La Batalla de La Tablada fue un enfrentamiento militar librado en el contexto de las guerras civiles argentinas donde chocaron los unitarios mandados por el gobernador de Córdoba, brigadier general José María Paz, y federales comandados por el comandante de armas de La Rioja, brigadier general Juan Facundo Quiroga, los días 22 y 23 de junio de 1829. El encuentro se dio en un paraje cercano a la ciudad de Córdoba, donde actualmente se halla el barrio Cerro de las Rosas de esa ciudad. La victoria correspondió al ejército unitario, lo que permitió al general Paz consolidar su situación política y militar en la provincia.
Antecedentes Paz con Brasil El 20 de febrero de 1827, los rioplatenses vencieron en la batalla de Ituzaingó y la guerra contra el Imperio del Brasil entró en un estancamiento que llevó a ambos bandos a buscar una paz negociada. Los rioplatenses se habían sumergido en una guerra civil y a los brasileños se les habían amotinado los mercenarios extranjeros. El 24 de mayo, el representante del gobierno del presidente Bernardino Rivadavia, ministro plenipotenciario Manuel José García, firmó un tratado de paz que cedía al Imperio brasileño la provincia Oriental en disputa, siguiendo las instrucciones que el presidente le había entregado antes de partir a Río de Janeiro el 19 de abril.
Sin embargo, el 12 de junio, los jefes del ejército en campaña en el cuartel general de Cerro Largo liderados por el brigadier general y general en jefe del Ejército de Operaciones en la Provincia Oriental Carlos María de Alvear, el brigadier general José María Paz y el coronel mayor (general) Juan Galo Lavalle firmaron una declaración rechazado el acuerdo y el 25 del mismo mes, el Congreso y el presidente lo anularon. Dos días más tarde, el presidente renunciaba.
El 5 de julio, se nombró en su reemplazó a Vicente López y Planes como presidente provisional y se le encargó el gobierno de la provincia y la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, el 13 de agosto el coronel Manuel Dorrego era electo gobernador de la provincia de Buenos Aires en su reemplazó. El 18 de agosto, el Congreso se disolvió en una última sesión que dio por finalizado el gobierno nacional. Con el apoyo de oficiales del ejército en campaña y gobernadores de las provincias, Dorrego fue encargado de las relaciones exteriores de las provincias del Plata.
El 27 de agosto de 1828, después de 16 días de negociaciones en Río de Janeiro, los plenipotenciarios argentinos Tomás Guido y Juan Ramón Balcarce firmaron con Brasil una paz por la cual ambas partes renunciaban a la posesión del territorio en disputa, que se transformó en República independiente. El 4 de octubre el tratado era ratificado. Esto molestó a parte de los oficiales del ejército en operaciones, se sintieron traicionados, algunos eran unitarios y otros estaban molestos porque se nombró a Lavalleja como comandante en reemplazó de Alvear. El 31 de octubre, la 1.ª división abandonó Cerro Largo y el 26 de noviembre desembarca en Buenos Aires a las órdenes del brigadier general Enrique Martínez. Con los soldados en la ciudad, Dorrego recibió avisos de posibles conspiraciones militares en su contra, pero él creía contar con la lealtad de los oficiales.
Revolución unitaria
El 1 de diciembre, las tropas de la 1.ª división del ejército, comandadas por el general Lavalle ocuparon la ciudad. Sin apoyo militar suficiente en la urbe, el gobernador huyó al interior de la provincia para reunir fuerzas con su comandante de armas, coronel Juan Manuel de Rosas, pero el general rebelde salió en su persecución el día 5, logrando vencerlo en Navarro cuatro días más tarde, siendo entregado por sus lugartenientes poco después. El 13 de diciembre, tras recibir numerosas cartas de notables porteños exigiendo la muerte de Dorrego, Lavalle lo fusiló sin juicio.
