thumb|200px|Cofrades de varias cofradías a su paso por la plaza de la Universidad. Se considera como cofradías penitenciales históricas de la ciudad de Valladolid a cinco Hermandades que se constituyeron o bien en los últimos años del o en el , con unas características y un sello inconfundibles en cada una. Desde los comienzos y durante muchos años tuvieron su misión social y religiosa. Con el cambio de costumbres, de política y de normas en Valladolid, la historia de estas cofradías fue evolucionando con los tiempos hasta llegar al presente. Las cinco cofradías son conocidas comúnmente como: «Cofradía de la Vera Cruz», «Cofradía de la Pasión», «Cofradía de las Angustias», «Cofradía de la Piedad», «Cofradía de Jesús Nazareno».
Una cofradía es una congregación, comunidad o asociación formada por personas devotas que adquieren una autoridad competente para ejercitarse en obras de piedad y otros actos de carácter religioso. Los cofrades cumplen con tres llamadas indispensables: Oración, penitencia y caridad. Hay cofradías muy antiguas que son una herencia de las Hermandades de la Edad Media y otras menos antiguas que datan de los siglos y y que surgieron como necesidad social de ayuda al desheredado, al pobre de solemnidad, al enfermo y al reo condenado a muerte.
En algún momento determinado de la historia las cofradías perdieron su cometido social y asumieron la misión religiosa de guardar y venerar una determinada imagen y sobre todo protagonizaron la organización y desfile de las procesiones, especialmente las de Semana Santa.Este artículo ha sido escrito en mayo del 2010. Si hay cambios evidentes a partir de esta fecha habrá que hacerlos constar.
Historia En el las cofradías existentes hasta la fecha, dieron lugar a las procesiones de Semana Santa de Valladolid, siendo por tanto sus organizadoras. Hasta el momento su misión había sido ayudar al necesitado pero esta tarea llegó poco a poco a ser cometido de los estamentos oficiales. En el año 1617, Francisco Sobrino (tercer obispo de Valladolid) se ocupó de organizar la asistencia a pobres, desamparados y enfermos, que serían atendidos en el Hospital General (llamado Hospital de la Resurrección). La misión de las cofradías a partir de esta fecha sería la de mantener la religiosidad y el culto a la Pasión de Cristo, especialmente en las procesiones de Semana Santa.
thumb|250px|Cofradía de Jesús Nazareno (Valladolid). Viacrucis Procesional a su paso por la Plaza Mayor.En el estas procesiones alcanzaron el máximo esplendor y fama en toda Europa;Burrieza Sánchez, Javier. (Universidad de Valladolid) Las cinco cofradías penitenciales Históricas es el momento de los grandes escultores-imagineros del barroco como Gregorio Fernández. En el siguiente siglo y a partir de 1731 se inició su decadencia a causa de los cambios políticos y culturales, hasta llegar a su casi absoluta desaparición en los umbrales del . A lo largo de este siglo hubo altibajos que se correspondieron con la vida política del país. En el primer tercio del florecieron de nuevo las procesiones y por tanto las cofradías que las sustentaban gracias al entusiasta impulso del obispo Remigio Gandásegui que estableció una organización que todavía perdura casi intacta y que fomentó la formación de nuevas cofradías. En 1931 aparecieron las del Santo Entierro y la del Cristo de los Carboneros.
Cuando se estableció la Segunda República se dictaron nuevas normas relacionadas con la religión:Constitución de la República Española de 1931. Artículo 26.
Estas medidas afectaron a las cofradías y por tanto a las procesiones; sin ayuda económica y sin apoyo oficial no podían subsistir. Sin embargo en 1935, el obispo Gandásegui consiguió una autorización especial para sacar las procesiones de Semana Santa. La participación fue numerosa, sobre todo en la procesión de la Borriquilla del Domingo de Ramos en la que desfilaron 3.000 niños.García Gutiérrez-Cañas, Mariano Antonio Esplendor, ocaso y resurrección; las procesiones vallisoletanas de Semana Santa. Siglos al , p. 122.
