thumb|Estrecho de Magallanes. thumb|Réplica de la goleta Ancud en el Museo Nao Victoria de Punta Arenas.

La toma de posesión del estrecho de Magallanes recoge los antecedentes y acciones que llevaron a la República de Chile a tomar posesión del estrecho de Magallanes, el 21 de septiembre de 1843, y la posterior fundación del Fuerte Bulnes más todas las tierras adyacentes..

Esta tarea le fue encomendada por el gobierno del general Manuel Bulnes en abril de 1843 al recién nombrado intendente de Chiloé, comisario contador de la marina, Domingo Espiñeira Riesco y ejecutada por el marino inglés nacionalizado chileno, capitán de fragata, John Williams Wilson, a la sazón capitán de puerto de San Carlos de Ancud.

El suceso se produjo en el marco de que una posible y pronta llegada de navíos británicos y franceses con el mismo objetivo, y de que Argentina se encontraba en guerra civil con las provincias.

Antecedentes

Res nullius A comienzos del el reino de España ejercía su jurisdicción sobre las tierras meridionales de América. Sin embargo este dominio no había sido suficientemente reconocido a nivel universal, pues las naciones europeas consideraban a la Patagonia y la Tierra del Fuego como regiones no sujetas a dominio alguno, jurídicamente las consideraban res nullius. Percepción que se afianzó cuando comenzó la independencia de los territorios españoles en América.

La cartografía de la época mostraba las regiones de la Patagonia y la Tierra del Fuego totalmente diferenciadas de los países contiguos.

Interés argentino Las Provincias Unidas del Río de la Plata fueron las primeras en manifestar interés jurisdiccional sobre las tierras australes. La Junta de Gobierno de 1810 y las siguientes autoridades durante más de una década adoptaron diversas disposiciones jurisdiccionales, tales como ordenarle al comandante del fuerte de Carmen de Patagones la vigilancia de las costas situadas al sur del establecimiento, entre otras.

Interés británico El Reino Unido desde siempre había manifestado su interés por las tierras meridionales de América y sectores claves de los mares del mundo, pero ya en 1825 su política hacia las nacientes naciones americanas era contraria a asumir el gobierno o protección de cualquiera de las nuevas repúblicas, esto en relación con las proposiciones de su cónsul general en Santiago referente a ocupar la isla de Chiloé que se encontraba aún bajo el dominio español.

Lo que sí le interesaba era desarrollar la cartografía de la zona para facilitar el seguro tránsito de sus naves por esos intrincados pasos y canales en su comercio con los distintos países que iban naciendo en el globo y especialmente en América.

Con ese fin había enviado dos expediciones a la zona austral que entre los años 1826 y 1836, bajo el mando del comandante Phillip Parker King primero y luego bajo el mando del comandante Robert Fitz Roy, quienes realizaron un formidable trabajo hidrográfico y de investigación que se vio reflejado en la excelente cartografía del Estrecho, la Tierra del Fuego, los canales patagónicos y la costa de la Patagonia argentina editada por el Almirantazgo Británico en 1837. Ambas expediciones fueron efectuadas reconociendo la soberanía chilena y argentina de esos lugares.

Interés francés El gobierno de Francia reactualizó su interés por la región austral de América a partir de 1827 en que el Tarn al mando del capitán Jean Baptiste de la Garde arribó a Chiloé, territorio recién incorporado al dominio de Chile pero que estaba poco poblado. Propuso a su gobierno la ocupación de los archipiélagos de los Chonos y de las Guaitecas, ambos ricos en recursos madereros aptos para la construcción naval.

A fines de 1837 arribó a la zona austral el comandante Julio César Dumont d'Urville al mando de las corbetas Astrolabe y Zeleé expedición que permaneció en Puerto del Hambre por un prolongado tiempo efectuando reconocimientos y trabajos hidrográficos. A su regreso a Francia, luego de circunnavegar el globo, Dumont d'Urville informó respecto a la conveniencia de que Francia estableciera una colonia en el estrecho de Magallanes la que serviría como punto de reabastecimiento de sus naves en tránsito a sus posesiones en Oceanía. Se señaló como lugar más apropiado a la bahía Laredo.

