Hernán Mejía de Mirabal (Sevilla, España, 1531 - Sevilla o Madrid, España], 1596) fue uno de los más activos conquistadores castellanos del Tucumán durante la segunda mitad del . Durante cuarenta años prestó servicios continuos a la causa del rey en esa región sudamericana y contribuyó a fundar ciudades como La Paz, San Miguel de Tucumán, Santiago del Estero, y Córdoba (Argentina) de la que fue primer alcalde.
Salvo la función de gobernador, Mejía de Mirabal ocupó casi todos los cargos administrativos, inclusive teniente de gobernador, regidor y capitán general.
Diferencias en su nombre
Su nombre aparece escrito de diferentes maneras, “Mexía”, “Miraval”, con o sin la preposición “de” antepuesta y/o intermedia. A veces reemplazada por “y”, y varias veces combinando las diversas posibilidades, por ejemplo: Hernán de Mexía y Miraval. De esto se deduce que no habría recibido una particular educación, lo que no era poco habitual en su tiempo.
Biografía
Hidalgo, pero pobre
Concluida la reconquista española hacía apenas cuarenta años, residía en Andalucía una reducida alta nobleza titulada, riquísima y vinculada estrecha y familiarmente a la corona. Por otro lado, existía un inmenso número de hidalgos pobres, hijos y descendientes de los muchos guerreros que participaron en la conquista del Reino de Granada.Claudio Sánchez Albornoz, Del ayer de España, trípticos históricos, Editorial obras selectas S.A., Madrid 1973, ISBN 84-7161-008-6
Mejía de Mirabal era hidalgo, o sea noble, que según la tradición medieval no era necesariamente un privilegio sino un oficio hereditario: el de hidalgo pobre educado para la guerra. Es por este motivo que los conquistadores solicitaron reiteradamente, y también el mismo Mejía de Mirabal, “mercedes con las que sustentar su nobleza”, pues no se trataba de soldados rentados de un ejército nacional. Por el contrario, abundaron casos como este, tal como el de Domingo Martínez de Irala, o los bandos pregonados en Asunción por orden de Juan de Garay, convocando a sus habitantes para concurrir voluntariamente a la fundación de Buenos Aires, todo a costa de los caudales individuales de los expedicionarios, pues no eran aún ejércitos nacionales rentados.Edmundo Hialmar Gammalsson, Los pobladores de Buenos Aires y su descendencia, Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, Secretaría de Cultura, Edición en homenaje al cuarto centenario de la fundación de la ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1980.
Mejía de Mirabal fue el primer vecino, no de una sino de múltiples fundaciones: El Barco y sus diversas mudanzas, incluyendo Santiago del Estero, Córdoba de Calchaquí, Cañete, San Miguel de Tucumán, Córdoba de la Nueva Andalucía y Nuestra Señora de Talavera.Diccionario biográfico colonial argentino, Enrique Udaondo, Institución Mitre, Editorial Huarpes S.A., Buenos Aires, 1945. No obstante, no se benefició de la concesión de una encomienda de indígenas o del otorgamiento de mercedes de tierras o pagos, pues él ya era hidalgo de sangre.
Su llegada al Perú
Concluida la reconquista española en la península ibérica, América se presentaba como el escenario ideal para que un hidalgo pobre y educado para la guerra pudiese servir a su rey. Hernán Mejía de Mirabal marchó entonces a las Indias con sus hermanos siendo aún muy joven pues, con tan sólo quince años de edad, se encontraba ya en Panamá a la llegada del licenciado Pedro de la Gasca, enviado por la Corona castellana en 1546 para poner fin al alzamiento de Gonzalo Pizarro en el Perú.
Con tan corta edad se enroló en las tropas de La Gasca, quien había sido designado presidente de la Real Audiencia de Lima con amplias facultades de gobierno y reunía una importante flota para dirigirse hacia el virreinato del Perú. Tras una travesía por aguas del Pacífico hasta Ecuador y de allí en adelante una penosa marcha por tierra, organizó una gran fuerza conformada por cuatrocientos caballeros, quinientos peones y setecientos arcabuceros. Con semejante ejército, nunca visto hasta entonces en América, arrolló a las huestes de Pizarro en la batalla de Jaquijahuana, próxima a Cuzco, el 9 de abril de 1548.
