La ganadería brava es un tipo de explotación agropecuaria extensiva destinada a la crianza de ganado bovino de raza de lidia, popularmente conocido como toro de lidia (bos taurus l.) y que se desarrollan únicamente en países con arraigo y tradición taurina: España, Portugal, Perú, Francia, México, entre otros.
Este tipo de ganaderías se desarrollan en espacios cerrados, denominados fincas, en los que el toro bravo se cría en condiciones de semilibertad y en régimen de manadas. Este tipo de explotaciones se sitúan, generalmente, en zonas de general despoblación lo que permite que los toros bravos puedan convivir en equilibro con la flora y fauna autóctonas, desarrollando los hábitos propios de su especie e integrándose dentro de cada una de las biocenosis en la que tienen lugar.
Ganadería brava en España
Características ecológicas La ganadería brava en España se cría, mayoritariamente, de forma extensiva en explotaciones conocidas como dehesas y que, en su mayor parte, se encuentran en zonas de desarrollo rural de la península ibérica, formando parte de parques naturales y algunas en parques nacionales como Doñana, Monfragüe o Guadarrama. De esta manera, la crianza del toro bravo contribuye a la conservación del ecosistema, manteniendo alejado la actividad industrial de este tipo de parajes naturales.
Por sus condicionantes culturales, España es el principal país de la Unión Europea en producción de ganado vacuno lo que supone que, actualmente, en la península ibérica se destinen de dehesa a esta práctica. Es decir, un 20% del total de las de dehesa que existen en España. Un hecho que, según algunos autores, "supone el aprovechamiento sostenible del territorio, y contribuyendo al mantenimiento de población en zonas rurales".
Las ganaderías bravas necesitan grandes extensiones de terreno y un elevado coste de inversión, derivado del ciclo de producción (entre 1 y 5 años) y de las particularidades que se derivan de la metodología de manejo de este tipo de ganado y la creación de instalaciones específicas; además de un personal cualificado y especializado. A pesar de esto, en España existen un total de 927 ganaderías que sostienen de ganado inscritas en el Libro Genealógico de la Raza bovina de Lidia.
Alimentación del toro La alimentación de los toros bravos dentro de una ganadería, por tanto, está supeditada a la pluviometría y a la proximidad con corrientes fluviales y calidad de los suelos. Los pastos que crecen son aprovechados por las reses mediante pastoreo como base de alimentación las cuales se pueden ver suplidas, en caso de carestías, por piensos elaborados con cereales, frutas, verduras o forraje. Algunos autores afirman que el tipo de alimentación condiciona directamente el desarrollo del animal dentro y fuera de la plaza: Al toro bravo se le exige, para que pueda ser lidiado, una edad y un peso de acuerdo con el tiempo de explotación. Está claro que la gordura o peso del animal es un factor secundario respecto a su intervención en la bravura. Sin embargo, la alimentación de la res influye sobre el poder, la salud y la constitución normal del toro
Datos de manejo y reproducción Para la producción o crianza del toro bravo, las ganaderías emplean un equipo profesional experto (ganadero, mayoral, veterinarios) así como animales asilvestrados (caballos, bueyes y perros) que permiten el mejor manejo de los toros y las vacas, bien por dependencias de la finca con motivos zootécnicos (alimentación, reproducción o movilización) o motivos sanitarios (saneamiento, desparasitación, curas, etc.). Según la legislación vigente en España y la Unión Europea, los toros bravos se someten al mismo control sanitario que el resto de explotaciones de vacuno extensivo, garantizando así tanto la salud animal como la calidad de su carne para el posterior consumo humano.
Mientras tanto, las reses conviven en amplios cercados, adaptados a la orografía del lugar, desarrollando su vida al aire libre y en contacto con la naturaleza y el resto de flora y fauna del entorno. Para un mejor manejo, las reses se separan por sexo y por edad, además de por su conformación morfológica. Dependiendo de la finca y la ganadería, los cercados que se emplean son distintos según la temporada o época del año, en función de si hay corrientes fluviales cerca o el tipo de pasto que hay en cada uno de estos cercados.
La reproducción del toro bravo se basa en un sistema de monta natural por parte de toros hacia las vacas, separándolas en lotes de cubrición. Para ello, el ganadero tiene en cuenta los libros propios de la ganadería donde, de acuerdo con la genética, selecciona sementales y vacas cubridoras para relacionarlas entre sí, procurando que los productos que ajusten lo más posible a sus criterios de reproducción y que permitan conservar las características y comportamiento de sus reses durante la lidia.
La selección en la crianza La ganadería, de acuerdo con sus características zootécnicas y morfológicas, busca la creación y conformación de un tipo de toro, que responda en su comportamiento a los requisitos de la lidia en la plaza de toros. Así, además de los criterios a la hora de la cubrición y la reproducción - emparejando sementales y vacas afines en su reata o familia de procedencia - en la plaza de tientas se seleccionan a las hembras de cada camada y a ciertos machos simulando las fases de la lidia: toreo de capote, tercio de varas y toreo de muleta.
En caso de duda, o al paso de los años, aquellas vacas que hayan superado la fase de selección pueden ser sometidas a una retienta, normalmente a campo abierto. Lo mismo que los machos, que son seleccionados, en algunos casos, no en la plaza de tientas sino mediante el ejercicio ecuestre del acoso y derribo; pasando, posteriormente, de superar la selección a la plaza de tientas para ser lidiados.
Variedad morfológica del toro bravo Según varios autores, el toro de lidia es un gran ejemplo de biodiversidad puesto que presenta una gran riqueza genética, derivada de sus múltiples tipos morfológicos - también conocidos como encastes - que definen a cada uno de estos grupos y que permite diferenciarlos del resto gracias a sus respectivos fenotipos.
