La batalla de Churubusco ocurrió el 20 de agosto de 1847 en el convento de Santa María de los Ángeles y en la cabeza del puente del río Churubusco, en el pueblo del mismo nombre, a escasos kilómetros de la Ciudad de México, en el marco de la intervención estadounidense en México. Luego de la derrota en la batalla de Padierna, las tropas mexicanas emprendieron la retirada hacia Churubusco, siendo perseguidas por soldados estadounidenses. En dicho sitio confluían varias vías y era uno de los caminos hacia la Ciudad de México.

Para defender la retirada, el general y presidente Antonio López de Santa Anna ordenó al general Manuel Joaquín Rincón resistir en el convento de Santa María de los Ángeles el mayor tiempo posible, al tiempo que dispuso tropas en la cabeza del puente. La batalla consistió en acciones en esos dos sitios y en el camino hacia la hacienda de Portales, en las que las tropas defensoras mantuvieron a los invasores aproximadamente tres horas, lo que permitió al grueso del ejército mexicano continuar su repliegue hacia la Ciudad de México. En última instancia, al acabarse sus municiones, los defensores cayeron ante las tropas estadounidenses, que lograron avanzar hasta Tacubaya.

Aunque fue uno de los combates «más sangrientos» de la invasión, los estimados de bajas —y hasta de tropas involucradas— varían según las fuentes. La derrota, junto con las inmediatas anteriores, tuvo un gran estrago moral en los mexicanos. Después de la batalla, Santa Anna solicitó un armisticio, que se firmó el 23 de agosto y se mantuvo hasta el 8 de septiembre, cuando se reanudaron las hostilidades en la batalla del Molino del Rey. Nueve años después del combate, el entonces presidente Ignacio Comonfort ordenó construir un monumento a los caídos y, muchos años después, en 1981, se inauguró en el exconvento el Museo Nacional de las Intervenciones.

Antecedentes Ante el avance de las tropas invasoras estadounidenses en el valle de México, los monjes franciscanos del convento de Santa María de los Ángeles —Churubusco, cerca de la Ciudad de México— fueron exclaustrados para emplear las construcciones como fortaleza, dado que los estrategas mexicanos lo consideraron un punto táctico para frenar al enemigo. Alrededor de dicho convento se construyó un fuerte bastionado —incompleto al momento de la batalla—, con parapetos de tierra revestida con adobes, y anchos fosos llenos de agua de lluvia y de la que emanaba del terreno. La quinta brigada, formada por tropas de la Guardia Nacional del Distrito —batallones Independencia y Bravos— y encabezada por el general Pedro María Anaya, emprendió el 17 de agosto de 1847 la marcha hacia el punto avanzado de Churubusco, cuya defensa se encomendó al general de división Manuel Joaquín Rincón.

Luego de la batalla de Padierna, el general Winfield Scott, comandante de las fuerzas estadounidenses, encabezó a las divisiones comandadas por David Twiggs y Gideon Pillow en la persecución de los soldados mexicanos a través de los caminos de Contreras y San Ángel. Para la defensa del repliegue, Antonio López de Santa Anna ordenó a Rincón resistir en el convento de Santa María de los Ángeles el mayor tiempo posible, al tiempo que dispuso un regimiento en la cabeza del puente del río Churubusco —ribera sur de dicha corriente, a unos 275 metros del convento—. Dos regimientos tomaron posición en la orilla del río, mientras que el resto de las tropas formaron una reserva más al norte, además de que se le ordenó a una compañía del batallón Independencia, bajo el mando del primer ayudante Francisco Peñúñuri, situarse en la torre de la iglesia de Coyoacán y defender la retirada de las tropas. Por su parte, López de Santa Anna ordenó a los generales Nicolás Bravo y Antonio Gaona evacuar sus posiciones en San Antonio y Mexicaltzingo. De esta forma, en el puente del río Churubusco confluían varias vías —como la de San Ángel y Coyoacán, y la de San Antonio—, con lo que la evacuación de las múltiples tropas dio lugar a una «escena caótica».

