thumb|right|Llegada del Sakura Maru al puerto de Cerro Azul (Cañete) con los primeros 790 inmigrantes, 1899. La inmigración japonesa a Perú comenzó a finales del siglo XIX como un acuerdo entre el gobierno de Japón y el de Perú.

A principios del XIX, Japón vivía varios cambios económicos y sociales tras la Restauración Meiji. El crecimiento demográfico, la escasez de tierras agrícolas en el Japón y la pobreza rural en sus regiones impulsaron a una cantidad considerable de ciudadanos japoneses a emigrar; mientras tanto Perú enfrentaba una escasez de mano de obra en las haciendas de la costa, luego de que el expresidente Ramón Castilla aboliera la esclavitud (en 1854) y el declive de la población culí contratada.

Pasó casi medio siglo y llegaron al puerto del Callao unos 790 trabajadores contratados (en 1899) en Sakura Maru, buque que realizó el primer trasbordo oficial de inmigración japonesa al Perú. Un segundo barco, que transportaba a más de 1 000 nuevos inmigrantes japoneses, llegó cuatro años más tarde, y un tercero con 774 inmigrantes japonesas en 1906.

En 1941, unos 26 300 japoneses vivían en Perú (20 300 de Okinawa y 6000 de la parte continental ocupada por Japón). En su mayoría eran hombres japoneses solteros, sumando a esto que pocas mujeres emigraron a Perú en los primeros años.

Hoy en día, hay más de 200 000 personas de origen japonés que viven en Perú, y 60 000 que radican en Japón. La mayoría son descendientes de inmigrantes que llegaron antes de la Segunda Guerra Mundial. A diferencia de muchos otros países de América, la mayoría de los inmigrantes no se establecieron en granjas o plantaciones. La razón es que, tras un tiempo, muchos emigraron a las ciudades principales, en su mayoría a Lima y a Trujillo. Para 1930, el 45 % de todos los ciudadanos japoneses eran propietarios de pequeños negocios en Lima.

thumb|200px|Póster usado en el Imperio japonés para atraer inmigrantes a Perú y Brasil. Se puede leer: ¡Junta toda tu Familia, Vamos a Sudamérica!.

Actualmente, Perú tiene la segunda mayor población japonesa de América Latina. Perú fue el primer país hispanoamericano en establecer relaciones diplomáticas con Japón y el primer país iberoamericano en aceptar inmigración japonesa, nueve años antes de que comenzara la emigración a Brasil. Esta comunidad ha tenido un significativo impacto cultural en el país, siendo en tamaño la segunda mayor de asiáticos después de la colonia china.

Se denominan issei a los inmigrantes nacidos en Japón, nissei a los hijos de japoneses, sansei a los nietos, y yonsei a los bisnietos. El uso de los términos nikkei, peruano-japonés o son actualmente los más adecuados para denominar a los japoneses y a sus descendientes en Perú en general.

La mayoría de los inmigrantes llegaron de las prefecturas de Okinawa, Gifu, Hiroshima, Kanagawa y Osaka. Muchos llegaron como agricultores o para trabajar en los campos, pero, después de terminar sus contratos, se establecieron en las ciudades. En el período anterior a la Segunda Guerra Mundial, los issei, inmigrantes nacidos en Japón, conformaban la mayor parte de la comunidad japonesa de Perú. A los inmigrantes de segunda generación (los nisei) se les excluía casi inevitablemente de la toma de decisiones comunitarias.