En respuesta, el 20 de febrero de 1829, la Convención Nacional reunida en Santa Fe asumía la soberanía nacional y puso bajo el mando del gobernador local, brigadier general Estanislao López, las fuerzas que cada provincia pudiera aportar para el esfuerzo bélico. Nueve días más tarde declaraba como alta traición el fusilamiento de Dorrego. De inmediato, López comunicó al influyente comandante de armas de la provincia de La Rioja, brigadier general Juan Facundo Quiroga, de su designación.
Poco antes, el 1 de enero, la 2.ª división, encabezada por el general Paz, había desembarcado en Buenos Aires e inmediatamente ayudó a Lavalle a consolidar su control de la ciudad. Luego se movió a San Nicolás de los Arroyos y el 3 de abril celebró una conferencia con Lavalle en Los Desmochados, ahí se enteraron de la derrota y muerte del coronel Federico Rauch en Vizcacheras, lo que significó que la campiña de Buenos Aires quedó en manos federales. Se decidió que Paz marchara con su división sobre la provincia de Córdoba, la más poblada y rica del país después de Buenos Aires. En su marcha atravesó el sur de la provincia de Santa Fe, pero el gobernador local simplemente lo dejó pasar porque no deseaba que las operaciones militares se produjeran en su territorio. Luego, seguiría sin intervenir en Córdoba y se concentró en Lavalle, derrotándolo en Puente de Márquez. Quizás López consideró que Quiroga podía encargarse, pues era un militar exitoso (El Tala y Rincón de Valladares).
Unitarios en Córdoba El gobernador local, brigadier general Juan Bautista Bustos, abandonó la capital provincial y pidió un alto a las operaciones, a fin de poder recibir los refuerzos riojanos al mando de Quiroga, quien estaba preparando a sus milicias desde finales de diciembre, cuando llegó la noticia del golpe de Estado; además, desde febrero el riojano había establecido comunicaciones con el gobierno de Catamarca para intervenir en Córdoba, pues ya se preveía una ofensiva unitaria en esa provincia. A inicios de abril, mientras estaba en La Rioja, Quiroga estaba comunicándose con los catamarqueños, quienes le prometieron que sus tropas llegarían a su ciudad en la segunda mitad del mes. El 11 de abril, Quiroga le prometía a Bustos que estaba tomando todas las medidas para pisar «con todo esfuerzo» las tierras cordobesas.
Mientras tanto, el gobernador cordobés intentaba reunir un ejército a orillas del río Cuarto. El 12 de abril, Paz ocupaba sin luchar Córdoba y Bustos incluso lo nombró gobernador provincial seis días después, pero con la condición de convocar elecciones inmediatamente y de que ninguno de los dos podía presentarse. El general unitario aceptó, pero exigió desarmar las milicias de Bustos, pero no recibió una respuesta clara y antes de que su enemigo recibiera refuerzos lo atacó en San Roque, 50 km al oeste de Córdoba, el 22 de abril, venciéndolo completamente. Es posible que Bustos intentara que el riojano no interviniera realmente, pues de hacerlo el cordobés se hubiera visto obligado a someterse a su autoridad.
Bustos debió huir a los Llanos de La Rioja con algunos milicianos para unirse a Quiroga, y Paz quedó a cargo del gobierno de Córdoba. Este último envió mensajeros a los gobernadores de Mendoza, La Rioja y San Luis asegurando que no era su intención atacarles, y diciendo que se ocuparía solamente del gobierno de su provincia. Sin embargo, Quiroga no le creyó y organizó una expedición contra Paz bajo su mando directo.
Campaña Motín thumb|300px|derecha|Mapa de los movimientos de Quiroga durante su ofensiva en la provincia de Córdoba para deponer a Paz. En rojo se muestran el avance federal y en azul las maniobras unitarias. El 4 de mayo, la vanguardia federal a cargo del coronel Pantalón Argañaraz venció en Población, cerca de San Javier, a 24 coraceros y 80 milicianos unitarios. El 8 de mayo, Quiroga entró en territorio cordobés sorprendiendo a la guarnición de Serrezuela, cuyo jefe era el coronel de milicias Faustino Allende. Los federales ocuparon la villa y fusilaron a un oficial unitario, al juez de paz y dos vecinos con la desaprobación de Bustos. No existe certeza si ambos eventos se refieren al mismo enfrentamiento o a dos encuentros distintos. Para ese entonces, Quiroga contaba con 1200 riojanos y 600 catamarqueños traídos por el gobernador de la provincia de Catamarca, coronel Marcos Antonio Figueroa.
