El presente artículo trata de los días finales de la Segunda Guerra Mundial en la costa norte de Europa de la Kriegsmarine y de las iniciales conversaciones de paz, entre el almirante mayor Karl Dönitz y el general Montgomery.
La situación en la península de Hela Una avalancha de telegramas son lanzados en la zona del mar Báltico. Dos de ellos, fechados el 3 de mayo, que provienen del almirante del Báltico oriental, quien dirige los transportes intenta mantener cierto orden, reflejan perfectamente la situación a pesar de su laconismo:
Hela constituye, fuera de Curlandia, el último punto de apoyo alemán en el este. Todos aquellos que conservan una esperanza, por pequeña que sea, de escapar de los rusos, se apiñan en la extremidad de la estrecha península. Frente a Oxhöft, en el continente, son instaladas unas baterías soviéticas después de la caída de Gotenhafen, las cuales bombardean Hela. Los aviones sobrevuelan la península casi sin interrupción y dejan caer sus bombas sobre la muchedumbre, atacando con ametralladoras los pequeños buques que surcan activamente la bahía de Dantzig.
En la costa, entre la desembocadura del Vístula y la del Nogal, así como en la Frische Nehrung, existe todavía una especie de frente que debe intentar mantenerse hasta que el último alemán haya sido trasladado a Hel (Hela en alemán). Cada noche, una gran cantidad de embarcaciones y pequeños buques efectúan ese transporte. Estos atraviesan la bahía de Dantzig con todas las luces apagadas. No bien se acercan a la playa, los hombres marchan a su encuentro por millares. Los ancianos, heridos y enfermos, que no pueden desplazarse por sus propios medios, son conducidos por los marinos, quienes se los echan a los hombros para llevarlos a bordo. Los buques hacen cada noche innumerables viajes, pero la multitud parece no disminuir. Hela constituye para los refugiados el primer paso hacia la libertad. De ahí pueden ir más lejos.
El segundo telegrama del almirante Thiele del Báltico oriental, muestra claramente la gravedad de la situación. Está dirigido al comandante en jefe de la marina:
La Marina alemana ha transportado hacia el oeste cerca de un millón y medio de personas desde Klaipėda, Pillau, Dantzig, Gotenhafen y, más tarde, Hel. Pero los rusos los acechan también desde el mar. Habiendo desaparecido las barreras alemanas que obstruían el golfo de Finlandia, aquellos envían sus submarinos para atacar los convoyes que atraviesan el Báltico. Los rusos torpedean tres grandes buques alemanes, “”, “General von Steuben” y “Goya”, que se van a pique con millares de refugiados y heridos. Particular catástrofe es la desaparición del “Goya” que se hundió en contados minutos, arrastrando al fondo del mar a las 6000 personas que transportaba; solo se salvan 200. A pesar de la cifra abrumadora, es una pequeñez si se la compara con los millares que se salvan. Después de la catástrofe del “Goya” la proporción de pérdidas queda establecida en 0,49%.
Hace dos días que no llegan buques a Hela, el hacinamiento humano en la península crece hora a hora. ¿Es que la marina alemana no posee ya embarcaciones?. El día 3 de mayo la orden Regenbogen (arco iris) sigue en vigor dentro de la marina. Su significado es precisado por un telegrama del Alto Mando Naval enviado en aquella fecha:
Esa palabra puede ser comunicada de un momento a otro. Los ingleses avanzan ya en dirección a los puertos, mientras que los rusos y americanos disputan una carrera para ver quién alcanza primero Alemania central. Ningún buque de la Kriegsmarine ha de caer en su poder: todos deben ser hundidos.
