miniaturadeimagen|Busto de Hipólito Bouchard en Francia.El crucero corsario de la fragata La Argentina también conocida como la expedición de Hipólito Bouchard fue una campaña naval de corso comandada por el marino francés al servicio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, sargento mayor de marina Hipólito Bouchard. La expedición contra barcos y puertos españoles en América y las Filipinas se desarrolló entre julio de 1817 y julio de 1819, formando parte de la Guerra de Independencia Hispanoamericana.

Bouchard circunnavegó el planeta comandando operaciones de corso, combates y otras incidencias en las costas de Madagascar, Indonesia, Filipinas, Hawái, California, México y Centroamérica, para luego terminar siendo apresado en Chile por cargos de piratería. Durante el crucero corsario de La Argentina se obtuvieron 26 presas y se realizaron 10 acciones militares. Reglamento Provisional para el Corso Mientras se desarrollaba la Guerra de Independencia los nuevos gobiernos independientes trataban de dañar el comercio marítimo de la Corona española y difundir la guerra en los territorios dominados aún por los españoles. Para ello, se valieron del corso marítimo, que permitía armar bajo su bandera a buques privados y atacar barcos realistas sin comprometer demasiados recursos del Estado en la empresa. Mediante esta modalidad, los corsarios bajo bandera argentina obtuvieron unos 150 barcos como presas entre 1814 y 1823. La guerra de corso era entonces considerada una forma legítima de guerrear y muchos corsarios estadounidenses basados en Baltimore que participaron en la guerra entre su país y el Reino Unido entre 1812 y 1814, obtuvieron luego patente de corso en Buenos Aires. El contrato entre los corsarios y el Estado se llamaba patente de corso, recibiendo los primeros derechos de atacar, apresar, saquear o destruir buques de bandera enemiga, quedándose con una parte de botín obtenido.

El 15 de mayo de 1817 el Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Juan Martín de Pueyrredón, expidió el Reglamento Provisional para el Corso, que especificaba la situación legal de los corsarios bajo bandera argentina.

Preparativos de la campaña Luego de que el 18 de junio de 1816 Bouchard retornara a Buenos Aires al mando de una de las presas que había obtenido, la fragata La Consecuencia, concluyendo su participación en la expedición corsaria comandada por Guillermo Brown contra los españoles en las costas sudamericanas del océano Pacífico, inició los preparativos para una nueva expedición de corso. El 9 de septiembre de 1816 el Gobierno lo ascendió a sargento mayor de marina. Bouchard junto a su armador, Vicente Anastasio de Echevarría, decidieron utilizar para la campaña que pensaban realizar a la fragata La Consecuencia, a la que cambiaron el nombre por La Argentina. Esta fragata contaba con un importante tamaño: 464 toneladas de desplazamiento y tenía 40 metros de eslora, 6,25 metros de manga y 2,10 metros de calado medio, por lo que su armado resultaba costoso. Echevarría adquirió 34 piezas de artillería, 18 cañones de a ocho y 16 carronadas de a doce, y contrató a carpinteros experimentados para que las emplazaran. Bouchard pidió la colaboración del Gobierno rioplatense, mediante una fianza de Juan José de Sarratea. El Estado aportó 4 cañones de bronce y 12 de hierro, 128 fusiles, 800 balas de cañón de a doce y 900 de a ocho. La embarcación contaba, además, con 3.000 balas de a veinticuatro, que al no poder ser utilizadas en combate servían de lastre, junto a 300 lingotes. No fue posible conseguir ni pistolas ni sables de abordaje, que eran esenciales para los combates a corta distancia. Bouchard le pidió al Gobierno que le entregara, al menos, 40 sables de caballería, pero el depósito ni siquiera contaba con esa cantidad. El ministro de Guerra y Marina, Matías Irigoyen, consiguió la entrega de seis quintales de plomo de las reservas del Estado, ya que no había podido encontrarlos en la ciudad. Por último, se instalaron dos hornallas a bordo, para calentar las balas encadenadas utilizadas para romper los mástiles e incendiar el velamen de las presas.

