El Monstruo de Florencia (en italiano: Mostro di Firenze) es la denominación utilizada por los medios de comunicación italianos para referirse al autor o autores de una serie de ocho asesinatos dobles ocurridos entre 1968 y 1985 en la provincia de Florencia (Toscana, Italia). A pesar de las detenciones y procesamientos, se sospecha que el verdadero criminal o grupo de criminales aún no ha sido detenido ni identificado. En el año 2014, un caso con algunas similitudes puso de nuevo en vilo a Florencia.

Hechos El "modus operandi" siempre era el mismo, disparaba en lugares normalmente aislados a parejas de jóvenes y después los apuñalaba. Posteriormente, mutilaba con precisión (como trofeo), los órganos sexuales de sus víctimas femeninas.

"El Monstruo" nunca actuó en el mismo lugar y siempre utilizaba la misma arma: una Beretta calibre 22, modelo Long Rifle. En total disparó 66 proyectiles, todos de la marca Winchester, serie H. La única certeza es que a pesar de los esfuerzos de la magistratura florentina y, tal vez a causa de varias pistas que durante varios años fueron ocultadas a la policía, el Monstruo de Florencia quedó impune.

La investigación duró ocho años, durante los cuales fueron interrogados más de 100.000 sospechosos, con la esperanza de que alguno de ellos fuese el asesino. En todo el proceso, el único inculpado fue un granjero de 68 años llamado Pietro Pacciani (apodado il Vampa, "llamarada"),Vampa, Llamarada que cumplió condena hasta el 13 de febrero de 1996, fecha en la que fue absuelto ante la falta de pruebas por el Tribunal de Casación.

Tras años sin respuestas, varias teorías apuntaban que los posibles culpables podrían estar relacionados con una secta satánica.

Víctimas thumb|125px|Barbara Locci thumb|125px|Antonio Lo Bianco thumb|125px|Pasquale Gentilcore y Stefania Pettini En total el Monstruo cometió siete asesinatos dobles, entre 1968 y 1985. Aunque en lo que se refiere al asesinato de 1968 no se tiene verdadera certeza de si fueron cometidos por el mismo asesino:

Antonio Lo Bianco y Bárbara Locci, 21 de agosto de 1968 (Signa).

Pasquale Gentilcore y Stefania Pettini, 15 de septiembre de 1974 (Borgo San Lorenzo).

Giovanni Foggi y Carmela Di Nuccio, 6 de junio de 1981 (Vía dell´Arrigo).

Stefano Baldi y Susanna Cambi, 6 de octubre de 1981 (Campos de Bartoline).

Paolo Mainardi y Antonella Migliorini, 19 de junio de 1982 (Montespertoli).

Horst Meyer y Uwe Rush, 9 de septiembre de 1983 (Giogoli).

Claudio Stefanacci y Pia Rontini, 29 de julio de 1984 (Vicchio).

Nadine Mauriot y Jean Michel Kravechvilj, 8 de septiembre de 1985 (Scopeti).

Pista sarda La conocida como "pista sarda" era aquella que implicaba a un grupo de inmigrantes procedentes de Cerdeña y ponía foco en la pistola Beretta utilizada en todos los asesinatos, comenzando por el ocurrido en 1968, que tuvo como víctimas a Antonio Lo Bianco y Bárbara Locci. Hacía referencia a la primera parte de la investigación liderada por el Juez de Instrucción Mario Rotella, quien insistía en buscar a los asesinos entre los hermanos Vinci.Spezi, M., & Preston, D. J. (2019). El monstruo de Florencia. Random House Mondadori, p. 139

El 23 de agosto de 1968 fueron asesinados dentro de su vehículo una mujer casada, Bárbara Locci, y su amante, el albañil Antonio Lo Bianco, quedando como testigo el hijo pequeño de Bárbara, Natalino Mele. Fue la primera vez que se utilizaba el arma. Fue condenado por ello Stefano Mele, el marido celoso, quien habría organizado una emboscada a su mujer, y que se declararía culpable. Según las investigaciones de Mario Spezi, a Mele le acompañaban Salvatore y Francesco Vinci, que habrían participado en el crimen.

