Las guerras búlgaro-húngaras fueron una serie de conflictos que tuvieron lugar entre el Imperio búlgaro y el Reino de Hungría entre los siglos y . Las áreas del conflicto abarcaban desde el norte y oeste de los Balcanes, más específicamente el noroeste de la moderna Serbia, Rumanía y el norte de Bulgaria.

Durante los primeros enfrentamientos a finales del los húngaros se vieron obligados a emigrar hacia el oeste. Durante la conquista húngara en el los magiares invadieron los ducados búlgaros de lo que hoy es Transilvania y eliminaron el dominio búlgaro en la parte oriental de la llanura de Panonia. Sus incursiones de saqueo contra Bulgaria continuaron hasta el final del siglo cuando se concluyó la paz. Ambos países mantuvieron relaciones amistosas hasta 1003, cuando estalló otra guerra.

Después del restablecimiento del Imperio búlgaro en 1185 ambos estados lucharon en numerosos conflictos por el control de las provincias de Belgrado, Braničevo, Vidin y el Banato de Severin.

Conquista húngara (Guerra de 894–896) En 862, en la invitación de su aliado moravo Rastislav, los húngaros atacaron Baja Panonia. El año siguiente, Luis el Germánico, rey de Francia Oriental, respondió formando una alianza con los búlgaros. Boris I de Bulgaria envió tropas de montaña para ayudar a derrotar a Rastislav. Esto desencadenó un conflicto que se desató por 25 años entre los húngaros y moravos contra los búlgaros y francos. miniaturadeimagen|Mapa animado de la conquista húngara. Téngase en cuenta que los bordes del Imperio búlgaro son inciertos La conquista húngara fue uno de los factores que alteraron el equilibro militar. En 881, previo a la conquista, el líder moravo Svatopluk recibió apoyo de los húngaros que lograron avanzar hasta Viena. Dos años después, Svatopluk sufrió de un duro golpe por parte de los búlgaros. En 891, cuando Svatopluk volvió a negarse a rendirle homenaje a los francos, sus alaidos húngaros continuaron apoyándolo, pero lo búlgaros volvieron a atacar.

La situación alcanzó un punto crítico en septiembre de 892, cuando el príncipe búlgaro Vladimir le informó al rey franco Arnulfo que los diplomáticos enviados a la llanura panónica no contarían con más suministros; los búlgaros sólo estaban preparados para frenar el envío de suministros de sal. La delegación francesa seguía estando allí cuando Simeón I de Bulgaria fue coronado. izquierda|miniaturadeimagen|300x300px|Los búlgaros huyen a Silistra tras ser derrotados por los húngaros. En respuesta a ello, el embajador del emperador bizantino Leo VI, Niketas Skleros, se reunió con los príncipes húngaros Árpád y Kurszán, y acordaron en formar una alianza. Como resultado, una fuerza húngara liderado por el hijo de Árpád, Liüntika, fue movilizada a través del danubio por los bizantinos y atacó a los búlgaros de Simeón por la retaguardia. Simeón suspendió su campaña contra los bizantinos para redirigirse contra los húngaros. Tras ser derrotado por estos, se refugió en un castillo en Drastar.

Ese mismo año, en 894, los guerreros húngaros avanzaron por sobre la llanura panónica y panonia para ayudar a los moravos en su lucha contra los búlgaros y los francos. Cuando se enteraron de la muerte de Svatopluk, los húngaros retrocedieron no mucho hasta la parte superior del río Tisza. En primavera de 895, Árpád y su ejército derrotó a los búlgaros tras varias escaramuzas en la grandes llanuras. Tras firmar apresuradamente la paz con los bizantinos, los búlgaros concentraron sus fuerzas para derrotar a los húngaros de Liüntika.

Tras la retirada húngara, Simeón fingió estar dispuesto a aceptar negociaciones. Pero cuando el embajador de bziantino Leo Chirosphact llegó a la capital búlgara de Preslav, fue puesto bajo custodia y Simeón prolongó las negociaciones. Durante aquel período se alió con los pechenegos y realizó ataques simultáneos en los campamentos húngaros en el Etelköz. En la sangrienta batalla del Bug meridional los búlgaros, comandados por Simeón I y su padre Boris I, efectuaron una victoria decisiva contra los húngaros. La consiguiente, masiva retirada de los húngaros acabó en la "conquista", o más bien, asentamiento en lo que se convertiría la región en la que los húngaros se asentarían por el resto de la historia. Poco después de la victoria búlgara, Simeón desmanteló las negociaciones y en verano de 896 el ejército bizantino fue derrotado en Bulgarófigo.

