Maksim Maksímovich Litvínov , (-), revolucionario ruso y destacado diplomático soviético de origen judío que sirvió como ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética durante gran parte de la década de 1930.

Juventud y primer exilio Litvínov se llamaba realmente Meir Henoch Mojszewicz Wallach-Finkelstein (acortado a Max Wallach, ) y nació en una acaudalada familia de banqueros judíos en Białystok, en la provincia de Grodno de la región de Podlaquia, parte de la antigua unión polaco-lituana, en aquel entonces parte del Imperio Ruso. Sus padres se llamaban Moses (Moisés) y Anna Wallach.

Se afilió al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) en 1898, en aquel tiempo ilegal, por lo que sus miembros acostumbraban a adoptar un pseudónimo, escogiendo Wallach el de Maxim Litvínov, aunque también se le conocía como Papasha y Maxímovich. En ciertos artículos usó también los nombres M.G. Harrison y David Mordecai Finkelstein.Id., p518

Durante sus primeros años en el partido su principal tarea fue la de propagandista en la provincia de Chernigov. En 1900 pasó a formar parte del comité del partido en Kiev. Fue detenido junto al resto de sus compañeros del comité en 1901, pasando 18 meses de encarcelamiento hasta lograr huir de la prisión de Lukyánovskaya a la cabeza de otros 11 reclusos, exiliándose en Suiza. Allí trabajó como editor del periódico revolucionario Iskra (La chispa). En 1903 se unió al ala bolchevique del partido y regresó a Rusia. Tras la Revolución rusa de 1905 se convirtió en editor del primer periódico legal del partido, Nóvaya Zhizn (Nueva vida), en San Petersburgo.

Segundo exilio Tras la reanudación de los arrestos de bolcheviques por el gobierno ruso en 1906 Litvinov partió de nuevo al extranjero. Involucrado en el intento fallido de cambiar los billetes robados en el atraco al banco de Tiflis de 1907, fue detenido por la policía. En 1908, en Francia, fue detenido y expulsado a Gran Bretaña; residió en Londres durante diez años, participando en las actividades de la Oficina Socialista Internacional.

Tras la Revolución de octubre, la prensa británica y norteamericana lo consideró el representante del nuevo gobierno bolchevique en Gran Bretaña,Litvinoff, Ambassador to England, Hopes They Will Compel 'a Democratic Peace.' como también indicaba el agente británico en Moscú Bruce Lockhart.Memoirs of a British Agent p201

Durante su estancia en Gran Bretaña conoció y desposó a Ivy Lowe, hija de una de las más distinguidas familias judías británicas. Los antepasados de Lowe habían emigrado de Hungría al Reino Unido tras el aplastamiento de la Revolución húngara de 1848. Su padre Walter Lowe era un escritor, amigo de H. G. Wells.

Durante un tiempo Litvínov residió en Belfast.

Tras la revolución Al día siguiente del golpe de Estado bolchevique y la formación de un nuevo gobierno, Litvínov fue nombrado por Lenin representante plenipotenciario (polpred) del mismo en Gran Bretaña, cargo oficioso (como el de su homólogo británico en Rusia, Bruce Lockhart), ante la negativa del gobierno británico a reconocer el nuevo gobierno y establecer relaciones diplomáticas formales.Memoirs of a British Agent p203

Litvínov, a punto de ser deportado de Gran Bretaña acusado de propaganda.|thumb En 1918 fue arrestado e intercambiado por Lockhart, que había sido arrestado a su vez en Rusia. Al año siguiente escribió un libro sobre The Bolshevik Revolution: Its Rise and Meaning que distribuyó el partido socialista británico.

Litvínov pasó a desempeñar la función de embajador itinerante del gobierno soviético, ingresando inmediatamente tras su regreso en el Comisariado del Pueblo de Asuntos Exteriores. Expulsado de Suecia donde había realizado un infructuoso llamamiento a la paz en diciembre de 1918, volvió al extranjero donde logró un acuerdo de intercambio de prisioneros entre diversos países, incluidos Francia y Gran Bretaña, su primer logro en política internacional.

