El convento de Carmelitas Descalzas de san José del Salvador de Beas de Segura (municipio español de la provincia de Jaén, Andalucía), es un convento fundado por Santa Teresa de Jesús el 24 de febrero de 1575, el décimo de su fundación y primero en Andalucía.
Descripción artística
Su estilizada portada es barroca, del , se abre con arco de medio punto sobre impostas enmarcado por columnas y pilastras dóricas, adornada con ínsula en la clave y rosetas en las enjutas; sobre friso con triglifos se insinúa un frontón partido que abre a un segundo piso aún más estrecho, una hornacina con pequeño arco de medio punto que, flaqueada por pilastras y escudos, acoge a San José con el Niño; sobre ella se exhibe el Escudo de la Orden, la cierra un gran frontón con óculo en el tímpano y la rematan pináculos en los vértices. En su interior su única nave se cubre con bóveda de cañón con lunetos y, los brazos del crucero, con media naranja.Ayuntamiento de Beas de Segura.
Construcción primitiva
“Son las dichas monjas, de presente, número de nueve monjas e llevan de dote las monjas que han recibido a cuatrocientos o quinientos ducados. Tienen congrua sustentación, porque tienen un cortijo que les renta cien fanegas de trigo y doscientos o trescientos ducados de renta.
Y en la casa e iglesia, en alguna manera bastante, aunque se va edificando para más ennoblecimiento de la dicha iglesia. Está conjunto y cercano el dicho monasterio de la iglesia mayor de esta villa, que los parte la pared medianera de la dicha iglesia, donde tienen abiertas ventanas con rejas y velos, que gozan de las misas e sacrificios y sermones que en la iglesia parroquial se hacen. Y las dichas ventanas están altas y se mandan por el coro alto de las dichas monjas, además de la iglesia que las dichas monjas tienen dentro del dicho monasterio con el Santísimo Sacramento”.Biblioteca del Escorial. Relaciones topográficas de Beas, 14 de diciembre de 1575, cap. 53, (folios 465-495v).
El convento se encontraba adosado a la iglesia parroquial por la vicaría y las ventanas daban a un lado de la capilla mayor de dicha iglesia, donde fueron fundadas y dotadas dos capellanías propiedad de Sancho Rodríguez de Sandoval, padre de Catalina y María, y, estaban enterrados él y su mujer. Asimismo en el hueco de la peana y gradas del altar mayor, estaba sepultado un antepasado muy principal de los Rodríguez de Sandoval y Negrete.
Hubo que esperar casi un siglo para que la emprendedora priora María de san José, acometiera la empresa de la edificación de un templo propio para el monasterio. La obra se realizó con mucho sacrificio de la Comunidad y con donativos venidos de Madrid, Nápoles y Las Indias. Se hizo una iglesia más bien grande para lo habitual de otras fundaciones. De estilo barroco moderado.Beas de Juan y Teresa: olor y santidad.
Interior del convento
El portal
Es un portal pequeño, en cuyas paredes se leen inscripciones piadosas, en los espacios que dejan libres las puertas y el torno, que está a la izquierda. Al frente del portal una puerta da al patio interior y a la derecha, otra puerta al locutorio, envuelto en una tibia media luz que penetra por la pequeña ventana que da a la plazuela. Su frente lo forma la doble reja, de la que avanzan agudos hierros en punta, como lanzas; llegando a la memoria cuando las monjas de Beas cantaban una letrilla mística, -liras en loor a los trabajos- para deleitar a San Juan de la Cruz, el cuerpo de este, aún sujetándose con sus manos a los barrotes del enrejado, se elevaba en un arrebato de sus éxtasis.
Desde el fondo de la estancia que dividía el enrejado, estaba la imagen del Nazareno, con su túnica galonada de oro y sus brazos en alto como pidiendo el peso de la cruz y a la izquierda la imagen del Cristo de la Columna, por cuyo rostro corre la sangre que hace brotar la corona de espinas; cuyo cuerpo, marcando la amarillenta coloración de la carne, presenta las moradas dolientes huellas de la flagelación...
