La invasión napoleónica de Rusia (en francés: Campagne de Russie; en ruso: Отечественная война 1812 года), también llamada invasión al Imperio ruso, liderada por Napoleón en 1812, fue un punto de inflexión en el transcurso de las guerras napoleónicas. La campaña redujo a las fuerzas de invasión francesas y aliadas a menos del veinte por ciento de su capacidad inicial. El papel de este episodio en la cultura rusa puede apreciarse en la novela Guerra y paz (1869) de Tolstói, y en la identificación que la Unión Soviética hizo entre esta y la posterior invasión alemana durante la Segunda Guerra Mundial, conocida como Operación Barbarroja (del 22 de junio al 5 de diciembre de 1941).

Hasta 1941, en Rusia se había conocido a esta invasión como la Guerra Patria (en ruso: Отечественная война, Otéchestvennaya Voyná). El término ruso guerra patria de 1812 la distingue de la Gran Guerra Patria, término aplicado a la guerra en el Frente Oriental durante la Segunda Guerra Mundial.

Asimismo, se la llama de forma ocasional «guerra de 1812», lo que puede producir cierta confusión, dado que este mismo nombre se da al conflicto entre el Reino Unido y los Estados Unidos acontecido ese mismo año.

Causas En la época de la invasión, Napoleón estaba en el apogeo de su poder con virtualmente toda la Europa continental bajo su directo control, ocupada por su ejército victorioso al derrotar a casi todas las potencias del continente y bajo tratados favorables para Francia. Ningún poder europeo osaba moverse contra él.Riehn, Richard K, pp. 10–20.

Sin embargo, el tratado firmado tras la guerra austriaca contenía una cláusula por la que la Galicia oriental de Austria era anexada al Gran Ducado de Varsovia, y el Imperio ruso consideró que esta disposición obraba contra sus intereses creando una entrada estratégica para lanzar una posible invasión contra Rusia.<ref>En un intento por ganar el apoyo progresivo de los polacos nacionalistas y patriotas, Napoleón en sus propias palabras llamó esta guerra la Segunda guerra Polaca: "Soldados, la segunda guerra de Polonia ha iniciado; la primera finalizó en Tilsit. En Tilsit, Rusia juró eterna alianza a Francia y guerra a Inglaterra. Esta ha violado su Juramento hoy. ¡Rusia ha labrado su destino; y este destino debe ser alcanzado! ¿Creen así que esto nos ha rebajado? Entonces vamos adelante; pasemos el río Neman, llevemos la guerra a su territorio. La segunda guerra de Polonia será gloriosa con los ejércitos franceses en primer lugar." Proclamas de Napoleón, 22 de junio de 1812. La «primera» guerra polaca fue la Guerra de cuarta coalición para liberar Polonia del Imperio ruso y Austria), debido a que uno de los objetivos oficialmente declarados de esta guerra fue la resurrección del estado polaco sobre los territorios que formaban el territorio polaco-lituano.</ref> Por otra parte, el zar Alejandro I había encontrado a Rusia en un dilema económico: su país tenía pocos medios para generar manufacturas aun siendo rico en materias primas, y el bloqueo continental contra el Reino Unido o cierre de los puertos europeos a los ingleses ordenado por Napoleón había estrangulado no solo el comercio británico, sino el ruso, vital para su economía en términos no simplemente monetarios, sino en cuanto a bienes manufacturados. El hecho de que Rusia se retirara del bloqueo fue una causa adicional para incentivar a Napoleón a tomar su decisión de invadirla.Reihn, Richard K, p. 24.

En 1811, el Estado Mayor ruso desarrolló un plan de guerra ofensiva, suponiendo un asalto ruso sobre las ciudades polacas de Varsovia y Gdańsk. Dariusz Nawrot, Litwa i Napoleon w 1812 roku, Katowice 2008, pp. 58-59.

Desarrollo de las operaciones La invasión 240px|right|thumb|Batalla de Krasnoi.

