thumb|300px|El apocalipsis también se representa en el arte visual, por ejemplo, en la pintura de Albert Goodwin Apocalypse (1903). thumb|Portada del cómic Atomic War! (noviembre de 1952). En las obras literarias o cinematográficas de ciencia ficción, escenario apocalíptico es la expresión global con que se denomina a cualquier escenario en el que la humanidad sucumbe ante alguna forma de colapso social (una guerra mundial, una enfermedad, etcétera). Se llama posapocalíptico cuando se sitúa en el futuro posterior a dicha catástrofe.

En términos comunes, la etapa apocalíptica se relaciona con narraciones de grandes catástrofes, hecatombes, guerras y tragedias que llevan a la extinción de la humanidad. En cambio, la etapa posapocalíptica tiene relación con las ideas generales de supervivencia del hombre sobre el planeta, mezclada con el origen de una nueva era social, un nuevo orden mundial y la creación de una nueva civilización, posterior al apocalipsis.

Catástrofes nucleares thumb|right|Señal que indica la presencia de un refugio nuclear en Chinatown, Nueva York.

Con el ataque nuclear estadounidense sobre Hiroshima y Nagasaki, comenzó a aparecer mundialmente una paranoia frente a los ataques con armas nucleares. La guerra entonces dejó de ser localizada para convertirse en múltiples escenarios de una posible arremetida con la peor arma, hasta entonces la más poderosa, de destrucción masiva: la bomba atómica. A partir de ese momento, comenzaron a salir numerosos libros, cómics, series, revistas, películas y publicaciones relacionadas con la bomba atómica, desde entonces la guerra nuclear se volvió muy conocida en la cultura popular.

Durante la Guerra Fría, el temor a una guerra nuclear fue hábilmente explotado por Hollywood con grandes películas como El día que la Tierra se detuvo (1951), The Time Machine (1960), Dr. Strangelove (1964), Punto límite (1964), Siete días de mayo (1964), Juegos de guerra (1983) o El día después (1983). La idea más extendida en la literatura y el cine de las consecuencias de una hipotética guerra nuclear queda bien ilustrada en la frase de Albert Einstein: «No conozco con qué armas se peleará la Tercera Guerra Mundial, pero la cuarta se peleará con palos y piedras». Así, la mayoría de escritores y directores imaginaron mundos arrasados en los que los protagonistas lucharían por sobrevivir entre las ruinas de las ciudades. pero después de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, la Tercera guerra mundial o una guerra nuclear se usan como mero entretenimiento.

Esta esta distopía también es el escenario de películas como Mad Max (1979), El planeta de los simios (1968), Un chico y su perro (1975), la serie de la novela gráfica V de Venganza (1982), El puño de la estrella del norte (1983), el documental inglés Threads (1984), la animación inglesa Cuando el viento sopla (1986), Akira (1988), El libro de eli (2010), la serie animada UnderWorld (2017), videojuegos como Fallout (1997) y Metro 2033 (2010) además de la serie española La Valla (2020) y la novela 2034 (2021).

En estas películas y videojuegos el mundo que conocemos ha desaparecido, la sociedad no existe y los supervivientes tratan de vivir entre las ruinas. Estas historias suelen tener en común que se postula la desaparición de la civilización, si bien con importantes diferencias presente entre estas.

En Mad Max, sobre todo en su primera entrega, la civilización no ha desaparecido completamente. Existen ciudades más o menos similares a las que hoy en día conocemos y donde se ha conseguido mantener cierto orden. Pero fuera de estos núcleos urbanos se extienden vastos desiertos en los que escasean los recursos, sobre todo el agua y la gasolina, y desarrapados supervivientes reúnen los pedazos útiles de las antiguas máquinas tratando de seguir adelante.

En el manga Hokuto no Ken también transcurre la historia en un evento postnuclear, mostrando un mundo asolado por la escasez de alimentos, agua y de leyes.

La serie animada UnderWorld, se basa en un escenario post apocalíptico que relata los sucesos después de una guerra nuclear iniciada en el año 2003. En ella se relatan las aventuras y la supervivencia de Andrew, un chico canadiense, y Ethan, su perro, un Husky siberiano.

La saga de videojuegos Fallout critica la tendencia de los humanos a vivir en un conflicto constante; que tarde o temprano nos terminaremos destruyendo el uno al otro en vez de resolver nuestros problemas, y que tras la destrucción total y el intento de reconstruir y seguir viviendo, los humanos crearán distintas facciones y seguirán en conflicto, haciendo que el ciclo se repita una y otra vez

Aunque el temor a la desaparición de la civilización tal y como la conocemos es casi una constante en las obras contemporáneas, no todas tienen el mismo enfoque pesimista. Un claro ejemplo de esto último es Cántico por Leibowitz (tanto el relato de 1955 como la novela de 1960). En esta historia de Walter M. Miller la civilización también ha sucumbido a manos de los irritados supervivientes, que han encontrado en la ciencia el origen del desastre. Sin embargo, el autor relatará la recuperación progresiva de la civilización y del saber, que ha sido preservado en los monasterios.

Tampoco faltó incluso quien pensara que el ser humano seguiría adelante sin mayores problemas tras una Tercera Guerra Mundial que casi todos daban por segura. Menciones a esta guerra se hacen en Brigadas del espacio (1959), de Robert A. Heinlein, o en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) de Philip K. Dick, novelas que muestran la supervivencia del ser humano (y de su civilización) a pesar del desastre.

En España es posible encontrar un emotivo relato acerca de la tozudez y la esperanza, La cosecha (1987), de Javier Cuevas, en el que un agricultor se resiste a dejarse morir de tristeza en medio del invierno nuclear.

