thumb|right|En 1362, las Grandes Compañías vencen al ejército del rey de Francia en la batalla de Brignais. Las grandes compañías (en inglés: free companies, compañías libres) eran ejércitos de mercenarios de la Baja Edad Media y del Renacimiento en Europa, que actuaban con independencia de cualquier gobierno o señorío. Eran "libres" porque vendían sus servicios al mejor postor, reyes y nobles, y cambiaban de bando con facilidad. En tiempos de guerra, se alababa su eficacia como soldados aguerridos hechos para el combate. En tiempos de paz o de tregua, cuando no estaban empleados, vivían del saqueo de pueblos, ciudades y castillos donde a veces se atrincheraban, extorsionando a los habitantes y a los señores y robando las cosechas. Las crónicas de la época describen su extrema crueldad, y las de Jean Froissart retratan a varios de sus jefes. Operaban fuera de la ley de las armas, altamente estructurada.M.H. Keen, The Laws of War in the Late Middle Ages, University of Toronto Press, 1965.
El término se aplica sobre todo a las compañías de mercenarios que se formaron después de la Paz de Brétigny en 1360, durante la Guerra de los Cien Años. Aparecen principalmente en Francia, desde antes del , donde se les llamaba routiers ("carreteros") porque recorrían las carreteras y caminos del país. Muchas de las "grandes compañías" no se limitaban al ámbito de un solo país, y el fenómeno afectó a varios países europeos.
Orígenes El sistema militar feudal resultó ser muy ineficaz durante la Guerra de los Cien Años: en Francia, la nobleza de espada contaba con un número limitado de comandantes que actuaban en el campo de batalla según el viejo código de honor de la caballería medieval. Por otro lado, los soldados no estaban cualificados debido a que eran empleados sólo de forma temporal. En Inglaterra, ya era habitual contratar los servicios de tropas mercenarias aguerridas. Pronto se vio que la profesionalidad y la destreza de los soldados importaba más que su número,Peter Warren Singer, Corporate Warriors. The Rise of the Privatized Military Industry como en las grandes derrotas de las tropas francesas frente a los arqueros ingleses en las batallas de Poitiers, Crécy y Azincourt.
En este contexto bélico, las bandas de aventureros, bandidos y vagabundos que erraban por los países europeos encontraron un empleo lucrativo uniéndose a las tropas profesionales que el rey Eduardo III de Inglaterra había licenciado al detenerse la guerra tras la paz de Brétigny de 1360. Sus jefes podían ser de su misma condición o miembros de la pequeña nobleza con pocos recursos (a menudo hijos menores o bastardos) o cuyas tierras habían sido devastadas por la guerra; abundaban en Bretaña y en el suroeste de Francia. Las pequeñas bandas de routiers pasaron a conformar grandes entidades muy organizadas a fin de protegerse y venderse mejor. Se autodenominaron "compañías"Según Peter Warren Singer, de "con pane", el pan que en su origen se les entregaba. Según Philippe Contamine, el nombre provendría de la antigua palabra francesa campaigne (campiña o campo), lugar predilecto de las exacciones de las compañías. y se les llamó en un principio "ingleses" debido a que las primeras grandes compañías procedían en su mayoría del ejército inglés.Philippe Contamine, págs. 371-377
Características Si el saqueo de los pueblos y castillos conquistados era habitual por parte de los soldados de cualquier ejército medieval, el botín no constituía su principal motivación y llevaban una guerra considerada "justa", amparados por la autoridad de un señor o príncipe legítimo. La rapiña, la extorsión y el saqueo eran, al contrario, el único propósito que perseguían las compañías. Dieron lugar a una verdadera clase militar que se sustentaba por sí sola y no dependía de la lealtad a un señor feudal, un país o una región; no eran leales más que a su propia compañía y a quien les contrataba en un momento determinado. En una sociedad feudal altamente estructurada y jerarquizada, eran "libres".Philippe Contamine, págs. 371-377
Los guerreros de las compañías eran en su mayoría desarraigados y muchos no tenían lugar a donde regresar cuando llegaba la paz. Es por lo tanto en tiempo de paz y de tregua que aparecían, devastando el campo y sus aldeas, las fortalezas y los conventos. Extorsionaban ciudades enteras a las que exigían un rescate a cambio de no saquearlas. Libraban sus propias guerras preferentemente donde la autoridad monárquica y feudal era débil, o donde la poca solidaridad entre los señores feudales impedía que se interviniera de manera eficaz contra ellos. Era el caso del reino francés en 1360, donde actuaron durante muchos años con casi total impunidad. También se cebaban en regiones ricas y poco devastadas por la guerra, como fueron Borgoña, el valle del Ródano y el Estado papal de Aviñón, reputado por sus grandes riquezas.Philippe Contamine, págs. 371-377
En España
En Francia Asolaron particularmente Francia durante la Guerra de los Cien Años, bajo los reinados de Juan II y de Carlos V.