Tras imponerse militarmente, La Gasca inició un profundo proceso de reorganización administrativa. Primeramente efectuó el reparto de Guaynarima en la que se otorgaron importantes encomiendas entre muchos de los combatientes y privilegiando marcadamente a los capitanes, pues La Gasca aspiraba a crear una poderosa aristocracia virreinal como soporte local de la corona. Mejía de Mirabal, quizás por su corta edad, estuvo entre los muchos que nada recibieron, lo que provocó mucho descontento y algunas tensiones.
Fue entonces que La Gasca dispuso la fundación de nuevas ciudades para neutralizar ese descontento y a la vez restaurar la paz definitiva, dispersando a los muchos hombres de armas que se encontraban concentrados en el Perú después de las guerras civiles. Así nace Nuestra Señora de la Paz, hoy sede del gobierno de Bolivia, tercera fundación castellana en el Alto Perú después de La Plata o Charcas (1538) y Potosí (1545). El nombre elegido conmemoraba la restauración de la paz tras la guerra civil. Esta ciudad quedó como un punto intermedio estratégico en el trayecto de casi mil kilómetros entre Cuzco y Potosí, donde en 1545 acababan de descubrirse los riquísimos yacimientos de plata en el cerro Rico.
Otras expediciones de conquista y de población marcharon hacia los confines del virreinato, a zonas todavía inexploradas en la región selvática del norte peruano, y hacia el Sur, a Chile y el Tucumán.
Entrada al Tucumán
La entrada a la región del Tukmán o Tucumán constituía una prioridad para La Gasca, quien visualizó la conveniencia de la utilización del camino del Río de la Plata, como eficaz medio para evitar las dificultades que ofrecía el viaje al Perú a través del istmo centroamericano.
Para ello debía ser dominado el Tucumán, y ello era funcional a su cometido de descongestionar el Perú de gente de armas, y a la vez satisfacer a aquellos que no habían sido beneficiados en el reparto de Guaynarima. Consecuentemente designó a Juan Núñez de Prado encomendándole tal misión. Este capitán se avecindaba en el Alto Perú, en la ciudad de Charcas, próxima a Potosí. La Gasca le encomendó la entrada al Tucumán, a su exclusiva costa, para lo que debió involucrar económicamente su patrimonio. Reunió ochenta y cuatro voluntarios entre quienes se encontraría Hernán Mejía de Mirabal, quien contribuyó con su accionar y aportando bienes de su hacienda.
Camino al Tucumán, debieron combatir a los belicosos indígenas de la Quebrada de Humahuaca, y pasaron a los Valles Calchaquíes, para luego buscar las llanuras orientales. El 29 de junio de 1550, quedó fundada la ciudad de El Barco en honor de La Gasca, nacido en El Barco de Ávila.
Esta ciudad fue movida de asiento, no una sino dos veces, en 1551 y en 1552. Son las conocidas como Barco II, en los valles Calchaquíes y Barco III, en los Juríes, un emplazamiento situado en las cercanías de donde hoy se yergue la ciudad de Santiago del Estero, traslados en los cuales estuvo siempre presente Mejía de Mirabal.
Problemas de jurisdicción
Al tiempo que se le encargaba al capitán Núñez de Prado la conquista del Tucumán, se le encomendó a Pedro de Valdivia la de Chile. Valdivia participaba de esa psicología señorial y feudal, expansiva y centrífuga que caracterizó a los primeros conquistadores de América del Sur. Coincidía con la hipótesis de La Gasca de buscar una mejor salida a Europa a través del Río de la Plata, pero para ello entendía que debía erigirse una sola gobernación, desde el océano Pacífico al Atlántico. Contrariamente, el espíritu original de la corona era subdividir los Reinos de Indias ubicados al sur del Ecuador y que surgía de los criterios con que se firmaran las capitulaciones suscriptas con Pizarro, Almagro, Mendoza y Sotomayor.