Batalla thumb|right|250px|Mapa de la batalla de Churubusco. Fuerzas involucradas La fuerza mexicana en Churubusco estaba conformada por los batallones de la Guardia Nacional del Distrito —Independencia y Bravos— y por los piquetes de Tlapa, Chilpancingo, Oaleana y Lagos, además de dos compañías de San Patricio —conformadas por desertores extranjeros, la mayoría de origen irlandés, y que sumaban, cada compañía, unos cien hombres que fungían como soldados de infantería, aunque algunos también tomaban parte en los cañones de la guarnición—. Jack K. Bauer (1974) apunta que la guarnición mexicana constaba de mil quinientos a mil ochocientos soldados. En contraste, Enrique Olavarría y Ferrari (1888) dice que la fuerza efectiva defensora en Churubusco «no pasó de nueve mil hombres». Adicionalmente, Farnham Bishop (1916) cifra en cinco las piezas de artillería que los mexicanos tenían en la cabeza del puente y seis en el convento. Entre las tropas invasoras, se habla de 8497 soldados involucrados, incluyendo una cuadrilla de contraguerrilleros mexicanos, encabezados por Manuel Domínguez. A su vez, en su parte, Twiggs detalla que su fuerza efectiva era de 111 oficiales y 2530 soldados.

Combate A las 11:30 horas del 20 de agosto, Anaya y sus ayudantes avanzaron por el camino de Coyoacán para cerciorarse del avance estadounidense, confirmado por indígenas que huían de ellos y, más tarde, por las tropas de Peñúñuri, que se enfrentaron a los invasores en Coyoacán y se replegaron combatiendo; sabedor de la situación de primera mano, al avistar a los invasores, Anaya retornó a Churubusco. Desde la torre de la iglesia de Coyoacán, los estadounidenses observaron lo que consideraron que era una retirada de los mexicanos a su capital, encabezada por Santa Anna, que podría ser dispersada si era atacada. Por tanto, el general Scott ordenó a sus fuerzas arremeter contra el convento de Churubusco para abrir una vía desde la que embestir a las tropas en el puente. Sumado a lo anterior, los altos maizales y una investigación superficial de sus ingenieros resultaron en un desconocimiento por parte de los estadounidenses de la robustez de la posición mexicana. Sin recibir resistencia —por órdenes de Anaya y Rincón de contener el fuego hasta tener a los enemigos a una distancia muy corta—, los soldados encabezados por Twiggs avanzaron hacia el convento; llegado el momento, los defensores iniciaron un fuego intenso que los obligó a detenerse, para después, reiniciar su avance sobre el parapeto y el costado derecho del convento. En ese momento, se iniciaron los combates y los invasores respondieron con los disparos de una batería ligera.

Los mexicanos se enfrentaron durante noventa minutos con la batería estadounidense y, en última instancia, la forzaron a retirarse después de ocasionar la muerte de veinticuatro soldados y catorce caballos. Al inicio de esa parte de la batalla, hubo fuego amigo en contra de algunos soldados del batallón Bravos por parte de tiradores del batallón Independencia apostados en la azotea del convento y en unos andamios colocados en un corral a manera de banquetas. Por este motivo, Rincón ordenó a los tiradores descender e incorporarse con sus unidades. Al mismo tiempo, una columna comandada por William Jenkins Worth cargó contra la cabeza del puente del río Churubusco, a lo que respondieron las piezas de artillería allí apostadas, además de que recibieron fuego proveniente del convento. Una unidad invasora dirigida por Benjamin Bonneville debió replegarse en dos ocasiones y sus soldados «comenzaron a mostrar señales de pánico». Los invasores veían rota su cohesión, del lado derecho del camino, por los maizales, zanjas y diques del área, además de que, el terreno y la propia peligrosidad de la vía, les impidió el uso de una batería. De esta forma, el fuego de los defensores mantuvo a los invasores en el camino a San Antonio, con lentos avances a lo largo de dos horas y con varias pérdidas, aunque protegidos por los altos maizales.

thumb|left|300px|Mapa de la batalla.

