El Círculo Amistad Numancia, conocido popularmente como "El Casino" o Casino Amistad Numancia, situado en Soria (Castilla y León, España), es el resultado de la unión de dos instituciones centenarias. La primera en el tiempo, el Casino de Numancia se constituyó en 1848 y el Círculo de la Amistad en 1865.

Ambas convivieron durante muchos años en el mismo edificio en la céntrica calle de El Collado, hasta que en 1961 el Casino de Numancia fue "absorbido" por el Círculo, constituyéndose la actual sociedad. En la actualidad forman parte de la misma unos 1200 socios que pagan una cuota mensual y se rigen por unos estatutos sociales, una asamblea de socios y una Junta directiva. Es una sociedad que está abierta a nuevos asociados y diversas actividades que se realizan en sus instalaciones por parte de particulares e instituciones.

Historia

El Círculo Amistad Numancia, el popular Casino como se le conoce habitualmente en la ciudad, es el resultado de la unión (o mejor dicho de absorción) en 1961, de dos instituciones o sociedades centenarias. La primera en el tiempo, el Casino de Numancia, se constituyó en la ciudad de Soria en 1848, cuando apenas contaba con 4.732 vecinos, y definía, en sus primeros estatutos de 1853, su fin destinado a “la distracción y pasatiempo de las personas de buena sociedad”, y del Círculo de la Amistad, fundado en 1865, pero heredero a su vez de otra sociedad desaparecida llamada “Recreo de los Artistas”, y desde el principio con parecidos fines que la anterior, “la distracción y la ilustración de los socios que la componen”.

Ambas se ubicaban en el mismo edificio de El Collado, la primera ocupaba la planta de arriba (“modelo de elegancia, buen gusto e irreprochable confort”, según su primer historiador Bonifacio Monge) y la segunda el bajo principal, y ambas convivieron durante muchos años hasta que, por problemas económicos, en el año 1961 el Casino de Numancia fue “absorbido” por el Círculo (que en 1919 había comprado el edificio por la cantidad de cien mil pesetas a su dueño Pedro Delgado) constituyéndose la actual sociedad con el nombre que ha llegado hasta nosotros.

Tenemos pues una institución cuyos orígenes se remontan a una época histórica enmarcada en unas coordenadas temporales de gran interés como es el advenimiento del régimen liberal con sus corrientes parlamentarias y progresistas. Así durante el reinado de Isabel II (1844-1868) se dieron unas condiciones favorables para la creación de sociedades de cultura y recreo, fundándose gran cantidad de casinos españoles durante ese período.

El casino español es una mezcla entre el club inglés (masculino y exclusivo) y el italiano (cafés en la planta baja y lugar de juego en la segunda). De hecho el propio término “casino” es italiano. En ello se seguía una moda general del Madrid isabelino, con su gusto por la ópera y la música italiana. Para este Casino soriano se eligió el nombre de Numancia porque sus fundadores se sentían, dentro del ambiente romántico idealista de la época, “herederos legítimos de las glorias de un gran pueblo, admiración del mundo por su valor, su heroísmo y su amor patrio”.

El casino isabelino estará igualmente ligado a la historia de una nueva clase social, la burguesía, surgida de un orden económico nuevo, el capitalismo. Son los miembros de esta nueva clase social (profesionales liberales -médicos, abogados, ingenieros, científicos, medianos comerciantes, periodistas- funcionarios, militares y medianos propietarios del campo y de la ciudad) los que presentan una cohesión en sus valores y formas de vida, adquiriendo una conciencia de identidad colectiva y un modelo social. Pero “por encima de las ideas y los intereses de grupo o de partido, se enarboló siempre la bandera del amor a Soria, del respeto hacia los demás, de la hospitalidad, la hidalguía, la corrección y la altura de miras, propia de un pueblo sobrio y sencillo, pero fino de espíritu como el nuestro, compendio de todas las esencias castellanas”, según Pérez Rioja, otro de sus historiadores.

Los casinos españoles, también los de Soria, proclamaban siempre su no injerencia en la política (sus primeros estatutos “prohibían cualquier controversia en materia de religión, de moral y de política”) aunque en realidad casi siempre fueron centros de actividad política, perfilando las elecciones y luchando por el poder político local, pues la preocupación por la vida pública era constante, arrogándose de esta manera un protagonismo en la sociedad soriana. En sus salones se fraguaron la realización de algunas obras públicas importantes de la época como la carretera de Soria a Calatayud, el adoquinado de las calles del Collado y del Postigo, la cuestión del ferrocarril, etc.

Así pues en la España decimonónica el casino reunía una serie de características de esta nueva clase social como la compartimentación del ocio, el principio de respetabilidad social, el escaparate de los valores burgueses, el culto al progreso, etc. Siendo la institución un distintivo de la nueva clase dirigente capitalina no es de extrañar que el ingreso en la misma fuese visto también como un medio de adquirir mayor renombre o aceptación social, extremando las precauciones a la hora de las admisiones a nuevos socios (hasta bien entrado el , masculinos), y siendo importante la continuidad generacional de los primeros miembros o fundadores. “Palenque donde se cimentaban honrosas reputaciones, y consolidaban las ya legítimamente adquiridas”, según Monge.

