miniaturadeimagen|derecha|Portada del diario Resistencia Popular de 1957 donde se da cuenta de los fusilamientos extrajudiciales ordenados por el Poder Ejecutivo. La resistencia peronista es el nombre que recibe en Argentina un período de dieciocho años de la historia del peronismo y un movimiento de resistencia contra las dictaduras y gobiernos civiles instalados a partir del golpe de Estado de septiembre de 1955 —que derrocó al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón— y hasta el 25 de mayo de 1973, fecha en la que asumió el gobierno constitucional de Héctor José Cámpora. Los gobiernos instalados durante ese período fueron resultado de golpes de Estado o de dos elecciones (1958 y 1963) en las que no se permitió participar libremente al peronismo, ni tampoco en la segunda, al frondizismo. En la Resistencia participaron gran cantidad de organizaciones sindicales, juveniles, guerrilleras, religiosas, estudiantiles, barriales y culturales, que eran autónomas y tenían como objetivo común la vuelta de Perón al país y la realización de elecciones libres y sin proscripciones.
Política de desperonización, Decreto 4161 y secuestro del cadáver de Eva Perón
El 16 de septiembre de 1955, se produjo un golpe de Estado cívico-militar que derrocó al Gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, dando inicio a una dictadura autodenominada Revolución Libertadora (1955-1958), dicha dictadura fue encabezada por Eduardo Lonardi y luego tras un golpe de palacio por Pedro Eugenio Aramburu, contando desde noviembre de 1955 con un Consejo Consultivo integrado por dirigentes de la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, el Partido Demócrata Progresista, el Partido Demócrata Nacional (conservador) y el Partido Demócrata Cristiano.
Inicialmente, bajo la consigna «ni vencedores ni vencidos», la dictadura de Lonardi —septiembre a noviembre de 1955— adoptó una política de represión selectiva contra el peronismo, una de las principales fuerzas políticas del país, que se fue acentuando con el paso de los meses hasta convertirse en una política de represión sistemática, bajo el objetivo de «desperonizar» la sociedad. El 13 de noviembre, el ala dura (antiperonista) de la dictadura derrocó al general Lonardi para instalar en el Gobierno al general Pedro Eugenio Aramburu (1955-1958), acompañado por Isaac Rojas Aramburu incrementó la represión contra el peronismo y, el 5 de marzo de 1956, sancionó el Decreto 4161/56, proscribiendo al peronismo, abarcando tanto la ilegalización del partido, como la prohibición de sus ideas y símbolos, e incluso la mención de los nombres de Perón y Evita.
Por otro lado, tras el efímero intento de Lonardi de conservar las mejoras sociales obtenidas por los trabajadores bajo el peronismo y la autonomía de los sindicatos, bajo el Gobierno de Aramburu se pasó al más crudo revanchismo, con despidos en masa, intervención en las organizaciones sindicales y caída en el salario real de los trabajadores. Esta actitud hizo que los trabajadores identificaran peronismo y derechos sociales, en mayor medida aún que durante el Gobierno de Perón, y convirtieran el regreso del peronismo —o del propio Perón— como objetivos deseables.
La dictadura de Aramburu secuestró también e hizo desaparecer el cadáver de Eva Perón, luego de profanarlo y someterlo a violencias que expresaban un odio profundo. El peronismo en la clandestinidad, encabezado sus mujeres, comenzaron a marchar a Plaza de Mayo para reclamar la devolución del cuerpo, con banderas que decían «¿Dónde está Evita?», que se convertiría en uno de los principales reclamos de la Resistencia.
Respuesta peronista miniaturadeimagen|derecha|Alegoría a los fusilamientos que tuvieron lugar durante la dictadura militar.
