Ana María Romero de Campero (La Paz, 29 de junio de 1941 - La Paz, 25 de octubre de 2010, Europa Press, 26 de octubre de 2010, consultado el mismo día.) fue una periodista, escritora, activista, primera Defensora del Pueblo de Bolivia (1998-2003) y presidenta del Senado de Bolivia (2010).

Familia y primeros años

Nacida en la ciudad de La Paz, en el seno de una familia de clase media y de ideas liberales, fue hija del abogado, historiador y político boliviano Gonzalo Romero Álvarez García y de Tina Mary Pringle MacDonald, quienes la bautizaron con el nombre de Ana María de las Nieves, por la inusual nevada que se produjo el día de su nacimiento. Sin embargo, a lo largo de su vida y actuación pública usó diferentes variantes de su nombre, que ella misma explicaba de la siguiente manera: Ana María Romero, era el nombre de soltera; Ana María Romero de Campero, el de casada y que figuraba en su cédula de identidad; Ana María de Campero, el periodístico; y Anamar, el de batalla. Baudoin, Magela. “Mujeres de Costado”. Plural Editores, 2010.

Parte de su infancia la vivió junto a tres de sus cinco hermanos bajo la tutela de su abuela, Ana Álvarez-García de Romero, una mujer cuyo firme carácter, tesón y severa disciplina influyeron definitivamente en su formación. Al mismo tiempo, su infancia estuvo impregnada por las vicisitudes de la política boliviana, dado que su padre, Gonzalo Romero Álvarez-García, fue dirigente de la Falange Socialista Boliviana (FSB), movimiento político que a partir de la Revolución del 9 de abril de 1952 pasó a la oposición, y en tal condición fue objeto de persecución política.

La familia paterna de Ana María Romero provenía de la localidad de Cinti, zona rural del sur de Bolivia, a la que viajó reiteradamente durante la niñez y que ella gustaba de evocar por la belleza de su geografía y la fuerza de sus cerros colorados. Tanto su abuelo paterno, Carlos Romero Cavero, como su bisabuelo, Carlos V. Romero, ejercieron la diplomacia, el periodismo y la política.

Ana María Romero se educó en el colegio Sagrados Corazones en la ciudad de La Paz y en el Irlandés Católico durante la temporada que habitó en Cochabamba, cuando su padre estaba en el exilio. Su sensibilidad social y compromiso con los menos favorecidos, y su identificación con la Doctrina Social de la Iglesia Católica marcarían sus acciones públicas: la inclusión de los pobres, la defensa de los derechos humanos, la cultura de paz y su infatigable oposición al racismo y la discriminación. De ideas propias y un gran carisma, Ana María Romero mostró sus dotes de liderazgo desde sus tiempos universitarios, cuando fue elegida Presidenta del Centro de Estudiantes de Periodismo de la Universidad Católica Boliviana, entre 1968 y 1970.

En 1961, Romero contrajo matrimonio con Fernando A. Campero Prudencio (1934-2011), con quien tuvo tres hijos, Fernando, Marcia y Natalia, y con quien estuvo casada por 49 años hasta su fallecimiento. De su esposo ella decía que era un hombre muy seguro de sí y con ideales muy claros, quien le dio la estabilidad y el espacio para crecer profesionalmente y como persona.La familia de su esposo descendía de Don Juan José Feliciano Fernández Campero y Pérez de Uriondo Martiarena, conocido como el "Marqués de Yavi" y del General Fernando María Campero Barragán, y a través de este parentesco Ana María Romero se vinculó con una de las principales familias de Tarija y del norte argentino. Su matrimonio y su maternidad posterior no le impidieron completar sus estudios universitarios, desarrollar una notoria trayectoria en el periodismo y destacarse en la vida pública, en tiempos en los que estas actividades de dominio masculino en Bolivia.

Estudios universitarios y periodismo

Ana María Romero fue una lectora precoz en la gran biblioteca de su familia paterna, en la que no sólo se interesó por la literatura sino por la política y la filosofía, lo cual definiría después su inclinación hacia el periodismo, al que ingresó cuando tenía ya dos hijos, alentada por el clima doméstico y por su tío, el abogado y periodista Carlos Romero Álvarez-García.

Obtuvo el título de licenciada en Comunicación social en la Universidad Católica Boliviana en 1976.

Ejerció este oficio por tres décadas, ocupando una variedad de funciones y cargos a lo largo de su carrera. Trabajó como reportera, columnista y corresponsal internacional de prensa tanto en Bolivia como en las misiones que le tocó cumplir en el exterior. Romero se tituló de periodista en la Universidad Católica Boliviana (1976), habiendo estudiado, además, un año en la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Mayor de San Andrés (1966-1967). Posteriormente, tomó cursos de teología en la Universidad de Georgetown, EE. UU. (1985).

A los 25 años, Romero ingresó como cronista a la revista semanal del periódico El Diario (1968) y desde entonces ejerció el periodismo. Mientras trabajó como periodista en la Agencia de Noticias Fides y en la Radio Fides (hasta 1979), ambas de propiedad de la Compañía de Jesús, conoció a figuras fundamentales para la historia boliviana, como el jesuita Luis Espinal, asesinado en marzo de 1980. En mayo de 1980, Ana María Romero fundó el semanario “Apertura”, junto a su mentor José Gramunt de Moragas S.J. y a otros periodistas. “Apertura”, que nació como un espacio de defensa de la democracia, sobrevivió diez semanas y tuvo que cerrar como consecuencia del régimen de terror y despotismo impuesto por Luis García Meza y su entonces ministro del interior, Luis Arce Gómez.