Reinado de Juan el Bueno (Juan II de Francia) La lucha contra las compañías fue uno de los grandes retos de Juan el Bueno cuando regresó de su cautividad en Inglaterra en 1360. Durante la tregua, las tropas mercenarias desmovilizadas se negaron a disolverse: sin hogar ni otro oficio que el de la guerra, se unieron en bandas de gran tamaño, como la Grande Compagnie, la Compañía Blanca o la de los Tard-Venus. Esta última se componía de compañías de 200 a 300 guerreros que llegaban a formar un verdadero ejército privado de hasta 12.000 a 15.000 hombres cuando era necesario alcanzar o defender un objetivo común. Para asegurar su subsistencia a la espera de ser contratados de nuevo por algún príncipe, los Tard-Venus devastaron la Champaña, la Bresse y el Beaujolais antes de amenazar la ciudad de Lyon. Decidido a acabar con ellos, el rey Juan el Bueno envió en 1362 sus tropas capitaneadas por Jaime de Borbón, conde de La Marche, para atacar a la compañía atrincherada en el castillo de Brignais, pero la batalla se saldó por una derrota aplastante de las tropas reales. Este fracaso frente al avance de las compañías sembró el pánico en el país: parte de éstas, lideradas por Seguin de Badefol, se instalaron en el valle del río Saône, al norte de Lyon, mientras otra columna mandada por Arnaud de Cervole arrasó el Forez y el valle del Ródano antes de proseguir hacia Languedoc y Provenza, donde extorsionaron al papado en Aviñón.Artículo les Tard-Venus en la enciclopedia Larousse en línea Pero como las compañías no perseguían ningún objetivo político ni territorial, su unidad temporal se deshizo rápidamente y cada compañía volvió a su búsqueda de empleo.
Mientras tanto Carlos II de Navarra, apodado el Malo, pretendía imponer sus derechos al trono de Francia y al ducado de Borgoña reclutando compañías de mercenarios ingleses, normandos y navarros. Dominaban la mayoría de las plazas fuertes de Normandía, donde sembraban el terror, y amenazaban París y Borgoña. Por su parte, el duque de Borgoña, Felipe el Atrevido, tomó a su servicio en 1363 al Tard-Venu Arnaud de Cervole, conocido como "el Arcipreste", cuyas tropas extorsionaban Borgoña. Arnaud de Cervole hasta fue padrino del hijo mayor del joven duque y recibió cuantiosas retribuciones del rey de Francia, Juan el Bueno, y del duque de Borgoña, a cambio de abandonar el pillaje.Françoise Autrand, págs. 499, 503 Felipe el Atrevido contó con los servicios de Arnaud de Cervole hasta 1366, fecha en la que el routier fue asesinado por uno de sus hombres.
