La reconquista española de la Ciudad de Buenos Aires, luego de la invasión británica de 1806 al Virreinato del Río de la Plata, dio lugar a la formación de unidades milicianas de voluntarios que lograron defender la ciudad durante el contraataque británico ocurrido en 1807. Luego de la Revolución de Mayo de 1810, estas milicias fueron el núcleo original del Ejército Argentino. Las actas de la junta de guerra del 12 de junio de 1807 definieron a estas milicias como cuerpos voluntarios formados por la necesidad y no como milicias regladas. thumb|200px|Santiago de Liniers y Bremond. thumb|200px|Rafael de Sobremonte.

Primera Invasión Inglesa Cuando el 2 de enero de 1806 el virrey Rafael de Sobremonte conoció que una flota británica se hallaba en las costas del Brasil, convocó a las milicias regladas y trasladó a Montevideo a las escasas fuerzas veteranas de Buenos Aires, creyendo que esa plaza amurallada sería el blanco del ataque. El 16 de enero ofició al generalísimo de los Reales Ejércitos y Armadas, el Príncipe de la Paz Manuel Godoy:

Pero los británicos desembarcaron en Quilmes y se dirigieron a Buenos Aires, dispersando a los milicianos, por lo que el cabildo se rindió antes de que los invasores ingresaran en la ciudad, mientras el virrey se dirigió a Córdoba para reclutar tropas siguiendo un plan de acción aprobado por el rey.

Voluntarios de Pueyrredón thumb|200px|Juan Martín de Pueyrredón.

Ocupada la ciudad por los británicos, muchas personas se negaron a aceptar la rendición y se ocultaron en las quintas y en los campos. Mientras que en la ciudad se organizaban algunos focos de resistencia que planeaban efectuar sabotajes, el Cabildo de Buenos Aires comisionó secretamente al comerciante Juan Martín de Pueyrredón para que pasara a Montevideo a tomar contacto con el gobernador de esa plaza, Pascual Ruiz Huidobro. De él Pueyrredón recibió el encargo de dirigirse a la campaña de Buenos Aires para organizar fuerzas voluntarias de apoyo y juntar caballadas y víveres para la fuerza expedicionaria que partiría de Montevideo al mando del capitán de navío Santiago de Liniers. El 17 de julio de 1806 Pueyrredón desembarcó en San Isidro e inició su misión de sublevar a la campaña.

Se fijó a la Villa de Luján como el punto de reunión de los voluntarios reunidos por Pueyrredón con los Blandengues de la Frontera. Pueyrredón asistía a los milicianos con sus propios recursos y con los suministrados por el asturiano Diego Álvarez Barragaña, cubriendo los jornales de 4 y medio reales con que se los compensaba por el trabajo perdido. Estos voluntarios, junto a unos 300 milicianos reglados del Batallón de Voluntarios de Infantería de Milicias de Buenos Aires y a las tropas veteranas del Cuerpo de Blandengues, conformaron una fuerza de entre 650 y 800 hombres, en su mayoría montados, que fueron dispersados por los británicos en el Combate de Perdriel el 1 de agosto de 1806. Pero 200 de ellos lograron reunirse en San Isidro con la columna de Liniers procedente de Montevideo y participaron de la reconquista de Buenos Aires, ocurrida el 12 de agosto de 1806. Este grupo de voluntarios, los Voluntarios de Pueyrredón, tuvo una destacada actuación, principalmente en el ataque a la Plaza Mayor y fue el primer escuadrón en organizarse al finalizar la reconquista.

Voluntarios de Álzaga El 11 de agosto de 1806 se unieron a las fuerzas de Liniers en el Retiro un grupo de voluntarios criollos y españoles organizados por el regidor del cabildo, Martín de Álzaga, denominados Voluntarios Patriotas de la Unión, participando de la reconquista a las órdenes de Felipe de Sentenach, contando inicialmente con 600 voluntarios. Posteriormente conformaron un cuerpo agregado a la artillería.

