El general Fructuoso Rivera conquistó las Misiones Orientales para las Provincias Unidas del Río de la Plata en una rápida campaña durante el año 1828, como parte de la llamada Guerra del Brasil. Ese territorio, ubicado en el oeste del actual Estado de Río Grande del Sur y habitado hasta entonces por indígenas guaraníes, había sido colonizado por jesuitas, pero permanecía en manos del Imperio del Brasil como herencia de su metrópoli colonial, Portugal, desde su ocupación en 1801.
No obstante, debió evacuar ese territorio a fines de ese mismo año, como resultado de las negociaciones que condujeron al Tratado de Paz que suscribieron el Imperio del Brasil y las Provincias Unidas, y que otorgó la independencia al Estado Oriental del Uruguay, país del cual el mismo Rivera sería el primer presidente.
Antecedentes En el la Compañía de Jesús llegó a la zona, e instalaron las treinta misiones jesuíticas guaraníes. Allí los guaraníes, que hasta entonces practicaban una agricultura itinerante, terminaron por adoptar el sedentarismo. La "Provincia de las Misiones", dependiente tanto de la Gobernación de Buenos Aires como de las autoridades de la Compañía de Jesús, se ubicaban en ambas márgenes de los ríos Paraná y Uruguay, y se extendían hacia el este hasta la Sierra General y por el sur hasta el río Ibicuy. También pertenecían a las Misiones varias estancias que se extendían a través de un gran territorio hasta el río Negro.
Por el Tratado de Madrid, en 1750 las siete Misiones Orientales, ubicadas al este del río Uruguay, pasaron a pertenecer a Portugal, que las anexó a sus colonias del Brasil. Los guaraníes se negaron a ser trasladados, pero fueron derrotados en la Guerra Guaranítica y forzados al exilio. No obstante, el Tratado de San Ildefonso, del año 1777, devolvió ese territorio a España. Los guaraníes regresaron a sus pueblos; estos eran: San Francisco de Borja, San Luis Gonzaga, San Nicolás, San Miguel Arcángel, San Lorenzo Mártir, San Juan Bautista y Santo Ángel Custodio, llamado también Santo Ángel Guardián de las Misiones.
Una nueva crisis se produjo con la expulsión de los jesuitas de todas las posesiones españolas, hecho ocurrido en el año 1767. Las Misiones fueron reorganizadas en la Gobernación de las Misiones Guaraníes, dependientes directamente del Virreinato del Río de la Plata, fundado en 1776. Si bien los pueblos se desorganizaron gradualmente – y aparentemente perdieron parte de su población – lograron mantener parte de su organización interna.
En 1801, en el marco de la Guerra de las Naranjas, se produjo la Conquista portuguesa de las Misiones Orientales. Si bien el Tratado de Badajoz (1801) ordenó a España y Portugal volver a sus límites anteriores, Portugal nunca devolvió las Misiones Orientales. La población de los pueblos siguió siendo predominantemente de etnia guaraní, pero desde ese territorio se produjo la gradual ocupación por población criolla brasileña de los territorios ubicados al sur del río Ibicuí.
Durante la Revolución Oriental, el general José Artigas, jefe militar y político de los independentistas orientales, reclamaba la incorporación de las Misiones Orientales a la Provincia Oriental.Las Instrucciones del Año XIII, en Cultura e Identidad uruguaya. Consultado el 2 de septiembre de 2010.
En el año 1816 comenzó la Invasión Luso-Brasileña de la Banda Oriental, es decir, de los territorios ubicados al norte del Río de la Plata. Durante la larga guerra defensiva de los orientales – comandados por el caudillo federal José Artigas – se produjo el ataque portugués a la provincia de Misiones. En respuesta, milicias indígenas comandadas por Andresito Guazurarí contraatacaron y lograron reocupar brevemente las Misiones Orientales. Pero, en definitiva, los portugueses lograron vencer a Artigas y a Guazurarí y pacificar el territorio. La Banda Oriental fue incorporada como Provincia Cisplatina al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve y posteriormente al Imperio del Brasil, cuando este se independizó. Las Misiones Orientales fueron incorporadas a la Provincia de Río Grande de San Pedro.