Historia miniaturadeimagen|Una escuela japonesa-peruana en Huacho en 1925. El primer registro de la presencia de un "indio japonés" en Perú data del año 1596, durante el gobierno de los virreyes de Perú, García Hurtado de Mendoza y Luis de Velasco. Francisco Japón, nacido en Lima en 1606, era un "esclavo de raza japonesa" (hijo del indio Tomás y de la india Marta, ambos "indios esclavos" de la "Nación de Japón") que fue comprado a un valor de 800 pesos por el padre Miguel Jerónimo de Porras. El "indio japonés" decía ser alguien natural de la "Provincia del Reino japonés" y que había sido esclavizado por los portugueses, quienes lo habían "traído a las Indias Occidentales como esclavo". En Lima, sus padres eran esclavos del encomendero y capitán Don Jusepe de Rivera y de la Encomendera de Mala y Chilca, Catalina Alconchel. Mientras tanto, Francisco, teniendo 21 años, apeló a la Real Audiencia de Lima desde Córdoba (en la Gobernación del Río de la Plata) exigiendo su libertad apelando a las Leyes de Indias que prohibían la esclavitud de los indios, pues "no existen razones para que yo sea vendido como esclavo", ya que también era cristiano y de dónde venía ya no había esclavos porque Toyotomi Hideyoshi "suprimió la esclavitud en 1587 en Japón". Finalmente Francisco fue liberado y terminó sus días en Córdoba del Tucumán.

El censo de 1613 del virrey Juan de Mendoza registraba la presencia de unos 114 “indios e indias de la China y del Japón” en el Virreinato del Perú, de los cuales 20 serían "indios japoneses". Estos habrían estado viviendo en Perú un promedio de 1 a 7 años o más. Algunos incluso ya eran mestizos y libres, otros eran criados y sirvientes, uno que otro ya tenía algún negocio en Lima, aunque por conveniencia la mayoría de japoneses no se identificaban como cristianos para no pagar diezmos y estar exentos de los tributos e impuestos, alegando extranjería o que ser paganos les impedía obedecer leyes católicas para el fuero católico.Japoneses en la Historia del Perú: "Los indios Japón" en la Lima virreinal, N. Kaikan (2014).Die iberische Welt und die Japanische Diaspora, Lucio de Sousa (2019).

En 1897 arribó al Perú el primer representante del Imperio japonés. Unos años después, el entonces empresario Augusto B. Leguía gestionaba el ingreso de japoneses para el trabajo agrícola en haciendas de la costa; de esta manera, Leguía contacta con Teikichi Tanaka, contratista de la "Compañía japonesa de inmigración", iniciando así un importante movimiento migratorio desde Japón hacia Perú.

El contrato firmado por los inmigrantes japoneses era totalmente distinto al firmado por los inmigrantes chinos. Los inmigrantes nipones eran contratados por 4 años, durante los cuales se les pagaría 2.5 libras esterlinas mensuales, trabajarían 10 horas diarias y se les daría atención médica y alojamiento. Los trabajadores tendrían que tener entre 20 y 25 años.

Durante el Oncenio de Leguía ingresó otro grupo de japoneses, pero esta vez su destino no fueron las haciendas costeras, sino más bien las zonas caucheras de Tambopata y Madre de Dios. Con la caída de Leguía, los inmigrantes japoneses ampliaron sus actividades y al finalizar sus contratos abrieron pequeñas industrias y comercios o empresas importadoras como Shotai Kilsutami.

El flujo de ingreso de los inmigrantes japoneses continuó vigorosamente, tanto así que en el año 1909 se contaron más de 6 mil. Algunos datos sobre los ingresos de los japoneses son: Año Número de japoneses Presidente Puerto 1899 790 Nicolás de Piérola Callao 1923 18 mil Augusto B. Leguía Callao

A principios de los años 30, hubo campañas en contra de los japoneses por la competencia entre negocios japoneses y peruanos, así como por las acusaciones de que los japoneses habían monopolizado determinadas industrias y trabajos artesanales. Las campañas de odio culminaron en 1936, cuando el presidente Óscar R. Benavides limitó su entrada al país.

Al igual que en California, hubo rápidamente conflictos económicos con empresas locales. La Ley 80, aprobada en 1932, requería que al menos el 80 por ciento de los empleados de las tiendas japonesas no fueran asiáticos. Por otra parte, la Ley de Inmigración de 1936 prohibía la ciudadanía a los hijos de padres extranjeros, incluso si habían nacido en Perú.