Voluntarios de castas El teniente Juan del Pino reunió un grupo de personas Indias, Pardas y Morenas que participaron de la reconquista. Fueron reunidos con los pardos libres y morenos libres de las compañías regladas para formar el Batallón de Castas.

Motivaciones Ante la amenazante inminencia de una nueva invasión, el Cabildo de Buenos Aires se reunió el 13 de agosto de 1806, al día siguiente de producida la reconquista de la capital del virreinato, disponiendo convocar a un Congreso General para afirmar la victoria (cabildo abierto) para el 14 de agosto, en el que se trató sobre la organización y preparación de la defensa de la ciudad, la constitución de nuevas fuerzas y la acumulación de víveres y pertrechos. En el cabildo abierto de 98 asistentes se decidió reservar los asuntos militares a una junta de guerra que debía convocarse al efecto para:

También se dispuso solicitar al virrey -al que no se le permitió regresar a Buenos Aires- que aceptara como comandante general de armas de Buenos Aires al capitán de navío Santiago de Liniers. Aunque el virrey inicialmente se opuso, el 18 de agosto de 1806 decretó nombrar a Liniers para ese cargo militar, y al regente de la Real Audiencia, Lucas Muñoz y Cubero, para el despacho político urgente.

La junta de guerra resolvió que lo más conveniente era aprovechar el esfuerzo realizado y el entusiasmo que se había generado en el pueblo ante la victoria lograda sobre tropas profesionales, levantando un ejército de voluntarios milicianos. La inactividad e inoperancia por parte de las autoridades virreinales durante la invasión de un ejército reducido en número pero superior en adiestramiento, equipamiento y experiencia, y el descrédito sufrido por las milicias disciplinadas de acuerdo al Reglamento de 1801, que dejó en evidencia la falta de armamento, instrucción y disciplina, hizo que el sistema fuera abandonado por Liniers en Buenos Aires para evitar el efecto psicológico desmoralizador. Se consideró también que muchos de los jefes de esos cuerpos eran considerados por los milicianos como responsables de la derrota, y al rendirse, debieron jurar no tomar de nuevo las armas contra los británicos mientras durase la guerra. Como los oficiales de los cuerpos reglados tenían despachos otorgados por el rey, si se reconstituían esos cuerpos, debían continuar ocupando sus puestos de mando. Liniers tuvo en cuenta también que el número de milicianos de los cuerpos reglados era insuficiente para defender de nuevo la ciudad. Ante las graves circunstancias que se le presentaban, tomó la decisión de no aferrarse a los mandos, estructuras y reglamentos decididos por la autoridad del rey, todo lo cual fue luego avalado por el virrey Sobremonte.

Convocatoria de voluntarios Teniendo como antecedente algunos cuerpos creados por Ruiz Huidobro en Montevideo y ante la inminencia de una nueva invasión, Liniers emitió el 6 de septiembre de 1806 una proclama instando al pueblo de Buenos Aires a organizarse en cuerpos milicianos urbanos separados según su origen:

Una segunda proclama de convocatoria fue emitida el 9 de septiembre en la que se fijó los días de presentación de voluntarios en el Fuerte de Buenos Aires para el enrolamiento:

El 10 de septiembre Liniers envió un oficio al Príncipe de la Paz Manuel Godoy, expresándole su plan de reunión de voluntarios:

La mayor parte de los hombres adultos de Buenos Aires se enlistó como miliciano de alguno de los diferentes cuerpos que se organizaron. El comandante general de armas logró agrupar una fuerza popular a la que se le sumaban las tropas veteranas, de menor número, formando un ejército de infantería, caballería y artillería. A los voluntarios españoles se los distribuyó en cuerpos según sus regiones de origen. Se autorizó a los voluntarios de los cuerpos urbanos formados a elegir a sus oficiales, a quienes el virrey luego otorgó los despachos militares.

Para octubre de 1806 las fuerzas milicianas de Buenos Aires alcanzaban un total de 7253 plazas.