La Guerra del Brasil miniaturadeimagen|255x255px|El general Juan Antonio Lavalleja inició la Guerra del Brasil al frente de los Treinta y Tres Orientales.. La dominación portuguesa de la Cisplatina desagradaba a la mayor parte de la población oriental, que en 1825 se adhirió rápidamente a la incursión desde Buenos Aires de la expedición llamada de los Treinta y Tres Orientales. Su comandante, el general Juan Antonio Lavalleja, incorporó a su ejército – de buen grado o, más presumiblemente, a la fuerzaActos por el 185º aniversario del Abrazo del Monzón, en el Diario La República del 3 de mayo de 2010. – a las milicias que respondían al general Fructuoso Rivera. Este había sido un destacado oficial de Artigas, pero con la definitiva derrota del caudillo oriental se había pasado a los invasores portugueses, quienes lo nombraron Comandante de Campaña de la Provincia Cisplatina.
Lavalleja reunió el Congreso de La Florida, que proclamó la incorporación de la Provincia Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata y nombró gobernador al mismo Lavalleja. Cuando el Congreso Rioplatense aceptó la reincorporación de esa provincia, el Imperio del Brasil respondió con la declaración de guerra a las Provincias Unidas. Se iniciaba así la Guerra del Brasil.
El Congreso incorporó a los diputados orientales, respondió la declaración de guerra, nombró presidente de las Provincias Unidas a Bernardino Rivadavia y finalmente sancionó una Constitución para la República Argentina, que adquiría oficialmente ese nombre. No obstante, esta sería rechazada por la mayor parte de las provincias argentinas por su carácter unitario.
Si bien en un principio Rivera siguió el partido independentista con lealtad, consiguiendo la victoria en Rincón y secundando a Lavalleja en Sarandí, posteriormente comenzó a tener actitudes que lo hicieron sospechoso de connivencia con los brasileños a los ojos de Lavalleja y de su segundo, Manuel Oribe, pero también para muchos jefes porteños. Cuando Rivadavia ordenó su arresto en 1826, huyó a refugiarse bajo la protección del gobernador de Santa Fe, Estanislao López, que era también el más veterano y uno de los más influyentes caudillos federales. Allí permaneció casi olvidado más de un año.
La guerra terrestre benefició ampliamente a las tropas argentinas, que casi lograron destruir al ejército imperial en cinco grandes batallas, la más importante de las cuales fue la batalla de Ituzaingó. Pero no lograron capturar las ciudades de Montevideo y Colonia.Isidoro J. Ruiz Moreno, Campañas militares argentinas, Tomo I, Ed. Emecé, Bs. As., 2004, pág. 372-429. ISBN 950-04-2675-7
La guerra naval estuvo signada por el casi completo bloqueo naval del Río de la Plata por la poderosa escuadra brasileña. Pese a varias notables victorias del comandante argentino Guillermo Brown, el bloqueo continuó y puso en muy delicada situación al gobierno argentino.Ángel Justiniano Carranza, Campañas Navales de la República Argentina, Volumen IV, 2° Edición, Secretaria de Estado de Marina, Bs. As., 1962.
De modo que el presidente Rivadavia envió a Manuel José García a Río de Janeiro, donde este — contrariando sus instrucciones — firmó una Convención Preliminar de Paz que entregaba toda la Banda Oriental al Brasil. La Convención fue repudiada por el Congreso y la opinión pública, y causó la caída del presidente Rivadavia en junio de 1827.
El gobierno central argentino volvió a ser disuelto – no había existido entre 1820 y 1826 – y cada provincia se gobernó a sí misma. La de Buenos Aires eligió gobernador al federal Manuel Dorrego, que se propuso continuar la guerra hasta obligar al Imperio a abandonar la Banda Oriental.La segunda etapa de la misión Ponsonby, en Historia de las Relaciones Exteriores Argentinas, página del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina. Consultado el 2 de septiembre de 2010.
