La fotografía de guerra en Latinoamérica muestra los conflictos armados desde sus comienzos en el y los fotógrafos que las documentaron.

Antecedentes fotográficos a nivel mundialCuarterolo, Miguel A. y Bécquer Casaballe, Amado. Imágenes del Río de la Plata. Crónicas de la Fotografía Rioplatense 1840-1940. "Esteban García, la epopeya del reportaje; Página 37".2º Edición. Editorial del Fotógrafo. Buenos Aires: 1986. Guerra de Crimea Aconteció en lo que actualmente es Ucrania, y que tuvo lugar entre 1853 y 1856, entre la península de Crimea y el Mar Negro; los países contendientes fueron: Turquía, Francia, Inglaterra, por un lado y Rusia, por otro. La reina Victoria I del Reino Unido, para intentar ganarse a la opinión pública y convencerla de la importancia que tenía para Inglaterra la participación en el conflicto, por este motivo encargo a Roger Fenton el registro del conflicto, el cual fue realizado en imágenes de tendencia complacientes a la corona, y la intención de llevar tranquilidad a los familiares de los soldados, por ejemplo con la ausencia de muertos en las fotografías. James Robertson también realizó el registro, pero mostró la guerra desde otro punto de vista, con cierta crudeza de la realidad. En sus imágenes, se pueden observar cadáveres, heridos y mutilados. Fenton llevó 5 cámaras, más de setecientas placas de cristal, repartidas en 30 cajas, varios cajones con los productos químicos, un alambique, cubetas, y sobre el techo de furgón, dos cisternas, una con agua destilada y otra con agua ordinaria. Las fotografías producidas serían utilizadas para contrarrestar la aversión general del pueblo Británico a una guerra impopular, y para compensar los relatos antibélicos de The Times. Fenton utilizaba el proceso de colodión húmedo y debía sensibilizar el vidrio justo en el momento en que iba a ser utilizado. En 1855 Robertson y Beato viajaron a Balaklavam donde vieron el reportaje que había hecho Fenton, tomaron varias placas de colodión de la caída de Sebastopol en septiembre y mostraron crudeza, y una verdadera realidad de las tropas inglesas y francesas, con un sentido más testimonial. Esta documentación es considerada el primer trabajo integral de documentación de un conflicto armado.

Segunda guerra del Opio Felice Beato viajó por todo el mundo e hizo de los conflictos armados y rebeliones uno de sus objetivos fotográficos. Después de la rebelión de la India de 1857, o también llamada rebelión de Cipayo, se marchó a China en 1860, donde retratará los desastres causados por la segunda guerra del Opio.

Su obra tiene una clara intención narrativa: hay días que realiza diversas tomas de un mismo escenario antes, durante y después del paso de las tropas. Mostrando también las crueldades de la guerra, con fotografías de muertos, heridos y mutilados.

Dominar el complejo sistema de tomas [fotográficas] con el colodión húmedo no era tarea fácil y su experiencia anterior le ayudó a perfeccionar su método. Hay que considerar que para trabajar con esta técnica, la placa de vidrio debía ser sensibilizada muy pocos minutos antes de la toma, y luego de la exposición el material debía ser revelado antes que seque el colodión, de ahí el nombre de "húmedo". Por lo tanto había que trasladarse al terreno con los productos químicos necesarios para su preparación. Todos estos procesos debían realizarse en oscuridad, por lo que también era necesario contar con una carpa o espacio cerrado para realizar la tarea.

Beato realizaba copias de sus negativos, se aseguraba de tener una copia por si se rompía la placa original. Fue también, pionero en el coloreado a mano de copias y en la elaboración de panoramas.

