miniatura|220px|Mujer japonesa de mediados del que lleva un horimono, o tatuaje de estilo tradicional japonés. Horace Bristol (1946) miniatura|220px|El bandido Shi Jin, apodado «nueve dragones» debido a su elaborado tatuaje. Tsukioka Yoshitoshi (1839 - 1892) miniatura|220px|Hombre japonés del con el cuerpo tatuado. En su espalda se representa la figura de un samurái al acecho. Autor desconocido (1880 - 1890)
es un término usado para referirse al tatuaje tradicional japonés que responde a una técnica y estética particulares. Surgió durante el período Edo junto a otros modos de pigmentarse la piel, como por ejemplo el ikakubori —un tatuaje intimidatorio llevado por gente de baja estofa—, o el irebokuro —de tipo sentimental, practicado por cortesanas, wakashu y monjes budistas—. A principios del era bastante común entre ganapanes, artesanos, obreros de la construcción y gente de clase humilde. Desde el punto de vista artístico, su evolución histórica fue similar a la del ukiyo-e («grabado japonés») Los grabados en Japón comenzaron siendo monocromáticos hasta que llegó la técnica del nishiki-e, a partir de entonces se produjeron pinturas muy coloridas, cuyos diseños emulaban a los lujosos brocados tradicionales de Kioto. El horimono también nació con imágenes simples de un solo color, sin fondo, ni marco, que se fueron complicando y extendiendo con el tiempo hasta recubrir grandes extensiones de piel. Su estilo se consolidó durante las eras Bunka y Bunsei, como un tipo de tatuaje ceñido al cuerpo a modo de antigua túnica japonesa, que convertía la piel de quien lo llevaba en una especie de damasco policromado. La difusión del horimono durante el , así como los motivos que en él se representaban, se debieron en gran parte al éxito del Suikoden ilustrado por Kuniyoshi, publicado a partir de 1827.
Desde su aparición durante el periodo Edo el horimono fue un tatuaje emblemático, que las clases oprimidas exhibían sin discreción para expresar su disconformidad con las autoridades. El shogunato no apreciaba especialmente ese tipo de ostentaciones por parte del pueblo, por considerarlas propias de matones y disidentes empeñados en quebrantar la ley. El desafío hacia la autoridad que las élites percibían en quienes se coloraban la piel, se debía a reminiscencias de los antiguos irezumi, un tipo de tatuaje usado para marcar criminales (véase tatuaje penal o irezumi) A pesar de considerarlo provocativo y un símbolo de rebeldía, las clases dirigentes del antiguo Japón no llegaron nunca a suprimir el tatuaje, hecho que testimonia el creciente poder de las masas de aquella época. En este sentido, el horimono sirvió a los más desfavorecidos para reivindicar su identidad, pudiéndose interpretar como una «insignia del villano» frente al noble, a quien mostraba con orgullo y dignidad un cuerpo desnudo cuya piel parecía un brocado multicolor.
Un horimono puede extenderse por la totalidad del cuerpo excepto la palma de las manos, planta de los pies y cabeza. Existen tatuajes que cubren la espalda desde el cuello hasta las nalgas, asemejándose a los jinbaori que portaban ciertos samuráis sobre la armadura. Otra de las composiciones habituales se extiende desde los hombros hasta los codos o las muñecas, y puede llegar a cubrir los pectorales con figuras circulares reforzando la forma del pecho. En su forma tradicional, el dibujo de base del tatuaje suele representar fenómenos naturales en colores puros, antepuestos de forma ilusoria a una segunda capa, compuesta por elementos de fauna y flora distribuidos de manera uniforme. Si el diseño también reviste la espalda, se remata con una tercera capa donde se narran de forma gráfica historias sobre héroes, tradiciones populares o religión.
