miniatura|Detalle de una ilustración en prensa de la segunda mitad del , donde aparece la filoxera.
Durante la década de 1870, se produjo una plaga de la filoxera en las principales zonas vitivinícolas españolas. La filoxera entró en la península ibérica por tres focos: Oporto, Málaga y Gerona. Los dos primeros se debieron a la importación de pies americanos y el tercero a la entrada natural por expansión desde Francia, a través del Rosellón y Pirineos Orientales. Otros focos: Mallorca (1891), Pamplona (1896) y Valencia (1905-1906).
Filoxera de la vid La filoxera de la vid es el nombre común de la especie Daktulosphaira vitifoliae (= Phylloxera vastatrix, = Dactylosphaera vitifolii), insecto hemíptero homóptero de la familia Phylloxeridae. Su origen se sitúa en Estados Unidos, donde se alimenta de las hojas y raíces de la vid americana.
Los daños que produce dependen del tipo de vid, ya que no participa exclusivamente en su muerte, sino que suele venir acompañada de hongos y bacterias que necrosan y pudren las raíces. Las raíces de la vid europea responden a la filoxera mediante nudosidades y tuberosidades (hipertrofias y depresiones centrales respectivamente) que permiten la entrada a los microorganismos mencionados provocando su muerte y con ella la de la planta entera. En la vid americana, sin embargo, apenas se forman nudosidades y tuberosidades, por lo que la filoxera se puede alimentar de sus raíces sin provocar la muerte.
Ciclo de la filoxera de la vid sobre vides americanas
En circunstancias ambientales especiales las filoxeras descendientes suben a las hojas
La llegada de la filoxera a Europa
La filoxera llega a Europa en 1863 afectando a una viña en Pujaut. El botánico francés Jules Émile Planchon confirma la presencia del insecto en 1868 cuando ya están afectados otros tres focos: dos en Francia (Burdeos y Gard) y uno en Austria (Viena). A partir de aquí se fue extendiendo por el resto del continente.
El insecto fue importado desde Georgia (EE. UU.) con la variedad «isabela» de vid americana, que se había traído para combatir el oídio que estaban sufriendo en ese momento las vides europeas. La plaga arrasó fácilmente los viñedos porque no tenían resistencia genética a la filoxera.
La filoxera en España miniatura|Detalle de una caricatura de 1885 en la que aparece la filoxera de la vid como una de las plagas que azotaban España en aquella época.
El primer registro de filoxera en España se remonta a 1878, en Málaga. Este foco sorprende porque no responde a la esperable expansión natural de la filoxera por Europa, entrando por Cataluña a partir de Francia, sino a un fenómeno de importación.
Cataluña y valle del Ebro
Alrededor de 1875 (4 o 5 años antes de su entrada), el Instituto Agrícola de San Isidro (IASI), en Barcelona, y algunas personas como Joan Miret se cuestionaban cómo enfrentarse a la plaga. Joan Miret propuso la creación de un «cinturón sanitario» (cortafuegos) en los Pirineos Orientales (desde la costa hasta Figueras). Esto suponía la eliminación de las viñas del Alto Ampurdán. El IASI envió la propuesta al Ministerio de Fomento y este al Congreso Antifiloxérico Español, siendo aprobada en las Cortes el 30 de julio de 1878.
Sin embargo, los viticultores del Alto Ampurdán no estaban dispuestos a arrancar sus viñas, por lo que contactaron con Pau Olivier, quien formó parte en la lucha contra la filoxera en el vecino departamento francés de los Pirineos Orientales. Pau era partidario de tratar las viñas filoxeradas sumergiéndolas en agua y aplicando sulfuro de carbono, ya que éste actuaba como insecticida.
Hacia finales de septiembre de 1879 se observa por primera vez en Cataluña la filoxera, situándose en las viñas próximas al Monasterio de San Quirico de Colera (Rabós). Con la filoxera ya en España, entraron en funcionamiento las Brigadas Antifiloxéricas (dirigidas por Joan Miret) para formar el «cinturón sanitario». Sin embargo, se encontraron con un rechazo violento de los viticultores, que consiguieron detener las acciones de la brigada. En 1880 Joan Miret dimitió.
Entre 1880-1881 la filoxera llegó al Bajo Ampurdán; en 1882 entró en la provincia de Barcelona por Tordera y se extendió en la región vitícola del Maresme en 1883. En esta época se creó en Barcelona la Comisión Provincial Antifiloxérica con la misión de establecer un nuevo «cordón sanitario», pero un nuevo levantamiento popular lo frenó e impidió.
El IASI, viendo el fracaso de los dos «cordones sanitarios» se decantó por los dos remedios clásicos: aplicación de sulfuro de carbono y sustitución por pies americanos. Para 1886 la plaga ya había invadido todos los viñedos barceloneses al norte del río Llobregat, entre 1888-1890 el Panadés y en 1892 entraba ya en la provincia de Tarragona. En 1901 llegaba ya a la provincia de Lérida y en 1902 saltó a Castellón. Hacia 1904, la escasez de viñas próximas a Castellón de la Plana sirvió para frenar el avance de la plaga.
La depresión del Ebro: el foco de Pamplona y su expansión
La expansión más rápida de la filoxera se produjo entre 1896 y 1903, ya que infectó prácticamente todas las comarcas vitícolas del valle del Ebro (Navarra, La Rioja, Álava y Zaragoza). Esto se explica por el predominio de suelos arcillosos, clima de veranos secos y prácticamente ninguna resistencia por parte de los viticultores. Esta plaga se detectó la primera vez en Echauri, un pueblo muy cercano a Pamplona en 1896.