Desde el mismo día que se producían las primeras noticias de un golpe de Estado en Córdoba, reservistas de los liceos militares del Ejército Argentino —el Liceo Militar General San Martín y el Liceo Militar General Paz pidieron unirse a la lucha para defender el gobierno constitucional, sin embargo alentado por el presidente el subdirector de la Escuela Naval Militar dio la orden de no intervenir para proteger a los cadetes muchos de ellos provenían de sectores trabajadores y simpatizaban con el peronismo.
La respuesta del peronismo fue en varios ámbitos simultáneos: la más inorgánica fue la respuesta de pequeños grupos de militantes peronistas que lanzaron boicot a empresas públicas y privadas, y la colocación de explosivos caseros conocidos como "caños". Ambas formas de resistencia tuvieron un gran auge a principios de 1956, decayendo rápidamente hacia mediados del mismo año.
La eliminación de los sectores ultracatólicos ligados al General Lonardi provocó el descontento de ciertos jefes.
El 9 de junio de 1956 un grupo de oficiales y suboficiales lleva adelante un alzamiento para terminar con la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu, dirigida fue el general de división Juan José Valle, que fue apoyado por militares y policías peronistas, como el coronel Adolfo Philippeaux en Santa Rosa, que fue el único que logró dominar la ciudad en que se había sublevado. La sublevación se saldó con el fusilamiento de dieciocho militares y el asesinato de catorce civiles. El peronismo siempre ha reivindicado este alzamiento como parte de la resistencia peronista, aun cuando Valle y varios otros jefes nunca fueron peronistas y a que Perón desautorizó la sublevación en una carta enviada a John William Cooke el mismo día del levantamiento de Valle, asegurando que el conductor criticaba su apresuramiento y falta de prudencia. En opinión de Perón, el motivo real de la sublevación, habían sido los pases a retiro del verano del 56. Cuando algunos de los sobrevivientes lograron reunirse con Perón en Caracas ´éste les recriminó su accionar
- Tanco, ¿yo qué les había dicho?
- Bueno, General, es que…
- No, no se excuse. Se los avisé: no estaban dadas las condiciones.Page, Joseph A., pág. 110.
Tras la cruel represión, volvieron a tomar protagonismo las acciones de resistencia junto a formas algo más elaboradas, incluyendo bombas incendiarias. Estos atentados evitaban en lo posible el ataque a personas, al punto que en todo el lustro que siguió a la caída de Perón solo causaron un muerto,Se trató del dirigente radical rosarino Mariotti, asesinado presuntamente por su participación en los comandos civiles durante el golpe de septiembre del 55. a pesar del gran número de atentados sobre bienes y edificios que se realizaron.
Uno de los primeros atentados a gran escala fue el estallido del polvorín de la Fábrica Militar de Materiales de Comunicaciones, cerca de la estación Migueletes, en el Gran Buenos Aires. Otro que llamó especialmente la atención fue la explosión de un petardo que no hizo más que romper algunos vidrios en una sede del Partido Socialista, presuntamente ligado al hecho de que los sindicatos peronistas habían sido entregados, en gran parte, a dirigentes socialistas.Melón Pirro (2009): 83.
La dirección política del movimiento estuvo en manos del Comando Nacional del Partido Peronista, fundado por el exdiputado John William Cooke; cuando este fue arrestado y trasladado a Río Gallegos, se creó el Comando Capital, dirigido por Raúl y Rolando Lagomarsino. No obstante, el Comando no fue capaz de coordinar las acciones de los diversos grupos de acción directa, que actuaron por su cuenta; pudo, en cambio, producir una gran cantidad de volantes con llamados a la resistencia contra la dictadura.
Un actor principal de este proceso fue el propio Perón, que desde el exilio intentaba controlar la evolución del peronismo en su ausencia. En enero de 1956 había enviado unas "Directivas Generales para todos los Peronistas", en que se mostraba propenso al ejercicio de la violencia como método, y a
Ese mismo año, Perón editó en Santiago de Chile el primero de sus libros del exilio, La fuerza es el derecho de las bestias, en que justificaba la acción política de su gobierno y tachaba de cinismo la pretensión de la dictadura de calificar su gobierno como una dictadura, cuando la única fuente de poder del gobierno militar eran las armas. Una edición chilena del escrito llegó a través de la red de contactos de Jorge Antonio hasta Buenos Aires, donde fue reproducida clandestinamente por Mario Massouh, María Hesaín, Eduardo Manso, Humberto Castañares y Rubén Decarloantonio en un taller sin electricidad de Lomas de Zamora.
