La PHU o Psicología del Nuevo Humanismo como también se la conoce, nace de una corriente de pensamiento impulsada por Silo conocida como Nuevo Humanismo. Sus obras de referencia son: “Apuntes de Psicología” que es un compendio de descripciones del psiquismo que se han ido recopilando desde 1976 (año en que aparecieron los primeros apuntes que hablaban sobre los aparatos del psiquismo) hasta 2006, año en que aparecieron los últimos apuntes que tratan sobre la psicología trascendental. Encontramos también “Psicología de la Imagen”, ensayo que describe la función movilizadora de cargas de las representaciones mentales o imágenes; Experiencias Guiadas, una aplicación práctica de la teoría de la imagen expuesta en la obra anterior y por último, el libro Autoliberación que se presenta como un manual teórico-práctico donde encontramos talleres y ejercicios de distintos tipos que nos llevan a una práctica concreta de esta Psicología.
Definimos a la Psicología Humanista Universalista «como el estudio de la experiencia de la conciencia humana en el mundo, entendida como intencionalidad orientada a superar el sufrimiento, mediante procesos integradores producidos por el dominio de la imagen y el actuar coherente en una dirección con sentido trascendente». (Zorrilla, J.) O dicho de otra forma: «la que concibe la conciencia como intencionalidad dirigida a la superación del sufrimiento, entendido como las trabas actuales al desarrollo posible de la experiencia humana y estudia las condiciones para el logro de esa superación».(Tato, N.) right
Acerca de la Psicología Humanista Universalista La Psicología Humanista Universalista (P.H.U) o Psicología del Nuevo Humanismo (P.N.H) como también se la conoce, parte desde una visión del ser humano y no es una psicología en el sentido clásico. No se trata del estudio de la conducta humana ni de los fenómenos psíquicos. Tampoco de un estudio por el mero afán de conocimiento como postulaba el viejo cientificismo racionalista. Ni se trata de una mera teoría. Tampoco se trata de una psicología “comprometida” con algún sesgo ideológico y, sin embargo, está comprometida con lo más concreto de la existencia humana: su experiencia. La P.H.U abarca todos los aspectos que clásicamente han abarcado las distintas psicologías que se fueron proponiendo como totalizadoras cuando lo que hacían era abordar lo humano desde un punto de vista parcial, que siempre resultaba enriquecedor para el conjunto de su conocimiento. Así, la P.N.H postula –a través de la Psicología Evolutiva que el fenómeno de la conciencia humana es un nivel alcanzado a lo largo de un largo proceso de complejificación creciente y autoorganización del fenómeno de lo viviente, pero no es un tope evolutivo sino una nueva cota, una plataforma desde la cual se abre paso a nuevos desarrollos de la experiencia humana que hoy apenas comenzamos a entrever.
Así, la historia del psiquismo es el proceso de evolución colectivo a través de los distintos niveles de conciencia que hoy podemos verificar en la experiencia individual, a los que habrá de seguir nuevos niveles que no son ajenos a la experiencia humana aunque lo hayan sido a la experiencia social.
La Teoría de los Impulsos nos permite comprender la base biológica de la dinámica psíquica, sintetizada a través del funcionamiento neurofisiológico: la estimulación heterogénea que recibe el cuerpo en sus órganos sensoriales especializados -dado que los estímulos que perciben los distintos sentidos corresponden a distintas franjas de fenómeno (luminosidad, sonido, química, física)- convirtiéndola en impulsos homogéneos aptos para su recepción y conducción por el sistema nervioso. De ese modo se transmiten los estímulos y las respuestas de regulación vegetativa, pero también se convierten en las imágenes que gobiernan el emplazamiento del cuerpo en el mundo. Los impulsos son la “interfaz” entre la base biológica y el psiquismo humano, como las imágenes son la interfaz entre la dinámica psíquica y el mundo.
A través de la Psicología Descriptiva se explica el funcionamiento psíquico en su aspecto no registrable, en un nivel de fenómeno que la conciencia no puede captar, que es la dinámica de aparatos y su interregulación, de la que resulta la conducta en su complejidad. A través de la Psicología de la Imagen se configura una descripción precisa del fenómeno de la representación y su emplazamiento espacial, esbozado anteriormente por la psicología experimental. La espacialidad de la imagen da sustento a la noción del espacio de representación como espacio mental donde se emplazan los contenidos de representación. Es la consolidación de este nuevo punto de vista, lo que permite comprender lo humano en su intimidad y en toda su complejidad. Particularmente, permite acceder a niveles de fenómeno interno hasta ahora accesibles solo a los buscadores existenciales que se aventuraron por las confusas tinieblas del mundo interno.
Pero este punto de vista no sirve al desarrollo de la experiencia interna sino es en función de la externa. El desempeño en el mundo depende de la configuración de las representaciones y su emplazamiento en el espacio mental, y necesita de un punto de vista que libere al sujeto de la tiranía de la supuesta mecanicidad interna y lo emplace como actor consciente de sus decisiones. La Psicología del Comportamiento y su visión de la conducta fundada en las distintas actividades en que se puede descomponer analíticamente la respuesta, aporta los elementos para elaborar una nueva tipología.
Pero nada de esto tiene sentido si no se emplaza el fenómeno humano en su drama cotidiano. La P.H.U no es una visión al servicio de una terapia, ni es un conocimiento abstracto. Por el contrario, la comprensión de la conciencia como intencionalidad reubica la óptica tradicional de hacerse problema de los fenómenos emotivos para ocuparse de la finalidad de la existencia, del sentido de la vida.
