miniaturadeimagen|Grabado en madera de Ester coronada, Julius Schnorr von Karolsfeld, 1860. La hipergamia es un término usado en las ciencias sociales para referirse el acto o práctica de buscar pareja o cónyuge de mejor nivel social y/o económico o de una casta más alta que la de uno mismo.
La Iglesia cristiana primitiva, a través de voces como la de San Basilio el Grande buscó limitar los efectos de las costumbres hipergámicas, en particular la gran diferencia de edad que pudo haber resultado de la selección hipergámica de pareja. Esta directriz no formaba parte del canon eclesiástico, pero algunas iglesias ortodoxas o coptas recomiendan intervalos de entre 4 y 8 años o entre 1 y 15 años como máximo.
El antónimo, hipogamia,se refiere a la práctica inversa: casarse con una persona de una clase social o estado más bajo. Ambos términos fueron acuñados en el subcontinente indio en el al traducir libros de derecho hindú, que usaban los términos en sánscrito anuloma y pratiloma, respectivamente, para los dos conceptos.
Con los cuestionamientos hacia el matrimonio y la mayor equidad salarial, cada vez la hipergamia es menos frecuente o se halla limitado a un sector de la población.
Descripción El comportamiento de hipergamia femenina (o hiperginia) puede ser explicado en términos de economía de recursos cuando el grado de libertad en la elección de pareja es alto, y hay una acusada estratificación económica, ya que esto daría a las mujeres mayor seguridad en la crianza de sus hijos. En la mujer, ella se encarga del cuidado inicial (dentro de la especie es la única que posee la facultad, por ejemplo, de amamantar, etc.) y en el futuro es quien más incertidumbre afronta.
Discrepancias Un estudio realizado en Estados Unidos no encontró diferencias estadísticas en el número de mujeres u hombres que tendían a la hipergamia o hipogamia sobre una muestra de 1109 parejas de recién casados. No obstante, estos resultados se discuten, ya que podrían deberse a que se basan en grupos humanos con poca disparidad socioeconómica. Algunos autores creen que la proporción puede haber disminuido en tiempos actuales.
Un estudio de 2024, usando 105 cohortes de nacimiento en 16 países, encontró que la hipergamia femenina en relación al nivel educativo de su cónyuge ha aumentado en la mayoría de los países con el paso del tiempo.
Por otro lado, en un estudio científico llamado Sex Differences in Human Mate Preferences: Evolutionary hypotheses Tested In 37 Cultures (Diferencias sexuales en las preferencias de pareja humanas: hipótesis evolutivas puestas a prueba en 37 culturas), de David Buss, en el que participaron más de 10000 personas, indicaron que en promedio, más mujeres que varones buscan que sus candidatos den señales de estatus económico, mientras que la capacidad reproductiva asociada al pico de la edad fértil, que es la juventud, era, en promedio, más preferida por los varones.
La premisa de que las mujeres siempre buscan hombres con mayor estatus académico perdió peso cuando ellas ganaron acceso masivo a las universidades. Un estudio global publicado en 2016 en Population and Development Review por Esteve, García-Román y Permanyer analizó datos de 120 países entre 1960 y 2011.
Sin embargo, actualmente, en la narrativa de la manosfera se afirma que la hipergamia es una inclinación biológica fija en las mujeres (un instinto evolutivo de buscar al «macho alfa» con más recursos). La sociología, la demografía y los estudios de género demuestran que esto es una falacia de generalización determinista y pseudocientífica. La teoría de la manosfera afirma que las mujeres siempre «miran hacia arriba». Sin embargo, datos empíricos globales muestran que, a medida que las mujeres superaron a los hombres en acceso a la educación superior, la hipergamia educativa colapsó.
La defensa actual de que la hipergamia ha vuelto a ser popularizada en redes sociales por figuras de la psicología evolutiva informal como Jordan Peterson que carecen igualmente de sustento en la genética de la conducta y la antropología contemporáneas. Desde las ciencias sociales se señala que este discurso incurre en una falacia naturalista al confundir adaptaciones socioeconómicas históricas con imperativos biológicos. La evidencia empírica demuestra que las pautas de emparejamiento no están codificadas genéticamente de forma fija, sino que son altamente plásticas y responden a las estructuras de oportunidad del entorno; prueba de ello es que la supuesta «programación biológica» de las mujeres por buscar parejas de mayor estatus se disuelve o incluso se invierte hacia la hipogamia en sociedades con mercados laborales equitativos e independencia económica femenina. En consecuencia, la academia cataloga de manera contundente esta narrativa no como un hecho científico, sino como un constructo retórico y pseudocientífico destinado a esencializar las desigualdades de género y justificar el resentimiento social.
Véase también Ley de Briffault Principio de Bateman Capital sexual
Referencias
Bibliografía Por qué duele el amor: Una explicación sociológica (Eva Illouz).
El mito de la belleza (Naomi Wolf).
Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (Silvia Federici): Texto para comprender el origen material de las asimetrías de pareja. Explica cómo la transición al capitalismo degradó el trabajo de las mujeres, confinándolas al espacio doméstico no remunerado y forzándolas históricamente a depender del salario del hombre.
El consumo de la utopía romántica: El amor y las contradicciones culturales del capitalismo (Eva Illouz).
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