Las negociaciones de paz En la noche del 2 de mayo, el almirante mayor Karl Döenitz envía, desde Kiel, al almirante von Friedeburg y algunos oficiales de la marina y del ejército al Cuartel General británico, situado en la landa del Luneburgo. Aquellos se presentan al mariscal Montgomery al día siguiente. Apenas es informado de la propuesta de paz de Döenitz, ordena la suspensión de los ataques aéreos proyectados para la jornada siguiente. Von Friedeburg traslada a su jefe las condiciones formuladas por Montgomery, entre las cuales figuran:
Döenitz acepta las condiciones. De no hacerlo así, los ataques aéreos se concentrarían en las diversas poblaciones todavía conservadas por los alemanes. De negarse, además, los aliados occidentales no dejarán franquear sus líneas a las tropas y refugiados del este, que, a razón de centenares de miles, caerán en manos de los rusos.
Debe resultarle especialmente amargo a él, al almirante mayor, entregar sus buques. Todas las flotas han preferido hundirse antes que entregar sus buques. El último ejemplo fue dado por los franceses, quienes, en 1942, destruyeron la suya cuando los alemanes atacaron Tolón por sorpresa. Pero Döenitz, no tiene alternativa.
Los telegramas abundan sin interrupción en el mar Báltico; su contenido es distinto ahora:
Se trata de la anulación de la orden Regenbogen, que es acatada en casi todos los frentes. Los submarinistas alemanes se niegan a creer que la orden ha sido revertida; por ello todos los submarinos se concentran en los puertos de Alemania y son hundidos en la noche del 4 al 5 de mayo, poco tiempo antes de la entrada en vigor de la capitulación concertada con los ingleses. El resto de la Kriegsmarine tiene aún otra misión: salvar todo lo que pueda ser salvado. Es por ello que usando todo lo que flote, los marinos alemanes avanzan por el Báltico al encuentro de los que todavía esperan. A partir de la entrada en vigor de la rendición ante los rusos, éstos entrarán en los puertos e impedirán que zarpe ningún buque tanto de Hela como de Windau y Libau.
En la mañana del 7 de mayo un telegrama indica la cifra de las personas transportadas. Solo de Hela han podido ser embarcadas 43.000 personas, sin contar aquellas que han podido hacerse a la mar, por sus propios medios. Sin embargo, aún quedan una cantidad cuatro veces mayor. Teóricamente, se necesita una semana completa para salvar a todos. En consecuencia Döenitz se esfuerza por retardar todo lo posible la entrada en vigor de la capitulación. El mismo día comunica:
Todos saben el plazo que tienen: dos días completos… Los rusos ocuparán los puertos exactamente a las doce, en la noche del 8 al 9 de mayo. Todos los que no hayan podido ser salvados hasta esa hora, serán hechos prisioneros.
La Kriegsmarine salva a sus camaradas En el puerto de Libau, la 9.ª División de Protección reúne a todos los buques capaces de embarcar pasajeros. Se trata de dragaminas, patrulleros, pequeñas traineras, chalanas automóviles, remolcadores de puerto, barcazas y gabarras. Los oficiales a cargo de esas naves se esfuerzan por constituir con todos ellos convoyes ordenados. La mayoría de ellos no son capaces de desarrollar una velocidad aceptable o en el peor de los casos no son capaces de navegar en alta mar. De ser abandonados, serán presa fácil del mar o de los rusos que los acechan. Para ser socorridos en caso necesario, buques más potentes y rápidos son obligados a navegar pegados a ellos. Los rusos no dejan de poner todos los medios a su alcance para hacer retornar a las pequeñas naves a puerto. Los barcos deben embarcar todo lo que pueden máximo el día 8, después los rusos aparecerán en el puerto en cualquier momento.
