La historia de Rumania durante la Primera Guerra Mundial discurre en varias fases: primero un periodo de neutralidad que duró desde el estallido de la contienda mundial en 1914 hasta la entrada del país en el conflicto en agosto de 1916; luego las batallas en 1917, enmarcadas entre las que se libraron en el frente oriental; seguidamente un periodo de rendición tras la revolución rusa; y finalmente la reanudación de los combates a finales de 1918. En la guerra, el Reino de Rumania y el Imperio ruso se enfrentaron a los ejércitos de los Imperios Centrales. El país se contó entre los vencedores de la guerra, lo que facilitó las concesiones de territorio y población que engrandecieron Rumanía.

Rumania permaneció neutral cuando estalló la guerra en agosto de 1914 pese a la alianza que la ligaba a Alemania y Austria-Hungría. Los bandos enfrentados trataron de atraerse al país con promesas territoriales, competición en la que la Triple Entente gozaba de ventaja al poder ofrecer Transilvania y Bucovina. El objetivo de los mandatarios rumanos era completar la «unión nacional» mediante la obtención de los territorios con población de lengua rumana, fundamentalmente Transilvania, Bucovina y el Banato. Rumania accedió a entrar en guerra junto a la Triple Entente en agosto de 1916, tras dos largos años de neutralidad, a cambio de grandes concesiones territoriales. El país se sumó al bando que creía que pronto alcanzaría la victoria.

Las fuerzas rumanas irrumpieron en la deseada Transilvania austrohúngara, pero la rápida declaración de guerra de Bulgaria hizo que el alto mando detuviese el avance de los ejércitos en el noroeste y perdiese la iniciativa militar, que quedó en manos del enemigo, dirigido por dos brillantes jefes alemanes: August von Mackensen y Erich von Falkenhayn. Las tropas rumanas eran valientes, pero bisoñas, estaban mal armadas y peor mandadas y tuvieron que enfrentarse a un enemigo que las acometía en dos frentes, el transilvano al noroeste y el del Danubio al sur. Von Falkenhayn expulsó a los invasores de Transilvania y penetró en Valaquia entre mediados de septiembre y principios de noviembre, mientras que Von Mackensen se adueñaba de casi toda la Dobruya. A finales de diciembre de 1916, los Imperios centrales se habían apoderado de toda Valaquia y de la Dobruya. La intervención que debía haber allanado la victoria de la Triple Entente concluyó en realidad en un gran descalabro tras una campaña de apenas ciento cuarenta días.

El Gobierno tuvo que refugiarse en Moldavia, protegido por más de medio millón de soldados rusos. Tan solo el auxilio ruso y el crudísimo invierno de 1916-1917 permitieron frenar a los ejércitos de los Imperios centrales en los límites de la región. En el verano de 1917, sin embargo, el remozado ejército rumano, con algo de ayuda rusa, logró desbaratar el intento de los Imperios Centrales de apoderarse también de ella. Luego la radicalización de la revolución en Rusia cambió la situación: Rumania no solo perdió el sostén de las divisiones rusas, imprescindible para defender el frente, sino también su única fuente de suministros militares. Cuando los bolcheviques tomaron el poder en Rusia y firmaron el Tratado de Brest-Litovsk, Rumania quedó aislada y rodeada por el enemigo y no tuvo más remedio que negociar un armisticio, que se firmó el 9 de diciembre en Focșani. Posteriormente hubo de suscribir el tratado de paz de Bucarest el 7 de mayo de 1918, que hizo del país en la práctica una colonia de los Imperios Centrales. Los abastos que estos obtuvieron de Rumania fueron vitales para que pudieran seguir combatiendo hasta finales de 1918.John Keegan, World War I, pg. 308