Conflictos en el siglo X miniaturadeimagen|222x222px|Los ducados de Glad y Salan pertenecían al Imperio búlgaro. Las tierras de Menumorut se ubicaban al norte del ducado de Glad. Con el ascenso de la dinastía Árpád tras la muerte de Kurszán, una nueva dinastía mantenía soberanía sobre el trono húngaro. No se tiene indicación alguna de cuando fue que los gyulas reinantes transifrieron sus sedes y residencias al centro del valle de Maros. El gyula debió haber estado a cargo de los asuntos orientales y meridionales, al envíar ataques contra Bizancio y Bulgaria en abril de 934 y abril de 943. izquierda|miniaturadeimagen|Guerreros húngaros en Bulgaria (Chronicon Pictum, 1358) Los ataques realizados por búlgaros y pechenegos entre 895 y 896 indujeron a los húngaros en estar alerta. Constantino VII notó que los húngaros temían a los pechenegos, que estaban siendo usados por los búlgaros para mantener a los húngaros a raya. A inicios del siglo X, diplomáticos bizantinos alentaron a los líderes húngaros a atacar a los pechenegos, propuesta que fue rechazada debido a todo los riesgos que conllevaba, el poco interés en recuperar Etelköz, y el intento de los húngaros de mantener la paz con los pechenegos para concentrarse en las regiones al oeste. Los pechenegos, por su parte, preferían atacar las más ricas tierras búlgaras y bizantinas en vez de la pobre llanura panónica, que pasaba por un momento de inestabilidad debido a la conquista húngara. Así, la alianza anti-húngara entre Bizancio y Bulgaria gradualmente se disolvió, y los húngaros y pechenegos, enemigos hasta el momento, empezarían a formar alianzas para frenar el creciente Imperio búlgaro. izquierda|miniaturadeimagen|La primera página de la Gesta Hungarorum, un manuscrito húngaro medieval que constituye una de las principales fuentes sobre la conquista húngara, mezcla hechos verídicos con imprecisiones e información que no puede confirmarse con otras fuentes. Algunos fragmentos son considerados por la mayoría de los autores modernos como meras invenciones (del autor o de sus predecesores) para contradecir las crónicas francas y de otras culturas. En 913, Simeón inició una serie de campañas militares con las cuales arrebató de los bizantinos gran parte de la península balcánica y, seis años después, cambió su título de gran kan por el de zar. Él no dejaría que las minas de sal y los depósitos de oro de la Transilvania meridional cayeran bajo manos húngaras sin dar pelea. Para conquistar el resto de Transilvania y las regiones de Maros, Tisza, y el río Danubio, los húngaros tendrían que aliarse con los pechenegos si querían enfrentarse contra los búlgaros. Las fatales consecuencias de la alianza húngara-pechenga en 895 seguían vivas en la memoria de los húngaros. Mientras los pechenegos siguieran siendo hostiles, los húngaros no se atreverían a provocar a Simeón tomando sus tierras septentrionales de los Cárpatos y el Danubio.

La oportunidad llegó aproximadamente en 932 con la formación de una alianza entre los húnagros y pechenegos. Aprovechando esta oportunidad, el gyula Bogát aprovechó esta oportunidad para ocupar el sur de Transilvania. Otra ventaja que los hñungaros tuvieron durante su conquista fue la crisis de sucesión interna de Bulgaria tras la muerte de Simeón en 927. Es probable que esto le haya dado la oportunidad al gyula Zombor, sucesor de Bogát, de ocupar las tierras entre Maros, Tisza, y los ríos danubios.

Habiendo ocupado Transilvania meridional, os guerreros de Borgát y sus sirvientes se asentaron en las ciudades búlgaras de Orșova, Belgrado, y Sirmio cerca de la frontera húngara.

La región entre Mureș, Tisa, y el río Danubio debieron haber caído bajo control de un gyula húngaro en 984, debido a que fue allí cuando el emperador Constantino registró las ciudades de Orșova, Belgrado, y Sirmio como adyacentes a la frontera húngara.

Gracias al amasante poder de los gyulas, se enviaron campañas militares húnagaras contra los bizantinos, atravesando las débiles defensas de los búlgaros. De acuerdo a las crónicas bizantinas, la primera campaña ocurrió en 934, y acabó en un tratado de paz entre el emperador Pedro I de Bulgaria y los húngaros. Otra campaña, en 943, acabó en términos similares, con los bizantinos probablemente teniendo que pagar tributos.

En 948, varios giros repentinos de acontecimiento obligó al gyula de Transilvania el adoptar una política que divergía de la del príncipe gobernante, quien había enviado a su sobrino y al harka Bulcsú a Constantinopla para renovar la tregua, tarea que fue tratada con tanta importancia que se bautizaron. Es probable que este gesto hubiese estado motivado por la decisión de Bulcsú de envíar nuevos ataques al frente occidental, y quisiera proteger la retaguardia de ataques bizantinos. Algún tiempo después de 952, el gyula Zombor también se presentó en Constantinopla, pero bajo decisión propia y no bajo la orden del príncipe. Él también se bautizó, pero su objetivo político era distinto al de Bulcsú. Zombor no estaba interesado en ataques en el frente occidental si no en los planes anti-búlgaros de la corte bizantina. Estos últimos nunca habían abandonado los planes de aplastar al Imperio búlgaro y restaurar las antiguas fronteras imperiales en el Sava y los ríos del bajo Danubio. Los gyulas también consideraban a los búlgaros, de quienes habían ocupado sus tierras al norte del Danubio y los Cárpatos, su principal enemigo. Mientras lo príncipes Árpád estaban satisfechos con la neutralidad bizantina, los gyulas pretendían una alianza contra Bulgaria.

Guerra de 1003 izquierda|miniaturadeimagen|La victoria del rey San Esteban I de Hungría sobre Kean, duque de los búlgaros y eslavos (Chronicon Pictum) Desde la caída de la capital búlgara, Preslav, en 971, los imperios búlgaros y bizantinos estuvieron en un estado continuo de guerra. Los conflictos búlgaro-bizantinos alcanzaron su pico en 1003 con la entrada de Hungría en el conflicto. En ese momento el gobernador de las regiones noroestes de Bulgaria era el duque Ahtum, el nieto del duque Glad, quien había sido derrotado en los 930s. Ahtum dirigió un vasto ejército y defendió con firmeza las regiones noroccidentales del imperio. Se encargó también de la construcción de iglesias y monasterios en Transilvania, expandiendo el cristianismo por la región.Legenda Saneti Gerhardi episcopi, p. 489.Venedikov, p. 150. izquierda|miniaturadeimagen|El zar Simeón I de Bulgaria derrotó al ejército bizantino, liderado por Procopio Crenitas y Curtacio el Armenio, en Macedonia.