Francia consideró seriamente los informes de sus oficiales navales en cuanto a la conveniencia de establecer una colonia en el Estrecho y como parte de este proyecto, en 1842 envió la fragata Phaeton al mando del teniente de navío Louis Maissin con instrucciones de dirigirse a las islas Marquesas en Oceanía y en su paso por el estrecho de Magallanes explorar los lugares que podrían servir para reparar naves y aprovisionarlos de agua, madera y combustible.

Chile y las tierras australes

Los primeros gobernantes chilenos luego de la Primera Junta de Gobierno de 1810 y hasta 1841 no mostraron ninguna preocupación por los territorios australes. Se atribuye esta aparente falta de preocupación a que durante la época española la mayoría de las expediciones a la zona del estrecho de Magallanes se efectuaron desde Chiloé, gobernación prácticamente separada de la gobernación de Chile y luego dependiente del Virreinato del Perú, además de que el territorio chileno estaba descontinuado desde el río Biobío al sur por la Guerra de Arauco y también porque los primeros gobiernos estuvieron más preocupados de consolidar la independencia del país antes de preocuparse de tan remotos territorios.

A comienzos del la construcción naval había comenzado a utilizar el vapor para la propulsión de las naves. En 1840 la Pacific Steam Navigation Company inició sus operaciones en Chile haciendo pasar por el estrecho de Magallanes dos vapores a rueda, el Chile y el Perú, naves que efectuaron la travesía en tan solo 30 horas en comparación con los más de cuarenta días que podía demorar un velero.

En 1841 el piloto estadounidense Jorge Mabon presentó al gobierno de la época una solicitud para que se le concediera un concesión en el estrecho de Magallanes, en forma exclusiva, por 10 años para prestar un servicio de remolque en esa vía. Mabon pensaba que podría remolcar los veleros con remolcadores a vapor evitándoles la peligrosa ruta del cabo de Hornos. El gobierno estimó que tal petición era materia de una ley, pero, antes de enviar un proyecto al Congreso, con fecha 21 de diciembre de 1841 designó una comisión ad hoc para que lo examinara. La comisión lo aprobó y dentro de su informe manifestó que Chile tenía el estrecho de Magallanes dentro de su territorio, pero que aún no había tomado posesión de aquel, y agregó otras consideraciones relativas a que parte del estrecho estaba al este de la cordillera de los Andes y, por lo tanto, la Confederación Argentina podría pedir participar. Esto último hizo que el gobierno del presidente Manuel Bulnes reaccionara con preocupación y considerara prioritario asegurar la posesión efectiva del estrecho de Magallanes.

Visión de O'Higgins thumb|General Bernardo O'Higgins. thumb|General Manuel Bulnes. El general Bernardo O'Higgins, que fue el primer jefe de Estado de Chile independiente, durante su exilio en Lima acrecentó su conocimiento de la Patagonia y estudió detenidamente los derechos que Chile tenía sobre esa región lo que lo llevaron a elaborar diversos proyectos destinados a su ocupación y colonización.

Los proyectos preparados por O'Higgins respecto de la Patagonia y el estrecho de Magallanes en particular fueron inicialmente dos. El primero contemplaba el establecimiento de un servicio de remolcadores a vapor para remolcar veleros y el segundo consistía en la fundación de colonias en dos o tres puntos del Estrecho donde las naves pudiesen ser reparadas y aprovisionadas de víveres y combustible.

En 1836 O'Higgins presentó estos planes a la consideración de su amigo el capitán John Smith, marino británico de gran experiencia en la navegación del estrecho de Magallanes. Este le contestó por escrito en noviembre de 1837 manifestándole su total aprobación al proyecto y recomendándole su ejecución, pero no fue puesto en conocimiento de las autoridades chilenas que en esa fecha estaban preocupadas de la guerra contra Confederación Perú-Boliviana.

