El Ejército de República Dominicana (abreviado como ERD) es la rama de las Fuerzas Armadas de República Dominicana; responsabilizada en las operaciones militares terrestres.

Como servicio militar uniformado es una de las tres dependencias de las Fuerzas Armadas . Este ejército está dirigido por el Comandante General Jorge Iván Camino Pérez; que también es miembro del Estado Mayor Conjunto. En el año fiscal 2023, la fuerza del ejército regular era de 23,712 soldados, de los cuales 20,217 eran hombres y 7,495 mujeres 6,890 conscriptos de los cuales tan solo 527 son mujeres y 10,279 Asimilados Militares, todos hombres La fuerza combinada era por tanto de 78,872 soldados Como rama de las fuerzas armadas de la República Dominicana, la misión de este ejército es «defender la integridad, soberanía e independencia de la Nación. Defender la Constitución, las leyes y las instituciones de la República. Concurrir en auxilio de la Policía Nacional para mantener o restablecer el orden público en casos excepcionales y formar parte de la Fuerza Pública bajo el control de la Junta Central Electoral durante las elecciones nacionales programadas por este organismo.»

Historia

Capitanía General de Santo Domingo y la Guerra de Reconquista

La isla Española, constituyó un importante enclave a lo largo de todo el período colonial y albergó como sede a la Audiencia de Santo Domingo, la primera en América (1511), cuya jurisdicción se extendía sobre todo el Caribe. En 1697, por la Paz de Ryswick quedó dividida en dos comunidades: la hispana en la zona oriental y la francesa en la occidental; permaneciendo así hasta 1795, con la cesión de la soberanía sobre el occidente de la isla a Francia por el Tratado de Basilea, siendo recuperada la soberanía española en 1808. Proclamada independiente en 1821, ocupada por Haití en 1822, de nuevo liberada en 1844, e incorporada de nuevo a España en 1861 por decisión de sus propios gobernantes, se constituyó definitivamente en república independiente en 1865.

Por estos avatares y vaivenes políticos y por su posición y situación estratégica, la historia bélica de Santo Domingo es larga y compleja. En el , en esta isla está marcado en lo exterior, por una racional defensa y por cierta calma en cuanto a conflictos internacionales librados en su suelo. Sin embargo, en el interior de la isla a lo largo de la frontera entre las posesiones españolas y francesas, una línea Norte-Sur, nada clara y poco definida; constituía una zona de continua fricción y problemas.

Distribución de los cuerpos de milicias de la Capitanía General de Santo Domingo para el 1721: InfanteríaCapitanesAlférecesSargentosOf. Reforms.CabosSoldadosTotalSanto Domingo55553618439508San Carlos222239119137San Lorenzo de los Negros Mina 22228896118Santiago66662819561626La Vega222288312334Cotuí222217135149Hincha222218190205Bánica222223127138Azua333347206226Higüey1111035460El Seibo222249162181Bayaguana1111057886Monte Plata1111226067Total313131319710625392835CaballeríaCapitanesAlférecesSargentosOf. Reforms.CabosSoldadosTotalSanto Domingo2222277489Santiago1111124955Azua1111135360Total4444412176204Total General3039

En 1738, es promulgado el "Reglamento para la guarnición de la plaza de Santo Domingo, en la isla Española, castillos y fuertes de su jurisdicción". Con ello se pretendía subsanar muchos de los defectos advertidos en el ejército ubicado en la isla, como: desigualdad en las dotaciones de las compañías, en unas sobraban soldados y en otras faltaban; sueldos diferentes en oficiales de idéntica graduación, dándose incluso la paradoja de que algunos soldados cobraban más que los sargentos; diversidad en la forma de vestir de cada militar; pocas órdenes para asegurar la disciplina, etc. A fin de remediar estas deficiencias, el Reglamento establecía, entre otras, las siguientes disposiciones: Creación del Batallón Fijo, con seiscientos treinta y siete hombres, incluidos sargentos y tambores, "que son los que se consideran para una vigorosa defensa". Habría siete compañías de Infantería (una de ellas de Granaderos), una de Artillería y dos de Caballería, que sustituían a las Tropas del Norte y del Sur. Salarios iguales y correspondientes según graduación y mando, más unas gratificaciones adicionales para Oficiales y Suboficiales, si sus compañías se mantenían con un número determinado de soldados. Ninguna persona perteneciente a Clase o Tropa podía ocupar dos puestos o percibir dos salarios. Autorización para que la mitad de los hombres de cada compañía pudieran ser naturales de la isla, si reunían los requisitos de descender de españoles peninsulares, ser solteros, no ejercer ningún otro oficio (la dedicación exclusiva al ejército se hace extensible a todos los miembros de las Fuerzas Armadas), alojarse en los cuarteles y hacer el servicio igual que los procedentes de España.

Edad de enrolamiento: dieciséis años para los nacidos en España y veinte para los criollos. La caballería miliciana quedaba bajo el mando del Capitán más antiguo de las dos compañías de caballos fronterizas recién formadas. Unificación de los uniformes. El de cada compañía tendría unos distintivos diferentes. Exigencia de cierto nivel cultural (saber leer y escribir), para poder ser suboficial. Creación de una academia donde instruir a los soldados, al objeto de tener militares bien preparados. En ella debía enseñarse arquitectura militar, defensa y ataques de plazas, manejo de armas, formación de batallones y escuadrones, geometría, trigonometría, cosmografía, náutica y otras facultades útiles al servicio de mar y tierra, según especifica el dicho Reglamento.

