La Sublevación de Cartagena fue una rebelión contra el gobierno de Negrín protagonizada por militares y marinos de la base naval de Cartagena que estalló el 4 de marzo de 1939, un mes antes de que finalizara la guerra civil española, y que iba a constituir el primer acto del golpe de Casado, pero que casi desde el primer momento se convirtió en una rebelión dirigida por los militares integrados en la quinta columna que pretendían entregar la base y la flota republicana allí fondeada al bando sublevado.

Se trataba de privar a la República de su único gran puerto naval y de su marina de guerra. Este último objetivo, que era el más importante, se cumplió plenamente porque la flota republicana se hizo a la mar en cuanto estalló la rebelión y en lugar de regresar cuando ya había sido sofocada el almirante jefe de la flota, Miguel Buiza, puso rumbo a Bizerta, en el Protectorado francés de Túnez. La pérdida de la flota, que el 30 de marzo de 1939 fue entregada a los representantes del "Generalísmo" Franco por las autoridades francesas, privó a los republicanos del único medio que les quedaba para haber evacuado a la población que huyó hacia los puertos de Levante, temiendo las represalias de los vencedores en la guerra, una vez que el coronel Casado se rindió a los "nacionales" tras derribar al gobierno de Juan Negrín.

Antecedentes

Los primeros pasos de la conjura de Casado contra el Gobierno A partir del fracaso de la ofensiva republicana del Ebro (julio-noviembre de 1938) y de los acuerdos de Múnich (29 de septiembre de 1938), buena parte de los oficiales no comunistas del Ejército Popular de la República, especialmente los profesionales que no procedían de las milicias, pensaban que la guerra estaba perdida y que se le debía poner fin de forma "honorable" por medio de un "abrazo de Vergara" como el que acabó con la primera guerra carlista. Estaban convencidos de que el "entendimiento entre militares" de los dos bandos lo haría posible, por lo que el único obstáculo que había que salvar, según ellos, era la presencia comunista en el gobierno y en algunas unidades militares, y el propio presidente Negrín si se obstinaba en mantener su política de resistencia. El militar que aglutinó todas estas preocupaciones e iniciativas fue el coronel Segismundo Casado, jefe del Ejército del Centro.

El primer movimiento importante del coronel Casado, del que enseguida tuvo información el Cuartel General del Generalísmo a través de la quinta columna de Madrid con la que Casado ya había entrado en contacto, tuvo lugar a principios de noviembre de 1938, en un momento en que ya era evidente el fracaso de la ofensiva del Ebro, cuando se reunió en Madrid con el presidente Juan Negrín y con el general José Miaja, jefe de los Ejércitos de la región Centro-Sur, para intentar conseguir que aquel retirara a los comunistas del gobierno como primer paso para cambiar la política de resistencia a ultranza por la búsqueda de una mediación que pusiera fin a la guerra sin represalias por parte de los vencedores, a lo que Negrín se opuso rotundamente. A partir de ese momento Casado fue cada vez más consciente de que si quería alcanzar sus propósitos también tendría que derribar a Negrín.

Tras la caída de Cataluña a principios de febrero de 1939, el coronel Casado inicia los contactos de forma directa y personal con los agentes de los "nacionales" en Madrid, a los que pone al corriente de sus intenciones de derribar al gobierno de Negrín, aunque ellos ya las conocían a través de los agentes franquistas que actuaban en el entorno de Casado. Estos le hacen llegar las llamadas "Concesiones del Generalísimo" en las que se promete a los militares republicanos "benevolencia... mayor cuanto más significados y eficientes sean los servicios que en estos últimos momentos prestan a la causa de España". Unas Segundas "Concesiones del Generalísmo" que recibe Casado el 5 de febrero comienzan con una afirmación de gran dureza: "Tenéis la guerra totalmente perdida. Es criminal toda prolongación de la resistencia. La ESPAÑA NACIONAL exige la rendición". En su texto quedaba más claro aún lo que Franco entendía por "negociación": la rendición incondicional del "Ejército rojo", y sólo ofrecía benevolencia en las represalias tras la victoria.

El 2 de febrero de 1939 Casado se reúne con los generales Miaja, Matallana y Menéndez a los que les expuso su decisión de sublevarse contra el gobierno de Negrín sustituyéndolo por un "Consejo Nacional de Defensa" integrado por militares y por todos los partidos políticos y sindicatos, con excepción del Partido Comunista de España, y con la "exclusiva misión de hacer la paz" por lo que entraría "en relación con el Gobierno Nacionalista [sic] lo antes posible". Según el testimonio posterior del coronel Casado "los tres generales, sin discusión, se consideraron comprometidos ante el hecho, con todas sus consecuencias". Al día siguiente tuvo lugar la entrevista con el socialista "antinegrinista" Julián Besteiro a quien Casado ofreció la presidencia de su proyectado Consejo Nacional de Defensa, pero Besteiro rechazó la oferta aunque aceptó integrarse en él. Pocos días después Casado se entrevistaba con el teniente coronel Cipriano Mera, de la CNT, que era el Jefe del IV Cuerpo de Ejército (integrado en el Ejército del Centro que mandaba Casado), una unidad que sería decisiva en el triunfo del golpe.

La vuelta de Negrín y el enfrentamiento con Casado Cuando el presidente del gobierno Juan Negrín volvió a la región Centro-Sur desde Francia el 10 de febrero de 1939, el único apoyo con el que contaba ya, además de una parte de su propio partido (el sector "negrinista" del PSOE), era el Partido Comunista de España, pero este estaba en declive tras las sucesivas derrotas de la batalla del Ebro y la ofensiva de Cataluña. Además la propaganda de la quinta columna franquista, bien organizada especialmente en Madrid, en Valencia y en la base naval de Cartagena, difundía la idea de que podría haber una negociación que pusiera fin a la guerra si Negrín y los comunistas desaparecían de la escena política republicana y las "negociaciones" se llevaban entre militares profesionales.