Durante los años de la guerra civil española se restauró la ayuda económica a las cofradías con el acuerdo de entregar a cada una de las siete existentes un donativo de 300 pesetas, según una costumbre establecida anteriormente. En 1946 el Ayuntamiento propuso que las fiestas de Semana Santa dejaran de ser actividades dependientes de esta corporación, creando a tal efecto la Junta Pro-Fomento o Junta Pro-Semana Santa que en adelante se haría cargo de todo lo concerniente a festividades y organización, aun cuando el Ayuntamiento seguiría contribuyendo con importantes donativos. Desde entonces la Junta se responsabilizó de todo, entre otras cosas de elaborar los libros que componen los archivos de la Junta de Cofradías de Semana Santa y de cada una en particular.
Actualmente son 20 las cofradías existentes que se ocupan en Semana Santa de la coordinación de las procesiones y de organizar durante todo el año actos religiosos así como de cuidar sus imágenes (pasos) la mayoría de ellas obras de arte de mucho valor, de las que son responsables. Desde un punto de vista social y de caridad cuentan también con múltiples actividades.
Dificultades y reformas thumb|200px|Edificio de la Real Chancillería.Las cofradías tuvieron grandes dificultades económicas durante el porque las autoridades reformistas trataron de impedir que continuaran con una serie de costumbres que, a su entender, constituían abusos y escándalos. Estimaron conveniente cortar con esa escalada de malas costumbres (siempre en opinión de los reformistas) consistentes en comidas y festejos que reportaban algunos beneficios económicos. Los cofrades protestaron enérgicamente alegando que no podrían subsistir ni hacer frente a los gastos si se les prohibían tales costumbres. Intervino la Real Chancillería, intervino también el intendente corregidor del Ayuntamiento, y después de muchas trifulcas y demandas judiciales, en 1773 se hizo vigente por Real Cédula la medida de supresión redactada anteriormente, el 10 de mayo de 1770, en contra de todas las cofradías. Estas se vieron obligadas a enviar sus reglas al Consejo de Castilla mientras sus bienes fueron requisados por una Junta de Caridad.Todas las cofradías menos la de la Vera Cruz. Se suprimieron todas las cofradías, las penitenciales y las gremiales.Informe sobre los gremios de Valladolid dado por José Colón de Larreátegui, subdelegado de la Real Junta de Comercio en Valladolid, 1781.
Años más tarde, en 1797 se restituyó la existencia legal a las cofradías penitenciales.Las cofradías penitenciales fueron las menos perjudicadas frente a las gremiales y asistenciales. Cerca del , las autoridades civiles con mediación de la Chancillería, tomaron también el mando y autoridad sobre el tema siempre discutido de la salida y disposición de las procesiones. En el llamado Plan y Apuntamiento se establecieron las normas a seguir para los itinerarios y los horarios. Estas disposiciones entrarán en vigor en plena ocupación francesa, en 1810, bajo el mando del general Kellerman que, como medida política muy astuta, quiso mantener en paz a los vallisoletanos concediéndoles aquello que tanto apreciaban: las procesiones de Semana Santa. Así fue como se organizó la primera procesión general que desfiló por las calles de Valladolid el 21 de abril de 1810; en ella participaron varias cofradías, aportando cada una sus propias imágenes.
Sin embargo y pese a este impulso a favor de las procesiones, a lo largo de todo el se apreció una decadencia en todas las cofradías que vieron además disminuir el número de cofrades. El ambiente sociopolítico que se vivía contribuyó a este ocaso.
Los cargos (Donde vienen detallados todos los cargos posibles.) En todas las cofradías existían los mismos cargos superiores para su buen gobierno: Dos alcaldes de oficios menores y mayordomos que podían ser de iglesia, de colgar, de pedir, y otras ocupaciones.