Preparativos de la campaña a las Misiones Orientales thumb|200px|right|General Estanislao López, primer comandante de la proyectada campaña.
Lo primero que hizo Dorrego fue firmar una serie de tratados con las provincias, a través de los cuales todas ellas delegaron el manejo de las relaciones exteriores del conjunto en el gobernador de Buenos Aires. Un caso especial fue el tratado firmado con Estanislao López, de Santa Fe, el 27 de octubre; en este, la provincia de Santa Fe se comprometía a
Dorrego nombró comandante del Ejército en operaciones en la Provincia Oriental al general Lavalleja. No obstante la confianza de que gozaba entre sus comprovincianos, Lavalleja se encontró con una carencia casi absoluta de recursos bélicos y con la desconfianza de sus subalternos de origen porteño o de las provincias del interior.
Tampoco demostraba demasiada voluntad de retomar la ofensiva y, tranquilo por la similar pasividad del ejército imperial, utilizó buena parte de sus hombres en arreos de ganado riograndense, lo que se consideraba una justa compensación por los saqueos de ganado oriental efectuados tras la invasión.Larguía, Alejandro, Misiones jesuíticas del Uruguay: la provincia perdida, Corregidor, Buenos Aires, 2007.
Lavalleja poco quiso o pudo hacer, salvo algunas pequeñas operaciones ofensivas hacia Río Grande, que fracasaron por completo. La iniciativa consistía en un desembarco sobre la boca de la Laguna de los Patos en combinación con un avance de las mejores tropas argentinas al mando de José María Paz e Isidoro Suárez por la angosta franja de tierra que la separa del mar. La organización de la operación fue tan deficiente que el desembarco no llegó a producirse y la movilización infructuosa de los regimientos involucrados estuvo a punto de provocar un descalabro general en la batalla de Las Cañas.Tomás de Iriarte, La Campaña del Brasil, fragmentos seleccionados de sus Memorias, Ed. Hyspamérica, Bs. As., 1988, pág. 73-77. ISBN 950-614-728-0. También Larguía, Alejandro, Misiones jesuíticas del Uruguay: la provincia perdida, Corregidor, Buenos Aires, 2007.
Fructuoso Rivera, adversario de Lavalleja, proyectaba efectuar una ofensiva sobre las Misiones Orientales, lo que le permitiría recuperar el mando autónomo de tropas. Marchó a ver a Dorrego portando oficios del gobernador de Santa Fe Estanislao López, en los que adhería al plan de expedicionar a las Misiones y proponía a Rivera para comandar el llamado Ejército del Norte. Iba acompañado del coronel Evaristo Carriego, nativo de Yapeyú y conocedor de las Misiones, comisionado a similares efectos por el gobernador de Entre Ríos Vicente Zapata.
En diciembre de 1827 se reunieron con Dorrego y su ministro de guerra, general Juan Ramón Balcarce. Dorrego adoptó con entusiasmo el plan, que permitiría recuperar las Misiones, abrir un frente en la retaguardia del ejército imperial y fortalecer su posición en las negociaciones de paz. El 9 de diciembre, Rivera y Carriego informaban a Zapata tener luz verde para la operación.
Informado por Dorrego,En su comunicación a Lavalleja, Dorrego quiso evitar suspicacias de éste, informando que, según sus órdenes, Véase Palomeque, El general Rivera y la campaña de Misiones, pág. 43. Lavalleja se opuso decididamente, desaconsejando la ofensiva y acumulando informes que apuntaban a que Rivera actuaba en connivencia con los brasileños y planeaba en realidad una traición.
Dorrego no podía arriesgarse a una ruptura y enfrentamiento en el seno del ejército de operaciones, y por otro lado sabía que las buenas relaciones de Rivera con muchos brasileños eran ciertas, de modo que suspendió el nombramiento de Rivera. Pero mantuvo el proyecto y comisionó al mismo gobernador López para la liberación de las Misiones Orientales; el plan era ahora más ambicioso: atacar a los brasileños por la retaguardia, y de ser posible continuar su camino hasta Porto Alegre.