De inmediato, Paz salió de Córdoba y esperó que los federales avanzaran directamente a su capital provincial, procediendo a esperarlos en Macha, cerca de Las Peñas. El caudillo riojano descartó un avance directo hacia Córdoba, evitando las Sierras Grandes donde su caballería estaría en desventaja, y se dirigió al sudeste, pasando por Pocho y San Javier hacia Renca a esperar los contingentes cuyanos, pero perdió mucho tiempo a cambio recibir pocos refuerzos, apenas 80 puntanos. El 27 de mayo, una división de 400 a 600 milicianos montados salió de San Juan como contribución de su provincia al esfuerzo bélico. Iban al mando del exgobernador, coronel Manuel Quiroga Carril en cumplimiento del Tratado de Guanacache. Se suponía que debían unirse a los federales en la hacienda Punilla, propiedad de un hombre apellidado Domínguez, en la provincia de San Luis y junto al camino entre Cuyo y Buenos Aires. El 2 de junio, llegaron a Las Quijadas, en la provincia de San Luis, donde descansaron de su marcha. Animados por la presencia de Paz en Córdoba, habían formado una junta constituida por Narciso Laprida, Rudecindo Rojo y otros. Infiltraron agentes en la división y promovieron un motín que ocurrió en la noche del 2 a 3 de junio, liderado por algunos oficiales subalternos entre los que destacaba el sargento Soler, un negro que decía haber sido asistente de Miguel Estanislao Soler; contaron con el apoyo de la mayoría de la tropa. El 6 de junio, los sublevados volvieron a San Juan y formaron una junta de gobierno que eligió al coronel Juan Aguilar como gobernador y al teniente coronel Nicolás Vega como comandante de armas. El gobernador federal José María Echegaray Toranzo, el coronel de milicias Ventura Quiroga y otros destacados federales huyeron a Mendoza.
Quiroga escribió al comandante de armas de la provincia de Mendoza, coronel José Félix Aldao, para que le trajera refuerzos. Según Paz, también le mandó someter la rebelión sanjuanina antes de unirse a su hueste y el comandante de armas mendocino y su hermano, el teniente coronel Francisco Aldao, marcharon contra ellos. Probablemente sea una confusión con su otro hermano, el coronel José Aldao, pues según Hudson fue quien marchó a San Juan con su hermano Francisco. Además, se sabe que el 31 de mayo José Félix estaba en San Luis y se incorporó con su división al ejército federal de Quiroga en esa provincia, lo que por fechas y distancias imposibilita que él hubiera participado en la campaña de castigo.
Vega había resuelto retirarse al norte, pero fue alcanzado y obligado a dar batalla. Los federales dejaron en San Juan a Etchegaray Toranzo, mientras el comandante Casimiro Recuero salía a perseguir a los unitarios. El 10 de junio, se dio un primer combate en Niquivil, una legua al sur de Jáchal, que favoreció a los unitarios. Esto los convenció de contraatacar, aprovechando el desconcierto de los federales y tomaron San Juan, pero luego fueron vencidos en Tafín (o Tafi), siendo muchos unitarios capturados, incluyendo su líder y Etchegaray recuperó el poder. El 14 de junio, el gobierno federal en San Juan estaba repuesto y Soler era ejecutado. Los milicianos de la división mendocina que fue enviada a sofocar el motín unitario no participaron de la batalla en Córdoba y volvieron a Mendoza después de la derrota de Quiroga.
Asalto center|thumb|550px|Mapa muestra en rojo el asalto de Quiroga a la plaza de armas de Córdoba y el desplazamiento de su caballería a la meseta de La Tablada. En celeste se muestra al ejército unitario atravesando en la ciudad y siguiendo su camino hacia la meseta para presentar batalla campal.