La madrugada del último día de guerra transcurre con gran actividad para los alemanes. Las tripulaciones destruyen o arrojan al mar todo lo que no es estrictamente indispensable para la postrera travesía. Procuran espacio para sus camaradas. Es la última consigna que reciben. Mientras tanto, los rusos bombardean violentamente Libau. Los rusos han adivinado las intenciones de los alemanes y hacen todo lo posible para evitar la huida. Una bomba rusa cae exactamente en la puerta del refugio del Mando y destruye las comunicaciones telefónicas. A la conmoción que produce la bomba rusa al explotar, se produce otra al llegar un telegrama, que dice:
Cuando se recibe el telegrama anterior, eran las 12 del día 8 de mayo, quedaban dos horas, cuando se recibe otro telegrama:
Los rusos por los bombardeos violentos a que someten a los alemanes, seguro entrarán a las 14 en punto; por tanto, los acontecimientos se precipitan. Los buques son llevados precipitadamente a los puntos de embarque, donde afluyen los soldados feldgrau, que se derramen en oleadas sobre los muelles. En cuanto los buques están llenos se dirigen hasta el antepuerto donde esperan a los demás. A las 16 cuando la mitad de las tropas están embarcadas se recibe otro telegrama que dice: “Atención. Los rusos comienzan a entrar”. Aquel telegrama corre como un reguero de pólvora. Un convoy repleto abandona el puerto. Alrededor de las 19 aparecen en el horizonte unos carros rusos y abren fuego sobre los buques que zarpan.
Los rusos surgen casi inmediatamente. Se apoderan de dos pequeños remolcadores que no han podido zarpar a tiempo. Los carros de combate rusos disparan sobre los que ya están navegando aunque sin causarles daño. Mientras la noche protege la navegación del extraño convoy, el jefe del mismo envía el mensaje siguiente a las autoridades del oeste:
El grupo de Copenhague al otro lado del Báltico, también estaba dedicado a febril actividad. Además los buques llegan hasta allí incesantemente, transportando refugiados del este, de Useddom, de Wollin y de Rügen. Los cruceros “Prinz Eugen” y “Nürnberg”, que ya se encuentran allí, varios destructores y torpederos entran el 4 de mayo en el puerto militar que se halla completamente lleno. Los destructores vienen desde Skagerrak, donde, hasta entonces, escoltaban los convoyes destinados a Noruega. La orden de llevarlos a la bahía de Nybord y hundidos ha podido ser anulados a tiempo. Todos los buques a excepción de los dos cruceros, reciben la orden de zarpar una vez más hacia el este. Los destructores conforman una fuerza importante, de la que ya no harán uso a menos que intenten entorpecer su misión, que consiste en salvar a los alemanes de los puertos del este. Se trata de los tres buques del barón Hubert von Wangeheim, capitán de navío: “Z-34”, “Z-38” y “Z-39”, más los otros cuatro destructores “Kart Galster”, “Theodor Riedel”, “Friedrich Ilun” y “Z-35”, y, por último, los modernos torpederos “T-23”, “T-28” y “T-35”. En el Sund, una gran formación de bombarderos británicos sobrevuela esos buques. Ni de uno ni de otro lado, se producen actos de hostilidad alguna. Cuando más avanzan al este, encuentran embarcaciones pequeñas atiborradas de refugiados que se dirigen hacia el oeste: incluso hay una grúa flotante. El Báltico, totalmente tranquilo, les da casi un 100% de posibilidades de llegar a su destino.
En la noche del 5 de mayo, el almirante Thiele es informado que acaban de llegar a Hela, numerosos destructores y otros buques. Los destructores que tienen una tripulación de 300 hombres esperan sen cargados con cinco veces más esa cantidad. Entre los refugiados, hay niños abandonados recogidos en las carreteras de Prusia oriental; ancianos que han estado marchando a pie durante seis semanas; jóvenes madres que han dado a luz durante la huida, en general, gentes que delatan sus rostros las privaciones y los sufrimientos. Los refugiados particularmente necesitados, son alojados en la cámara de los oficiales y hasta en la cabina de los T.S.H., donde hasta hace días antes, ni siquiera los miembros de la dotación del buque tenían derecho a entrar. El comandante de la flotilla no sabe en dónde desembarcarlos. Los ingleses seguramente han llegado a Copenhague.