Algunas de las unidades formaron parte de la guarnición de la Capitanía General de Santo Domingo, durante el periodo colonial fueron: El Batallón Fijo de Santo Domingo (formado en 1738) constituido de 6 Compañías de Fusileros, 1 de Granaderos, 1 de Artilleros, 2 de Caballería con un total de 637 hombres y en 1771 aumentado por una 7a y 8a compañías de Fusileros y en 1773 a 12 compañías. Su uniforme era casaca, chupa y calzón blanco, con vueltas y cuello de color azul. Sombrero negro de tres picos con galón blanco y escarapela encarnado con distintivos.

La Compañía de Artillería, esta unidad se levantó en la isla a principios del y se mantuvo hasta la retirada de las tropas españolas de Santo Domingo. A lo largo de todo este periodo sus efectivos sufrieron varias modificaciones, denominándose al principio "Compañía de Artilleros", sin que su jefe contara con las prerrogativas de un auténtico Capitán del Arma de Artillería hasta 1716, año en que se nombró a Diego de Figueroa como Capitán de la Compañía. Las dos Compañías de Caballería que existían en 1720 en las costas norte y sur de la frontera con la parte francesa de la isla, estaban formadas por "patricios " de aquellas tierras, pero gozaban de un sueldo igual que les correspondía a los Soldados del Presidio de Santo Domingo. Las Milicias Santo Domingo, Compañías Blancas de Milicias Voluntarias de infantería de Santo Domingo, Junto a las fuerzas de Dotación, contribuían a la defensa de la isla las Compañías Milicianas de Voluntarios, existentes ya desde principios de siglo. No cumplían su servicio en un lugar concreto, sino que eran enviadas a distintos lugares de la isla en caso de alertas, peligros o conflictos reales, o bien para completar la dotación en caso de que mermase excesivamente la tropa veterana. Esta milicia antigua, como todas las de su clase antes de la reforma, estaban en un principio bastante desorganizado y faltas de instrucción y reglamentación y por tanto poco y mal uniformadas. Compañías de Morenos Voluntarios de Infantería de Santo Domingo, el ingreso a las compañías de dotación estaba vedado a aquellos americanos que no fueran descendientes de españoles y de raza blanca, exceptuando a los Tambores que debían ser gente de color. Si bien esta norma imperaba para estas tropas regulares, bien distinta era la recluta en las milicias, donde si estaba permitido, más bien obligado, el ingreso de los hombres de otras razas distintas de la blanca, eso sí, manteniendo la diferenciación de las unidades por separado según el color de la piel de los hombres que habrían de inscribirse en ella, sin mezclarlas entre sí, o al menos entre las blancas y las de otras procedencias raciales. Por tanto la misma división que tan marcadamente caracterizó a la sociedad colonial, se mantuvo intacto a la hora de levantar y reglar las milicias y clasificarlas en unidades de Blancos, de Pardos y Morenos, Otra cuestión diferente será la participación de los indios en las milicias, cuestión bastante regulada y cuidada por las autoridades militares de zonas de o con numerosa población de dicho origen, cuestión que no era el caso en Santo Domingo. Voluntarios de Caballería de Santo Domingo: en 1774 permanecían en Santo Domingo, 6 Compañías de Voluntarios de Caballería con un total de 300 hombres. Estaban destinados a servicios de guarnición y, llegado el momento de campaña, en torno a la frontera con la parte francesa. Dichas Compañías se levantaron en las jurisdicciones de Dajabón (Dajabón), Santiago, San Miguel de la Atalaya y San Juan de Bany. Posteriormente en 1784 se reorganizaron estas compañías y fueron instruidas para que realizaran su servicio a "la Dragona", es decir, que usaran el caballo para desplazarse rápidamente al lugar de las operaciones y una vez allí echaran el pie a tierra y combatieran como la infantería. En 1757, se produce una sublevación de las tropas del batallón fijo de Santo Domingo que se encierran en la Catedral Primada y amenazan con asesinar a sus oficiales por el impago de sus sueldos (3 años), con mediación del Arzobispo se les paga lo único que pueden aportar las cajas reales (3 meses a cada uno) y el resto se le pide a México como extraordinario, también se les concede el perdón.

Las Milicias fueron reorganizadas en 1769 y quedaron conformadas por 15 Compañías de Voluntarios de Infantería (12 de Blancos y 3 de Morenos) y 6 de Caballería ("Voluntarios de Dragones de Santo Domingo" en 1784).

En 1772, se ordenó la sustitución en el servicio de las dos Compañías de la Frontera por tres Compañías de Infantería pertenecientes al Batallón Fijo de Santo Domingo. Dichas tres Compañías se alternarían con las nueve restantes cada 6 meses para defender las fronteras norte y sur. Además se creó la Compañía de Fieles Prácticos de la Frontera, una suerte de expertos baquianos y buenos conocedores de la zona, de los pasos y del relieve, que debían actuar como apoyo de las tropas normales de infantería. Estaban integradas por vecinos naturales de la región y fueron de una extraordinaria utilidad para el control de la frontera.

Las tropas españolas en la isla fueron reduciéndose paulatinamente ésta fue perdiendo importancia en la colonización, lo que propició más fácilmente las ocupaciones francesas de 1801 y 1805. En 1795 Santo Domingo es cedido a Francia por el Tratado de Basilea, pero el Ejército Francés de Toussaint Louverture no tomó posesión del territorio hasta el 1801.

A principios de 1810 es creado el Batallón Auxiliar de Tropas Españolas de la Isla de Santo Domingo por el virrey (arzobispo) Francisco Javier de Lizana, para el refuerzo de la mencionada isla con la intención de frenar cualquier intento de expansión napoleónica hacia el continente americano. La fuerza de este cuerpo consistía en 2 compañías de fusileros y 1 de granaderos, de 100 hombres cada una.