La historia de Hungría durante el periodo del Compromiso austrohúngaro (1867-1918) se caracterizó por la normalización parcial de las relaciones entre el emperador y la oligarquía aristócrata que controlaba la política húngara, aunque se mantuvieron las tensiones entre los partidarios del entendimiento con la corte y la separación. Económicamente el país experimentó un notable desarrollo, aunque social y políticamente la evolución fue mucho menor. La Primera Guerra Mundial supuso el fin del Estado, la proclamación de una república y enormes cambios sociales, económicos, políticos y territoriales que marcaron el periodo posterior de entreguerras.
Economía: desarrollo económico y atraso thumb|La bolsa de Budapest, ciudad que tuvo un enorme crecimiento a finales del y principios del . Los sucesivos Gobiernos fomentaron el desarrollo industrial, el comercio y las finanzas sin desatender los intereses agrarios de los terratenientes.
Tras alcanzar el gobierno en 1875, la negociación del concierto económico entre las dos partes del Imperio, que resultó más desfavorable que el original para Hungría, le hizo a Colomán Tisza entender la necesidad de promover el desarrollo industrial húngaro para poder tratar en igualdad con Austria, en aquel momento más desarrollada. Durante sus años de gobierno, se produjo un notable arranque de la industria, el comercio y la banca en el país, que el Gobierno respaldó. A finales de siglo, el país había pasado de ser casi exclusivamente agrícola a contar con ciertas industrias bastante desarrolladas. Una consecuencia de este desarrollo fue la creación de Budapest como unión de tres poblaciones cercanas, que no paró de crecer. La unión aduanera entre las dos mitades del Imperio limitaba los tipos de industria que se podían fomentar en Hungría sin temer la competencia austriaca pero, a la vez, ofrecía un mercado protegido a la gran producción agraria húngara. A pesar de la dura competencia del trigo norteamericano desde finales de la década de 1870, la existencia de este mercado protegido por aranceles permitió a los productores húngaros, que disponían ahora de mejores métodos de cultivo, crédito y maquinaria, mantener la producción. A su vez, Hungría era una fuente segura de productos agrícolas básicos para Cisleitania, deficitaria. Un año normal como 1911, Austria adquiría el 86 % del grano y la harina importados (entre 1,5 y 2 millones de toneladas) de Hungría.
Pese al notable crecimiento de la industria húngara durante el periodo del Compromiso, la región siguió siendo principalmente agrícola. La industria dependía grandemente del crédito austriaco. La agricultura aportaba el 80 % del producto interior bruto en 1850 y aún el 64 % en 1911-1913; la industria por su parte, aumentó del 12 % al 25,9 % en el mismo periodo. El porcentaje de población dedicada a la agricultura disminuyó del 80 % en 1870 al 64,5 % en 1910, mientras que el de la que trabajada en la industria pasó del 11,5 % al 23,6 %.
El predominio de la agricultura se reflejaba también en el comercio: alrededor del 50 % de las exportaciones al resto del Imperio y al extranjero eran materias primas y únicamente el 37,5 % productos elaborados (de los que el 65 % eran alimentos); las importaciones, en cambio, eran de una 70 % de productos elaborados y un 30 % de materias primas en 1900, proporción que solo menguó ligeramente en vísperas de la guerra.
Aunque menos desarrollada que la mitad cisletana del Imperio, Hungría redujo la diferencia en el periodo del Compromiso.
La agricultura
La agricultura húngara del periodo inmediatamente anterior al Compromiso se benefició de la extensión de las comunicaciones ferroviarias que conectaban ya la capital imperial a través de Pest con el oriente húngaro, la región cerealista de Szeged y la ganadera de Debrecen. La emancipación de los campesinos fomentó la mecanización del campo, aunque la falta de financiación dificultó está fuera de las haciendas de los terratenientes. Los métodos agrícolas de los labradores continuaron siendo bastante primitivos, aunque se produjeron ciertos avances técnicos en los medios de producción. Casas campesinas de la llanura húngara. La mayoría de la población se dedicaba a la agricultura pese a la expansión de las ciudades. Su situación empeoró en esta época por el incremento de la población, el de los latifundios y la competencia de los productos agrícolas extranjeros.|thumb
La prosperidad del campo y el aumento de los precios agrícolas, que había comenzado a mediados de la década de 1830, continuaron hasta mediados de la de 1870. La modernización de las haciendas de los terratenientes se benefició de las nuevas instituciones que concedían crédito y de las rentas obtenidas por el alquiler de parte de las tierras a los campesinos. En 1873, sin embargo, comenzó una grave crisis que se agudizó a finales de la década con la llegada a los mercados de cereal más barato de otros países y de una importante epidemia de las vides que a finales de siglo se había extendido por la mitad de ellas y había reducido la producción vinícola en un quinto. La crisis condujo a la pérdida de tierras de numerosos pequeños y medianos propietarios; cien mil de ellos habían abandonado el campo hacia finales de siglo. El Gobierno trató de aliviar la crisis de precios mediante medidas proteccionistas, que frenaron su caída. A finales de siglo, la crisis había conducido a la búsqueda de una mayor producción y de un abaratamiento de los precios para poder competir en el mercado internacional. El aumento de producción se persiguió mediante la extensión del terreno cultivado, principalmente antiguas marismas y ciénagas, y la intensificación del cultivo de los terrenos tradicionales. La producción de numerosos productos agrícolas se duplicó o incluso triplicó en los años anteriores a la guerra mundial, con un aumento notable de la producción por unidad de superficie. La mecanización acelerada del campo, la mejora de los terrenos, la intensificación del cultivo y el aumento de los fertilizantes artificiales contribuyeron a este aumento de la producción. Hungría trató también de cambiar el tipo de cultivos para evitar los de precios bajos y mayor competencia mundial y promover el aumento de la cabaña ganadera con el objetivo de aumentar la producción de carne y productos lácteos. Se produjo asimismo un significativo cambio en el tipo de animales con la introducción de razas más productivas.
