thumb|Cerámica pintada del Castellet de Bernabé (Llíria, Valencia). Cerámica ibérica es la denominación que en algunos contextos de investigación arqueológica engloba la producción ibera de obra cerámica elaborada con torno rápido, cocida a alta temperatura en hornos de cocción oxidante, y fechada entre el y el a. C. Algunos estudios consideran que este concepto –cerámica ibérica–, aún impreciso, resulta demasiado genérico para la gran variedad de producciones a las que se aplica; no obstante, suele referirse en primera instancia a la cerámica ibérica pintada, un conjunto de vajilla fina decorada con motivos geométricos, florales o humanos de color rojo vinoso. Además de esta categoría que es la más común y generalizada del territorio ibérico, existen otras de similar tecnología y distribución, como la cerámica ibérica lisa (sin decoración), la cerámica ibérica bruñida con incisiones o impresiones, muy difundida en la Meseta, y otras técnicas como la “cerámica de cocina”, cuya pasta incluye desengrasantes que le proporcionan propiedades refractarias, o las llamadas cerámicas grises que proceden de cocciones reductoras, al igual que la cerámica gris, bastante común en el noreste peninsular, puede ser lisa o pintada en blanco.TARRADELL, SANMARTÍ, 1980, pp. 303-330.
La existencia de diferentes producciones regionales ha propiciado que en un primer momento los estudios de la cerámica ibérica se limitaran a colecciones específicas (como las del Valle del Ebro,PELLICER, 1962 la Alta Andalucía,PEREIRA SIESO, 1988 la provincia de Alicante,NORDSTRÖM, 1973 o la Región de MurciaLILLO, 1981), aunque existen otras propuestas de síntesis general.ARANEGUI & PLA, 1979; MATA & BONET, 1992
En cuanto al origen de las cerámicas ibéricas pintadas, los materiales encontrados descubren una correlación entre las importaciones fenicias del y las primeras cerámicas a torno ibéricas que empiezan imitando aquellos prototipos, tanto en forma como en decoración, para consolidar posteriormente tipologías genuinas que incorporan también formas tradicionales del periodo conocido como Hierro antiguo y formas de inspiración griega, cuando no directamente sus imitaciones.
Los orígenes de la cerámica ibérica thumb|200px|right|Imitación ibérica de ánfora fenicia - Alt de Benimaquia, s. a.C. Existe cierto consenso sobre el origen fenicio de las fuentes de inspiración que dieron lugar a las formas de la cerámica ibérica. A lo largo del siglo a. C. las ánforas, tinajas y otras cerámicas a torno, lisas o pintadas fenicias introducidas en el medio indígena peninsular desde las colonias fenicias de Andalucía, dieron lugar a una corriente de imitaciones, burdas en un principio, pero gracias al torno de alfarero y al horno de cámara alcanzaron pronto un alto nivel tecnológico. Las formas que alcanzaron mayor popularidad en esta fase inicial son el ánfora tipo R1 (Rashgún 1), la tinaja pithoide y la urna del tipo Cruz del Negro. Evidenciado por primera vez en Los Saladares (Orihuela),ARTEAGA, SERNA, 1971 este proceso de aculturación que forma parte de la dinámica orientalizante, ofrece sus mejores testimonios en el sur y el sureste peninsular (de la costa de Huelva a la cuenca del Júcar) sin que sea posible constatar un único foco de difusión. En el Cerro de Los Infantes (Granada) un alfar indígena producía ánforas de tipología fenicia a inicios del CONTRERAS F, CARRIÓN F, JABALOY E. 1983; asimismo, l'Alt de Benimaquia (Denia) ofrece testimonios de una producción vinaria indígena incipiente del mismo momento,GÓMEZ BELLARD y otros, 1993 en un contexto en el que abundan las ánforas fenicias y sus imitaciones indígenas a torno, o sea ibéricas. Estas excavaciones arqueológicas proporcionan de paso la hipótesis que la producción de vino, un brebaje exótico desconocido hasta que lo trajeron los fenicios, y la necesidad de producir ánforas, un envase que no formaba parte de los repertorios locales, motivó el cambio tecnológico (torno, horno de cámara) del que resultó la cerámica ibérica. Este proceso resultó ser eminentemente meridional ya que los contactos con los fenicios no acarrearon reacciones de aculturación semejantes en las comunidades indígenas del este y noreste peninsular, tal y como se ha comprobado en Vinarragell (Burriana),MESADO, ARTEAGA, 1979 Aldovesta (Benifallet).MASCORT, M.T., SANMARTÍ J., SANTACANA J., 1989 Éstas adoptaron a partir de la segunda mitad del entre otras mutaciones rotundas de sus modos de vida, una cerámica ibérica ya elaborada, procedente del sur y del sureste como se constata en l'Illa d'En Reixach (Ullastret).SANMARTÍ E., 1978.