Por lo tanto el Tucumán se constituía en un escollo para el criterio expansivo de Valdivia. Fue por esto que el capitán Francisco de Aguirre, a las órdenes de Pedro de Valdivia y de su política, argumentando que aquellos territorios correspondían a la jurisdicción de Chile, depuso a Núñez de Prado y lo envió preso a Chile. Una vez que hubo tomado posesión Aguirre, la ciudad fue nuevamente mudada y rebautizada como “Santiago del Estero del Nuevo Maestrazgo”. Esta es la ciudad argentina conocida actualmente como Santiago del Estero, la primera fundación hispánica existente aún en nuestros días en el actual territorio de la República Argentina. Quienes acompañaban a Aguirre, sumados a algunos que habían llegado con Juan Núñez de Prado, entre ellos Hernán Mejía de Mirabal, se constituyeron en los primeros vecinos que fundaron la ciudad de Santiago del Estero, cabezas de las familias criollas más antiguas de Argentina.
La nueva fundación no fue aceptada por los pueblos preexistentes. Previendo un inminente ataque de los naturales, Mejía de Mirabal participó con el capitán Juan Vázquez en una entrada preventiva al pueblo de Meaja, que culminó en la derrota de los aborígenes que debieron someterse a los conquistadores castellanos.
La disputa jurisdiccional entre Chile y el Tucumán no fue fácilmente resuelta. Quienes llegaron con Núñez de Prado no aceptaron someterse a un lejano gobierno trasandino sino a ser autónomos en su propia jurisdicción, el Tucumán, de la cual entendían que su ciudad debía ser cabecera. Mientras España peninsular entraba de lleno en el modernismo, en América aún sobrevivían conceptos feudales atomizadores. En consecuencia, en septiembre de 1557 una asonada pretendió designar gobernador nuevamente a Juan Núñez de Prado. La revuelta fracasó y el movimiento separatista fue sofocado. Los sediciosos fueron apresados y a Mejía de Mirabal le fue confiada la custodia de los prisioneros para conducirlos a Chile donde fueron juzgados.
Las guerras calchaquíes
La Real Audiencia, sin embargo, falló a favor de los seguidores de Núñez de Prado y de la creación de la Gobernación del Tucumán. Al frente de esta fue designado Juan Pérez de Zurita, quien se hizo cargo del gobierno con mano de hierro. Su designación coincidió con un alzamiento generalizado de los aborígenes de los Valles Calchaquíes, pueblos diaguitas que participaban del mundo cultural andino, con un alto grado de organización social y habitantes de núcleos urbanos precolombinos. Al frente de este alzamiento se encontraba el cacique omaguaca Juan Calchaquí. Mejía de Mirabal demostró con su accionar que, a pesar de los reiterados cambios políticos de esos tiempos, se sometió leal y estrictamente a las decisiones de la autoridad real o de sus legítimos representantes, y acató la designación del nuevo gobernador. En consecuencia, participó activamente de las cruentas guerras calchaquíes, ya como capitán de las fuerzas castellanas del gobernador Pérez de Zurita.
En tal carácter le fue encomendado la exploración de los valles próximos a Londres (hoy provincia de Catamarca) buscando el lugar adecuado para establecer una nueva fundación desde la cual contrarrestar el alzamiento indígena. En estas exploraciones, junto a Julián Sedeño, sostuvo un enfrentamiento con los naturales en el cual logró tomar prisionero al cacique Chumbicha, hermano de Juan Calchaquí. Esta circunstancia permitió la pacificación de la región y la posterior fundación de Córdoba de Calchaquí en 1559, en la que intervino, siendo designado uno de sus primeros regidores.
Como la hostilidad de diversas parcialidades indígenas contra la ciudad de Santiago del Estero no cesaron, en 1560 Pérez de Zurita encabezó una entrada punitiva a las ciénagas del río Salado, en la que Mejía de Mirabal resultó herido.
Nuevas fundaciones