Dirigió por siete años uno de los periódicos más influyentes de su país: el matutino Presencia, también de la Iglesia Católica, del que había sido subdirectora y jefa de prensa, una década anterior. El año 1998 le fue conferido el “Premio Nacional de Periodismo por una labor ejercida con reconocida ética y excelencia profesional”. Asimismo, participó en el consejo editorial del Semanario Pulso, que entonces era dirigido por el renombrado periodista Jorge Canelas Sáenz.

Entre las agencias y medios nacionales e internacionales en los que trabajó, se cuentan: las revistas TIME (EE. UU.) y Proceso (México); la Agencia de Noticias Fides (Bolivia), Inter Press Service (Italia), DPA (Agencia Alemana de Prensa) y United Press International (UPI); y los periódicos ABC (España), Hoy (Ecuador), La República (Uruguay), El Diario (Bolivia), Presencia (Bolivia) y La Razón (Bolivia).

Ana María Romero también tuvo una activa participación gremial. Fue presidenta-fundadora del Círculo de Mujeres Periodistas (1972-74). En la Asociación de Periodistas de La Paz, ocupó la Presidencia del Tribunal de Honor (1996-98) y fue elegida como la primera mujer en 50 años en ocupar la Presidencia de dicha institución. Durante su gestión (1988-1990), se creó el Premio Nacional de Periodismo. Fue también presidenta de la Asociación Nacional de la Prensa (1994-1995), Secretaria General de la Unión Católica Latinoamericana de Prensa (UCLAP), miembro del Consejo Permanente de la UCIP (Unión Católica Internacional de la Prensa) y Vicepresidenta de la Federación Internacional de Diarios.

Defensora del Pueblo de Bolivia y Derechos Humanos

En el año 1998 fue elegida por el Congreso Nacional como la primera Defensora del Pueblo de Bolivia, tras ser nominada por las principales organizaciones periodísticas del país y ganar la elección por dos tercios de los votos en el seno del Congreso Nacional.

Sus ideales de libertad e inclusión y su propósito de defensa de los derechos universales del ser humano, se vieron rápidamente reflejados en una gestión que pasó a la historia por visibilizar a sectores históricamente marginados de la sociedad boliviana como los homosexuales, las prostitutas, las personas con discapacidad y todos aquellos que siendo diferentes eran discriminados. Asimismo, su figura adquirió una gran trascendencia pública al dotar al Defensor del Pueblo de un rol de mediación en los numerosos conflictos sociales y políticos que atravesaba el país.

Como Defensora denunció las violaciones que contra los derechos humanos se producían en la zona del Chapare, producto de los enfrentamientos entre las fuerzas del orden y los cocaleros. Del mismo modo, trabajó contra las redes de proxenetismo y a favor de los derechos de los grupos más desprotegidos o en situaciones de discriminación, como las trabajadoras del hogar, los enfermos renales, las víctimas del SIDA y los presos, y los trabajadores indígenas, entre muchos otros. Concitó el respeto público por su firmeza en su labor, acompañados de un uso moderado de su voz pública, cuidando siempre de elegir el mejor tono para lanzar advertencias, reclamos y juicios.

Convertida en una figura respetada pero a la vez temida por el espectro político, su continuidad en el cargo de Defensora del Pueblo comenzó a ser cuestionada por un sector del partido Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) con representación en el Congreso. En septiembre de 2003, el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada se negó a reelegir en su cargo a Ana María Romero y ordenó a la bancada del MNR que bloquease la votación a favor de la Defensora en el Congreso. Este hecho provocó un enfrentamiento con el vicepresidente, Carlos Mesa Gisbert, quien trato infructuosamente de impedir este paso, en razón del prestigio de la Defensora del Pueblo. El año 2003, Ana María Romero cumplió su mandato constitucional como Defensora del Pueblo, actuación que le mereció numerosas distinciones nacionales e internacionales.

En 2004, Romero creó la Fundación Unir, una organización no gubernamental que desde entonces trabaja en la construcción de procesos de mediación y promoción de una cultura de paz en Bolivia, a través de iniciativas de diálogo, negociación pacífica de conflictos, información y deliberación. Durante la crisis política suscitada en los años 2007 y 2008, provocada la oposición de los departamentos del oriente boliviano -Beni, Pando, Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija- al gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) y a la presidencia de Evo Morales; bajo la conducción de Ana María Romero, la Fundación Unir impulsó varias iniciativas de diálogo y talleres en los Departamentos opositores del Beni y Santa Cruz, como también en La Paz y El Alto a fin de acercar a los sectores enfrentados políticamente y que sostenían posiciones irreductibles.

Ana María Romero dirigió la Fundación Unir hasta diciembre de 2008, cuando se retiró para tomar un descanso y dedicar su tiempo a escribir una novela que dejó inconclusa debido a su ingreso a la política y su posterior enfermedad.

Vida política Ana María Romero fue una activa defensora de la democracia y los derechos humanos en su país. En 1979 interrumpió su carrera periodística para asumir el cargo de Ministra de Prensa e Informaciones, durante el breve gobierno de Walter Guevara Arze (1912-1996), abogado, catedrático y diplomático que asumió la Presidencia de la República por sucesión constitucional en agosto de 1979 y fue derrocado por el Coronel Alberto Natusch Busch, el 1.º de noviembre de ese mismo año, en la denominada “Masacre de Todos Santos”, donde murieron más de cien personas en un despliegue de violencia masivo que pasó a la historia por su brutalidad.

Durante ese periodo, Ana María Romero tuvo el encargo de coordinar los actos reivindicativos marítimos con la sociedad civil y de atender a más de un centenar de periodistas que llegaron al país para cubrir la IX Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), reunión en la que Bolivia obtuvo un gran triunfo diplomático al aprobarse una declaración que reconoció “la reivindicación marítima boliviana como un tema de interés hemisférico”.