Las mejoras y los mayores aranceles impuestos en 1906 pusieron fin a la crisis y concedieron a la agricultura el predominio casi monopolístico en el Imperio.
A pesar de incremento casi continuo de la producción agrícola húngara (alrededor del 2,2 % anual entre 1867 y 1913), no llegó a alcanzar la de los países de Europa occidental debido a una serie de factores: la mecanización se retrasó en el este húngaro, la mayoría de la población agraria no era propietaria de tierras o las tenía en cantidad insuficiente (en 1895, el 88,9 % de las granjas poseían apenas el 29,4 % de la tierra cultivable mientras que las grandes haciendas de 57 hectáreas o más ocupaban el 48 %; cinco años más tarde, alrededor del 39 % de los agricultores eran jornaleros), la vida de gran parte de los campesinos era dura (con jornadas de dieciséis o dieciocho horas en verano y un sueldo que solo eran el 50-60 % del sueldo medio en la industria). La mecanización también disminuyó la necesidad de mano de obra, lo que condujo a una abundante emigración (medio millón de personas entre 1880 y 1900 y un millón cuatrocientas mil entre 1900 y 1914, la gran mayoría de entre las minorías). La situación del campo no era satisfactoria. Durante el Gobierno de Tisza, el número de grandes propiedades que eran inalienables por ley aumentó enormemente lo que, sin ser necesariamente un problema para la productividad de la tierra, impedía la reforma agraria y agravaba el conflicto con las minorías del territorio ya que prácticamente todos los terratenientes eran magiares. El Gobierno de Tisza fomentó esta tendencia por razones nacionalistas y sociales, ya que defendía los intereses de la nobleza en la que se basaba.
En 1900 todavía el 66,5 % de la población se dedicaba a la agricultura y el rápido aumento de la población junto con la situación de la distribución de la tierra empeoró la situación del campo, donde en 1890 ya había cerca de 3,5 millones de campesinos sin tierra. Las protestas de la década de 1890 en ciertas regiones fueron aplastadas sin miramientos por el Gobierno, temeroso de la extensión del movimiento socialista. En 1895 la organización de los terratenientes y Tisza padre se opusieron a una moderada propuesta de cesión de parte de las tierras estatales a los campesinos sin tierra. A comienzos del , cerca del 25 % de la población lo constituía campesinos sin tierra. La mayor proporción de ellos era de lengua magiar, siendo menor entre las minorías.
Industria Locomotora húngara en 1873. El desarrollo del ferrocarril fomentó el aumento de la producción de carbón y hierro; el ferrocarril concentró además gran parte de la producción de maquinaria.|thumb|right El desarrollo industrial entre 1848 y 1867 había sido lento. La eliminación de las fronteras internas en 1850 favoreció, no obstante, la aceleración del proceso, tanto por el desarrollo agrícola como por el de las comunicaciones (las líneas férreas crecieron de 178 km en 1850 a 2200 en 1867).
La principal industria del periodo continuó siendo el procesado de alimentos, principalmente la producción harinera. Esta aumentó sustancialmente, así como el destilado y el refinado de azúcar. La producción de harina, de la que Hungría se convirtió en uno de los principales centros europeos, se incrementó de las 150 000 toneladas en 1867 a las 2 400 000 en 1913. Las minas de carbón y las acerías se expandieron gracias al capital exterior. Aunque la producción minera se multiplicó, lo hizo principalmente por la apertura de nuevas minas, no por la mecanización de las existentes. La extensión de los ferrocarriles animó el aumento de la producción de carbón. La producción de hierro creció también en parte por la expansión de los ferrocarriles, pero también por la industrialización de Cisleitania. En 1860 Hungría producía 480 000 toneladas de carbón y, en 1865, 100 000 t de hierro. La evolución del aumento de la producción de hierro fue igual a la del carbón, con un crecimiento sostenido que solo se frenó en la crisis de la década de 1873. En 1913 había alcanzado las 623 000 t. La producción de acero, que comenzó a incrementarse más tarde que las de hierro y carbón, llegó a las 800 000 t en 1913. Pese al rápido crecimiento, la industria metalúrgica húngara aún era proporcionalmente menor que las de otras zonas del Imperio (la producción per cápita era más del doble en Austria) y que la de otros países industrializados (Alemania producía ocho veces y media más y Estados Unidos once veces en proporción per cápita).
La producción de maquinaria, por el contrario, era todavía escasa, al igual que las producciones de la industria química, maderera o del cuero. La industrial textil tampoco se expandió por la dura competencia de la de la otra mitad del Imperio. La producción de maquinaria se centró en la fabricación de equipo ferroviarios (dos tercios del total). A pesar del aumento de la producción de todo tipo de maquinaria, Hungría siguió siendo deficitaria y se mostró incapaz de cubrir la demanda con su propia producción, especialmente de máquinas herramientas. Incluso con apoyo gubernamental, la industria ligera no aumentó a la par que otras y en vísperas de la guerra apenas era capaz de satisfacer una parte de la demanda local.