En resumen, a partir de finales del a. C. y durante gran parte del , las primeras cerámicas ibéricas pintadas y lisas del sur y sureste peninsular muestran repertorios de clara filiación fenicia, sobre todo en lo que se refiere a los grandes contenedores como ánforas o tinajas, que incorporan poco a poco formas nacidas de la creatividad indígena.
La urna de orejetas perforadas thumb|200px|right|Urna de orejetas perforadas de La Solivella (-) Por su tipología, funcionalidad y difusión, la urna de orejetas perforadas constituye la forma más emblemática de la cerámica ibérica pintada durante el periodo Ibérico Antiguo. El prototipo no procede del ingenio indígena, sino de una forma de origen orientalJULLY, J.J. & NORDSTRÖM, S., 1966; PEREIRA, J.& RODERO, A., 1983 que alcanzó en el territorio ibérico una enorme popularidad.LÓPEZ BRAVO F., 2002. El cierre hermético de su tapadera hacía de este vaso una forma idónea para la función de urna cineraria y desde el Molar en el Bajo Segura (Alicante), hasta Saint Julien (Pézenas) a orillas del Hérault, la mayoría de las necrópolis ibéricas de los siglos y a. C. incorporan la urna de orejetas perforadas en alguna de sus tumbas. Solveig Nordström ha descrito la técnica de fabricación que permitía el encaje exacto y hermético de la tapadera sobre la urna:NÖRDSTRÖM, 1973 Ésta se elaboraba de una sola pieza, incluyendo las orejetas, y luego la tapadera era recortada sobre el torno, con la arcilla todavía blanda. Las orejetas son esos apéndices diametralmente opuestos del vaso y la tapa, atravesadas transversalmente por una perforación que podía cerrarse garantizando el bloqueo de la tapa.
La importancia de la urna de orejetas perforadas radica en un triple motivo. Aunque preexistente, la forma sólo alcanzó popularidad en el marco de la Cultura Ibérica; de hecho su popularización marca el fin del período orientalizante de palpable filiación fenicia y el inicio de lo genuinamente ibérico. Su cronología hace de ella un fósil director del período Ibérico Antiguo, ya que aparece hacia mediados del y cae en desuso a inicios del Finalmente, su distribución del río Segura al Hérault indica que, contrariamente al período anterior, todos los pueblos de esta franja costera constituían una koiné, una comunidad de intereses,SANMARTÍ, E. 1982 posiblemente comerciales y, porqué no, culturales, cuyo factor de cohesión e identificación era ya en el la Cultura Ibérica.
Las cerámicas ibéricas del período pleno Miquel Tarradell y Enric Sanmartí (1980) habían constatado la uniformidad tipológica del período antiguo, ya que las mismas formas y decoraciones se hallaban distribuidas en todo el territorio ibérico; sin embargo, a partir del s. a. C. se constata una diversificación de los repertorios formales y decorativos que ha acarreado la fragmentación de los estudios sobre la cerámica ibérica desde sus ámbitos regionales. Porque indudablemente existen rotundas diferencias entre el noreste peninsular, donde la cerámica ibérica pintada cae en desuso siendo substituida por producciones grises monocromas, y el sureste, donde las tipologías de formas consolidan prototipos y donde las artes decorativas alcanzan cierto grado de creatividad y sofisticación.