Perú no fue el único país americano que tomó este tipo de acciones. Estados Unidos prohibió la ciudadanía a los asiáticos entre 1790 y 1908.

miniaturadeimagen|230px|Réplica de la residencia del Embajador de Japón en Lima, durante el Gobierno de Fujimori. right|thumb|230px|Embajada peruana en Japón right|thumb|230px|Embajada japonesa en Perú

Las escuelas japonesas en Perú Antes de la Segunda Guerra Mundial, se fundaron 27 escuelas japonesas en Perú, las cuales utilizaban los programas escolares creados especialmente para los hijos de japoneses en el extranjero.

La primera se fundó en el año 1908 dentro de la Hacienda Santa Bárbara, San Luis de Cañete. Con el tiempo, muchos inmigrantes japoneses con suficientes recursos económicos (o, en algunos casos, con poco dinero pero muchos niños) podían enviar a sus hijos a estudiar la escuela secundaria en Japón. Este "éxodo" de niños provocó que el periódico de la colonia Andes Jiho, sugiriera en 1914 fundar una escuela local japonesa en Lima con el fin de disminuir el número de niños enviados a Japón para estudiar. Seis años más tarde, en 1920, se fundó Lima Nikko, la escuela más importante en la sociedad japonesa en Perú, ya que fue la primera escuela japonesa con autorización para operar en Sudamérica propuesta por el Ministerio de Educación de Japón.

En 'Lima Nikko', así como otras escuelas japonesas locales, las clases eran tanto en japonés como en español, y se enfocaba sobre todo en la enseñanza de la historia y la cultura japonesa.

Con el tiempo, las autoridades peruanas usaron estos grandes centros de estudios para crear grandes unidades escolares.

En 1942, el gobierno peruano confiscó la escuela Lima Nikko, que hoy en día es la Escuela Teresa Gonzales de Fanning.

Segunda Guerra Mundial En 1939, la comunidad japonesa de Perú sufrió saqueos a causa de la propagación de rumores antijaponeses. Como resultado, unas 650 casas japonesas fueron atacadas y destruidas en Lima. Otras medidas contra los peruano-japoneses fueron, por ejemplo, que en 1940 se decretase que los japoneses-peruanos que viajaran al extranjero para estudiar a Japón podrían perder la nacionalidad peruana.

En 1941, vivían alrededor de 26 000 inmigrantes de nacionalidad japonesa en Perú. Ese mismo año, el ataque japonés a Pearl Harbor marcó la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.Densho, Board of Trustees of the Leland Stanford Junior University."Japanese Latin Americans," c. 2003, accessed 12 Apr 2009. Inmediatamente después de la agresión japonesa, el gobierno estadounidense creó la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) para coordinar las actividades secretas de espionaje en contra de las Potencias del Eje. Las ramas de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos y el Departamento de Estado de los Estados Unidos estaban alarmados por el gran número de japoneses que radicaban en Perú, por lo que veían con recelo la continua inmigración japonesa al país andino.

Tras el ataque a Pearl Harbor, el gobierno peruano rompió relaciones diplomáticas con Japón, y la discriminación social y legal hacia la comunidad nipona aumentó. Se disolvieron todas las instituciones de la comunidad japonesa, se prohibió escribir en japonés y las reuniones de más de tres japoneses podrían constituir espionaje. No se dejó a los japoneses abrir nuevos negocios, por lo que se vieron obligados a subastar los que ya tenían. Los depósitos de propiedad japonesa en bancos peruanos se congelaron. En 1942, a los japoneses no se les permitía arrendar tierras (tales leyes se promulgaron de manera conjunta con Estados Unidos). La libertad de los japoneses para viajar fuera de sus comunidades de origen también se restringió.

Tales medidas fueron el resultado de acuerdos entre los cancilleres de Argentina, Brasil, Chile, México, Estados Unidos, Uruguay y Venezuela en reuniones en Río de Janeiro. Para reforzar la seguridad de toda la América del Norte y del Sur, también se recomendaba: Encarcelar a peligrosos enemigos extranjeros. Prevenir que los descendientes de ciudadanos de países enemigos abusen de sus derechos de ciudadanía para cosas como criticar al gobierno. Regular los viajes internacionales por enemigos extranjeros y sus familias. Prevenir todo acto potencial de agresión política de enemigos extranjeros como el espionaje, el sabotaje y la propaganda subversiva.