El patio
Es un patio moderno. Sobre sus porches de ladrillo, de arco rebajado, hay una galería que cierran grandes cristaleras. Estas cristaleras le dan un carácter de patio de colegio. El centro está lleno de plantas y de flores y una fuente de taza, recoge en su pila el chorro de agua que se eleva de un surtidor. Si el patio estuviera cubierto, tendría algo de estufa o de “hall” de un moderno hotel. Sólo las pequeñas cruces en las paredes, recuerdan que es el patio de un monasterio.
El huerto
Unas escaleras que parten del patio, conducen al huerto, éste es pequeño, accidentado, pobre. Por una parte lo limita un viejo paredón del antiguo convento que se une al muro posterior de la iglesia. En el paredón hay unas ventanas con enrejado de madera, de tipo marcadamente conventual. Los tejados se superponen unos sobre otros y en lo alto de ellos se ve, silueteado en el fondo azulado del cielo, el sencillo campanil. Por la otra parte y frente a la descrita, cierran el huerto, muralla y roca que se levantan en la vertiente del terreno en qué el Monasterio está situado.
La segunda meseta, un emparrado sostenido por pilastras. Hacía el muro posterior hay arriates y macetas; delante, tienen unas tablas plantadas de hortalizas; algunos frutales, acá y allá, y en medio de las tablas del huerto, retorcidas sus viejas ramas, surgiendo del suelo en una desconcertada dirección de su pie, inclinándose, como un anciano al peso de la edad, como buscando el convento y la iglesia, el venerable granado qué, según tradiciones del pueblo y de la Orden carmelita, plantó con sus propias manos Santa Teresa.El granado se debió de haber secado. Las monjas que actualmente moran en el convento, no lo recuerdan.
La fuente de san Alberto
Al subir unas rústicas escaleras, desde la primera a la segunda meseta del huerto, se ve, abierta en la roca, la entrada a una mina por la que sale el agua que cura las fiebres. Un cuadrito piadoso adorna, sobre la entrada al subterráneo, la rústica hornacina en que este principia.
Aquella fuente es la fuente de San Alberto. En pasados siglos, en el Convento primero, una monja Carmelita escogió aquel punto para retiro espiritual y Dios le concedió la gracia de celestiales apariciones. El Monasterio fue destruido, y la fuente de san Alberto siguió y sigue manando su linfa; y la linfa siguió y sigue curando a los enfermos. Corre de un lado a otro del huerto.
Cementerio del convento
Rompe la tonalidad oscura del suelo y de los paredones del huerto, un pabellón que está adosado al ángulo izquierdo de la segunda meseta, pabellón de una blancura cegadora. Tiene alta puerta y grandes ventanas sin maderas y por el techo una bóveda de cañón seguido y en sus paredes sencillas cruces negras marcan las estaciones del Viacrucis. Es el cementerio de las monjas. Bajo su piso de ladrillo, reciben aquellas sepultura en fosas cavadas en la tierra. Tan sólo, en la pared del frente, hay una tumba, rectangular, que se levanta del pavimento. En ella están los restos mortales de la Madre Justa de la Virgen del Pilar, restauradora de las Carmelitas de Beas. Murió el 19 de junio de 1901, y fue la primera Priora que tuvo el Convento cuando fue modificado.
La celda de santa Teresa
La celda de la Santa está al subir al piso de las galerías del patio, y al recorrer dos de las crujíasRAE:Tránsito largo de algunos edificios que da acceso a las piezas que hay a los lados. de aquellas. Son las crujías largas y oscuras, porque las luces exteriores las reciben las celdas que están a uno y a otro lado. Sobre estas puertas, en sencillas cartelas, se leen consejos y advertencias sacados de los libros de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz. La celda de la Santa está abierta.