Tenemos pues a las clases medias, con el predominio de las profesiones liberales, rigiendo los destinos de la institución, pero, ¿Cuáles eran las actividades principales que en el Casino y en el Círculo se realizaban? Las más importantes eran la fiesta, el juego, la tertulia y la lectura pero su protagonismo en la sociedad soriana fue relevante en otras parcelas como actos culturales, beneficencia, etc. Eran un compendio de afirmación de prestigio y de relación social, estando presente en todas las facetas de la vida social soriana. El juego

El juego tuvo un papel importante especialmente como fuente de ingresos. Ya en sus primeros estatutos se fijan los juegos (Tresillo, Malilla, Mus, Ecarté, Solo, Dominó, Damas, Ajedrez) y las cuotas para participar en ellos. Algunas veces se jugaba a juegos ilegales perseguidos por la ley, siendo varias veces sancionados, e incluso eran mal vistos socialmente por lo que eran mencionados expresamente. Se jugaba hasta muy avanzada la noche. Dice Gaya Nuño: “Las horas de estos juegos comprendían de tres a diez de la noche. Después de cenar se comenzaba de nuevo con fichas y barajas, pero en cuanto se marchaba el gobernador, jugábase desaforadamente al monte y a la tarota, y se acababa a las dos o las tres de la madrugada; los perdidosos a casita, y los gananciosos a la de Julia”. Aunque para jugadores noctámbulos los ajedrecistas, según Pérez Rioja.

También se jugará al bacará y a finales de la década de 1970 al bingo que fue fuente de muchos ingresos para la sociedad pero también de muchos problemas para las diferentes Juntas directivas. Mención aparte merece el billar que desde el principio fue uno de los símbolos del casino (en 1861 se adquirió por 8000 reales una “magnífica mesa de billar”), y fueron varias las mesas que siempre tuvo.

La fiesta

Símbolo más distintivo, de gran resonancia social en la ciudad, caracterizado siempre por su brillantez. Se realizaban varios bailes de sociedad (al principio en San Juan y en la Feria Septembrina, posteriormente en carnavales, Navidad, San Saturio) así reconocidos en los estatutos, pero también hubo otros llamados de Confianza. Se bailaba al son de los diferentes pianos (ya en 1853 poseía un modestísimo piano, verdadera novedad para aquella época) y orquestinas que durante muchos años tuvieron las dos sociedades (la última desapareció en 1963). Fue célebre el pianista y compositor Damián Balsa maestro de varias generaciones de sorianos que tuvo continuación en figuras como los García Ballenilla (Julián, Anselmo y Bernardo), Pablo de la Iglesia, etc. Dice Gaya en el Santero: “durante Carnavales, San Juan y San Saturio, se armaban tremendos bailoteos, en que no pocos desdichados perdieron la soltería, apretujando a su dama o siguiéndola, encandilados, hasta la sala de lectura, donde la peinadora de la ciudad rehacía los encantos de las bellas”. Algún año se ha celebrado Cena de Nochevieja con Baile (1948). En las décadas de 1950-1960, se programaban bailes los primeros sábados de cada mes e incluso llegaban a contratarse hasta dos orquestas a la vez una para cada piso.

La tertulia

El propio origen del Casino Numancia estuvo en la tertulia que se realizaba en la Librería de Francisco Pérez Rioja, que quedándose pequeña tuvo que buscar unas instalaciones mayores. Se trataba de “discurrir, meditar y discutir con más amplitud e independencia sobre los múltiples asuntos y variados problemas” en palabras de Bonifacio Monge. Se hablaba de todo desde literatura, hasta de física, del último descubrimiento científico, de química, de derecho, de finanzas, etc. Existieron muchas a lo largo de la existencia del Casino, siendo una de las más celebrada la de los Tutagracas (compuesta por Tudela, Taracena, Granados y Cabrerizo) de los años 30. El propio Gaya Nuño nos dice: “Aquí había tertulias todos los días, después del almuerzo y de la cena”.

La lectura

Los propios orígenes de los casinos se fundamentan en la compra para su lectura de diferentes libros y la suscripción de periódicos y revistas nacionales, locales e internacionales (hasta 16 periódicos de suscripción en 1892). Su “gabinete de lectura” constituía un fiel reflejo de la inquietud de esta clase ilustrada burguesa: “una biblioteca en la que formen parte los libros instructivos, con preferencia a los que sean de pura imaginación”.

La cultura

Son muchísimas las muestras que hacían del Casino un “centro de verdadero y positivo recreo e instrucción”. De esta manera se “acuerda la conveniencia y necesidad de dar conferencias a los señores socios que vengan a aumentar los conocimientos que posean”. El Casino fue el aglutinador de la vida cultural soriana. Interés también por la ciencia, la pintura, el teatro, la música, mimos, la cinematografía (ya en 1901 se cuentan las primeras proyecciones, tan sólo cinco años después de su invento). En sus primeros años una “pléyade de aventajados jóvenes socios” publicaban una hoja literaria, humorística y festiva, titulada La Zambomba que tendría su continuación pocos años después en otra llamada El Sátiro. Hubo siempre veladas poético-literarias y funciones lírico-dramáticas, conciertos vocales (en 1902 se presenta la tiple soriana Amelia Valle) e instrumentales, conferencias, presentaciones de libros, actuación de prestidigitadores, sesión de hipnotismo, conciertos de arpa y un largo etc. de actividades culturales de todo tipo. También en 1916 los salones acogen durante las fiestas de San Saturio una notable exposición de fotografía y pintura. Como curiosidad ya en 1921 se celebra en sus salones el primer concurso de belleza, siendo elegida una reina.

A finales del no funcionaba el Teatro Principal así que el amable y reducido Salón Teatro del Casino (construido entre 1870 y 1872) fue el lugar para la representación de varias compañías de teatro e incluso el propio Casino contó con su propio “Cuadro Artístico”, que escenificaron varias obras de zarzuela y de teatro.