Después de que la ofensiva aliada en Macedonia hiciese que Bulgaria tuviese que solicitar la paz, Rumania volvió a entrar en combate el 10 de noviembre de 1918, un día antes de que la guerra acabase en el frente occidental. Brătianu, nuevamente primer ministro, se desplazó a París en enero de 1919 para encabezar la delegación rumana que iba a participar en la Conferencia de Paz de París. Allí pasó seis meses defendiendo inflexiblemente la postura rumana, sin lograr, no obstante, todos los objetivos fijados en el tratado de 1916, aunque sí la anexión de Bucovina, Besarabia y Transilvania. En el otoño de 1920, las nuevas fronteras rumanas habían recibido ya en general el reconocimiento internacional. El país había crecido notablemente, tanto en territorio como en población (296 000 km² con 16 250 000 habitantes, según datos de 1919). En cambio, había adquirido abundantes minorías (un 30 % de la población). También había perdido aproximadamente un 10 % de la población prebélica en el conflicto. Las pérdidas económicas debidas a la guerra también habían sido enormes: en 1918 el país producía un 53 % menos de petróleo, un 59 % menos de carbón y un 81,6 % menos de hierro que en 1913-1914. La economía tardó en recuperarse: hasta 1922 no se recobró el nivel de producción agraria de 1913 y el industrial solo se alcanzó en 1924. La inflación de la posguerra y la desorganización del comercio causadas por la contienda perduraron hasta mediada la década de 1920 y afectaron duramente a las clases más humildes.

Antecedentes El territorio del reino de Rumanía en 1914, previo al estallido de la Primera Guerra Mundial. Las relaciones con los países vecinos eran tensas por las disputas territoriales con Rumanía.|miniatura|upright=1.7 Situación geográfica del país Rumania lo componían tres territorios bien diferenciados a principios del : la llana y fértil Valaquia (formada a su vez por Muntenia y Oltenia), al sur; Moldavia, tierra de colinas, al norte; y la llana y pantanosa Dobruya, al sureste, en la desembocadura del Danubio. La primera era feraz en cereal, en especial en trigo, mientras que la segunda contaba con ricos depósitos de minerales y de petróleo en las comarcas cercanas a los Cárpatos. El país tenía una extensión 139 080 km².

Tenía frontera con otras cuatro naciones: Rusia (situada al noreste), Austria-Hungría (al noroeste), Serbia (al suroeste) y Bulgaria (al sur). Una larga frontera montañosa trazada a lo largo de los Cárpatos y de los Alpes de Transilvania separaba al país de Austria-Hungría. La forma de las cordilleras hacía que la frontera se curvase en ángulo, en cuyo espacio interior se hallaba la codiciada región de Transilvania. Una serie de puertos de montaña permitía cruzar la frontera. La anchura de las cordilleras fronterizas, sin embargo, complicaba la invasión rumana de la región. En el sur, la frontera búlgara estaba defendida por el ancho Danubio, que carecía de puentes permanentes, y por terrenos pantanosos en sus riberas. Superados estos obstáculos, sin embargo, la capital rumana estaba desprotegida, pues solo una llanura la separaba del gran río. El principal obstáculo al avance de un posible invasor en el interior del país era el río Seret, afluente del Danubio. En el sureste, en la Dobruya, se encontraba tanto el territorio más propicio para atacar Bulgaria como el importante ferrocarril que unía la capital con el puerto de Constanza, junto al mar Negro.

Relaciones con los países vecinos miniatura|Europa al iniciarse la guerra en 1914.

Las relaciones del país con sus vecinos eran, en general, malas. Con Austria-Hungría existía la liga secreta de 1883, pero el deseo rumano de apoderarse de la Transilvania húngara hacía que la alianza fuese muy endeble. El imperio vecino había apoyado además a Bulgaria en las guerras balcánicas, lo que había disgustado a Rumania, coligada con los vencedores contra esta. Con Bulgaria Rumania se disputaba la Dobruya, territorio del bajo Danubio que había logrado arrebatarle durante la segunda guerra balcánica y que aquella deseaba recuperar.

