La Masacre de Octubre, también conocida como Octubre Negro o Guerra del gashace referencia a la violenta represión militar que tuvo lugar en Bolivia durante octubre de 2003. Se produjo en el marco de una serie de movilizaciones sociales y el descontento provocado tras el anuncio de diversas medidas económicas propuestas por el gobierno del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. El principal foco de conflicto fue el proyecto de exportación de gas natural hacia Estados Unidos y México a través de puertos chilenos, en un contexto en el que la cobertura de la red de gas en Bolivia era reducida.

La medida generó un rechazo masivo por parte de diversas organizaciones de campesinos, mineros, sindicatos y juntas vecinales, principalmente en El Alto y La Paz. Frente a la escalada de protestas civiles, el mandatario autorizó una intervención militar que terminó en una represión donde perdieron la vida al menos 100 personas, y culminaron con la renuncia de Sánchez de Lozada.

La ciudad de El Alto fue uno de los principales escenarios de las protestas y de la intervención de las Fuerzas Armadas, autorizada mediante el Decreto Supremo n.º 27209 del 11 de octubre de 2003. Hechos relacionados con el conflicto también tuvieron lugar en la ciudad de La Paz y otras ciudades de Bolivia.

Antecedentes Gobiernos de Hugo Banzer y Jorge Quiroga Durante los gobiernos de Hugo Banzer y Jorge Quiroga tuvo lugar la Guerra del Agua en Cochabamba a inicios del año 2000, a raíz de la privatización del servicio de agua. Además, durante el periodo de 1997-2002 hubo protestas y bloqueos de caminos que también versaron sobre la existencia de deudas pendientes que pasarían al siguiente gobierno.

Elecciones de 2002 Gonzalo Sánchez de Lozada, cuya candidatura por el MNR fue la más votada en las elecciones presidenciales celebradas el 30 de junio de ese mismo año, asumió la presidencia tras recibir el 22,5 % de los votos, mientras que el 20,94 % fue para Evo Morales, líder indígena del Movimiento al Socialismo —MAS—; el 20,91 % para Manfred Reyes Villa, candidato de Nueva Fuerza Republicana —NFR— y el 16,3 % para Jaime Paz Zamora, del Movimiento de Izquierda Revolucionaria —MIR—.

Sánchez de Lozada fue elegido presidente por el nuevo Congreso Nacional —cuyos miembros fueron elegidos ese mismo día— en la votación en que compitió con Morales. Logró su nombramiento gracias al voto de sus parlamentarios, así como de los procedentes de otros partidos, principalmente el MIR. Sánchez de Lozada y Paz Zamora sellaron el denominado Plan Bolivia de Responsabilidad Nacional, un pacto de gobernabilidad entre ambas formaciones basado en una futura política que tuviera como eje principal la creación de empleo y riqueza.

Febrero Negro El 9 de febrero de 2003, el presidente anunció una subida de impuestos mediante un comunicado televisivo, que la población boliviana rechazó al presumir que el gobierno la usaría para fines particulares antes que nacionales. Por eso, el 10 de febrero se iniciaron marchas violentas contra la subida de impuestos. Al día siguiente se contabilizaron más de un centenar de heridos y decenas de muertos tras las marchas. Las marchas partieron por la mañana desde el Colegio de La Paz Ayacucho, dirigiéndose hacia los edificios del gobierno en la plaza Murillo. Una vez allí, empezaron a lanzar piedras a las ventanas de los edificios. Esto hizo que acudiera un número indeterminado de francotiradores a uno de los edificios con el objetivo de asustar a los estudiantes. Este movimiento acabó provocando un intercambio de disparos entre militares y francotiradores que apoyaban al gobierno por un lado, y los policías que se oponían a él, partícipes de un motín policial, por el otro. Más tarde, en horas de la tarde, la población forzó la entrada en los edificios para destruir las sedes de los partidos de los candidatos. Al día siguiente, el gobierno anuló la ley. El resultado final se estimó en más de 30 muertos y 400 heridos, lo que se conoció como el Febrero Negro.