La tripulación Para la tripulación debían reclutarse 180 hombres, lo cual no era sencillo, ya que Bouchard se había ganado la fama de hombre duro. Los integrantes de la plana mayor eran: el capitán Nataniel Sommers, los primeros tenientes Williams Sheppard, Colvert Thompson, Daniel Oliver, Williams Mills, Miguel Burgués y Louis Greissac, el teniente de infantería José María Píriz, los cabos de presa Juan Arhens, Carlos Douglas y Martín Van Burgen. El cirujano era el fraile bethlemita Bernardo Copacabana, los pilotines Tomás Espora, Juan Agustín Merlo y Andrés Gómez. Echevarría había solicitado al Gobierno el uso del uniforme de la Marina de Guerra por parte de los oficiales de la campaña, tanto como motivación, como para mejorar el orden y el respeto a bordo. Los marinos eran en su mayoría extranjeros, aunque algunos de ellos eran oriundos de Buenos Aires y de las provincias de Corrientes y Entre Ríos. La infantería de desembarco era inexperta y la mayoría de los infantes pisaban por primera vez una cubierta.

Insubordinación de la tripulación En la noche del 25 de junio de 1817, todavía con La Argentina en el Puerto de Buenos Aires, se produjo un incidente a bordo. En medio de una discusión, un marinero abofeteó al armero, lo que era considerado un acto de indisciplina. Al enterarse Bouchard, dispuso el arresto del agresor, provocando la protesta de sus compañeros. Uno de estos marineros arrojó un hacha al comandante, por lo que el capitán Sommers lo mató de una estocada. Pero esto no produjo la calma de los marineros, quienes se concentraron en la batería del entrepuente hasta que fueron desalojados por la infantería de marina al mando de Sommers. Este episodio finalizó con dos muertos y cuatro heridos.

Tras el episodio, Echevarría decidió enviarle una carta al gobierno encabezado por Pueyrredón, argumentando que la insubordinación se debía a la permanencia de la fragata en el puerto, y que terminaría al abandonar el Buenos Aires. Sin embargo, el Gobierno se negó a permitir que zarpase la embarcación para realizar una investigación, aunque Echevarría logró que dos días después, La Argentina zarpara hacia la Ensenada de Barragán (a unos 60  hacia el sudeste), lo que provocó el surgimiento de rumores acerca de la deserción de Bouchard. En realidad, la fragata había abandonado el puerto sobre la base de una disposición general que establecía que los buques que se encontraran en el puerto porteño, por demoras en su cargamento u otras razones, debían abandonarlo para permitir que los buques de guerra y baterías costeras pudieran actuar con mayor eficacia en caso de un ataque enemigo.

Comienzo de la expedición thumb|200px|right|La acción contra los barcos esclavistas se basó en la posición del país frente a la esclavitud, según la libertad de vientres decretada por la Asamblea del año XIII. El 27 de junio de 1817 Bouchard y Echevarría obtuvieron la patente de corso N.º 116, expedida por el director supremo Pueyrredón. El 9 de julio de 1817 (primer aniversario de la declaración de la Independencia Argentina), la fragata La Argentina zarpó desde la Ensenada de Barragán para cumplir un crucero de corso que habría de durar dos años, llevando una patente extendida por 16 meses a contar desde el momento de su zarpada.

Al trazar el rumbo que seguiría la embarcación, Bouchard había planeado navegar en busca de la corriente sur atlántica, que atraviesa el océano Atlántico hasta las costas africanas, lo que le permitiría bordear el cabo de Buena Esperanza con el fin de perseguir los navíos de la Real Compañía de Filipinas que suponía navegaban por las costas de la India. El 19 de julio se produjo un incendio intencional en la nave que se extendió hasta el entrepuente y puso en peligro la vida de muchos tripulantes. La tripulación debió trabajar durante varias horas hasta poder controlar el incendio.