Ante la escasez de municiones, los mexicanos dieron aviso a Santa Anna, quien ordenó el envío de piquetes de Tlapa y Lagos, soldados de San Patricio y un carro de pertrechos que, sin embargo, no eran del calibre de las armas mexicanas, aunque sí de las de los de San Patricio. Por otra parte, algunos cajones eran de municiones de instrucción, por lo que algunas tropas optaron por piedras como balas. Poco después, el propio Anaya subió a la explanada del convento, ordenó cargar un cañón con metralla y lo dirigió personalmente. No obstante, las chispas prendieron fuego a la munición y ocasionaron quemaduras a varios artilleros, a un capitán y al propio general Anaya. Un tercer movimiento estadounidense implicó a dos brigadas dirigidas por Franklin Pierce y James Shields, que cruzaron el río Churubusco por el camino Coyoacán-Mixcoac y avanzaron hacia el noroeste —por el camino hacia la hacienda de Portales—. Empero, tras 1.2 kilómetros, Santa Anna respondió directamente con unos dos mil doscientos y entre mil quinientos y dos mil jinetes para amenazar el flanco izquierdo estadounidense, lo que ocasionó que los hombres de Shields se desbandaran y refugiaran en edificios cercanos. Por su parte, las tropas de Pierce quedaron rezagadas. Al cabo de tres horas y media de combates, tiempo en el que el grueso del ejército mexicano continuó su repliegue hacia la capital, con la mayor parte de sus cañones y municiones, los defensores en Churubusco agotaron sus pertrechos y el fuego desde el convento comenzó a menguar.

A su vez, la fuerza de Worth avanzó al este y desbordó el flanco izquierdo mexicano, vadeó el río y, una parte, avanzó por el camino, mientras que otra atacó la retaguardia de la cabeza del puente, la que tomó en un combate cuerpo a cuerpo. En esa zona, se refieren 192 prisioneros y la captura de tres piezas de artillería. Los invasores usaron dos de ellas para atacar el convento; el movimiento en respuesta de los mexicanos de mover uno de sus cañones debilitó sus propias defensas al sur, lo que un grupo de soldados estadounidenses aprovechó para escalar el parapeto. Reforzado con una compañía de fusileros y un escuadrón de dragones, Shields recuperó el control de sus tropas y, en conjunto con la fuerza de Pierce, cargó nuevamente contra los mexicanos en un combate en el que perdió un tercio de su brigada. No obstante, lograron desalojar a los defensores de sus zanjas y unir el camino con la vanguardia de Worth, además de capturar trescientos ochenta prisioneros. Se inició una persecución de los mexicanos, pero unos 3.2 kilómetros después, Worth detuvo sus tropas, aunque algunos dragones llegaron hasta la garita de San Antonio Abad, en donde fueron recibidos con intenso fuego que los obligó a retirarse.

Terminadas sus municiones, los generales Anaya y Rincón ordenaron a todas sus tropas replegarse al interior del convento. En ese momento, al intentar cargar con bayoneta contra los estadounidenses, Peñúñuri fue abatido. Ya replegados, los San Patricios impidieron en varias ocasiones que se levantara una bandera blanca, pero, en última instancia, el capitán James Milton Smith —el primer estadounidense en presentarse en el parapeto—, al verificar que las tropas defensoras no presentaban resistencia, ondeó una bandera blanca para poner fin a los combates. En total, se menciona en el convento la captura de siete piezas de artillería y 1259 soldados, entre ellos tres generales, así como ochenta y cinco San Patricios. Posteriormente, llegó Twiggs y saludó a los generales y oficiales mexicanos; la bandera estadounidense ondeó poco después en el convento.

Consecuencias thumb|right|195px|Monumento conmemorativo a la batalla del 20 de agosto de 1847