Aunque el toro de lidia procede del bos taurus, a lo largo de los siglos en España ha experimentado una gran evolución. Primeramente a través de lo que la historiografía taurina ha denominado como castas fundacionales y de las cuales se han derivado subgrupos (encastes), con particularidades propias y los cuales, a su vez, interrelacionándose entre sí, han arrojado unos nuevos.
Bienestar animal La ganadería de toros bravos ha estado caracterizada por la crianza de las reses en estado de semilibertad. Un hecho que, con respecto a las explotaciones agropecuarias de tipo estabular, han granjeado una impresión positiva sobre el modo en el que viven los toros bravos: En el campo, los ojos del toro tienen toda la dulzura y tranquilidad del justo. Un toro en la dehesa es un bienaventurado. Yo no sé la razón, pero nunca he visto un toro paciendo ó rumiando, que tanto monta, que no me haya venido á la memoria el arca de Noé, en donde yo he creído siempre que los animales alli contenidos observaron una conducta irreprensible, sin atreverse ninguno á decir esta boca es mia.En la actualidad, el bienestar animal del toro de lidia se garantiza por medio de la aplicación de la normativa española, europea e internacional; además de los nuevos protocolos como el Welfare Quality, que establece que el bienestar se garantiza mediante cuatro principios: buen alojamiento, buena alimentación, buena salud y comportamiento apropiado.
Investigaciones recientes en la Universidad Complutense de Madrid han desarrollado claramente cuál es el protocolo de las ganaderías de toros de lidia para garantizar el bienestar animal entre las reses que se crían.
Libro Genealógico de la Raza Bovina de Lidia El Ministerio de Agricultura español aprobó en 1990 la creación de un documento conocido como el Libro Genealógico de la Raza Bovina de Lidia con el objetivo de preservar la crianza del toro bravo y adaptarse a la normativa común europea en materia de explotaciones ganaderas. Por esta razón, las cuatro asociaciones ganaderas que existen en España dedicadas al toro bravo trabajan, de acuerdo con la orden ministerial para:
Asegurar la pureza étnica de la raza de lidia y su selección. Estimular y orientar la mejora de la misma. Organizar y mantener actualizados los registros de las ganaderías inscritas, así como dar fe del contenido de los mismos. Favorecer el progreso de la raza de lidia.
Igualmente, y desde 2015, las cuatro asociaciones ganaderas - Unión de Criadores de Toros de Lidia, Asociación de Ganaderías de Lidia, Agrupación Española de Ganaderos de Reses Bravas de Ganaderos de Lidia Unidos - han conformado la FEDELIDIA, una federación conjunta donde están representados todos los profesionales ganaderos del sector con la finalidad de poner en valor la producción cárnica del toro bravo y dar a conocer "las virtudes de una carne con arraigo ancestral a la cultura gastronómica de España y que posee cualidades claramente diferenciales desconocidas por muchos consumidores".
miniaturadeimagen|275x275px|Toro de encaste "Vega-Villar", de origen Vistahermosa y Vazqueño (casta andaluza)
Historia La cría del toro bravo en España es tan antigua como los espectáculos taurinos españoles: bien como espectáculo de masas o bien como entrenamiento militar. Así,la tradición arranca en la Edad Media, cuando en el año 1100 se tiene constancia de la primera vez "que se corrieron toros en fiestas públicas".
Hubo toros también durante el cuando, en Saldaña (Palencia), se celebró una corrida de toros con motivo de las nupcias entre Alfonso VII de León y Berenguela de Barcelona y también entre los reinos musulmanes del sur de España; puesto que el rey Muhammad XII de Granada alanceó toros públicamente en la Plaza de Bibrrambla de Granada procedentes de la Serranía de Ronda (Málaga).
Durante la Edad Moderna se tiene constancia de la existencia de ganaderías propiamente dichas y en la que consta, en algunos casos, su ubicación exacta e incluso el nombre del propietario. Entre las más destacadas, por su singularidad, debió estar la que regentó el rey Felipe IV cuyos toros se lidiaron en 1623 en Madrid con motivo de "las fiestas dedicadas al príncipe de Gales". Pero también las que hubo en Madrid, Salamanca, Ciudad Real o Toledo, donde se cuentan más de diez ganaderías distintas.
No será hasta el , con la aparición de la tauromaquia moderna cuando los ganaderos se dediquen a criar toros seleccionándolos de acuerdo con las necesidades de la lidia; buscando características concretas en su comportamiento y en su aspecto externo. Será entonces cuando nazcan lo que la historiografía ha denominado como castas fundacionales; de los cuales derivan los diferentes encastes que existen: Los distintos encastes se han formado a través de la selección realizada a partir de las castas fundacionales de procedencia, o a partir de diversos cruzamientos entre castas o encastes del mismo tronco, habiéndose extinguido en la actualidad muchos de ellos. De estos encastes y de sus cruzamientos proceden la mayoría de las ganaderías que han llegado a nuestros días, si bien están en continua evolución, y por tanto sujetos a cambios en su morfología.
Castas fundacionales y encastes La historiografía taurina establece diferencias a la hora de agrupar las castas fundacionales: nueve (castellana, jijona, de la tierra, navarra, vistahermosa, cabrera, gallardo, vazqueña y vega-villar), siete (morucho-castellana, cabrera, navarra, gallardo, jijona, vazqueña y vistahermosa) o la más reciente que las agrupa en tres: andaluza, castellana y navarra.
Casta andaluza