thumb|300px|Caricatura de 1904 de Clever Hans. El efecto Clever Hans es un sesgo del experimentador y una situación que acontece en los estudios científicos (especialmente en las ciencias sociales y la psicología comparada), cuando un experimentador o adiestrador actúa sin proponérselo sobre el individuo en estudio o adiestramiento mediante señales involuntarias sutiles como gestos, posturas, tonos de voz, movimientos corporales, etc. Precisamente para evitar este sesgo cognitivo (también relacionado con el efecto expectativa del observador) se usan experimentos en doble ciego. Fue descubierto por el psicólogo y biólogo comparativo alemán Oskar Pfungst a principios del cuando estudiaba las supuestas habilidades de un caballo que parecía poder realizar cálculos matemáticos.

Historia

thumb|300px|Clever Hans junto a su dueño, Wilhelm von Osten. Clever Hans fue un caballo famoso en Alemania a principios del , propiedad del profesor de matemáticas Wilhelm von Osten. Se alegaba que el animal era capaz de realizar operaciones aritméticas (por ejemplo sumar, multiplicar, dividir, trabajar con fracciones, etc.) y otras tareas intelectuales (por ejemplo decir la hora, calcular el calendario, distinguir tonos musicales, etc.). La fama del caballo cruzó las fronteras y, asimismo, despertó el interés de la comunidad científica por detectar algún posible fraude.

Debido al gran interés público, la junta de educación alemana designó una comisión para investigar el espectáculo del caballo, liderada por el filósofo y psicólogo Carl Stumpf. Su asistente, Oskar Pfungst, formó parte activa de un panel de 13 personas conocidas como la Comisión Hans. Esta comisión consistió en un veterinario, un gerente de circo, un oficial de caballería, varios profesores de escuela, y el director del zoológico de Berlín. La comisión concluyó en septiembre de 1904 que no había ningún truco fraudulento deliberado implicado en el funcionamiento de Hans.

Explicación del asunto Clever Hans thumb|300px|Clever Hans reconociendo números ante los observadores. Usando un número sustancial de pruebas rigurosas, Pfungst descubrió que el caballo conseguía la respuesta correcta solo cuando el interrogador sabía la respuesta y el caballo podía ver físicamente a dicho interrogador.

La comisión observó que cuando Von Osten, el entrenador, conocía las respuestas a las preguntas, Hans consiguió el 89 por ciento de las respuestas correctas, pero cuando Osten no las conocía, Hans solo contestó correctamente el seis por ciento de las preguntas.

Pfungst entonces continuó examinando el comportamiento del interrogador detalladamente y mostró que, cuando los golpes de la pezuña del caballo se acercaban a la respuesta correcta, cambiaba la postura y la expresión facial del interrogador. Esto producía un aumento de la tensión que se liberaba cuando el caballo llegaba finalmente a la cifra "correcta". Dicha relajación corporal proporcionaba una señal visual que el caballo interpretaba como que debía dejar de dar golpes.

thumb|300px|Clever Hans acertaba únicamente cuando el examinador sabía la respuesta previa y emitía señales físicas.

Los sistemas de comunicación social de los caballos dependen enormemente de la detección de pequeños cambios de postura, lo que explica por qué Hans pudo asimilar tan fácilmente las señales dadas por Von Osten (quien parece haber sido completamente inconsciente de que él mismo proporcionaba dichas pistas). Sin embargo, la capacidad para descubrir tales señales no está limitada a los caballos.

Pfungst continuó probando la hipótesis de que tales señales serían perceptibles realizando pruebas de laboratorio en las cuales él tomó el rol del caballo, y unos participantes humanos le enviaron preguntas a las cuales él dio respuestas numéricas dando un toque. Encontró que el 90 % de los participantes humanos dio señales sutiles suficientes para que él consiguiera la respuesta correcta.

Esta observación de Pfungst fue fundamental. Después de convertirse en experto en las actuaciones de Hans y ser plenamente consciente de las señales sutiles que las hacían posibles, descubrió que se producían estas indicaciones involuntariamente, independientemente de si el individuo deseaba exponerlas o reprimirlas. Su descubrimiento ha tenido un gran efecto sobre el diseño experimental y la metodología para todos los experimentos en los que exista participación de sujetos sensibles (incluidos los humanos).