Los hermanos Vinci tenían un pasado inquietante en Villacidro (Cerdeña). Giovanni había violado a su hermana, Francesco el menor tenía fama de violento y de ser muy hábil con el cuchillo, mientras que Salvatore, el mediano, había forzado a una adolescente, Barbarina, quien le daría un hijo – Antonio Vinci– y con la que se casaría. Los malos tratos de Salvatore provocarían las infidelidades de Barbarina, que fue hallada muerta el 14 de enero de 1961 en el escenario de un supuesto suicidio con una bombona de gas, del que todo el pueblo sospechó, y que habría sido "provocado" por Salvatore.

La muerte de Barbarina fue la gota que colmó el vaso y el pueblo se alzó contra ellos, por lo que decidieron emigrar a la Toscana, siguiendo a Giovanni, que les había precedido y quien habría alquilado la habitación en casa de la familia Mele. Salvatore trabajó como albañil, mientras que Francesco se integró en los ambientes de la pequeña delincuencia. Stefano Mele vivía con sus padres y su esposa, Bárbara Locci, casada a la fuerza y que era continuamente infiel a su marido. Enseguida sedujo al inquilino, Salvatore Vinci. Harto de ver el honor de su familia pisoteado, el patriarca echó de la casa a Stefano, Bárbara y Salvatore Vinci. El matrimonio alquiló un cuchitril en un barrio obrero y Bárbara siguió viendo a Salvatore. Poco después le sustituyó por su hermano Francesco, más macho, y después por otro amante, Antonio Lo Bianco, que se ufanaba de conseguir a la mujer, lo que al final le llevaría a la muerte.

El 21 de agosto de 1968 Bárbara Locci fue asesinada junto a su amante en la campiña, dentro de un coche en el que también estaba su pequeño hijo Natalino. Las investigaciones del doble homicidio de 1968 indicaban que había sido perpetrado por un grupo de hombres, pistas que fueron pasadas por alto. El niño, el único testigo, contó que su padre –Stefano– había estado en la escena del crimen. Mele llegó a contar a los carabinieri que había sido Salvatore el que había matado a la pareja y que éste, una vez hechos los disparos, le habría dado el arma para que rematara a su mujer. El testimonio de su hijo y la prueba del guante de parafina que mostraba pólvora en su mano fueron suficientes para retractarse de su testimonio contra sus cómplices y asumir el doble homicidio como único autor. Mele sentía pavor por Salvatore y fue capaz de ocultar su participación en el crimen para que éste no hiciera público su gusto por el sexo masculino. Respecto a la pistola declaró que la había tirado a una acequia, pero la policía no fue capaz de encontrarla. La Beretta, que probablemente guardara uno de sus cómplices, saldría seis años más tarde de su escondite junto con la misma caja de balas, para convertirse en el arma del Monstruo de Florencia.

El arma era una pistola Beretta calibre 22, vieja y gastada, con un percutor defectuoso que dejaba una marca en la base del cartucho; todas las balas eran de la clase Winchester serie H.

En 1974, cuatro meses antes del primer crimen del Monstruo de Florencia, Salvatore Vinci se personó en el cuartel de los carabinieri para denunciar un robo en su casa. A la pregunta de qué le habían robado dijo “No sé”. Según Mario Spezi, con esta denuncia pretendía cubrirse las espaldas ante un eventual “mal uso” del único objeto de valor que tenía, la Beretta calibre 22 y sus dos cajas de balas; en esa denuncia, que luego se extravió, también dijo el nombre de la persona que había entrado en su casa y que era su hijo, Antonio Vinci.

El 15 de septiembre de 1974 se produciría en Borgo San Lorenzo el primer crimen del posteriormente denominado Il mostro di Firenze / el Monstruo de Florencia, el 6 de junio y el 6 de octubre de 1981 y el 19 de junio de 1982 los siguientes. En 1982, y siguiendo la pista sarda, los investigadores hicieron una lista de sospechosos en la que figuraban los hermanos Vinci, Salvatore y Francesco. Los investigadores determinaron que Francesco y su sobrino Antonio (hijo de Salvatore) habían estado cerca de las escenas de los crímenes de 1974 y 1981. Más adelante, se encontró una prueba que incriminaría más a Francesco, al encontrar su coche escondido bajo unas ramas del bosque el 21 de junio de 1982.