El hecho de que se haga referencia al horimono en muchas xilografías, novelas, pinturas, cuadernos de viaje realizados por extranjeros y representaciones de kabuki que ilustran la vida cotidiana de la antigua ciudad de Edo, sugiere que en épocas anteriores el tatuaje era parte integral de la vida cotidiana en el shitamachi, o casco viejo de Tokio. En concreto, dentro de la metrópoli de Tokio, el tatuaje tradicional hunde sus raíces en el área que abarcan las regiones de Adachi, Arakawa, Chiyoda, Chūō, Edogawa, Kōtō, Sumida y Taitō. Durante el período Edo surgieron allí los primeros tatuadores profesionales, conocidos con el nombre de horishi. Estos tatuadores satisfacían la demandada de los barrios de entretenimiento, grabando promesas de amor en los cuerpos de las cortesanas y sus patrocinadores. Los horishi ejercían su oficio en pequeños talleres situados dentro de los barrios autorizados del shitamachi, tal y como hacían el resto de artesanos que regentaban un negocio humilde. La mayoría de horishi que trabajaban en Tokio a principios del seguía concentrándose en el casco viejo, si se comparaba su número con el de otras áreas metropolitanas de la ciudad. Algunos estudios constatan una elevada presencia de yakuza en regiones como Taitō, en el distrito de Asakusa. En el ámbito popular, legal y académico, se suele asociar el tatuaje tradicional japonés con este tipo de grupos o la criminalidad en general. Sin embargo, algunos horishi confiesan que entre el ochenta y noventa por ciento de sus clientes son ciudadanos ordinarios.
Etimología
La palabra horimono se compone de la expresión , de conjugar el verbo , unida a la expresión El término comenzó a utilizarse en el ámbito del tatuaje durante el período Edo, probablemente traído de la jerga usada por los artistas de xilografía japonesa ukiyo-e. Por lo tanto, fuera del contexto del tatuaje, horimono también designa la técnica del grabado y los resultados de su práctica. En la obra teatral Onna goroshi abura jigoku, escrita por el dramaturgo Chikamatsu Monzaemon en 1721, se usa por primera vez de manera oficial la voz horimono para referirse al tatuaje como un trabajo artístico. Más específicamente, se utiliza para distinguir el «tatuaje tradicional» del «tatuaje penal» o irezumi.
Voces como irezumi o irebokuro son sinónimos de tatuaje, y los japoneses las usan con frecuencia para referirse a él, pero con ciertos matices y sin las connotaciones artísticas que tiene la palabra horimono. En Japón, el vocablo irezumi se refiere a cualquier tipo de tatuaje, ya sea tradicional de su propia cultura o extranjero. Sin embargo, durante el hacía referencia al acto de tatuar a los criminales para estigmatizarlos. La palabra irebokuro se utilizaba en la época Edo para designar promesas de amor tatuadas, que normalmente se hacían las cortesanas como símbolo de lealtad hacia sus amantes. La palabra irezumi es muy utilizada entre personas tatuadas; pero, al hablar de tatuaje tradicional, horimono es un término neutral más apropiado y respetuoso. Además, debido a las connotaciones negativas del vocablo irezumi, los tatuadores tradicionales japoneses prefieren usar la palabra horimono para referirse a sus trabajos.
Otra palabra acuñada durante el para referirse de forma específica a los tatuajes tradicionales japoneses es Para ser exactos, wabori se refiere a los horimono donde prevalecen los motivos tradicionales frente a los tatuajes de estilo más occidental. El término surgió cuando llegaron a Japón las técnicas, equipos y motivos occidentales en contraposición a la palabra A los tatuajes realizados con técnicas y diseños tradicionales japoneses siempre se les llama horimono, en lugar de irezumi o La palabra tatū no es japonesa, sino un anglicismo que proviene de la voz tattoo —a su vez derivada de la palabra tahitiana formada por onomatopeya tatatu—, y nunca suele usarse en Japón para mentar al tatuaje tradicional.
Historia
miniatura|Figurilla dogū del período Jōmon. Musée national des arts asiatiques - Guimet.