El 12 de febrero Negrín llegó a Madrid donde ocupó su puesto en el edificio de Presidencia del Paseo de la Castellana. Allí ordenó que se presentara el coronel Casado, como jefe del Ejército del Centro, para que le informara de la situación militar en la capital. Casado le expuso las nulas posibilidades de las fuerzas republicanas para contener la previsible ofensiva del ejército franquista sobre Madrid, a lo que Negrín le contestó, según el testimonio del propio Casado: "estoy de acuerdo con su criterio, pero yo no puedo renunciar a la consigna de resistir". Tres días después Casado recibía un documento de los franquistas en el que se especificaban las "condiciones y el plan de capitulación" del ejército republicano. El coronel Casado les dijo a los miembros de la quinta columna "que todo estaba preparado para el asalto a los reductos comunistas al grito de ¡Viva España y muera Rusia!".

El 16 de febrero de 1939 tuvo lugar la reunión de Negrín con todos los altos mandos militares republicanos en la base de Los Llanos (Albacete) a la que asistieron además del coronel Casado, como Jefe del Ejército del Centro, el general José Miaja, Jefe Supremo del Ejército; el general Manuel Matallana Gómez, Jefe del Grupo de Ejércitos; el general Leopoldo Menéndez López, Jefe del Ejército de Levante; el general Antonio Escobar Huerta, Jefe del Ejército de Extremadura; el coronel Domingo Moriones, Jefe del Ejército de Andalucía; el coronel Antonio Camacho, Jefe de la Zona Aérea Centro-Sur; el general Carlos Bernal, Jefe de la Base Naval de Cartagena; y el almirante Miguel Buiza, Jefe de la Flota Republicana. Todos ellos, excepto el general Miaja, estuvieron de acuerdo con lo que el coronel Casado ya le había manifestado a Negrín en la reunión del día 12: que si el enemigo ("poderoso y con moral de victoria", en palabras del general Matallana) desencadenaba la temida ofensiva el ejército republicano no podría hacerle frente, por lo que había que poner fin a la guerra. El almirante de la flota, Buiza, llegó a amenazar a Negrín con la deserción de la totalidad de la escuadra republicana si no se ponía fin a la política de resistencia. Negrín les respondió lo que ya le había dicho a Casado cuatro días antes: que no se daban las condiciones para la negociación porque el general Franco sólo aceptaba la rendición incondicional, por lo que la única salida continuaba siendo la resistencia. Por su parte ninguno de los generales comprometidos en la conjura de Casado allí presentes (o que la conocían) dijeron nada a Negrín de los contactos que ya mantenían con el "Generalísimo" Franco para la rendición. Eso es lo que explica que desde el 8 de febrero en que se produjo la ocupación de la isla de Menorca por los "nacionales" no se produjera ninguna acción ofensiva del ejército sublevado: Franco estaba esperando que los "casadistas" triunfaran y desalojaran a Negrín del poder. A su vuelta a Madrid el coronel Casado, robustecido en sus posiciones en su pugna con Negrín, comunicó a los agentes franquistas que los militares habían salido de la reunión de Los Llanos reafirmados "en el acuerdo, tomado en firme con anterioridad, de eliminar el gobierno del doctor Negrín, que carecía de legitimidad, y tratar de negociar la paz directamente con el enemigo". Sobre cuales eran las intenciones del "Generalísimo" Franco una nota redactada por él mismo y que fue transmitida el 25 de febrero a los agentes del SIPM (el servicio secreto franquista) que actuaban en Madrid es muy clara: "La rendición debe ser sin condiciones"

El 24 de febrero Negrín, para quien el problema era cómo terminar la guerra sin combatir de manera distinta a la de entrega sin condiciones, abandonó Madrid tras celebrar un consejo de ministros e instaló la sede de la Presidencia del Gobierno en una finca cercana a la localidad alicantina de Elda (la "Posición Yuste", que era su nombre en clave). Una decisión un tanto inexplicable porque al alejarse de la capital se acentuó la soledad del presidente, su falta de apoyos para la política de resistencia, que algunos de sus ministros empezaban también a cuestionar. Una decisión que, por otro lado, fue utilizada por los que estaban implicados en la conjura de Casado para desprestigiar a Negrín propagando la sospecha de que el gobierno y el PCE, cuya dirección también se había trasladado a Elda, reclamaban al bando republicano la resistencia a ultranza pero se habían instalado en un lugar que les permitiría salir rápidamente de España.

El lunes 27 de febrero de 1939, Francia y Gran Bretaña reconocían "de iure" al gobierno de Franco en Burgos como el gobierno legítimo de España, tras obtener unas vagas e imprecisas garantías de que no se ejecutaría a los "españoles no delincuentes". Al día siguiente se hacía oficial la renuncia a la Presidencia de la República de Manuel Azaña y se abría el proceso de su sustitución provisional por el presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio (ambos se encontraban en Francia), tal como establecía la Constitución republicana de 1931. Después de todos estos hechos la posición de Negrín era insostenible, mientras quedaba fortalecida la conspiración de Casado para derribar al gobierno de Negrín y eliminar la influencia del PCE, a quienes consideraban los principales obstáculos para el fin negociado de una guerra que ya consideran perdida.