Extraterrestres

Las invasiones extraterrestres son uno de los grandes temas de la ciencia ficción. Consisten en ataques a la Tierra llevado a cabo por algún tipo de seres extraterrestres con el fin de conquistar el planeta. Los motivos pueden ser variados: usufructuar de los recursos del planeta, colonizarlo o simplemente destruirlo, entre otros.

Probablemente el primer ejemplo de invasión extraterrestre sea La guerra de los mundos, de Herbert George Wells. Escrita en 1898, describe una invasión por parte de seres provenientes de Marte. Poseedores de una tecnología y un armamento superiores a los de los humanos, los marcianos no tienen problema en conquistar el sur de Inglaterra, y sólo su desconocimiento de las formas de vida microbiológicas de nuestro planeta impide su victoria.

Aunque el de Wells ha sido el cliché más popular con secuelas en prácticamente todas las épocas (p.e., Tumithak de los corredores (1932), La Tierra contra los platillos volantes (1956), Mars Attacks (1996), entre otros), ésta no ha sido la única modalidad de invasión extraterrestre. Existe una modalidad de invasión "oculta" en la que los invasores suplantan a los humanos de forma que el atacante no es identificado (Amos de títeres, Ladrones de cuerpos, Los invasores o Invasión secreta).

Esta segunda forma resulta mucho más inquietante. Mientras la primera suele derivar, generalmente, en simples historias de acción y heroísmo, la segunda suele implicar argumentos de terror más elaborados basados en la percepción de peligro en un entorno aparentemente normal y en la inseguridad de no poder saber si los amigos son, en realidad, enemigos disfrazados.

Aunque muchas veces (casi siempre en los productos de serie B) las invasiones extraterrestres no eran más que meras excusas para hacer una historia más o menos entretenida, pero intrascendente, en otras ocasiones el invasor resulta ser una metáfora o un recurso con el que el autor pretende dar a conocer sus ideas.

Así, La guerra de los mundos era, en realidad, una crítica al colonialismo victoriano y su darwinismo social, Brigadas del espacio le sirvió a Robert A. Heinlein para exponer las ventajas de un sistema político militar y Ladrones de cuerpos es una crítica al macarthismo.

El subgénero también es usado como mero entretenimiento por ejemplo, en la película de 1996 Día de la Independencia, los extraterrestres descubren las señales de radio qué los humanos lanzaron al espacio, después Invaden la Tierra y atacan a las principales ciudades del planeta, provocando qué la humanidad tenga que usar su tecnología en su contra.

En la serie de ciencia ficción y terror estrenada en los 90 Expedientes X los protagonistas descubren unos misteriosos archivos secretos sobre contacto con extraterrestres y los ovnis, a lo largo de la serie se descubre que los grises son extraterrestres colonizadores que planearon invadir la Tierra en 2012.

En la película Los Vengadores (2012), el dios asgardiano exiliado Loki intenta apoderarse de la Tierra y dominarla como un Rey, a través de la invasión de un ejército extraterrestre conocido como los chitauri.

En la película El hombre de acero (2013), Superman tiene que detener a los últimos kriptonianos porque quieren invadir la Tierra y terraformarla para vivir en ella lo cual acabaría con la humanidad.

En la película Titanes del Pacífico (2013), los extraterrestres provienen de otro universo, los cuales consumen un mundo y después van al siguiente con la intervención de monstruos gigantes en el momento en que invaden el siguiente mundo.

En algunas películas los extraterrestres lejos de ser inteligentes son monstruos salvajes como podemos ver en Un lugar en silencio (2018) y La guerra del mañana (2021), mientras que en la saga de Transformers los extraterrestres son robots avanzados y no seres biológicos.

Esto también ocurre en videojuegos como Halo y Half Life.

Rebelión de las máquinas

Años después, con la energía atómica socialmente asumida por el hombre moderno y tranquilizados por el progresivo desarme de los bloques litigantes en la guerra fría, la llamada perestroika de la URSS, los miedos a la hecatombe nuclear se mitigaron, y prácticamente desaparecieron tras el colapso del bloque comunista. Ya no existía el escenario propicio para una guerra termonuclear a gran escala, todo lo más para un atentado terrorista con este tipo de arma.

En este ambiente tranquilizado, y de cara a una tercera guerra mundial, ya no tenía tanta importancia con qué tipo de armas se luchara, sino quién iba a ser el enemigo ahora que el comunismo ya no representaba peligro alguno. Así, la inteligencia artificial tomó el relevo de los misiles. Enfrentados de pronto a máquinas que parecían pensar y que, por aquel entonces, eran de complicado y poco intuitivo funcionamiento, muchos se sintieron desorientados. El miedo a esta nueva tecnología resultaría ser el siguiente paso.

Ya en 1967, Harlan Ellison cosechó un arrollador éxito con su novela No tengo boca y debo gritar. Tan sólo un año después era Stanley Kubrick quien oponía la inteligencia artificial a la humana en su película 2001, una odisea en el espacio, la película de 1970 Colossus trata sobre una computadora militar que cobra conciencia después de buscar fusionarse con otra computadora similar hecha por los soviéticos y se rebela contra sus creadores e intenta ayudar al mundo a acabar con las guerras, también hay que mencionar la película de 1973 Westworld que trata sobre un parque temático con tres sitios ambientados en épocas diferentes, uno ambientado a finales del siglo 19 en el lejano oeste, otro en la Edad Media y otro en el imperio romano con robots programados como los habitantes de estos lugares y un día todo se sale de control con los androides.

Por tanto, cuando en 1984 se estreno la película Terminator de James Cameron, ésta no era la primera en mostrar a la máquina como un peligro, pero sí se le puede atribuir el resurgimiento del género basado en la lucha contra las máquinas. No debe ser simple casualidad que Ellison fuera guionista también de esta película.