Posiblemente las evidencias más antiguas de la práctica del tatuaje en Japón, pueden hallarse en algunos objetos arqueológicos producidos durante el período Jōmon. Hablamos de unas extrañas figurillas cerámicas de tipo humanoide llamadas dogū, que se hallan surcadas de arabescos por todo el cuerpo, incluida la cara. Las líneas sinuosas impresas sobre el cuerpo de los dogū sugieren algún tipo de ornamento corporal, pero los expertos no han llegado a un acuerdo sobre si verdaderamente se trata o no de tatuajes. Por lo tanto, la relevancia de las figuras dogū en la historia del tatuaje japonés es cuestionable. En épocas más recientes, durante el período Yayoi (300 - 300 ) y el período Kofun (300 - 552), aparecen unas nuevas esculturas humanas llamadas haniwa, cuyas líneas y puntos faciales pueden ser también tatuajes, pintura corporal o escarificaciones. No es posible determinar, solo a partir de unas esculturas, que los antiguos japoneses practicasen el tatuaje, pero al menos sí se puede conjeturar que decoraban de alguna manera su cuerpo por motivos sociales o espirituales.
Textos chinos
La primera mención del tatuaje entre la gente del «país de Wa», nombre por el cual los antiguos chinos designaron al territorio japonés, se encuentra en el Libro de Han (), escrito allá por el año 111. Posteriormente, se vuelve a mencionar el tatuaje entre los pobladores de Wa en un texto compilado por Shou Chen (233 - 297) llamado , que forma parte de la Crónica de los tres reinos () Allí aparecen frases como: «tatuaban sus caras y cuerpos» (), refiriéndose a los habitantes de Wa. Se sabe que la práctica del tatuaje entre los hombres y mujeres de Wa se extendía a niños y adultos. Según el libro de Shou Chen, los antiguos japoneses no solo se tatuaban para decorar su cuerpo o distinguirse de otras tribus; el tatuaje era también un elemento de superstición o rito de paso, y parte de un vocabulario simbólico. Prueba de ello, es la costumbre que tenían los pescadores y recolectores de conchas japoneses de tatuarse el cuerpo para protegerse de los tiburones.
Textos japoneses
Las primeras fuentes escritas originarias del Japón que hablan sobre el tatuaje se remontan al ; pero aun siendo ya algo tardías, abarcan épocas anteriores. El , escrito en el año 712 , menciona dos veces la práctica del tatuaje; y el , escrito en el 720, se refiere al tatuaje tres veces. En ambos textos se narra una historia y mitología de Japón que idealiza al clan Yamato, otorgándole un origen divino con la idea de legitimar su poder.
La primera reseña al tatuaje en el Nihon shoki se encuentra en el séptimo capítulo, y lo sitúa en el año 27 del reinado del legendario emperador Keikō Tennō (71 - 130) Según este texto, el duodécimo día, del segundo mes, del vigésimo séptimo año, durante la primavera, Takenouchi no Sukune regresó a su país proveniente del este e informó al emperador Keikō sobre los emishi, una población que vivía en la parte noreste de Japón, diciendo:
La segunda vez que se menciona al tatuaje dentro del Nihon shoki es en el capítulo doce, donde se cuenta la historia «del ojo de Azumi». Según el texto, un hombre llamado Hamako, jefe de Azumi, fue llevado ante el emperador Richū durante el primer año de su reinado, para ser castigado con la muerte por un delito de rebelión. Sin embargo, el emperador decidió conmutarle la pena de muerte por un tatuaje junto al ojo.
Este tipo de tatuaje penal se representaba con los caracteres , interpretado en el sentido de Por lo que se desprende de estos antiguos escritos, parece ser que la función principal del tatuaje era la de marcar a individuos como criminales. Aunque esto fuera así, hay otra referencia al tatuaje en el Nihon shoki indicando que también se usaba con esclavos. Según cuenta el texto, el emperador Yūryaku marcó con un tatuaje en la cara a un sirviente suyo porque su perro mató a una de sus aves. Además, le sentenció a ejercer como avicultor, un oficio más indigno que el de sirviente.
Tatuaje penal o irezumi
miniatura|220px|izquierda|Tatuaje penal en Japón o irezumi, antes de 1870. Von Siebold, Nippon (1897)