El Partido Federal fue un partido político argentino que luchó por establecer el federalismo como forma de gobierno. Sus motivos centrales fueron proteger los intereses normativos y económicos de las provincias del interior, muchas veces limitadas por la provincia de Buenos Aires.
Este bloque surgió en tiempos de la Revolución de Mayo (1810), y tuvo como primer referente al militar oriental, José Artigas (1764-1850), fundador y «protector» de la Liga Federal (1814-1820), también conocida como «Unión de los Pueblos Libres». No obstante, la fallida resistencia de Artigas a la invasión lusobrasileña de la Provincia Oriental implicó la desaparición de la Liga en 1820.
El Partido Federal atravesó un vacío de poder hasta el surgir de Manuel Dorrego en 1824, dirigente porteño de Buenos Aires. Tras su ejecución en 1828 –mismo año en que Uruguay logra liberarse de Brasil–, surgiría el fuerte liderazgo del caudillo argentino, Juan Manuel de Rosas, quien, en la práctica, gobernó ese país por 23 años (1829-1852). El fin de su poderío lo marcará el surgimiento del dirigente federal de la provincia de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, que estuvo en el poder hasta 1861.
Los federales en Argentina estuvieron luchando en contra del Partido Unitario hasta la segunda mitad del por decidir la organización política del país, zanjada en 1861 tras la batalla de Pavón. Allí el unitario Bartolomé Mitre derrotó a Urquiza. Sin embargo, en 1853, el partido logró dejar legado al influir en la redacción de la Constitución de la Nación Argentina, cuya estructura federal se ha mantenido vigente dentro del plano normativo del país.
Después de Pavón continuó existiendo, pero con reducida fuerza. Este declive se aceleraría luego de que Urquiza perdiera las elecciones presidenciales de 1868 frente al liberal Domingo Faustino Sarmiento, culminando en su desaparición en 1874.
Hasta hoy, el federalismo argentino se basa en una autonomía relativa dada la fuerte impronta unitaria que legó el triunfo de Mitre, quien no dejó de verse obligado a aceptar la existencia de constituciones provinciales con tal de evitar futuros conflictos internos.
Historia
El primer federalismo: Artigas y la Liga Federal (1811-1828)
miniaturadeimagen|Litografía de los miembros de la Primera Junta. El federalismo surge a poco de iniciada la época de la independencia. La Primera Junta invitó a las ciudades y algunas villas del interior del virreinato a enviar diputados que se unirían a la Junta. Al llegar éstos a Buenos Aires, varios de los dirigentes aliados de Mariano Moreno propusieron que los diputados del interior formasen un Congreso legislativo; pero, dado que la Junta gobernaba ya sobre gran parte de las provincias y les habían impuesto nuevos gobiernos sin consulta alguna a sus ciudadanos, los diputados prefirieron tomar parte del gobierno, para evitar ser gobernados exclusivamente por los porteños. El presidente Cornelio Saavedra, enfrentado por varias razones con Moreno, apoyó esa moción y logró que la decisión se tomara en conjunto entre los miembros de la Junta y los diputados: el resultado fue un gobierno formado por miembros elegidos tanto en Buenos Aires como en el interior, la Junta Grande, formada a fines de 1810. Sin embargo, en octubre de 1811, tras hacer responsable al gobierno de varios fracasos notables durante la guerra de independencia, el cabildo de la capital impuso un nuevo gobierno puramente porteño sin consultar a las provincias del interior y poco después expulsó a sus diputados.
Durante los dos años siguientes, los gobiernos porteños ignoraron completamente los derechos de las provincias del interior, les impusieron sus gobiernos, los forzaron al pago de impuestos y les quitaron las fuerzas militares sin consultarlos en absoluto. A principios de 1813 se formó una asamblea constituyente que incluía diputados del interior, pero éstos fueron parcialmente cooptados por la Logia Lautaro, y nuevamente el control pasó a la dirigencia porteña, que expulsó a algunos diputados, eligió por sí misma a otros y rechazó los electos en algunas provincias, por ejemplo los de la Banda Oriental, que fueron reemplazados por otros elegidos bajo la presión de las armas porteñas. miniaturadeimagen|338x338px|José Gervasio Artigas, retrato imaginario de Juan Manuel Blanes (1880). Este último hecho fue el detonante de la rebelión del militar oriental José Artigas, que retiró a sus hombres del sitio de Montevideo y tomó el control de la Provincia Oriental, al mismo tiempo que pequeños caudillos locales tomaban el control de gran parte de la provincia de Entre Ríos. El reclamo básico de los desde entonces llamados «federales» era poder gobernarse a sí mismos sin injerencia de la élite política porteña y tener una representación adecuada en el Congreso.
La respuesta del gobierno central fue acusar a quienes se oponían a la hegemonía de Buenos Aires de «anárquicos», y pretender aplastar su resistencia a través de sucesivas invasiones y campañas de represión; a las provincias Oriental y Entre Ríos se sumaron poco después Corrientes y Santa Fe, que reemplazaron a los gobiernos impuestos por Buenos Aires por otros elegidos por ellos. Las provincias de Entre Ríos, y muy especialmente la de Santa Fe sufrirían invasiones porteñas durante seis años, que causaron la casi completa destrucción de la provincia, lo cual dio una importancia central a los líderes militares, que asumieron el mando político, siendo desde entonces verdaderos caudillos políticos y militares. También Córdoba adhirió durante un tiempo al federalismo, e inclusive hubo efímeras revueltas federales en Santiago del Estero y La Rioja. izquierda|miniaturadeimagen|278x278px|Retrato de Manuel Dorrego, principal referente del federalismo porteño. Entre 1816 y 1817 el director supremo Juan Martín de Pueyrredón expulsó del país a varios dirigentes opositores porteños, muchos de los cuales terminaron exiliados en los Estados Unidos. Allí adhirieron a las ideas federalistas con que se regía ese país, antes de volver a las Provincias Unidas en 1820, tras la disolución del gobierno central. Entre ellos se destacó Manuel Dorrego, que inicialmente se opuso a los gobiernos sucesores del Directorio y combatió contra el caudillo federal Estanislao López, pero luego se hizo aliado de éste y de varios otros dirigentes federales.
