La Batalla de Coro fue un enfrentamiento militar ocurrido el 28 de noviembre de 1810 en el contexto de las primeras etapas de la Guerra de Independencia de Venezuela, durante la campaña de Coro, entre las fuerzas expedicionarias leales a la Junta Suprema de Caracas, dirigidas por el marqués de Toro, brigadier Francisco Rodríguez del Toro, y las tropas realistas fieles a la Regencia de España, encabezadas por el coronel José Ceballos.

El objetivo de la expedición caraqueña era someter a su autoridad las ciudades de Coro y Maracaibo, opuestas al movimiento revolucionario iniciado el 19 de abril de ese año. Aunque las fuerzas revolucionarias consiguieron la victoria, fueron incapaces de retener Coro y la urbe fue nuevamente ocupada por sus enemigos.

Antecedentes Causas Tras el derrocamiento del capitán general Vicente Emparán, las nuevas autoridades de la Junta Suprema de Caracas habían sido reconocidas por todo el territorio, excepto en Coro, Maracaibo y Guayana, donde se les acusaba de haber derrocado a la autoridad legítima. En los territorios que reconocieron la Regencia de España hubo cambios, removiéndose de los puestos administrativos locales a simpatizantes o sospechosos de simpatizar con la causa juntista. Como indica el historiador español Salvador de Madariaga: «todo el país pasó a ser de hecho independiente, ya pronunciándose por la unión y la lealtad, ya por la separación y la independencia». Según él, el conflicto se inició más por las rivalidades antiguas entre territorios, como Coro y Caracas, y la desconfianza de los pardos, que veían en el proceso revolucionario un intento de los criollos de afianzar su poder. En cambio, la historiadora María Martínez afirmaba: «Los corianos defienden su derecho a escoger gobierno propio, es decir, a permanecer bajo el monárquico, y no encuentran razones para unirse a Caracas, ni para que se les obligara a aceptar su nuevo sistema (...)». Según ella, para los corianos cada ciudad tenía la libertad o no para someterse a la nueva autoridad.

Después que el gobernador de Coro, coronel José Ceballos, amenazara públicamente a la naciente Junta Suprema, arrestara y enviara a Maracaibo a los comisionados Vicente Tejera, Diego de Jugo y Andrés Moreno, enviados por el nuevo gobierno para negociar el sometimiento de la comarca, la Junta Suprema decidió organizar una expedición contra Coro y Maracaibo dirigida por Francisco Rodríguez del Toro, el marqués de Toro. El noble viajó a Barquisimeto antes de iniciar la campaña, donde es recibido con coleos de toros, banquetes populares y bailes en su honor, y le escribe al ayuntamiento de Coro acusándolo de haber provocado el conflicto: «los costos y sacrificios en que se ve Caracas empeñada para una expedición que los mismos Corianos han promovido». Además, el marabeño estaba planeando concentrar unos 2000 combatientes, marchar al centro del país, alzar a los partidarios del rey en Caracas y Valencia y derrocar al gobierno revolucionario.

El obispo de Mérida, Santiago Hernández Milanés, un realista por convicción pero que mantiene sus opiniones en privado, se ofrece para mediar el 30 de julio. Los corianos indican que tienen el derecho a no reconocer al nuevo régimen, pues la retroversión de la soberanía de los pueblos le permite a cada villa decidir a quién seguir el 3 de septiembre, indicando «no abrigan ninguna posibilidad de arreglo con Caracas, porque está probado que ésta sólo busca humillarles y someterles a ciega obediencia». Desaparecido el gobierno legítimo leal a la Regencia, Caracas no tenía derecho alguno a exigirle lealtad a Coro, pues ambas ciudades sólo le debían obediencia a las autoridades nombradas por el rey legítimo. Otro motivo de la fidelidad de Coro a la monarquía fue la religión. En la doctrina enseñada por siglos el rey era visto como un «Ministro de la Justicia de Dios en la tierra», es decir, ir contra el monarca era ir contra Dios. Además, el levantamiento del esclavo José Leonardo Chirino en 1795 y el desembarco del teniente general Francisco de Miranda en 1806 hizo desconfiar a las élites locales de cualquier cambio y temían a las «pretensiones centralizadoras de Caracas». A estos argumentos se unía la mencionada rivalidad entre ambas ciudades. Coro era la ciudad más antigua de Venezuela y su cabildo tenía la esperanza de recuperar su condición de capital si se mantenía leal a la Regencia, pues para ellos Caracas dejaba de tener la condición de capital al deponer al gobierno.

Como respuesta, los caraqueños justificaron sus acciones afirmando que la península ibérica había caído ante el poder de Napoleón Bonaparte y era necesario constituir un gobierno propio para evitar ese destino. Al mismo tiempo, se proclama ser la salvaguarda de los derechos del rey legítimo y, por su condición de capital, ser la representante de toda la Capitanía General, para lo cual convoca unas elecciones el 11 de junio para elegir un «Cuerpo Conservador de los Derechos de Fernando VII». Posteriormente, intentaron negociar con Mirayes por separado y convencerlo de que no reconociera la Regencia ni apoyará a los corianos, pero sin éxito.