Crisis El nuevo presidente anunció en febrero de 2003 una serie de medidas económicas con poco apoyo popular, entre ellas un nuevo impuesto sobre los salarios que generó protestas en todo el país. Sánchez de Lozada retiró su proyecto, pero la grave crisis suscitada, salpicada de violentos incidentes, motivó la dimisión de todos los miembros de su gobierno. En agosto, para intentar poner fin a la crisis que vivía el país, Sánchez de Lozada llegó a un acuerdo con la NFR —partido de oposición— que entró en el ejecutivo. El plan gubernamental de costear proyectos sanitarios y educativos con los beneficios de la exportación de gas natural generó nuevos descontentos, principalmente por la posibilidad de que el transporte de dicho producto se realizara a través de un puerto chileno. Bolivia y Chile se habían enfrentado en 1879 en la Guerra del Pacífico que Bolivia y Perú perdieron, lo que hizo que la exportación del gas boliviano por Chile no fuera vista con buenos ojos por la opinión pública boliviana. Gonzalo Sánchez de Lozada huyó del país en un avión, dejando un vídeo en el que confirmaba su renuncia a la presidencia.

Análisis de las FFAA Tras asumir la presidencia, Gonzalo Sánchez de Lozada encargó un análisis de la situación del país a las Fuerzas Armadas. Estas ofrecieron un informe pesimista, señalando que no había garantías de que pudiera terminar su mandato 2002-2007, y que incluso se preveía que fuera destituido antes de cumplir dos años en el cargo.

Masacre de Octubre Plan República Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzain, al no querer correr el mismo riesgo que sus antecesores, decidieron implementar varias medidas. La primera fue legalizar el uso de la violencia por parte de las Fuerzas Armadas para reprimir a los movimientos sociales. La segunda —el Plan República— fue emitida el 11 de septiembre de 2003, a pocos días de que iniciara el conflicto. Gracias al Plan, el presidente podría enviar, mediante carta firmada, a las Fuerzas Armadas a cualquier lugar del país donde se sospechara que se estaba organizando algún evento subversivo contrario a los fines del Estado. Asimismo, se tipificaron como delito los bloqueos de carreteras, añadiéndolos a las penas ya existentes para quienes afectaran el transporte o el suministro de servicios a las ciudades.

Masacre de Warisata El 14 de septiembre de 2003 se celebraba la fiesta patronal del Señor de la Columna en Sorata y, por tal motivo, muchos turistas, tanto nacionales como extranjeros, visitaron el pueblo. Simultáneamente, en esos días se dio a conocer que se exportaría gas a Estados Unidos por los puertos chilenos. Pocos días después se desató un bloqueo de caminos que dejó a los turistas atrapados en la localidad. El gobierno se enteró de que entre los turistas había ciudadanos de Estados Unidos y de Nueva Zelanda y, aunque tenía otras prioridades, Gonzalo Sánchez de Lozada decidió ejecutar el Plan República tomando Sorata como primer ejemplo.

El 19 de septiembre, Carlos Sánchez Berzain decidió ir a sobrevolar la zona en helicóptero para identificar qué tramos de los caminos estaban bloqueados y cuánta gente los vigilaba. El objetivo era localizar los puntos débiles y atacar los bloqueos. Al día siguiente, las carreteras fueron despejadas por los militares aproximadamente a las 5 de la mañana, y se entró a varias casas para aprehender a cualquier persona considerada «revoltosa». Los detenidos denunciaron haber sido golpeados. Estas detenciones intentaban justificar la ejecución del Plan República.