Aplicación del efecto thumb|250 px|El examinador puede influir inconscientemente en el individuo estudiado si conoce de antemano la respuesta esperada. El riesgo del efecto Clever Hans es la razón principal por la que en la psicología comparada y los estudios de cognición animal las pruebas se realizan normalmente con los animales aislados, sin interacción visual directa con sus adiestradores. Sin embargo, esto genera una nueva situación problemática, porque muchos de los fenómenos más interesantes de la cognición animal solo pueden ser demostrados en un contexto social y, con el fin de entrenar y demostrar habilidades, es necesario crear una relación entre entrenador y animal. Este punto de vista ha sido defendido con firmeza por Irene Pepperberg en relación con su estudio del loro Alex, y por Gardner Allen y Beatrix Gardner en su famoso estudio sobre la enseñanza de la lengua de señas a la chimpancé Washoe.

Para que los resultados de dichos estudios logren aceptación universal, es indispensable encontrar métodos que eliminen el riesgo del efecto Clever Hans. La simple eliminación del entrenador de la escena puede no ser una estrategia apropiada, ya que si la relación social es fuerte, la retirada repentina del adiestrador puede producir respuestas emocionales imprevisibles en el animal. Por lo tanto, se elaboran protocolos donde ninguno de los presentes sepa lo que el animal debe responder. Un claro ejemplo de esto fue el diseño experimental utilizado en 2004 por el Instituto Max Planck para medir la capacidad de aprendizaje de vocabulario del perro Rico, donde el dueño pedía al animal que trajera juguetes que el dueño no podía ver.

thumb|180 px|El experimento a doble ciego implica procesar datos de forma que ni el experimentador ni el sujeto conozcan las variables de control. Como conclusión de las investigaciones de Pfungst, queda manifiesto que el efecto Clever Hans tiene las mismas probabilidades de ocurrir en experimentos con seres humanos que con animales. Por esta razón, en campos empíricos como la percepción, la psicología cognitiva y la psicología social, se exige que los experimentos sean a doble ciego, lo que significa que ni el investigador ni el sujeto de pruebas conocen la variable o el grupo de control al que pertenecen, garantizando así la neutralidad. Otra forma rutinaria de evitar el efecto es la sustitución del experimentador humano por una computadora o sistema automatizado que entrega instrucciones estandarizadas y graba las respuestas sin emitir pistas físicas.

En la cultura popular En el episodio «Smart and Smarter» de la decimoquinta temporada de la serie animada Los Simpson, Lisa se siente celosa de su hermana Maggie cuando descubren que tiene un cociente intelectual mayor que ella. Sin embargo, posteriormente se devela que Lisa aplicó involuntariamente el efecto Clever Hans, dándole inconscientemente las respuestas correctas al examen de inteligencia mediante gestos sutiles. En la novela de ciencia ficción Tránsito (Passage) de la autora Connie Willis, un investigador ficticio de lo paranormal llamado Maurice Mandrake utiliza el efecto Clever Hans a su favor al entrevistar a personas que han sufrido una experiencia cercana a la muerte, influenciando sus relatos de forma inconsciente pero exagerada. La autora utiliza este recurso para contraponer a Mandrake con los protagonistas, quienes emplean un estricto método científico, ilustrando las diferencias metodológicas entre la ciencia y la pseudociencia.

Véase también Efecto expectativa del observador Sesgo del experimentador Efecto Pigmalión Efecto placebo Profecía autocumplida Lectura en frío

Referencias

Bibliografía Hothersall, David. History of Psychology. Ed. McGraw-Hill. 2004. Pfungst, O. (1911). Clever Hans (The horse of Mr. von Osten): A contribution to experimental animal and human psychology (Trad. al inglés por C. L. Rahn). Ed. Henry Holt. (Originalmente publicado en Alemania en 1907).

Enlaces externos Classics in Psychology: Oskar Pfungst's Clever Hans (The Horse of Mr. von Osten), por Robert H. Wozniak Clever Hans the Math Horse

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