Madagascar

Al llegar al océano Índico, la nave se dirigió hacia el nordeste hasta alcanzar la isla de Madagascar. Tras dos meses de viaje, el 4 de septiembre de 1817 La Argentina ancló en Tamatave (actual Toamasina), al este de la isla.

Una vez instalados en Tamatave, un oficial británico se presentó a hablar con Bouchard. Su intención era pedirle apoyo para evitar que zarparan cuatro buques esclavistas. Bouchard le ofreció todas sus fuerzas para impedir el tráfico por parte de esos buques, de los cuales dos eran británicos, uno holandés y otro francés. El comandante ordenó que los cañones apuntasen a los barcos, mientras él, secundado por varios hombres armados, ejerció el derecho de visita que aplicaban en África, desde 1812, el Reino Unido y los Estados Unidos. Allí descubrió que las sospechas del oficial británico eran reales, por lo que decidió evitar que los buques abandonasen el puerto e hizo liberar a los esclavos. Al arribar la corbeta británica Conway, relevó a La Argentina en la vigilancia de los buques. Antes de zarpar, Bouchard le explicó al comandante de la corbeta la forma en la que había actuado. Después de este suceso, La Argentina levó anclas, no sin antes apoderarse de los alimentos de los buques esclavistas, librando una orden de pago en Buenos Aires, de tal manera que los barcos no podían zarpar sin alimentos para los esclavos. Cinco marineros del buque francés se sumaron a la expedición al saber que era comandada por un compatriota.

El escorbuto La embarcación retomó el rumbo nordeste para intentar atacar los buques españoles que se suponía que navegaban por la región. Durante ese trayecto la tripulación se vio afectada por el escorbuto, debido a las deficiencias en el consumo de alimentos frescos. Producto de la gran cantidad de enfermos, los trabajos de a bordo tuvieron que ser concentrados. A los pocos días el mal había afectado a gran parte de la tripulación, a tal punto que casi todos los días se arrojaba un cadáver por la borda, llegando a tener un centenar de enfermos a la vez.

El 18 de octubre avistaron una fragata estadounidense procedente del golfo de Bengala, que les comunicó que los buques españoles (de la Real Compañía de Filipinas) no traficaban hacía tres años en los puertos de la India. La Argentina siguió navegando rumbo a las islas Filipinas, resistiendo varias tempestades que la acompañaron hasta el estrecho de Sonda, que separa las islas de Java y Sumatra.

El 7 de noviembre de 1817 decidió fondear en la isla Nueva de la Cabeza de Java (isla de Peucang) para que los enfermos pudieran ser atendidos, los que fueron desembarcados y alojados en tiendas de campaña.

Luego de 8 días sin lograr la recuperación de los enfermos, el médico aconsejó que fueran enterrados hasta el cuello, procedimiento que aceleró la curación de algunos, y la muerte de los más enfermos, repitiéndose el enterramiento hasta lograr un desenlace.Quesada, Vicente Gaspar (1864): La Revista de Buenos Aires: historia americana, literatura y derecho, volumen 25, pág. 380. Editores: Miguel Navarro-Viola, y Vicente Gregorio Quesada. Buenos Aires: Imprenta de Mayo, 1864.

El escorbuto cobró la vida de unos 40 tripulantes.

Combate contra los piratas malayos

El 18 de noviembre La Argentina dejó la isla de Java continuando su trayecto hacia las Filipinas, habiendo perdido 40 hombres y con gran parte de la tripulación en estado de debilidad, especialmente los artilleros, atacados por la disentería y el escorbuto. Esta zona era muy peligrosa, ya que la frecuente presencia de piratas malayos era potenciada por las malas condiciones en las que se encontraba la tripulación. Los buques, o praos, utilizados por esos piratas se caracterizaban por ser de poco calado, llevar cañones en sus dos proas y utilizar una sola vela y fuertes remos.