En Buenos Aires, el federalismo no logró imponerse sobre el centralismo porteño, aunque los gauchos del interior provincial fueron sumándose a las filas de los futuros dirigentes federales. Mientras tanto, los federales lograban controlar la mayoría de las provincias del interior, con excepción de algunas en que la lucha contra los unitarios permitió a éstos alternarse en el gobierno por medio de sucesivas revoluciones, como en Mendoza, San Juan, Salta, Tucumán y Catamarca. Una guerra civil en que sobresalió el caudillo riojano Facundo Quiroga dejó casi todo el país en manos federales.
Mientras tanto, en Buenos Aires, los unitarios lograron casi todos sus objetivos, al elegir un presidente de la República y sancionar una constitución de tipo unitaria en 1826. Sin embargo, el fracaso del presidente Bernardino Rivadavia en imponer la constitución en las provincias y en la guerra del Brasil llevó a su renuncia y a la elección del gobernador federal Manuel Dorrego. La Provincia Oriental fue separada del país y pasó a formar el Estado Oriental del Uruguay, independiente tanto de la Argentina como del Brasil.
Época de Rosas y la Confederación Argentina (1829-1852)
miniaturadeimagen|284x284px|Retrato de Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires hasta 1852. La guerra estalló de nuevo a fines de 1828, al regreso de las tropas que habían luchado contra el Brasil a Buenos Aires: el general Juan Lavalle derrocó, derrotó militarmente e hizo fusilar sin juicio previo al gobernador legal Dorrego, mientras que José María Paz invadía la provincia de Córdoba, donde derrotó y derrocó al gobernador federal Juan Bautista Bustos, invadiendo a continuación al resto de las provincias del interior, con las que fundó la Liga del Interior. Se ha especulado con la idea de que, en caso de triunfar, Paz habría hecho sancionar una constitución federal; su alianza permanente con los unitarios de Buenos Aires vierte serias dudas sobre esa suposición. En todo caso, fracasó frente a las provincias firmantes del Pacto Federal y a fines de 1831 todas las provincias del país tenían gobiernos federales.
El sistema que funcionó a partir de 1831, y más claramente a partir de la elección al gobierno de Buenos Aires de Juan Manuel de Rosas fue una serie compleja de alianzas basadas en el Pacto Federal y en la hegemonía de Rosas, que dio al país el nombre de Confederación Argentina. Tres caudillos que podían interponerse en su pretensión de gobernar al país —Quiroga, López y Alejandro Heredia— murieron entre 1835 y 1838, dejando vía libre al gobierno autoritario de Rosas.
Rosas impuso su poder defendiendo simultáneamente los intereses de los estancieros, de los artesanos de Buenos Aires, de los gauchos de las provincias, de los negros libertos y hasta de una parte de los indígenas, a quienes mantenía en paz a través del «negocio pacífico», por el que los proveía de alimentos y otras mercaderías a cambio de la paz y de la alianza contra los indios enemigos.
En lo social, los gobiernos federales se apoyaban en las clases más desfavorecidas y en parte de la clase media, aún cuando varios de los gobernadores pertenecían a las aristocracias locales. En lo económico, el gobierno de Rosas hizo varios esfuerzos en favor del proteccionismo, manejando ese sentido los impuestos internos y de importación. Pero la entrada de gran parte de las mercaderías importadas se hacía por el Río de la Plata; como Buenos Aires forzaba a los buques a anclar en su puerto y pagar impuestos de importación a la provincia, tenía el control económico de toda la Confederación —y Rosas sólo enviaba dinero a las provincias del interior para sus campañas militares.
Con pocas excepciones, la mayor parte de los gobernadores de las provincias del interior le debían su acceso al gobierno. Sin embargo, si esto le daba mucho poder, le hacía acumular enemigos, que se alzaron contra su poder una y otra vez: los Libres del Sur se sublevaron en Buenos Aires en 1839, la Coalición del Norte combatió contra Rosas entre 1840 y 1842, la provincia de Corrientes se sublevó reiteradamente entre 1838 y 1848, y hubo guerras civiles locales en todas las provincias. Incluso el indiscutiblemente federal federal caudillo Ángel Vicente Peñaloza lideró dos campañas contra los aliados del gobernador porteño. Rosas logró sostenerse en el gobierno y derrotarlos a todos -incluyendo a las intervenciones navales de Francia y del Reino Unido y a la Confederación Perú-Boliviana- a la vez que utilizaba esas guerras como excusa para impedir la organización constitucional del país.
En suma, la hegemonía de Rosas había dado lugar a una confederación que causaba casi tantos males a las provincias del interior como el unitarismo, pero ninguna de ellas parecía capaz de vencer por sí sola a Rosas y sus aliados. Ni siquiera las alianzas de varias provincias lo lograron, por lo que terminaron por resignarse al sistema instaurado por el jefe nacional del Partido Federal.
Urquiza y la Confederación constitucional
miniaturadeimagen|El presidente Urquiza, dibujo de 1865.