Vicecomisario de Asuntos Exteriores De noviembre de 1919 a febrero de 1920, encabezó la delegación soviética que trató con los británicos en Dinamarca. El objetivo inicial de las negociaciones era acordar un intercambio de prisioneros, pero los soviéticos consiguieron que Londres se aviniese a levantar al bloqueo —rechazado por los países limítrofes a Rusia y por Alemania, que se habían negado a sumarse a él— y a comenzar conversaciones económicas entre los dos Gobiernos. Durante la primavera de 1920, encargado de evitar que Polonia atacase a Rusia insinuando la disposición de los mandos militares alemanes de respaldar a Rusia si estallaba el conflicto, se opuso a la campaña pacifista de Chicherin hacia Varsovia, que consideraba únicamente daba una impresión de debilidad militar —opinión que Trotski compartía—.

Tras lograr un reconocimiento de hecho del nuevo gobierno por parte de Francia y Gran Bretaña, aquel nombró a Litvínov primer vicecomisario de Asuntos Exteriores en 1921.

Gracias principalmente a sus esfuerzos, el Gobierno británico abandonó el bloqueo económico que mantenía contra el nuevo Gobierno bolchevique. Negoció asimismo diversos tratados comerciales con distintos países europeos. En febrero de 1929, firmó en Moscú el Pacto Litvínov, suscrito por la Unión Soviética, Polonia, Rumanía, Letonia y Estonia por el que los firmantes se comprometían a no usar la fuerza para resolver sus disputas, considerado como el equivalente en Europa oriental del Pacto Briand-Kellogg.

Chicherin y Litvínov Gueorgui Chicherin, antecesor de Litvínov en el Comisariado de Pueblo de Asuntos Exteriores.|thumb|right Sus modales, más bruscos y menos sofisticados que los de su superior Gueorgui Chicherin, junto con su lógica directa, su franqueza, su mayor apreciación de la política occidental y su realismo, contrastaban con las del comisario. Mientras Chicherin mantenía una actitud hostil hacia las potencias occidentales, Litvínov trataba de evitar cualquier confrontación que supusiese un peligro de intervención contra el gobierno soviético, defendiendo la participación de la Unión Soviética en los foros y pactos internacionales.

Su forma de trabajar era también diferente de la de su superior: mientras Chicherin era un gran trabajador pero tendía a concentrar en las tareas del ministerio, Litvínov tendía más a la delegación de trabajo en los diplomáticos. Por otro lado, el trato más cordial de Chicherin contrastaba con el trato meramente profesional de Litvínov hacia los subordinados.

Desde 1928, con el agravamiento de la enfermedad crónica de Chicherin, Litvínov pasó a controlar cada vez más el Comisariado, sustituyendo a Chicherin cada vez más a menudo en las ausencias de éste, por su cargo de vicecomisario para Occidente, a pesar de su tensa relación y sus desacuerdos políticos.

Comisario de Asuntos Exteriores thumb|Visita de Litvínov a EE. UU. en 1933. En 1930 fue nombrado comisario de Asuntos Exteriores, con el beneplácito de Stalin, que le prefería al anterior comisario, Gueorgui Chicherin, ya muy enfermo. Su elección no fue, sin embargo, fácil, por su conocida preferencia por Gran Bretaña en una época en la que la política exterior del país favorecía las relaciones con Alemania, su fuerte carácter con tendencia a la independencia de criterio y su dureza frente a sus adversarios, que no lo convertían en fácil de manejar.

Su cargo oficial no tuvo contrapartida en el Partido hasta enero de 1934, lo que debilitaba su posición dentro del mismo, eliminándolo como potencial adversario de Stalin. Este, por su parte, rara vez se entrometía en el cometido de Litvínov y sólo se comunicaba directamente con los diplomáticos en las cuestiones que consideraba de suprema importancia, dejando la gestión del Narkomindel en manos de Litvínov.