Una vez en tierra, Sánchez Berzain pidió a los militares que vigilaran el helicóptero y se dirigió con sus guardaespaldas hacia la plaza principal de Sorata. Entró solo a la plaza tratando de pasar desapercibido, vistiendo un sombrero, lentes, una chamarra color café y vaqueros, y empuñando una pistola en su mano derecha. Posteriormente fue visto cerca del Banco Prodem. A pesar de sus esfuerzos, cada vez más gente empezó a reconocerlo. El rumor de que Sánchez Berzain estaba en Sorata y de que los militares habían despejado la carretera y militarizado la zona empezó a correr. Sánchez Berzain se presentó como el «salvador» de los turistas y se dirigió a los transportistas para pedirles que sacaran a todos los turistas de la zona a cambio de fajos de billetes.

Aprovechando que Sánchez Berzain estaba en Sorata, dos dirigentes locales vieron la oportunidad de pedirle que firmara un compromiso para el diálogo sobre el asfaltado de la carretera Sorata-Warisata. Una vez lo localizaron, le pidieron que firmara el documento, pero Sánchez Berzain decidió ignorarlos y continuar con el desalojo de los turistas.

La situación empezó a ser ampliamente conocida; otros tres dirigentes locales llegaron hasta Sánchez Berzain y comenzaron a rodearlo, seguidos de más gente que se aproximaba al lugar. Sánchez Berzain observó con binoculares una muchedumbre que se acercaba y declaró: «Estos son bloqueadores, y bloquear está en contra de las leyes de este país; los vamos a agarrar a todos y nos los vamos a llevar a la cárcel», marcando el inicio de la masacre.

Las pocas personas presentes que aún respaldaban al gobierno se volvieron contra él, uniéndose a las decenas de personas enardecidas. Sánchez Berzain intentó escapar a pie para evitar ser capturado por los dirigentes locales. Uno de ellos le golpeó la cara, provocando la caída de su sombrero, lentes y teléfono móvil. Una vez que Sánchez Berzain y sus guardaespaldas alcanzaron el helicóptero, se empezaron a escuchar los primeros disparos: el helicóptero disparó su ametralladora contra la muchedumbre. Sánchez Berzain consiguió huir en él y recibió una llamada de un militar no identificado que le indicó: «Ministro, han interceptado a los convoyes con los turistas».

A continuación se produjo un enfrentamiento entre los campesinos defensores del bloqueo y las Fuerzas Armadas, que intentaban controlar la zona para que el convoy pudiera continuar hacia La Paz. Ante la falta de material antidisturbios (balas de goma), algunos testigos afirman haber visto que desde el helicóptero se hacían llegar armas de guerra en bolsas negras mediante cuerdas. Del otro lado, los defensores del bloqueo intentaron defenderse con piedras, dinamita y armamento que conservaban desde la Guerra del Chaco.

En el posterior enfrentamiento, la poca experiencia hizo que los defensores del bloqueo dispararan indiscriminadamente. Los militares de las Fuerzas Armadas —miembros casi todos de las Fuerzas de Élite—, a diferencia de los que se encontraban al mando de Hugo Banzer y que eran menos violentos, abrieron fuego a discreción por órdenes de Sánchez Berzain, contra cualquier cosa que se moviera. Esto provocó la muerte de personas y animales que se encontraban en la zona, independientemente de si eran o no parte de los defensores del bloqueo.

Los militares que protegían los convoyes gritaron a los turistas que pusieran a los niños en el suelo y los cubrieran con mantas. Una turista declaró haber oído a Sánchez Berzain ordenar a un militar: «Coronel, dispare, siga disparando».

Los defensores del bloqueo, en clara desventaja, contraatacaban dinamitando grandes piedras que había en los márgenes de la carretera intentando enviarlas hacia los convoyes, con el peligro de que alguna alcanzara un vehículo, volcándolo y provocando la muerte de todos sus ocupantes.

Durante todo el enfrentamiento, Sánchez Berzain estuvo en contacto con Gonzalo Sánchez de Lozada. También había un grupo de militares de refuerzo esperando en Achacachi. Los defensores del bloqueo intentaron aprovechar una oportunidad que se les presentó para detener el convoy en una curva de la carretera entre Sorata y Warisata. Lo consiguieron en primera instancia, pero los refuerzos llegaron y se recrudeció la lucha.