Guerra de Secesión En los Estados Unidos la cual contó con el registro fotográfico de Mathew Brady y un equipo de diecinueve fotógrafos, repartidos en los diferentes frentes. Entre los que se encontraban Thimothy O’ Sullivan, que empezó como asistente de Brady, Alexander Gardner y George N. Barnald. Brady, consideraba que la cámara era el ojo de la historia. Él contaba con un estudio de retratos, que le permitió cubrir económicamente los costos para cubrir la guerra. Sus imágenes causaron enorme sensación, entre el público, por la presencia de cadáveres de soldados de la unión. Desde el punto de vista técnico, el uso del negativo de colodión húmedo y la copia en papel albuminado permite una mayor difusión de las imágenes que son demandadas. La evolución de las cámaras y el acceso de los aficionados a medio fue aumentando.

México

Primera fotografía de guerra del mundoHorror y propaganda: fotografías de guerra . La primera fotografía bélica data entre el año 1846 o 1847. Es un daguerrotipo anónimo en el cual se ve al General John Ellis Wool entrando con las tropas norteamericanas en la localidad de Saltillo (México), en la guerra que hubo entre ambos países en esa época, conocida como la Batalla de Buena Vista. A pesar de que muchos investigadores coinciden en que ésta es la primera fotografía bélica, se habla de que había otras anteriores del año 1840, que serían unos calotipos ingleses de tropas escocesas durante los ejercicios militares. Pero de estos hechos aún no se han encontrado pruebas gráficas.

Argentina

Primer reportaje de guerra en SudaméricaMuseo Mitre. Los primeros reportajes de guerra estuvieron a cargo de los fotógrafos porteños Carlos Descalzo y Paulino Benza, quienes en 1861 editaron la serie “Recuerdos de Pavón”, en donde se muestran los conflictos entre Buenos Aires y la Confederación, quienes terminaron en una Batalla en Pavón, librada el 17 de septiembre de 1861. Se conservan seis de estas imágenes, copiadas en Albúmina, en el Museo Mitre.

La fotografía en la Guerra de la Triple AlianzaGallo, Ezequiel. La Fotografía en la Historia Argentina. Tomo I. De los orígenes a la organización nacional (Cap.1). Clarín 60 años. 2005Cuarterolo, Miguel A. y Bécquer Casaballe, Amado. Imágenes del Río de la Plata: Crónicas de la Fotografía Rioplatense 1840-1940. Capítulo Testimonio del hombre. 2º Edición. Editorial del Fotógrafo. Buenos Aires: 1986.

La Guerra de la Triple Alianza se dio entre 1865 y 1870, e involucró al Paraguay, por un lado, y a las repúblicas rioplatenses de Argentina y Uruguay y al Imperio de Brasil, por el otro. Si bien hay muchas discusiones historiográficas acerca de las causas del conflicto sudamericano y de los hechos anteriores que desembocaron en la movilización de los ejércitos en el subcontinente, se puede establecer que ya existían conflictos armados antes de las declaraciones de guerra formales y de los acuerdos entre los aliados. Posteriormente al golpe de Estado en Uruguay por la facción colorada y sus aliados extranjeros de Brasil y de Argentina, hubo un despliegue militar paraguayo en los territorios de Brasil y de Argentina (campañas de Mato Grosso y de Corrientes). En el frente sur (Campaña de Corrientes), la confluencia de fuerzas aliadas determinó, posteriormente, que las luchas se desplazaran y concentraran en el territorio paraguayo, librándose allí las batallas más monumentales y catastróficas de la historia sudamericana.