Para la elección de los cargos había dos propuestas. Una propuesta hecha por los que cesaban y otra que presentaban los propios cofrades. Todos intervenían en la votación. Una vez hecha la elección, todos los miembros de la cofradía salían con su clarín en dirección al domicilio del interesado a dar la noticia.
Para llegar a la dignidad de alcalde era necesario haber pasado por los oficios menores. Se imponía como obligaciones el buen cuidado de toda la cofradía, convocar todas las festividades de la iglesia, costear el almuerzo de la festividad del Corpus y costear en la Octava un refresco de limonada y bizcochos para los diputados oficiales. El alcalde se ocupaba también de conmemorar los cofrades difuntos con un vino y roscas más la dádiva de 15 reales para un almuerzo que se daría a los mayordomos y oficiales que cada día se ocupaban de llevar las insignias y estandartes en rogativas y actos devotos.
Nuevos cofrades Según las noticias que da Manuel Canesi en su Historia de Valladolid (1750), las afiliaciones de los nuevos cofrades en el se hacían con arreglo a una tradición muy antigua. En primer lugar se reunían en una sala capitular donde estaban presentes los Alcaldes, el secretario de hechosSu función era "dar fe" de que "tales hechos" habían sucedido tal como los relata el documento correspondiente. y el capellán. Delante de este grupo había una mesa con los libros y las reglas (normas) de los estatutos. Previamente se había preparado un almuerzo que era en realidad el almuerzo de admisión pues los aspirantes no tenían más que apuntarse a este evento, previo pago de una pequeña cantidad, y con esa diligencia ya se les consideraba cofrades.
Los gremios Ciertas agrupaciones gremiales también entraron a formar parte de algunas cofradías. Así ocurrió con los escultores y pintores que, aun perteneciendo a una cofradía gremial llamada de San Lucas, se inscribieron en la cofradía de la Pasión. Los curiales, escribientes y en general la gente de la Chancillería, lo hicieron en la de las Angustias y en la Vera Cruz se afiliaron los plateros y orfebres.
Ingresos para el mantenimiento Para hacer frente a los gastos de las procesiones y otros deberes, los alcaldes recurrían a variados procedimientos, al margen de las limosnas voluntarias y las dádivas de los devotos y de las autoridades. A estos efectos era costumbre por parte de la cofradía enviar a los diputados y otras personas generosas, el día del Corpus, una o dos lonjas de tocino galiciano (tocino de Galicia) acompañado de una limeta de vino.Limeta: frasco o garrafa. La persona que recibía este regalo daba a cambio unos 100 reales.
A los encargados de alumbrar el último claro de las procesiones se les daba una o dos libras de dulces, un "papel" de aceitunas, una torta de bizcocho y una limeta de vino o de limonada. A veces el regalo consistía en una gallina y una limeta de vino. Los estandartes (las personas que llevaban el estandarte) también eran recompensados en reconocimiento al gasto que hacían en cera, túnicas y calzado.
Historia antigua de las cinco cofradías tradicionales
Cofradía de la Vera Cruz
Es la más antigua de las cinco cofradías históricas que se conocen. El primer dato documentado que se tiene es de 1498, una solicitud que hacen los cofrades al Regimiento (el Ayuntamiento de la época), para construir un humilladero fuera de la Puerta del Campo.Burrieza Sánchez, Javier. Op. cit., p.10. Fue una ermita de cal y piedra donde se veneraba un Cristo y una reliquia que consistía en un pedazo pequeño de la Verdadera Cruz. Más tarde hicieron un relicario para guardarla y para poderla llevar en procesión. Nació esta cofradía con la obligación de curar enfermedades contagiosas y atender a los viandantes desamparados.Canesi Acevedo, Manuel. Historia de Valladolid (1750), Tomo II, p. 21. A partir de 1515 tuvieron en propiedad un hospital en la antigua calle de la Copera (hoy calle del Conde Ansúrez). thumb|200px|Paso de la Borriquilla de Francisco Giralte.