Transformación en servicio obligatorio El 7 de noviembre de 1806 los jefes de los cuerpos pidieron al Cabildo que ordenara por bando que todos los que no se habían alistado lo hicieran en un plazo de 4 días. El Cabildo aceptó y pidió al regente de la Audiencia que emitiera el bando, lo cual se hizo el 20 de noviembre:

El bando señalaba también que aquellos que se ausentasen o huyesen serían buscados y encarcelados.

Milicias regladas Cuando el Marqués de Sobremonte era subinspector general de las tropas del virreinato, preparó un plan de milicias regladas (que tenían una plana mayor veterana y una asamblea reglada con su correspondiente régimen) que fue aprobado por el rey mediante la real cédula de 14 de enero de 1801, el Reglamento para las Milicias disciplinadas de Infantería y Caballería del Virreynato de Buenos Ayres, aprobado por S. M. y mandado observar inviolablemente.

Este reglamento establecía el deber de tomar las armas en defensa del rey, de la religión y de la patria para todos los hombres hábiles de entre 16 y 45 años, con un servicio en la milicia no menor de 10 años y no mayor de 20, excepto para quienes quisieran continuar y si eran necesarios. Los cuerpos milicianos alcanzados por el reglamento pasaron a tener fueros militares e incluían algunos instructores veteranos en sus filas. El resto de las unidades milicianas existente que no fueron contempladas por el reglamento, continuaron en clase de milicias urbanas, para ser convocadas en caso de necesidad. Con los blancos que no eran españoles en 1805 se formó un batallón con 6 compañías denominadas de Urbanos del Comercio.

En 1806 existían como milicias regladas en Buenos Aires: Batallón de Voluntarios de Infantería de Buenos Aires, con 8 compañías de fusileros y una de granaderos, y un total de 694 plazas. Su comandante era el coronel de milicias Miguel de Azcuénaga.Historia, Números 42-45. pp. 8. Editor: Unión Editores Latinos, 1966 Compañía de Granaderos de Pardos libres de Buenos Aires: con 100 plazas. Compañía de Granaderos de Morenos libres de Buenos Aires: con 60 plazas. El comandante de las dos compañías era el ayudante mayor veterano más antiguo del Batallón de Voluntarios de Infantería de Buenos Aires. Regimiento de Caballería de Voluntarios de Buenos Aires: con 4 escuadrones de 3 compañías de 60 plazas cada uno, totalizando 724 plazas. Estaba integrado por los pobladores de barrios de la periferia de la ciudad considerados extramuros, y chacras inmediatas. Compañía de Milicias de Artillería de Buenos Aires, con 100 plazas desde 1804.

Ante la irregularidad de la formación de los cuerpos que no se ajustaban al reglamento de 1801, el subinspector general de las tropas del virreinato, Pedro de Arze, viendo menoscabada su autoridad ofició a Sobremonte el 1 de noviembre de 1806 haciéndole notar que los nuevos cuerpos milicianos habían alistado a los milicianos de los regimientos de infantería y caballería reglados de Buenos Aires, quedando ambos deshechos. Además de que soldados veteranos fueron ocupados en adiestrar a los milicianos sin su anuencia. El 5 de noviembre Sobremonte le respondió que tenía razón, pero que no había forma de remediar la situación, aconsejándole que aceptara las novedades.

Quedaron subsistentes, sin embargo, la Compañía de Granaderos de Pardos libres, la Compañía de Granaderos de Morenos libres (ambas incorporadas al Batallón de Castas), la Compañía de Milicias de Artillería, y la Compañía de Granaderos del Batallón de Voluntarios de Infantería de Buenos Aires.

Caballería Las milicias de caballería sumaban 1575 hombres en octubre de 1806.Historia general de las antiguas colonias hispano-americanas, desde su descubrimiento hasta 1808. pp. 305. Escrito por Miguel Lobo. Publicado por impr. Miguel Guijarro ed., 1875.

Cuadro de milicias de caballería de la guarnición de Buenos Aires en octubre de 1806.