miniatura|Tramo inicial de la calle Gran Vía donde confluye con la calle de Alcalá (izquierda) con el comienzo del primer tramo de la Gran Vía. miniatura|La Iglesia de San José fue el inicio de los derribos, a su derecha se encontraba la popular casa del cura. miniatura|El emblemático edificio Carrión. A su izquierda, quedaron los restos de la calle Jacometrezo; a su derecha, el tercer y más moderno tramo de la calle Gran Vía.

La Gran Vía es una avenida que forma parte del desarrollo urbanístico de Madrid, su historia comienza con el . La inauguración de las obras el 4 de abril de 1910, con un piquetazo, por Alfonso XIII confiere en la actualidad a esta avenida más de un siglo de vida. La decisión de construir la Gran Vía entendida como una vía ancha, que fuese elegante y atractiva, data de fechas anteriores, y se remonta al año 1862, justo después de la gran reforma de la puerta del Sol. Las diversas propuestas de realizar una Gran Vía se frustraron hasta que en los años de la primera década del se produjeron situaciones legales y sociales favorables. La motivación inicial de tal obra fue la descongestión del casco histórico a causa del creciente tráfico viario de calles como Caballero de Gracia y Montera, pero estas ideas iniciales poco a poco cayeron en el olvido y no se reactivaron hasta comienzos del . La Gran Vía nace con la intención de ser un centro emblemático, una avenida que comenzó a mostrar la transición de la ciudad desde la Corte a una moderna metrópoli. Una vía de comunicación que enlace los barrios del este con los del oeste de la ciudad.

La construcción de la Gran Vía requirió la demolición de casi trescientas viviendas, quince calles desaparecidas, nueve mil metros de aceras levantadas, veintinueve mil metros de adoquines, trasiego de cañerías y canalizaciones subterráneas diversas.Luis Prados de la Plaza, (2001), «Real Madrid: centenario Escrito», Madrid, pp:73 El primer tramo hasta la Red de San Luis tardó en acabarse casi cinco años. Tras él se comenzó el segundo tramo en 1917 hasta la plaza de Callao y tardó otros cinco años. El tercer tramo en 1922 hasta plaza de España se acabó en 1930. En total se necesitaron más de cuarenta años para terminar los 1306 metros de su trayecto. Durante este tiempo se condensó en una única avenida la historia contemporánea de España de un siglo. La Gran Vía se construyó en medio de muchos cambios sociales, políticos y de transiciones de concepto arquitectónico. La demolición de unos tramos iba acompañada simultáneamente con la edificación de otros. Este periodo se caracterizaba por la existencia de corrientes de eclecticismo arquitectónico. La aparición de nuevas formas de ocio como el cine, o de hábitos de consumo como los centros comerciales, medios de transporte como el suburbano. Todo ello ha dejado como resultado una avenida sin un "único estilo", que ha cristalizado en una evolución de estilos y funcionalidades desde el primer hasta el último tercer tramo.

La avenida tuvo a lo largo de su historia varias denominaciones, a veces incluso distintas dependiendo del tramo que se tratara. La avenida no tendría el nombre oficial unificado de "Gran Vía" hasta 1980 (nombre que poseía en lenguaje de la calle ya por los años 1960). La Gran Vía unificada tenía una longitud de 1306 metros. El protagonismo que adquirió la Gran Vía tras la construcción de sus primeros tramos dio lugar a una gran expectación popular que atrajo diversos establecimientos de diversión: cine, teatro y en la actualidad musicales. Esta situación de proliferación de cines durante los años 1930 le dio el apelativo de mini-Broadway o una Quinta Avenida. Su posición como parte central y vía de tránsito en Madrid hace que los hoteles y su proliferación sea importante ya desde sus comienzos.

Situación a finales del miniatura|El Teatro Apolo en la calle de Alcalá, ubicado junto a la Iglesia de San José. Por la época de la ilustración puede verse, a la izquierda, cómo el comienzo de la Gran Vía no existía.

El constante crecimiento demográfico de la capital afectaba a mediados del , en gran medida, al centro de la ciudad. Son numerosas las propuestas de remodelación, una de las primeras se debe a Mesonero Romanos que en el año 1846 expone una: "regularización y aprovechamiento interior con vistas a absorber el crecimiento demográfico de la Corte". Esta propuesta de Mesonero fue tomada como una referencia de otras que vendrían después. A partir del año 1857 esta expansión demográfica del núcleo interno de la ciudad se resuelve acomodando nuevos habitantes en las casas del centro histórico, es la denominada expansión en chocolatera que definió por primera vez el periodista Larra (expresión que se emplea para hacer un símil con el desbordamiento del chocolate de una chocolatera caliente). Este efecto se vería mitigado por los presupuestos asignados al Ensanche, diseñado por el urbanista Carlos María de Castro que planteaba un trazado de viviendas más allá del límite marcado por la cerca de Madrid. Este plan de ensanche, tras el periodo del Sexenio Revolucionario, acabó siendo denominado el "Plan del Futuro Madrid" de Ángel Fernández de los Ríos. Estos planes urbanísticos mejoraban las comunicaciones de la periferia, e iniciaban planes de reforma interior. La falta de presupuesto, y los cambios políticos, hicieron que estos proyectos urbanísticos quedaran pronto relegados al olvido.

La llegada de Sagasta al poder en el año 1886 y el entorno liberal de políticos como Segismundo Moret, José Abascal y Alberto Aguilera, junto con la colaboración de arquitectos como Mariano Belmás, Miguel Mathet, Carlos Velasco entre otros, hizo que regresaran, de nuevo, los intentos y formulaciones de cambio en la estructura urbana. Existía un precedente en Europa en la remodelación de París en el periodo que va desde 1852 a 1870 y llevadas a cabo por Napoleón III y el barón Haussmann, en Estados Unidos surge la corriente del City Beautiful Movement.