La cerámica ibérica de cocina La tradición cerámica ibérica alcanzó el ámbito culinario desde el período ibérico antiguo, de forma que en gran parte del territorio ibérico las producciones modeladas a mano fueron desapareciendo a lo largo de los siglos y a. C. En la provincia de Castellón, el río Mijares marca el límite entre la tradición de cerámicas ibéricas a torno y a mano ya que al norte de dicho río, en toda Cataluña y en Languedoc la tradición de las cerámicas de cocina a mano perduró hasta el Imperio romano. Las cerámicas ibéricas de cocina cuentan con un reducido repertorio de formas del que destaca una olla globular, panzuda, de perfil bitroncocónico, borde saliente y base cóncava, y una tapadera hemisférica de pomo anillado. Este "servicio" existe en una gran variedad de tamaños, con pocas variaciones tipológicas. La técnica de elaboración de la cerámica de cocina resulta algo más compleja que la cerámica fina, debido a la inclusión deliberada de desengrasante en la arcilla, que no hay que confundir con las finas partículas, por ejemplo de mica dorada, contenidas de forma natural en el material arcilloso usado por los ceramistas. El desengrasante tenía la finalidad de otorgar propiedades refractarias a la cerámica, ya que sin él la diferencia de temperatura entre el interior y el exterior de las ollas de cerámica puestas al fuego hubiera provocado su resquebrajamiento. En el ámbito edetano, el desengrasante de la cerámica de cocina incluye cuarzo molido bastante grueso, con una granulometría grande. Otras inclusiones como la calcita se han disuelto con el tiempo y han dejado poros en la superficie de los vasos. Finalmente, la cocción de esta categoría de cerámica es de técnica reductora, es decir que su gama de colores incluye grises, amarillentos, marrones y negros. La vocación doméstica y culinaria de estas cerámicas es indudable ya que muchas de ellas ostentan en su base los rastros inequívocos de haber permanecido en un hogar. Sin embargo, está documentado su uso como urna de enterramiento o como vaso de almacenaje.
Las cerámicas bruñidas con decoración impresa En el período Ibérico Pleno se consolidan algunas producciones que empezaron a elaborarse en el siglo anterior, como las cerámicas con decoración impresa cuyas características permiten ahora diferenciar áreas de fabricación. Las cerámicas con decoración impresa también se han incorporado al conjunto de producciones ibéricas. El primero en realizar una recopilación sobre esta técnica decorativa fue Cura MoreraCURA, 1971 para Cataluña, a la que siguieron la Meseta oriental,ALMAGRO GORBEA, 1976-1978. Murcia,LILLO, 1977-1978; PAGE & GARCÍA CANO, 1984. Andalucía orientalRUIZ & NOCETE, 1981. y Valencia.MATA, 1985; VALOR, 2005. En el territorio de la ciudad de Kelin (Caudete de Las Fuentes, Valencia) se ha definido una producción propia con decoración de ovas, espigas, flores, volutas, etc. que perdurará toda la centuria siguiente; en Murcia, se han diferenciado tanto cerámicas con impresiones de estilo indígena como otras que imitan sellos clásicos, llegando a proponer, algunos autores, el uso de matrices importadas; mientras que en la Oretania se pueden distinguir las producciones del Norte, con el Cerro de las Cabezas (Valdepeñas) como centro más importante (Fernández Maroto et alii, 2007), y las procedentes del Alto Guadalquivir; también en Cataluña, hay decoración impresa sobre cerámica gris.
Las cerámicas ibéricas de barniz rojo Las cerámicas de engobe o barniz rojo tienen su localización en áreas geográficas más concretas, lo que facilita su identificación. Emeterio Cuadrado el primero caracterizó las producciones de Murcia y Albacete,CUADRADO, 1966 utilizando a menudo el término de cerámicas Ibero-Turdetanas. Más tarde se diferenciaron las producciones ilergetas, JUNYENT, 1974; JUNYENT y ALASTUEY, 1991 las oretanas, con y sin decoración impresa, FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, 1987 y las del territorio de KelinMATA, 1991 cuyo estudio es todavía muy incipiente.
Las imitaciones miniaturadeimagen|332x332px|Imitación ibérica de una crátera de columnas. Necrópolis de Los Campos de Gimeno, Enguera (Valencia).