En junio de 1812, la Grande Armée de Napoleón, formada por 691 500 hombres, el mayor ejército jamás formado en la historia europea hasta ese momento, cruzó el río Niemen y enfiló el camino de Moscú. En ese momento, la Grande Armée se componía de una fuerza central de asalto de 250 000 soldados bajo el mando personal del Emperador, otras dos líneas de frente bajo el mando de Eugène de Beauharnais (con 80 000 hombres) y Jérôme Bonaparte (con 70 000). Además constaba de dos cuerpos de ejército separados al mando del mariscal Jacques Macdonald, con 32 500 hombres y Karl Philipp de Schwarzenberg, con 34 000 soldados austriacos. Por último, la Grande Armée constaba de una reserva de 225 000 soldados.

Además, 80 000 guardias nacionales habían sido reclutados para el servicio militar regular, defendiendo las fronteras del imperio en el Gran Ducado de Varsovia, estado satélite del Imperio francés. Con éstas, las fuerzas totales de Napoleón alcanzaban los 771 500 hombres. Este enorme esfuerzo humano agotó de forma sensible al Imperio francés, considerando además que 300 000 soldados franceses ya luchaban en España contra las incansables guerrillas, y alrededor de 200 000 se encontraban apostados en Alemania e Italia. Los 450 000 hombres franceses constituían la mayoría del ejército, cuyos aliados completaban el resto de tan extenso número de hombres. Además de los cuerpos del ejército austriaco de Schwarzenberg, había también unos 95.000 polacos, 90 000 alemanes (24 000 bávaros, 20 000 sajones, 20 000 prusianos, 17 000 westfalianos, y muchos miles procedentes de los pequeños estados del Rin). También 25 000 italianos, 12 000 suizos, 4800 españoles, 3500 croatas y 2000 portugueses, así como también algunos contingentes belgas. En resumidas cuentas, cada nación del vasto imperio de Napoleón se encontraba representada en este monstruoso ejército.

thumb|right|350px|Gráfico que muestra el número de las fuerzas francesas en su marcha hacia Moscú y durante la retirada, por Charles Minard. También contiene información ambiental como la temperatura por fecha.

De acuerdo con las estimaciones más modernas, el Ejército ruso se encontraba muy por debajo de este número de soldados al principio. Alrededor de 280 000 soldados rusos se desplegaron en la frontera polaca en preparación de la invasión planeada por el zar Alejandro I de Rusia sobre el Gran Ducado de Varsovia. El total de las fuerzas rusas rondaba los 500 000 hombres (aunque algunas estimaciones sitúan esta cifra en tan solo 350 000, mientras otras la elevan hasta los 710 000. Seguramente, un número aproximado a 400 000 sería una estimación más realista) al inicio de la guerra.

Estas fuerzas se encontraban divididas en tres ejércitos principales: el Primer Ejército del Oeste (comandado por el general Mijaíl Barclay de Tolly) de unos 159 800 hombres; el Segundo Ejército del Oeste (del general Piotr Bagratión), con unos 62 000, y el Tercer Ejército del Oeste (general Aleksandr Tormásov) que tenía unos 58 200 hombres. Existían además dos fuerzas de reserva, una de 65 000 hombres y otra de 47 000, que apoyaban a estos ejércitos. De este modo, el total de las fuerzas rusas que se oponían a Napoleón era de alrededor de 392 000 hombres. Por otro lado, se había asegurado la paz desde San Petersburgo con Suecia y el Imperio otomano, lo que permitió liberar a más de 100 000 hombres de estas fronteras. Rusia se esforzó por aumentar sus ejércitos, y sobre septiembre, el número de tropas había aumentado hasta los 900 000, sin incluir a las tropas irregulares cosacas que probablemente podrían añadir 70 000 u 80 000 hombres en total, comandados por el atamán Matvéi Plátov.

