautista, en el lado de la epístola. En los templos jerónimos, asimismo, son normales las capillas laterales, en Fresdelval se abren en el tercer tramo de la nave y son de escasa profundidad, ocupando el espacio entre los contrafuertes. Solo conocemos la advocación de la que se encontraba entrando a la mano izquierda: Santa Ana. Entre esta capilla y la de San Andrés, por la que se accedía, se encontraba la antigua sacristía, con la que se completa el trazado del templo.
En la capilla mayor de la iglesia se ubicó el sepulcro del fundador Gómez Manrique y su esposa Sancha de Rojas. Se trata de una pieza excepcional, realizada en alabastro en las estribaciones de 1400. En época moderna, el sepulcro fue partido en dos y los yacentes empotrados en los laterales de la capilla mayor, lugar en el que permanecieron hasta su traslado el Museo de Burgos, donde hoy puede contemplarse.
Dependencias monásticas Durante el se va conformando la disposición del antiguo monasterio gótico siguiendo el modelo jerónimo: al sur de la iglesia se sitúa el claustro procesional, de planta cuadrangular, en su parte superior, claustro alto, están los dormitorios. La comunicación con la iglesia se establece por la puerta de salida y entrada para las procesiones claustrales. En la panda de naciente se encuentra el acceso a la capilla de San Jerónimo o sala capitular, concluida hacia 1432, y a la capilla de San Juan Bautista, al sur del claustro se emplazaban la cocina y el refectorio y, finalmente, en el lado de poniente estaba la enfermería, que será derribada en la gran reforma del siglo siguiente.
miniatura|izquierda|210px|Sepulcro de Don Juan de Padilla, obra de Gil de Siloé, hoy en el Museo de Burgos.
La reina Isabel la Católica mandará traer a Fresdelval el cuerpo del doncel Juan de Padilla, muerto en la guerra de Granada en 1491 y al que profesaba especial afecto, siendo encargado su sepulcro parietal al taller de Gil de Siloé. Al igual que el sepulcro del fundador, actualmente se conserva en el Museo de Burgos, y se emparenta tipológicamente con el del infante don Alfonso en la Cartuja de Miraflores, obra del mismo Siloé.
Reformas en el Desde el año 1524 hasta 1542 se realizaron importantes obras que transformaron el monasterio. Se debieron a la protección y mecenazgo de García de Padilla, Comendador Mayor de la Orden de Calatrava. Estas reformas sirvieron para reestructurar y dar unidad al, hasta entonces, heterogéneo conjunto monacal: hasta el inicio de estas obras, la ermita seguía siendo un edificio exento y perduraban otros edificios aislados, como las casas y palacios de los fundadores, que desaparecieron con esta reforma.
miniatura|210px|Portada renacentista de la iglesia.
Concretamente, las obras ejecutadas por mandato de García de Padilla consistieron en hacer «todas las capillas de la yglesia que están de la rexa afuera y la portada de la yglesia y el coro de ella. el claustro alto. la hospedería. enfermería y todas las celdas del paredón altas y bajas, la bodega, y los troxes y caballeriças, y otras muchas oficinas. Dio la tapicería y la plata del serbicio del altar y la librería y hico la sacristía y la capilla de S. Juª(n)».
Ahora sabemos que la transformación de la iglesia, o capilla mayor, fue profunda: se derribaron, nada menos, que las cuatro primeras bóvedas de la nave para rehacerse con arranques sobre ménsulas situadas a bastante más altura que las originales del .
Todavía puede distinguirse las trazas de los arranques primitivos, cortados hasta confundirlos con la superficie del paramento y han perdurado dos ménsulas góticas que quedaron ocultas por el embovedado del coro, también construido en el . Las alteraciones de la iglesia se completaron con el traslado de la reja que se situó entre el falso crucero y el cuarto tramo de la nave y la realización de «el asiento y pretil de la dicha rexa». En esas fechas la reja estaba situada en las gradas de la capilla mayor y en el se trasladó hasta incluir el crucero para dar más exclusividad al panteón familiar de Manriques, Sarmientos y Padillas que estaba situado en la cabecera de la iglesia.
En el exterior de la iglesia gótica se «hizo embutir toda la fachada de la puerta de dicha yglesia» la cual tanto desconcierta a los que intentan fechar la construcción del templo gótico y se encuentran con esta obra renacentista. La construcción de la portada es atribuida por Martínez Burgos a Felipe de Bigarny. La sacristía con entrada por el claustro y que posteriormente fue cegada parece coincidir, por eliminación, con la antes referida la capilla del Santo Crucifijo que es en la claustra principal del dicho monasterio salida.
Carlos V y otras visitas regias Cuando el emperador Carlos V se hospedó en el monasterio de Fresdelval en la Semana Santa de 1524, las obras de ampliación no habían hecho sino comenzar.
Por el año de 1542 estaban finalizando las obras de ampliación realizadas por García de Padilla. Estas construcciones incluían el edificio que pudo acoger al emperador en sus últimos días: el palacio renacentista y el llamado patio de los Padilla, que parecen obedecer a una, en principio, no planeada ampliación. Estas construcciones se levantaron anejas al monasterio pero con una traza constructiva sensiblemente distinta de lo que se había realizado hasta ese momento. Actualmente todavía se puede apreciar que al construir el patio de los Padilla se cegaron vanos del monasterio que se habían abierto unos pocos años antes. En todo el piso superior de este patio se colocaron las armas imperiales y aún se conserva el magnífico escudo de Carlos V que preside el que fuera zaguán, o entrada, del palacio, tradicionalmente conocido como «Casa de Carlos V».
miniatura|izquierda|210px|Ventanal de la iglesia.