Se parte, así, de un postulado universal: la vida tiene sentido y dirección. Y en ello radica la clave de la existencia y sus problemas. Esclarecer el sentido y la dirección de nuestros actos para comprender los de la vida misma, es el eje de la PHU o PNH. Porque la intencionalidad humana no es un fenómeno teórico, sino que encarna, existe concretamente en cada situación. Lo humano es en situación, y esa situación es temporal. Hay, por tanto, elementalmente, una dirección a futuro. Existencialmente, nos está dado un tope a esa dirección: la muerte se alza como valla irremediable a nuestro afán de sentido. Así, la Psicología Trascendental aporta una nueva visión sobre las condiciones que ha de desarrollar la experiencia en la construcción de ese nuevo sentido, que permita alumbrar el paisaje más allá de las limitaciones dadas por nuestro desarrollo actual. A partir de todo esto es que se podría sintetizar el concepto de la Psicología Humanista Universalista como la que concibe la conciencia como intencionalidad dirigida a la superación del sufrimiento, entendido como las trabas actuales al desarrollo posible de la experiencia humana y estudia las condiciones para el logro de esa superación.Ahora bien, hay que advertir que esta definición es provisoria porque nuestra misma Psicología lo es: enmarcada en un proceso evolutivo, la validez de sus conceptos está inescindiblemente atada a la experiencia. Esto es, en primer lugar, sus conceptos solo adquieren sentido en la experiencia. Además, lo mantienen en función de la experiencia. Si cambia la experiencia, pierden sentido (vigencia) o se modifican. Y esto vale tanto para el individuo como para la Humanidad: si eleva su nivel de conciencia casi todo el aparato teórico actual pierde vigencia; si no la pierde la misma teorización.
Y por estar fundada en la experiencia, la Psicología Humanista Universalista no sólo es provisoria sino prescindible. Las evidencias empíricas excluyen la necesidad de lo teórico. Si la elevación del nivel de conciencia conlleva la formación o consolidación del espíritu, muy probablemente este permanezca ajeno al objeto de la Psicología. Es más, en tanto espíritu muy probablemente no pueda ser objeto por ser sujeto pleno. Por lo que ni la misma Psicología Trascendental podría hacerse cargo de su estudio ya que, presumiblemente, la experiencia alcance un grado tal de desarrollo –otro nivel de conciencia- que no requiere o no habilita el juego teórico. Y, a su vez, todo conocimiento de ese nivel sería inadecuado como dato para niveles inferiores de conciencia, porque la misma Psicología está destinada al abandono por vía de su superación, del modo en que, terminado un edificio, se desmonta el andamiaje que sirvió a su construcción.
La columna de hormigón que sostiene esa construcción comienza con una mínima intención de hacer que se corresponde a la primera cuestión que uno debe resolver si se decide a ser humano: si quiere vivir, esto es, si va a sumarse a la corriente de la Vida para avanzar en una dirección creciente, porque la Vida pide siempre más Vida.
Fuente: Tato, Néstor (2007) Resumen de la conferencia en el Foro de la P.N.H en Venezuela
Perfil general y diferenciado de la PHU
La PHU está contenida y desarrollada en forma filosófica, teórica y práctica en un conjunto de obras(1) que la ponen al alcance de cualquier persona que se interese en ello. Se sostiene en un punto de vista a la vez existencial, fenomenológico, estructural, historiológico, energético y bio-psico-social. La PHU se fundamenta en una antropología, es decir en una interpretación explícita del ser humano, que podría sintetizarse en la siguiente definición: el ser humano es el ser histórico y biosicosocial que, en la búsqueda de su sentido, en la evitación del dolor y el sufrimiento, y en la aproximación a lo que cree que le dará su felicidad, no sólo transforma el mundo, sino que al hacerlo se transforma así mismo. Todo ello respecto a las necesidades de la vida, en situaciones concretas, y en un contexto de adaptación creciente o decreciente, energéticamente integradora o desintegradora, en el que no puede dejar de elegir ni de jugarse su destino en el aquí y el ahora y –probablemente- también en el más allá. El contenido y la fuerza de su creencia respecto al significado de la muerte, influye decisivamente sobre su actitud vital, su carácter y su capacidad de adaptación creciente.
Para la PHU la esencia de la conciencia es actividad dirigida al mundo externo e interno para transformarlo de acuerdo la intención de superar el dolor y el sufrimiento. El fracaso repetido de esta intencionalidad puede generar que la propia conciencia intente, en una especie de suicidio psíquico, renunciar a su esencia, para pretender volverse lo que no puede de ninguna manera ser: objeto, cosa, ente sin intención propia, en lugar de intención transformadora. La PHU se orienta a restituir esta esencial voluntad de cambio, sin la cual no es posible la esencialidad humana, fuente de toda dignidad y valoración.
A diferencia de la orientación biologista esta nueva corriente observa que el condicionamiento genético-fisiológico actúa en estructura con los otros planos del psiquismo humano y del sistema histórico-social. Si bien la base biológica del ser humano actúa desde sus numerosas localizaciones nerviosas y glandulares, no deja de estar respondiendo por ello a la función coordinadora general que realiza el psiquismo entre la conciencia y el mundo, entre el individuo y su medio. Así como el cuerpo influye en la conciencia y en el mundo, de la misma manera la conciencia y el mundo influyen en el cuerpo.