Dada la magnitud del conflicto y la concentración militar de las cuatro naciones, muchos fotógrafos se dedicaron a realizar retratos militares en los estudios de las principales ciudades sudamericanas y algunos tomaron la inicitiva de registrar imágenes en el frente de batalla, vendiendo esas vistas de la guerra por unidad o por álbum. Desde el principio del conflicto, muchos oficiales se tomaron retratos en los estudios fotográficos, vestidos con sus uniformes, en formato “carte de visite”. Estas tarjetas de visita, que tenían el tamaño de un naipe, solían intercambiarse con familiares y amigos, generando una verdadera "cartomanía" en la época. Es posible que la fotografía, en este sentido, haya tenido muchas funciones que iban desde dejar un testimonio sobre la existencia de estos oficiales antes de partir al frente de batalla, resguardar el recuerdo de esa persona ante los seres queridos o mostrar cierto status social de clase acomodada. A medida que el conflicto se desarrolló, estos retratos militares realizados en estudios, con decorados y escenografía en las ciudades, dieron lugar a retratos colectivos de oficiales y soldados en el frente en condiciones más modestas. La colecta de dinero entre la tropa fue una manera de solventar estos retratos conjuntos que, muchas veces, daban cuenta a una cierta formación en el ejército y del origen de los soldados. En este sentido, se debe destacar que durante la guerra, hubo una producción de retratos y de vistas fotográficas, aunque los retratos militares, por cuestiones comerciales, tuvieron una mayor producción y demanda que las vistas, que también fueron comercializadas por unidad o en series reunidas en álbumes.

La Casa Bate y Cía, de Montevideo, le encargo el trabajo a un equipo de fotógrafos al cual envió al frente de batalla en el año 1866, para editar, al regreso de éstos, una carpeta con copias originales con el título “La Guerra Ilustrada”. El fotógrafo más conocido de estos fue Esteban García, y las principales características de sus fotografías son la calidad de las copias, el encuadre utilizado y la forma de abordar las imágenes. Sin olvidar las limitaciones técnicas de la época. Sensibilizaba las placas de vidrio con colodión unos instantes antes de hacer la toma y las revelaba inmediatamente después, antes de que se secara la emulsión. En la imagen “el Mangrullo”, se ve el cuarto oscuro portátil empleado en la guerra, y se puede leer claramente Bate y Cía en una de las lonas. Las imágenes de Esteban García, que dan testimonio de la crueldad de los hechos, se conservan en la Biblioteca Nacional de Uruguay; se trata de copias originales de contactos de placa de 24 cm por 30 cm. Avisos comerciales publicados en La Tribuna Popular de Montevideo ofrecían las preciosas vistas fotográficas, en una carpeta con diez copias, a 9 pesos incluyendo títulos, las ruinas de Itapurú, el mangrullo, prisioneros paraguayos tomados por Flores, montón de cadáveres paraguayos, tiradores cearenses en guerrilla, el boquerón, una familia de indios pampas, general Mitre con su estado mayor, un bloque en Ñumanú, y fogón en el campamento. La propuesta de la casa Bate & Cía, no tuvo la dimensión y el despliegue que los trabajos realizados por M. Brady, ya que basta saber de las 7.000 placas que le proveyeron diecinueve fotógrafos, y el operador de Bate, Esteban García, estuvo acompañado por un grupo reducido. El mercado de carpetas conteniendo apenas diez fotografías dan a pensar que la cantidad de tomas fue muy poca. El juicio hacia los resultados de las imágenes por el autor, es admirable si tenemos en cuenta las limitaciones técnicas de la época. La autonomía del fotógrafo estaba limitada al espacio próximo al lugar donde se instalaba la carpa-laboratorio. Los operadores corrían los mismos riesgos que los combatientes y el propio García sufrió las consecuencias del llamado chucho, en aquellos lugares plagados de mosquitos que trasmitían traidoramente la infección palúdica, que arrastró hacia el final de su vida, murió a comienzos del .

La fotografía en la Campaña del Desierto. La fotografía, en la Campaña del Desierto de 1879, estuvo a cargo del retratista Antonio Pozzo, quien acompañó entre abril y julio a la columna comandada por el General Roca, en calidad de fotógrafo oficial del gobierno y miembro del Cuartel General de dicho cuerpo militar. Esta columna llegó el 24 de mayo a Choele Choel para el aniversario de la patria, sin ningún problema, ya que las columnas laterales se encargaban de exterminar lo que había a su paso. De esta forma la historia contada por medio de las imágenes de la columna central dista bastante de lo que pasó realmente.

Este tipo de registros sufría, en esa época, ciertas limitaciones técnicas que permitían muy pocos desplazamientos, como las pesadas chapas del colodión y la cámara de tres pies.