Al igual que en Cataluña, la Diputación de Logroño estableció un «cordón sanitario» (conocido como Plan Logroño) aprovechando al máximo la geografía del terreno y así minimizar las superficies de cultivo afectadas. Su objetivo era salvar las zonas vitícolas de Zaragoza, Navarra, Logroño, sur de Álava y el norte de Burgos. Cuando en 1896 llegó la filoxera a Navarra, de las dos soluciones posibles para enfrentarse a ella, la situación socioeconómica del momento requería solamente el cambio por plantas americanas, ya que el tratamiento con sulfuro de carbono era poco rentable. Para ello, la Diputación de Navarra impulsó la creación de viveros con plantas americanas y formó el Servicio Agrícola Provincial.
Desde Echauri, primer foco de la zona, la filoxera avanzó por Navarra en tres frentes: al sur por Tafalla y Olite; al Levante invadiendo los viñedos de Aoiz y Lumbier; por Viana y Los Arcos llegando a orillas del Ebro. El salto del río Ebro se produjo rápidamente (1899): Sajazarra (La Rioja) y Borja y Tarazona (Zaragoza). En 1903 llegaba a los viñedos de Luco de Jiloca, provincia de Teruel.
La Filoxera en La Rioja
La Rioja fue invadida por la filoxera en el año 1899, es decir, comparativamente tarde. Su historia relacionada con la plaga se inició, sin embargo, bastante antes, en el año 1878, cuando se constituyó en dicha provincia la Comisión Provincial de Defensa contra la filoxera, una de las primeras de España. El 30 de noviembre del mismo año dicha comisión dirigió un informe al Director General de Instrucción Pública, Agricultura e Industrias en el que informaba sobre lo siguiente:
«Se ha acordado una medida de la mayor importancia para remediar los estragos del mal si desgraciadamente se presentase. Tal es, el establecimiento de tres viveros de simiente de vides resistentes a la filoxera, situados respectivamente en las comarcas que se conocen por Rioja Alta, Media y Baja».
Respecto a trabajos de divulgación, se organizó en la capital un ciclo de conferencias sobre la plaga con el especialista José Muñoz del Castillo, las cuales fueron publicadas posteriormente . Pero el comienzo fulminante de esta comisión muy pronto dejó lugar a una inactividad absoluta, que duró hasta 1896, año en que en la vecina provincia de Navarra fue oficialmente declarada la invasión filoxérica. La noticia cayó como un rayo en La Rioja, que la recibió totalmente desprevenida. El diario La Rioja empezó a publicar diariamente artículos que tenían la filoxera como protagonista. Sus corresponsales exigieron a la Diputación la pronta aplicación de la ley contra la filoxera del año 1885 y, en especial, la prohibición de nuevas plantaciones de vid en la región y la supresión del comercio de cepas, puesto que existía la grave sospecha de que la filoxera había sido introducida en Navarra por la importación de material orgánico procedente de zonas filoxeradas.
La Comisión de Defensa contra la Filoxera, ante esta situación, dictó unas disposiciones que prohibían estrictamente la plantación de viñedos nuevos sin la aprobación explícita de la misma. A la vez formó un cuerpo de especialistas encargados del reconocimiento sistemático del viñedo riojano para detectar, cuanto antes, una eventual invasión por el insecto . Mientras tanto, todos estaban muy pendientes de lo que estaba pasando en Navarra, donde el famoso especialista e ingeniero agrónomo Nicolás García de los Salmones había sido encargado de dirigir la lucha antifiloxérica.
Cuando el personal técnico de la Estación Enológica de Haro descubrió el primer foco filoxérico en territorio riojano en junio de 1899 la falta de preparación se evidenciaba todavía más:
«En el día de hoy se nos presenta el problema siguiente: En el pueblo de Sajazarra aparecen cuatro focos filoxéricos. Según la Ley, se debe acudir e indemnizar lo que se destruya, que es lo invadido y algo más, quemando las plantas etc. Todo ello se ha de satisfacer con los fondos recaudados y beneficia a la provincia en general, directamente a Sajazarra y más principalmente todavía a los términos inmediatos a Sajazarra, entre ellos, el de Haro. La mayoría de estos pueblos sin embargo no han satisfecho el impuesto del año, otros el de este año y el anterior, y algunos como Sajazarra, ninguno de los tres repartimientos hechos».
Aparte de los problemas financieros que imposibilitaron cualquier iniciativa enérgica de lucha contra la filoxera, la inflexibilidad del aparato burocrático estatal y la falta de competencia propia de la administración provincial también jugaban un papel importante en el fracaso de las medidas defensivas. La dependencia del gobierno central a la hora de fijar el presupuesto causó unas demoras importantes, de tal forma que, por ejemplo, en 1899, ante el retraso del visto bueno por parte de la administración central, los miembros de la comisión antifiloxérica tuvieron que salir fiadores ellos mismos para adquirir el sulfuro de carbono necesario para la desinfección de las viñas afectadas.
La falta de cooperación por parte de los viticultores riojanos es otro dato que se ha de considerar. Los conflictos entre ellos y el personal técnico fueron cotidianos, especialmente si se trataba de tomar medidas que les afectaba materialmente. La aplicación del insecticida sulfuro de carbono y la posterior quema de las viñas afectadas, como medidas para contener la plaga, fueron rechazadas abiertamente por la mayoría de los viticultores. Las autoridades no consiguieron ni siquiera que, para no propagar la plaga, no vendimiaran en los viñedos filoxerados. Es evidente que a los viticultores les importaban mucho más los ingresos de una cosecha, por pequeña que fuera, que las promesas de un futuro mejor sin el más mínimo apoyo material. Además, para mantener el orden social y evitar enfrentamientos más conflictivos, nadie podía pensar en medidas más duras, impuestas a la fuerza por las autoridades.