La marcha sobre Moscú 300px|thumb|Napoleón avanzando con sus tropas a través de una Moscú en llamas. La invasión comenzó el 24 de junio de 1812. Napoleón había enviado una oferta final de paz a San Petersburgo poco antes del inicio de las operaciones, de la que nunca recibió contestación, por lo que ordenó a su ejército internarse en el Gran Ducado de Varsovia. Al principio, contó con poca o ninguna resistencia, por lo que avanzó con rapidez dentro del territorio enemigo. Los rusos ofrecieron solo esporádicas resistencias y Barclay de Tolly, el comandante en jefe, rehusaba luchar a pesar de ser presionado por Bagratión. Por su experiencia sabía que no podría derrotar al ejército de Napoleón en combate a campo abierto. En numerosas ocasiones intentó establecer una posición defensiva fuerte, pero en cada una de estas ocasiones, el avance francés fue demasiado rápido para finalizar los preparativos, y se veía obligado a retirarse una y otra vez. Erróneamente, esto se ha considerado un ejemplo de la política de tierra quemada, pero en realidad la retirada rusa no era en modo alguno parte de ningún plan maestro para conducir a los franceses a las profundidades del territorio ruso, donde el invierno y la falta de equipamiento adecuado se combinarían para destruirlo. Más bien al contrario, este fue el resultado de la falta de oportunidades de los comandantes rusos para presentar batalla en condiciones favorables contra un Ejército francés que avanzaba con una rapidez y una fuerza imparables.

Las presiones políticas sobre Barclay para presentar batalla y la resistencia continuada del general a hacerlo (lo que el pueblo veía como un gesto de cabezonería intransigente) terminaron por causar su relevo del cargo de comandante en jefe y fue reemplazado por el presumido y popular Mijaíl Kutúzov, el héroe de la famosa novela Guerra y paz de León Tolstói. A pesar de la retórica de Kutúzov en sentido contrario, su labor fue continuista respecto a la estrategia de Barclay, pues como él contemplaba que el enfrentamiento directo con los franceses en combate abierto supondría el sacrificio inútil de su ejército. Finalmente, consiguió establecer una posición defensiva en Borodinó (tras un encontronazo sin resultados en Smolensk del 16 al 18 de agosto). La batalla de Borodinó, el 7 de septiembre, fue el día más sangriento de combates de las guerras napoleónicas, y se saldó con victoria francesa. El ejército ruso pudo solo reunir a la mitad de sus fuerzas el 8 de septiembre, y hubo de retirarse, dejando expedito el camino hacia Moscú. Al mismo tiempo, Kutúzov ordenaba la evacuación de la ciudad.

En este momento, los rusos habían conseguido reclutar un gran número de refuerzos para el ejército, aumentando el total de las fuerzas rusas a una cifra récord en 1812 de 904 000 hombres, con tal vez unos 100 000 en los alrededores de Moscú (donde se asentaban los restos del ejército de Kutúzov derrotado en Borodinó, ahora parcialmente reforzados). La capacidad rusa de cubrir las bajas en el ejército supuso una ventaja crítica que los llevaría finalmente a la victoria en esta campaña.

La captura de Moscú Napoleón entró finalmente el 14 de septiembre en una ciudad fantasma, desalojada de habitantes y vaciada de suministros por el gobernador Rostopchín. Conforme a las reglas clásicas de la guerra relativas a la captura de la capital enemiga (aunque en aquel momento San Petersburgo era la capital real de Rusia), Napoleón esperaba que el mismo zar Alejandro I le ofreciera la capitulación en la colina Poklónnaya, pero muy lejos de esto los comandantes rusos no se rindieron. En lugar de ello, prendieron fuego a Moscú y vaciaron la ciudad entre el 2 y el 6 de septiembre. Moscú, una ciudad constituida principalmente por edificios de madera, se quemó prácticamente por completo, privando de forma efectiva a los franceses de la posibilidad de abrigarse en la ciudad. Se asume que el incendio de Moscú de 1812 fue debido a los sabotajes rusos.

Napoleón señalaría posteriormente que de haber salido de Moscú quince días antes podría haber destruido al ejército de Kutúzov acampado cerca de Tarútino (hoy en la óblast de Kaluga). Aunque esto no hubiera dejado en modo alguno a Rusia indefensa, sí la hubiera privado de la única concentración de tropas capaz de enfrentarse a los franceses. Tal vez de haber ocurrido esto, Alejandro se hubiera rendido, pero eso nunca podrá determinarse con exactitud.

Retirada francesa thumb|right|300px|Retirada de Moscú, cuadro pintado por Adolph Northern