Las relaciones con Rusia tampoco eran cordiales, ya que esta se había apoderado de Besarabia en el Tratado de San Stefano que puso fin a la guerra ruso-turca (1877-1878) y la había mantenido en el de Berlín, de cuya redacción se había excluido a Rumania. Con Serbia, por el contrario, las relaciones eran buenas: ambas naciones estaban coligadas desde 1913, cuando se habían unido para enfrentarse a Bulgaria. Las dos deseaban mantener el equilibrio de poder surgido de las guerras balcánicas.

Situación económica y social del país

El país era eminentemente agrícola, uno de los principales exportadores de cereal del mundo. Carecía de un proletariado industrial notable. Contaba con importantes yacimientos petrolíferos, que explotaban mayoritariamente empresas extranjeras (una estadounidense, otra alemana y una tercera angloholandesa). Los principales países exportadores al mercado rumano fueron, entre 1910 y 1914: Alemania (36 % en media), Austria-Hungría (24 %), el Reino Unido (13 %), Francia (6 %) e Italia (5 %). El país que acaparaba más exportaciones rumanas era con mucho Bélgica, con más del doble que cualquier otro; la exportación consistía casi exclusivamente en cereal. A Bélgica le seguían los Países Bajos e Italia. Austria-Hungría, sin embargo, era el destino del mayor número de productos en 1914, habiendo adelantado al resto de naciones. Las principales exportaciones del país en los años que precedieron a la guerra mundial eran cereales (67-68 %), petróleo (18-19 %), plantas (3-6 %) y madera y derivados (1-4 %).

La población en 1914 era de 7 768 341 habitantes. El 81,9 % de la población vivía en el campo, proporción que apenas había cambiado desde 1899. La mayoría era pobre y vivía de manera primitiva. Únicamente la capital, Bucarest, contaba con más de 100 000 habitantes (345 628 en 1914). El analfabetismo estaba mucho más extendido que en países de población similar: el 60,7 % de los mayores de 7 años lo eran, frente al 13,1 % de Bélgica. Casi la mitad de la población infantil no acudía a la escuela en 1912. Apenas unos diecisiete mil personas cursaban enseñanza secundaria en 1910-1911 y por entonces el país contaba con dos universidades (en Bucarest y Iași).

El país tenía superávit presupuestario y los principales ingresos estatales provenían de los monopolios públicos (tabaco, sal y juegos de naipes), los servicios (correos y ferrocarriles) y de impuestos indirectos. Pagaba las importaciones esencialmente mediante la exportación de trigo, que se producía sobre todo en los latifundios que ocupaban el 47 % de las tierras cultivables. Rumania era el sexto exportador de trigo del mundo. El otro cultivo principal era el maíz, alimento esencial de la población rural.

La red de ferrocarriles estaba casi completamente en manos del Estado. Había unos 4023 km de vía en 1916, un cuarto de las cuales eran estrechas. La densidad de vías era menor que la francesa o la estadounidense, pero mayor que la de los países balcánicos y las zonas más atrasadas del vecino Imperio austrohúngaro. La principal línea recorría el país de este a oeste por la llanura, desde Constanza hasta las Puertas de Hierro, para continuar luego hacia el noreste, hacia Budapest. Solo había una conexión ferroviaria con Bulgaria, mediante un ramal de la línea principal que conectaba con esta en Medgidia. Otra importante línea comunicaba la capital con Czernowitz, ya en la Bukovina austriaca, recorriendo Moldavia; esta línea llevaba a Leópolis y Varsovia. Otros tres ramales comunicaban con Transilvania, cruzando los puertos carpáticos de Turnu Rosi, Predeal y Gyimes. El único gran puerto con capacidad para buques oceánicos y con buenas comunicaciones con el interior del país era el de Constanza. Los de Galați y Brăila, junto al Danubio, eran de más difícil acceso y se helaban durante un trimestre al año. La exportación de grano se concentraba, sin embargo, en el puerto de Sulina. El Danubio era por entonces una de las principales vías comerciales europeas y el transporte fluvial estaba fundamentalmente en manos alemanas y austrohúngaras.

Periodo de neutralidad y negociación con los beligerantes La Triple Alianza y la postura del rey y del gobierno