Firme defensor de los mecanismos de seguridad colectiva y de la necesidad de la Unión Soviética de participar en los foros internacionales para evitar el peligro de aislamiento internacional y de la formación de una coalición antisoviética, comenzó su etapa celebrando el auge de los nacionalistas en Alemania (incluyendo el crecimiento de los nazis) como garantía de la falta de unión de la Europa occidental que se veía como preludio de una nueva agresión de los países capitalistas contra la Unión Soviética. La agitación nacionalista en Alemania y sus victorias electorales hacían además que la actitud de Polonia y Francia, tradicionalmente hostiles a la Unión Soviética, se volviese más proclive a los acuerdos.

Durante los primeros años al frente del Ministerio la amenaza japonesa sobre el Extremo Oriente ruso tras su ocupación de Manchuria y la grave situación económica, social y militar de la región, que coincidía con la crisis de la industrialización acelerada del país, atrajo la atención principal de Litvínov, aconsejando una política conciliatoria en Europa para evitar una posible guerra en dos frentes.

Tras la llegada al poder de Hitler, su hostilidad hacia Francia (que había establecido sanciones económicas contra la Unión Soviética en 1930 avivando el temor de éstos por una posible intervención extranjera) disminuyó, intentando acercar las posturas de su país con la de Gran Bretaña y Francia. En 1933 logró el reconocimiento oficial del gobierno soviético por parte de los EE. UU. Litvínov, junto al presidente del Sóviet Supremo de la URSS, Kalinin, y al embajador chino, 1938.|thumb Tras el ingreso de su país en la Sociedad de Naciones, lo representó en ese organismo entre 1934 y 1938.

El fracaso de la seguridad colectiva y el relevo de Litvínov Los acuerdos de Múnich Tras los acuerdos de Múnich entre Italia, Alemania, Francia y Gran Bretaña en septiembre de 1938, a los que la Unión Soviética no fue invitada al igual que Checoslovaquia, y la falta de reacción de las potencias democráticas ante la infracción del mismo con la ocupación alemana de Bohemia y Moravia en marzo de 1939 hicieron que la Unión Soviética entendiese que Gran Bretaña y Francia no estaban dispuestas a colaborar con el estado soviético en el mantenimiento colectivo de la paz y la seguridad en Europa. Se impuso un cambio de política exterior, para la que Litvínov era un impedimento por su actitud ante Alemania durante gran parte de la década.

Los acuerdos supusieron una gran derrota para la política desarrollada por Litvínov a lo largo de la década y el NKVD arrasó el Comisariado del Pueblo de Asuntos Exteriores: en enero de 1939 nueve capitales relevantes se encontraban sin embajador y muchos puestos menores se hallaban sin cubrir; apenas un puñado de diplomáticos no pertenecían a los nuevos cuadros estalinistas y las sospechas sobre el personal dificultaban las tareas del ministerio. Litvínov, evitando la crítica directa a Stalin, sopesó la dimisión, que finalmente no presentó. Los acuerdos habían sido, sin embargo, sólo la culminación de una serie de reveses que, desde 1936, habían ido minando los sistemas de seguridad colectiva y que, tras los acuerdos, habían dejado a la Unión Soviética en una situación de aislamiento internacional que desde Moscú se tenía por peligrosa para el país. La defensa de esos sistemas. que Litvínov había defendido logrando gran simpatía internacional por la Unión Soviética, se habían convertido en entes sin poder político, que no satisfacían a Stalin. En el XVIII congreso del Partido a comienzos de marzo de 1939 declaró que, ante la postura de las potencias occidentales, la Unión Soviética no iniciaría nuevas acciones en defensa de la seguridad colectiva, quedando a la espera de las acciones de los demás países.

Últimas negociaciones con Occidente Mólotov, Stalin y Voroshílov, parte de los miembros del Politburó que relevaron de hecho a Litvínov al frente de la política exterior soviética en abril de 1939.|thumb|right