Regencia y reinado de Carlos V de Francia Aprovechando la paz de Brétigny, Juan el Bueno y su hijo el Delfín Carlos V de Francia (Juan el Bueno regresó voluntariamente a su cautiverio en Londres en 1364, después de la evasión de su hijo Luis I de Anjou, rehén en aplicación de los acuerdos de paz) decidieron fortalecer la autoridad real y restablecer la estabilidad financiera del país,El franco fue creado el 5 de diciembre de 1360 (Thierry Pécout, Charles V donne naissance au franc: Ces rois qui ont tout changé (Carlos V crea el franco: aquellos reyes que cambiaron todo), Historia thématique, n° 107, mayo-junio 2007, pág. 35 una empresa que pasaba por erradicar a las compañías mercenarias que sangraban el país. Gracias a los impuestos votados por los Estados Generales de 1363 para el pago del rescate a Eduardo III de Inglaterra, el futuro rey pudo financiar la creación de un ejército permanente, cuya organización territorial fue confiada a sus hermanos Luis I de Anjou, Juan I de Berry y Felipe II de Borgoña, apodado Felipe el Atrevido.Françoise Autrand, pág. 518 Felipe II de Borgoña condujo una campaña contra las compañías navarras de Carlos II de Navarra en Normandía y en la Beauce.Françoise Autrand, pág. 514 Mientras tanto, en Borgoña, el entonces bailío de Dijon y futuro preboste de París, Hugues Aubriot, persiguió a Arnaud de Cervole. Estas campañas permitieron rodar un ejército de 5.000 a 6.000 hombres, compuesto de pequeñas compañías de un centenar de voluntarios aguerridos, bajo el mando de jefes militares experimentados y leales a la corona, como Bertrand du Guesclin, su primo Olivier de Mauny y Olivier de Clisson.Françoise Autrand, págs. 602-604
La victoria de Cocherel en mayo de 1364, justo después de la muerte de Juan el Bueno, permitió demostrar la valía de ese embrión de ejército real. Después de una ofensiva victoriosa en Normandía, las tropas del rey mandadas por Bertrand du Guesclin vencieron a las de Carlos de Navarra con el objetivo de levantar el bloqueo que las compañías de éste mantenían sobre el tráfico fluvial en el río Sena y de liberar el acceso a París, donde el Delfín había de ser coronado rey. En esa batalla, las tropas anglo-navarras de Carlos II de Navarra eran secundadas por las compañías lideradas por el routier Arnaud-Amanieu de Albret, mientras que las tropas francesas contaban con el refuerzo de las compañías de Arnaud de Cervole. El joven rey tomó entonces una decisión que ilustraba su voluntad de luchar contra las compañías de mercenarios: en vez de pedir un rescate por los prisonieros franceses capturados en Cocherel, según la tradición de las guerras medievales, les mandó decapitar. Significaba así que la guerra privada contra el Rey de ahora en adelante iba a ser considerada como una traición.Jean Favier, pág. 300. Carlos V afrontó el problema de la supremacía militar de las compañías con rigor y firmeza, y el país entero se movilizó gracias a las subvenciones recibidas del Estado: ya no se negociaba con los routiers, y las ciudades, el campesinado y los caballeros enviaban contingentes de soldados para unirse al ejército del Rey. Los mercenarios franceses capturados eran ejecutados y las peticiones de rescate se limitaban a los extranjeros particularmente valiosos.
Pero en 1365, el final de la Guerra de Sucesión Bretona desmovilizó a un gran número de guerreros bretones que pasaron a engrosar las filas de las grandes compañías. Con la esperanza de que el final de la guerra civil volviese a Francia menos atractiva para los mercenarios privados, los príncipes idearon una nueva táctica para librarse de las grandes compañías. El papa Urbano V había pensado financiar una cruzada para alejarles de la región de Aviñón que asolaban,Georges Minois, La guerre de Cent Ans, Perrin, 2008, pág. 192. por lo que en 1365 el duque de Borgoña, Felipe el Atrevido, y su tío Carlos IV, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, le propusieron organizar una cruzada a Hungría, amenazada por el avance de las tropas otomanas. Arnaud de Cervole encabezó un ejército que no consiguió llegar más allá de Estrasburgo debido a que las ciudades se atrincheraban ante la llegada de los routiers. La cruzada saqueó entonces Lorena, el macizo de los Vosgos y el valle del Rin.Françoise Autrand, pág. 501. Se les ofreció llevarles a Hungría por mar, pero las compañías se negaron, convirtiendo la cruzada en un fracaso estrepitoso.