La parte de edificio, llamada la celda de la Santa, es la que constituye el final de la crujía del piso principal y está formada por un grupo de tres habitaciones, a saber: la celda que es del ancho de la crujía y dos pequeñas estancias laterales que corresponden al de las celdas que la crujía tiene a derecha y a izquierda. La que propiamente se considera como celda de aquella es la del centro en la que está el altar y en ella la hornacina con la escultura de la santa, sin más adornos que las pinturas murales, caprichosamente modernas.
Dos puertas a los lados de la habitación central, comunican con las otras habitaciones. En la del lado derecho, entrando, no hay más que una pequeña mesa y sobre la mesa, dentro de una urna, un lindo Niño Jesús. La habitación de la izquierda es, por el contrario, abundante en lo que en ella se guarda. Relicario y museo, archivo y panteón. A la derecha, el sillón de pies cruzados y medio respaldo de vaqueta, que fue de San Juan de la Cruz; sillón compañero de una mesa que estuvo muchos años en una casa de la villa y pasó luego a otros poseedores, y finalmente al convento. En un lado de esta pequeña estancia, un estante encristalado en su frente, encierra en sus tres cuerpos interesante exposición digna, no de los ligeros apuntes de una rápida visita, sino de un libro detenidamente minucioso. En el frente del cuerpo principal del estante, estaba la casulla de San Juan de la Cruz, al lado el cáliz que usó también el santo y en el centro de esta parte de la vitrina está el «Libro de las Profesiones».El texto integro de "El interior del convento", es un resumen de: "En el convento de Beas, que fundó santa Teresa", escrito por Alfredo Cazabán Laguna, en la revista, Don Lope de Sosa, año 1922, con motivo de la conmemoración del tercer aniversario de la canonización de la Santa.
Reliquias
Campanilla: Es una campanilla interesante, con una inscripción latina, la fecha de 1553 y adornos de Estilo renacentista, entre los que unos diablillos —pícaros y traviesos—aparecen como huyendo presurosos.
Llave: Es una llave pequeña, rematada en círculo, —llave macho que se dice vulgarmente— con las guardas muy gastadas y bruñidas. Tuviéronla las Carmelitas de Jaén, en el relicario que custodiaron del Convento de Beas.
Casulla: De seda adamascada, color granate, con una franja de galón dorado en el centro, cuya labor de líneas cruzadas forma pequeños rombos de dos en dos. Esta casulla usábala San Juan de la Cruz para decir la misa cuando iba a Beas a confesar a las monjas, desde el Desierto del Monte Calvario.
Cáliz: Que usó también el santo, el cual rodeando el sencillo fuste que va del pie a la copa, tiene como una nube gloriosa, con adornos, simbólicos y angelicales cabecitas.
Libro de las Profesiones: Encuadernado en tela roja con galón de oro y bordado también en oro, el escudo. Hay en él algunas firmas del Padre Fray Jerónimo Gracián y otra de San Juan de la Cruz, más una oración por éste escrita que dice así: Jesús, María, Joseph, Sanctissima María, virgen de vírgenes, sagrario de la sanctissima trinidad, espejo de los ángeles, refugio seguro de los pecadores, apiádate de nuestros trabajos, recibe con clemencias nuestros suspiros y aplaca la ira de tu hijo Sanctissimo...
Sillón: De pies cruzados y medio respaldo de vaqueta, que fue de San Juan de la Cruz.
Relicario: Pequeño relicario, donde se guarda un autógrafo de Santa Teresa.
Estas reliquias, tras la Desamortización de Mendizábal, fueron a parar al convento de Carmelitas de Jaén, porque la priora que regía por entonces el convento de Beas, fue a ese convento y con ella las reliquias. Y al reedificarse la casa convento, el prelado Sr. Guísasela restituyó el tesoro.
Posteriormente con la guerra civil española, casi todas esas reliquias fueron destruidas o se perdieron.
Restos de algunas Madres
Restos de tres Venerables Madres: Madres Luisa del Salvador, fallecida el 19 de septiembre de 1592. Madre Marcela del Santísimo Sacramento, fallecida el 5 de octubre de 1666. Madre María de San José, fallecida el 25 de agosto de 1709. Fue la que estando de priora, realizó la obra de la iglesia del convento.