El ambiente de reforma urbanístico madrileño (inspirado por las corrientes krausistas del momento) era tan general que se extienden los iniciales planes de Reforma Interior, a los articulados en el Plan de ordenación del Extrarradio diseñados por el ingeniero Pedro Núñez Granés en 1910. Cabe pensar que la electricidad se instaló en el tejido industrial, los transportes públicos que conectaban una ciudad rápidamente esparcida y de forma irregular, con tranvías eléctricos que desde 1898 fueron sustituyendo los tranvías propulsados por caballos y los de vapor puestos en funcionamiento casi treinta años antes.

Planteamientos de Reforma Interior

Tras la reforma de ampliación realizada en la Puerta del Sol se dejó un área uniforme y preparada para la acomodación de los nuevos medios de transporte que se avecinaban con la llegada del siglo. La reforma involucró la expropiación, y posterior derribo, de una treintena de casas, operación que acabó con un ensanche y remodelación del área. Anteriormente a 1868 todos los planteamientos de reforma urbana partían aún de la necesidad de reforzar urbanísticamente la centralidad de la Puerta del Sol, veinticinco años después, ya se comienza a pensar en la necesidad de plantear la reforma interior como instrumento de su descongestión, utilizándose para ello una doble vía. Una propuesta temprana a comienzos del proviene del arquitecto José Grases Riera en la que muestra su proyecto titulado: "La mejor calle de Europa en Madrid, Gran Vía central de norte a sur".

Una de las propuestas para crear una nueva vía surge en la denominada Vía Diagonal que conectase el ensanche norte de la ciudad con la zona sur (puerta de Toledo y paseo de las Delicias). Esta calle ancha podría "descargar" de tráfico a la calle Alcalá (desde la calle Peligros y Sevilla) y sus aledañas. El ensanche de la calle Sevilla, que tardó casi diez años en llevarse a cabo, fue el inicio descontinuado de este primer fracasado intento. En marzo de 1886 se presenta el proyecto de Gran Vía Transversal (en el eje Este-Oeste). Presentado por Carlos Velasco y fuertemente apoyado por José Abascal (desde el Ayuntamiento) y Alberto Aguilera (desde el Gobierno Civil).Carlos Velasco, Memoria del 3 de marzo de 1886, Proyecto de prolongación de la calle Preciados, describiendo una gran avenida transversal este-oeste entre la calle de Alcalá y la plaza de San Marcial, Madrid. El expediente relativo a la redacción de este proyecto se encuentra en Archivo de la Villa; Sección Secretaría, 33-136-20 La propuesta incluía la modificación de las calles que comenzando su punto de partida en la calle de Alcalá, frente a la iglesia de San José, y que desembocara, al igual que todas las anteriormente proyectadas, en la plaza de San Marcial (actualmente la plaza de España). Una Vía en línea recta de más de un kilómetro en la que se planteaba una pequeña quebrada de 175º a la altura de la plaza de los Móstenes. Esta propuesta fue la que finalmente lograra la aprobación popular. Hubo otras propuestas como el "Plano general de gran vía de comunicación desde la puerta del Sol hasta el Ferrocarril del Norte", diseñado por los arquitectos municipales Francisco Verea y Joaquín María Vega el 24 de junio de 1882.AVM: 4-313-2. "Proyecto para comunicar directamente la puerta del Sol con el ferrocarril del Norte". Madrid, 24 de junio de 1882. Firmado por el arquitecto municipal Francisco Verea.

Impacto del "Proyecto Velasco" El proyecto presentaba una avenida de 25 o 30 metros de ancho con glorietas en los cruces con las calles más importantes. El proyecto tampoco se llevó a cabo por la oposición los vecinos, la falta de presupuesto y la muerte de Velasco en mayo de 1888 acabó dejando el proyecto en el olvido. Como dato curioso, aunque ya presente en otras calles similares de ciudades europeas, se puede señalar que Velasco propuso pavimentar la calzada con madera. En 1862 la Junta Consultiva de Policía Urbana emite un informe sobre las alineaciones a lo largo de la calle Preciados tras la reforma de la Puerta del Sol en el que se proponían nuevos trazados de calles.

El proyecto de Carlos Velasco reunió pronto sus defensores y detractores, su polémica se debatía en todas partes del Madrid decimonónico. El debate se pudo ver en los diferentes estamentos de la sociedad y una muestra puede verse en la obra de zarzuela creada por el popular compositor Federico Chueca (con libreto de Felipe Pérez y González) denominada La Gran Vía y en la que se plasma el revuelo social suscitado por los planes de su construcción. La zarzuela se estrena el 2 de julio de 1886 por el empresario Felipe Ducazcal en un escenario de madera de los Jardines del Buen Retiro, el Teatro Felipe. El éxito de la obra fue tan grande que el día 25 de marzo de 1896 se estrenaba, de nuevo, en el popular Teatro Apolo cercano a la que sería Gran Vía años después. Se representaba dos veces por noche en primera y cuarta sección (tres los días festivos). Llegó a representarse en Italia. El pueblo de Madrid hablaba y debatía en los Cafés sobre la conveniencia de una Gran Vía antes ya de que existiera, incluso antes de que en 1910 se derribara el primer ladrillo de las demoliciones. El éxito de la zarzuela, indicado por las alabanzas de los periódicos de la época, muestra gran interés popular a finales del . El periódico El Liberal tenía una columna diaria dedicada a todo lo que la reforma fuera significando para la ciudad.

Gestación, expropiación, subastas y derribos