En 1838 el general Manuel Bulnes, comandante en jefe del ejército restaurador, ocupada Lima fue a visitar a O'Higgins, oportunidad que éste aprovechó para darle a conocer sus proyectos respecto al Estrecho y posteriormente, cuando el general Bulnes asumió la presidencia de la República de Chile continuó manteniendo correspondencia con él respecto del tema.

Finalmente, tres hechos íntimamente relacionados entre sí contribuyeron a decidir al presidente Bulnes a ordenar la ocupación del Estrecho y las tierras adyacentes. Estos fueron: la navegación a vapor, los adelantos náuticos, cartografía, principalmente los efectuados por los comandantes Parker King y Fitz Roy y el temor que el abandono de la soberanía de España y ahora de Chile sobre esos territorios despertara el apetito de alguna potencia europea de ocupar dicha zona.

Alistamiento de la expedición y construcción de la goleta Ancud thumb|Capitán de fragata Juan Guillermos. En 1841 cuando el piloto Jorge Mabón presentó la solicitud para que se le otorgara una concesión para establecer un servicio de remolcadores en el estrecho de Magallanes, en la comisión de estudio del proyecto nombrada por el gobierno estaba el joven comisario contador de marina Domingo Espiñeira quien en esa época formaba parte de la dotación del Ministerio de Marina. Como consecuencia del informe de la comisión, entre otras consideraciones, el gobierno con fecha 1 de abril de 1842 decidió enviarlo como intendente de Chiloé y le encomendó la tarea de organizar la expedición para la colonización del Estrecho.

En cuanto llegó a Chiloé, Espiñeira se preocupó de reunir el máximo de información sobre la zona de Magallanes, indagaciones que lo convencieron de que esa zona era susceptible de cultivos y de producir lo necesario para desarrollar y sustentar la vida. Para comandar la expedición nombró al capitán de puerto de San Carlos de Ancud, capitán de fragata Juan Guillermos, marino inglés, nacionalizado chileno. Buscó la nave apropiada y al no encontrarla dispuso la construcción de una ballenera y un bote en San Carlos de Ancud bajo la dirección de Guillermos.

El alistamiento de la expedición llegó al conocimiento público y fue ampliamente apoyado por la comunidad, dentro de los que contribuyeron significativamente en obtener este apoyo estuvo Domingo Faustino Sarmiento, destacado exiliado, y futuro presidente argentino, que desde las columnas del diario El Progreso, entre el 11 y el 28 de noviembre de 1842, respaldó fervorosamente el proyecto haciendo ver su importancia económica y la necesidad de poblar las riberas del Estrecho antes que lo hiciera alguna potencia extranjera.

En enero de 1843 llegó a San Carlos de Ancud procedente de un reconocimiento a la zona del lago Llanquihue el prusiano Bernardo Eunom Philippi, poseedor de conocimientos en ciencias exactas, agrimensura, navegación y apasionado por las ciencias naturales y la exploración. Espiñeira en cuanto lo conoció vio en él la persona apropiada para acompañar al comandante Guillermos en la expedición, le ofreció el puesto de naturalista de la expedición, lo que Philippi aceptó de inmediato.

La embarcación iniciada como una ballenera creció durante su construcción adoptando definitivamente la forma de una goleta de dos palos de 15,84 metros de eslora, 3,84 metros de manga y 2,78 metros de puntal de 27 toneladas de desplazamiento. A fines de marzo de 1843 el casco del buque fue arrastrado por yuntas de bueyes hasta el mar y fue bautizado como Presidente Bulnes por el intendente, pero el presidente rechazó ese honor disponiendo que se le pusiese Ancud. En el mes de mayo de ese mismo año la goleta estuvo lista para hacerse a la mar.

La expedición al Estrecho