Campaña El Cuerpo Expedicionario salió desde su cuartel de Carora el 30 de octubre, llegando a Siquisique dos días después. Ahí se enteran de que las localidades de Pedregal y San Luis, por donde debía pasar su ejército, estaban en manos realistas, así que el marqués reorganiza sus tropas en tres cuerpos: Rodríguez del Toro permaneció en Siquisique y envió al coronel Luis Santinelli al Pedregal y al coronel Miguel Ustáriz a San Luis. Este último organizó en el pueblo de Algodones una vanguardia al mando del capitán Manuel de Negrete. El 4 de noviembre, Negrete tomaba Aguanegra, tres días después Pozo Verde y luego entraba en Danta y Guasaquire. Por su parte, Ustáriz fracasa en tomar San Luis y se retira a Purureche. Entre tanto, Santinelli envía al capitán Adrián Blanco a tomar Cururupare mientras él asalta Pedregal el 11 de noviembre. Ante su avance, los habitantes de la provincia abandonan sus casas y cultivos para refugiarse en Coro.

En la mañana del día 13, el gobernador de Maracaibo, brigadier Fernando Miyares, intento detener su avance con 700 soldados. Santinelli decidió no dejarlo tomar posiciones y rápidamente organizó un ataque simultáneo en tres columnas. Tras una hora de lucha los realistas se retiran a Coro dejando su bagaje. El coronel persigue a sus enemigos y los vuelve a vencer en la jornada siguiente en Aribanaches y Urumaco, causándoles graves bajas. Miyares había sido nombrado capitán general por la Regencia el 19 de abril, siendo reconocido como tal en Maracaibo el 23 de julio y Coro el 11 de agosto.

El 15 de noviembre, Santinelli llega a Sabaneta y toma posiciones en Mitare, Las Lajas y Agua Clara, pudo atacar Coro sin haber encontrado resistencia organizada pero el marqués de Toro le ordena esperar para concentrar todas las fuerzas republicanas en un ataque final. El 16 llegaba a Pedregal y el 22 a Sabaneta. Ahí concentra sus efectivos en un solo cuerpo. El ejército había recibido refuerzos desde Trujillo hasta reunir el grueso de sus fuerzas.

Ejército patriota Organización El Cuerpo Expedicionario se organizó en cuatro cuerpos: la «Descubierta», formada por el Estado Mayor, un destacamento de lanceros a caballo y una partida guerrillera de infantería ligera; la vanguardia al mando del coronel Santinelli; el centro, dirigido por el coronel Ustáriz y formado por infantería; la retaguardia, comandada por el coronel Luis Montilla, era un mixtura de infantes y jinetes; y la artillería, seis piezas de campaña grandes y pequeñas a las órdenes del coronel Diego Jalón. Entre las unidades estaban los batallones de milicias Aragua y Pardos de Valencia, las milicias disciplinadas de San Felipe, una compañía de caballería de El Pao y otra de cazadores. Además, había un tren de bagaje formado por 3000 animales que llevaban los pertrechos y abastecimientos y 1000 no combatientes encargados de cuidar el parque y las bestias y realizar trabajos no militares. El marqués fue criticado por transportar numerosos y molestos bagajes y pesadas piezas de artillería de campaña cuyos armones casi no tenían municiones.

Considerando las unidades que ya disponía la Junta Suprema de Caracas, también se pretendió crear la figura de un ciudadano que asumía el rol de miliciano alistado en los batallones disciplinados o en las compañías sueltas. El 24 de mayo, se había ordenado al marqués preparar la creación de una milicia nacional y los batallones de milicias disciplinadas aumentó; por ejemplo, en la provincia de Caracas pasaron de seis (uno de blancos y otro de pardos en Caracas, Aragua y Valencia) a dieciocho. Sin embargo, el gobierno revolucionario tuvo problemas para reunir armas, uniformes, caballos y alimentos para una expedición de más de 2000 hombres, lo que fue un problema permanente durante toda la campaña y una causa de su derrota. El historiador Walter Enrique Márquez cree que hubiera sido mejor organizar un ejército mucho más pequeño, de unos 1500 efectivos, pero muy superior en calidad del que finalmente organizaron.

Efectivos Las fuerzas de la Junta Suprema contaban con una amplia superioridad numérica a su favor. En Recuerdos sobre la rebelión de Caracas (1829), el periodista venezolano José Domingo Díaz afirmaba sobre el ejército del marqués que «cuando 5000 hombres de tropas partidos de Caracas y los valles de Aragua apenas había llegado á la ciudad de Valencia». El diplomático español Mariano Torrente apoya también la cifra de 5000 tropas bisoñas en su Historia de la revolución hispano-americana (1829): «salieron en el mes de agosto algunas milicias de los valles de Arágua, á las que se agregaron otros cuerpos hasta el número de 5000 hombres; mandados por el inesperto marques del Toro». Otro venezolano, un antiguo oficial realista llamado Feliciano Montenegro Colón, le apoyaba en tal estimación en su Geografía general (1837) escribiendo: «Miéntras tanto el general Francisco del Toro, gefe de la expedicion contra Coro, que organizaba sus tropas en Carora, la dejó á fin del precitado mes y dirigió su marcha acia el pedregal, muy confiado de ocuparla, pues al efecto conducia 5000 hombres [sic]». Su compatriota, el historiador Rafael María Baralt, en su Resumen de la historia de Venezuela (1841) dijo: «Bien hubiera podido entónces el marques embestir con todas sus fuerzas, ó dejar frente á la plaza una parte de estas y con el resto salir al encuentro de su nuevo enemigo; pues cinco mil hombres que tenia bastaban para una ú otra cosa»; aunque reconoce que en dicha estimación se baso en Montenegro Colón. El historiador español José Coroleu e Inglada también acepta este número. Hasta el marqués del Toro reconoció que disponía de «cinco mil bayonetas» en una entrevista.