Francesco fue arrestado en agosto de 1982, dos meses después de los asesinatos de Montespertoli. Se le consideraba el culpable, aunque no se tenía toda la certeza; era un delincuente “menor”, mujeriego y rufián pero no encajaba exactamente en el perfil de un asesino en serie. El 10 de septiembre de 1983 se encontró en Giogoli una furgoneta Volkswagen con dos hombres asesinados siguiendo las pautas del Monstruo. Francesco Vinci, todavía en la cárcel, no podía haber realizado el crimen.

Tanto el juez de instrucción Mario Rotella como la fiscal Silvia della Monica creían que el Monstruo era alguno de los integrantes de la pista sarda y que tanto Francesco como Antonio Vinci sabían quién era, y que podía ser uno de ellos. Después de los asesinatos de Giogoli, en un periódico apareció la noticia de que Antonio Vinci había sido detenido por posesión ilícita de armas de fuego. El juez Rotella y la fiscal intentaron enfrentarlos dentro de la cárcel para generar suspicacias y recelos y abrir una brecha entre ellos para que confesaran, pero no lo consiguieron. Antonio fue liberado. Alguien había dejado caer en la cartera de Stefano Mele, que para entonces ya había cumplido la condena por el asesinato cometido en 1968, un escrito que desviaba la atención de Francesco Vinci, para inculpar a Giovanni Mele y Piero Mucciarini (hermano y cuñado de Stefano, respectivamente).

Para entonces las discrepancias en el seno de la investigación empezaban a hacerse notar. Tal como está organizada la judicatura en Italia, cada fiscal es independiente y se ocupa del caso en el que está de guardia, luego está el fiscal del ministerio público, que representa los intereses del Estado y que cambió varias veces a lo largo de la instrucción del caso del Monstruo. También está el juez instructor, que supervisa a todos los fiscales, a los investigadores de la policía y a los carabinieri. En el caso del Monstruo el juez era Mario Rotella y el fiscal jefe Piero Luigi Vigna. Dos personas muy diferentes y que pronto empezaron a disentir.

El 28 de julio de 1984 el Monstruo volvió a asesinar, mientras los tres sospechosos estaban en la cárcel (Francesco Vinci, Giovanni Mele y Piero). Esta vez las sospechas cayeron sobre Salvatore Vinci y se hizo una investigación en Cerdeña para descubrir que todo indicaba que el supuesto “suicidio” de Barbarina había sido un montaje para matar a su mujer; además, era un hombre con gustos sexuales violentos y maníaco sexual.

En septiembre de 1984 quedaron libres Piero Mucchiarini y Giovanni Mele y en noviembre de 1984 fue liberado Francesco Vinci.

El domingo 8 de septiembre de 1985 aparecieron dos nuevas víctimas, dos turistas franceses; a ella le cercenaron un seno y la vagina. El asesino les sorprendió copulando dentro de una tienda de campaña, que rasgó con su cuchillo. Mató a bocajarro a la mujer y disparó varios tiros al hombre (de 25 años y atleta), que pudo salir huyendo, pero al que dio alcance hasta clavarle el cuchillo por la espalda.

Esa misma semana, la fiscal del caso, Silvia della Monica, recibió una misiva realizada con letras recortadas de una revista que contenía un trozo del seno cercenado. La fiscal se retiró del caso horrorizada.

Tras este asesinato se solicitó la colaboración de la ciudadanía y se recibieron muchas cartas, entre ellas una carta anónima que acusaba al viejo Piero Pacciani, un depredador sexual y violador que había matado a un hombre en 1951. Comenzaba así la segunda línea de investigación.

Las desavenencias entre Rotella y el fiscal Vigna cada vez eran mayores. Rotella creía que el Monstruo estaba en la pista sarda y que era Salvatore Vinci, mientras que Vigna creía que era un callejón sin salida y que había que empezar desde cero.