En diciembre de 1956, se registraron nuevos hechos de violencia: en medio de una huelga en la fábrica de Siam Di Tella, ésta sufrió un importante incendio intencional. En febrero del año siguiente, se registró la voladura de un puente ferroviario y de un conducto de nafta en Villa Domínico.Melón Pirro (2009): 85-86.
El 17 de marzo, se fugaron del penal de Río Gallegos varios dirigentes peronistas, tales como John W. Cooke, Héctor J. Cámpora, Jorge Antonio, José Espejo y Guillermo Patricio Kelly. Además del notable efecto que tuvo la fuga, tuvo cierta importancia que Cooke se reuniera con Perón y regresara a la Argentina en secreto, con el encargo de reunir a todos los grupos de la resistencia peronista, en lo que fracasó ostensiblemente. No obstante, su accionar propagandístico daría lugar a la formación de la Izquierda Peronista, aunque esto no ocurriría hasta comenzada la década de 1960.Melón Pirro (2009): 89.
Las acciones violentas se mantuvieron como el principal medio de acción política peronista hasta mediados de 1957, cuando la cuestión electoral —tanto para la reforma de la Constitución como para las elecciones del año siguiente— hicieron pasar las preocupaciones de los militantes por otros carriles. Aun así, hubo unos 125 atentados con bombas, solamente entre diciembre de 1956 y julio de 1957.Melón Pirro (2009): 91.
Reorganización del sindicalismo peronista
Paralelamente a la resistencia armada y propagandística, se desarrolló una lucha por parte de los trabajadores peronistas, que proclamaron una huelga para el 14 de noviembre de 1955. La misma fue reprimida con la intervención de casi todos los sindicatos y el arresto de sus dirigentes del período peronista. Eso permitió su reemplazo por una nueva generación de dirigentes, también identificados con el peronismo, pero distinto de los burocratizados funcionarios en que se habían convertido sus antecesores, y mucho más combativos: entre los nuevos líderes se contaron Andrés Framini, José Alonso y Augusto Timoteo Vandor.Novaro (2010): 27-30
Comenzó entonces una lucha de los trabajadores peronistas por recuperar su lugar en el sindicalismo organizado. El gobierno continuó controlando la CGT, mientras gradualmente normalizaba algunos sindicatos, convocando a elecciones. La participación de trabajadores en estas elecciones fue notoriamente baja; tras algunas victorias de socialistas y comunistas en varios de los sindicatos "grandes", los peronistas —que no usaban ese nombre— fueron obteniendo gran cantidad de victorias en sindicatos algo menos importantes. Se trataba de dirigentes nuevos —con la notable excepción de Andrés Framini, de la Asociación Obrera Textil— que se concentraban inicialmente en aspectos puramente sindicales, evitando en lo posible toda mención a la acción política. Aun así, las huelgas del año 1956 generaron una pérdida de más de medio millón de días de trabajo.
Los viejos dirigentes peronistas hicieron algunos intentos de reorganizarse, a través de la "CGT Auténtica" o de la "CGT Única e Intransigente", pero estos grupos no tuvieron éxito alguno y no lograron siquiera controlar sus propios sindicatos.
A partir del segundo trimestre de 1957 se observó un giro notable, cuando fracasó un congreso normalizador de la CGT controlado por socialistas y comunistas. A continuación, algunos comunistas y peronistas se lanzaron a armar su propia organización sindical, que plasmó en el mes de agosto en la formación de las 62 Organizaciones. Ese año se perdieron más de tres millones de días de trabajo.