Anatomía de un instante es el sexto libro de narrativa del escritor español Javier Cercas, publicado inicialmente en abril de 2009 en la colección «Literatura Mondadori» de la Editorial Mondadori. En septiembre del mismo año, la obra fue también publicada en catalán.

Escrito a la memoria de José Cercas, y dedicado a su hijo Raül Cercas y su esposa Mercè Mas, Anatomía de un instante es una crónica o ensayo histórico narrado como si se tratase de una novela. El libro trata sobre el fracasado golpe de Estado en España de 1981 liderado por Alfonso Armada y Jaime Miláns del Bosch, indagando en profundidad acerca de sus razones y motivaciones, así como en el hecho de que el presidente Adolfo Suárez, su vicepresidente el capitán general Manuel Gutiérrez Mellado, y el secretario general del PCE Santiago Carrillo, fuesen los tres únicos miembros del Congreso de los Diputados que no se escondieron bajo sus butacas durante el tiroteo comandado por Antonio Tejero.

El «instante» al que hace referencia el título es precisamente la imagen captada por las cámaras de RTVE —que conforma la cubierta del libro en su primera edición— en la que vemos a Adolfo Suárez sentado en su escaño mientras el resto de diputados están escondidos bajo sus butacas vacías, y Gutiérrez Mellado increpa a Antonio Tejero y su tropa de guardias civiles.

Estructura

El libro está dividido en cinco partes, cada una de las cuales comienza con un texto escrito en cursivas, que va describiendo cronológicamente el vídeo que grabó el golpe de Estado en España de 1981 dentro del hemiciclo del Congreso de los Diputados. Cada parte está dividida en secciones: once para la primera parte, ocho para la segunda, siete para la tercera, ocho para la cuarta y para la quinta. La última sección de cada parte se refiere exclusivamente a lo ocurrido durante el día 23 de febrero en que se realizó el golpe, mientras que las otras secciones indagan fundamentalmente en períodos anteriores.

La obra está precedida por un prólogo, titulado «Epílogo de una novela» y dividido en tres secciones, y cierra con un epílogo, titulado «Prólogo de una novela» y dividido en cinco secciones. Finaliza con una sección de «Bibliografía», una de «Notas» que aporta numerosas reseñas que dan veracidad a lo relatado, y una última de «Agradecimientos», que incluye en su mayoría a diversos periodistas y políticos españoles que ayudaron al autor de alguna manera en el desarrollo de su libro. Entre varios otros, el autor agradece a Miguel Ángel Aguilar, Óscar Alzaga, Luis Alegre, Luis María Anson, Jacinto Antón, Diego Camacho, al propio Santiago Carrillo, Carme Chacón, Manuel Fernández-Monzón Altolaguirre, Felipe González, Jordi Gracia, Joaquim Nadal, Alberto Oliart, Ángel Quintana, al excomandante Ricardo Pardo Zancada, Javier Pradera, Francisco Rico, Narcís Serra y David Trueba.

Contenido

Prólogo: Epílogo de una novela thumb|left|Imagen del interior del Congreso, donde se realizó el Golpe de Estado de 1981 En el prólogo, Cercas cuenta que su interés por el golpe surgió a raíz de un artículo que escribió con motivo de su 25.º aniversario para el periódico italiano La Repubblica, el 6 de noviembre de 2005. Para su sorpresa, en dicha ocasión los medios y el Gobierno español interpretaron el frustrado golpe como un triunfo de la democracia, siendo que para él había significado un rotundo fracaso. Luego de ver con otros ojos la clásica imagen de Adolfo Suárez sentado solo en su escaño con casi todos los demás diputados ocultos en el suelo, le surgieron preguntas que lo motivaron a querer escribir una novela basada en este hecho. Pese a su mala opinión del expresidente Suárez, pretendía ser objetivo, así es que se contactó con Televisión Española y consiguió los 34:24 minutos de grabación del golpe y comenzó un proceso de investigación para su novela. Tras entrevistar a Javier Pradera y leer una investigación de Jesús Palacios, comprendió que no podría restringirse a la sola figura de Suárez, sino que tendría que escribir sobre todo el golpe. Comenzó a escribir en el otoño de 2006, pero durante el proceso fue desconfiando de las hipótesis de Palacios, y por ello de su propio trabajo, por lo que decidió ampliar sus investigaciones e ir abandonando la idea de escribir una ficción, para adentrarse en la historia real del 23F. Esta transición de lo ficticio a lo real también se justificó para él en el hecho que pese a tener a comienzos de 2008 un borrador de la obra, notó que para los españoles los protagonistas del golpe, en especial Antonio Tejero, estaban comenzando a convertirse por sí solos en personajes ficticios, como lo es Winston Churchill en la actualidad para muchos británicos. Así, el resultado final conseguido no es una novela, pues intenta atenerse a los hechos, si bien no por ello evita adentrarse en estos con menor fuerza dramática, ni renunciar a que los personajes posean una carga literaria.

Primera parte: La placenta del golpe thumb|150px|Adolfo Suárez en 1981, el que sería su último año de mandato. Esta primera parte se refiere a las múltiples conspiraciones políticas y sociales que buscaron acabar con el gobierno de Adolfo Suárez, muchas de las cuales no buscaban en principio acabar con la democracia, pero la pusieron en juego sirviendo inconscientemente de «placenta» para incubar el golpe militar.

El autor comienza desmitificando la figura de Suárez como héroe. Admite que su actitud de no ocultarse ante los disparos es un gesto de coraje, pero también opina que es un gesto más racional que instintivo; el de un hombre que posa, sabiendo que al día siguiente acaparará la prensa internacional, y quizás también el de un hombre que sabe que lo odian y lo van a matar. Pese a las declaraciones posteriores de Suárez, donde este afirmó que lo hizo correspondiendo a su condición de presidente de Gobierno, Cercas aclara que tampoco es el gesto de un hombre poderoso en la plenitud de sus facultades, sino el de un hombre acabado, que sabe que conspiran contra él.Cercas, Javier (2009), op. cit. «Primera parte: La placenta del golpe» (1), pp. 33-38.

Lo cierto es que, pese a los más de cincuenta golpes de Estado en España durante los dos últimos siglos, para Cercas el gobierno democrático de Suárez era el más propenso a recibir uno, pues a pesar de su pasado falangista, consiguió revertir el franquismo ante la presencia de militares franquistas, y en medio de múltiples crisis políticas, económicas y sociales, entre estas últimas el terrorismo de ETA. La alternativa razonable habría sido convocar a elecciones, pero se optó por la alternativa salvaje, un golpe de Estado comandado por el teniente coronel Antonio Tejero, quien ya había intentado otro golpe en noviembre de 1978, en la llamada Operación Galaxia.

Antes del golpe, en la práctica se conspiraba contra Suárez desde todos los frentes. Todas estas conspiraciones eran legítimas en el fondo, pero no en la forma. De los pocos que se mantuvieron fieles a la democracia se encontraban el general Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno, y el secretario general del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, los únicos, que junto a Suárez, justamente no se ocultaron debajo de sus butacas tras el tiroteo golpista.Cercas, Javier (2009), op. cit. «Primera parte: La placenta del golpe» (9), pp. 77-78.

Conspirador Líder Móvil La prensaCercas, Javier (2009), op. cit. «Primera parte: La placenta del golpe» (3), pp. 47-54. Periódicos ultraderechistas El Alcázar,La portada de El Alcázar del 22 de febrero de 1981 —en el libro se incluye una copia— daba a entender que sabían del golpe el día anterior a que éste se realizara. El Imparcial, Heraldo Español, Fuerza Nueva y Reconquista; algunos periodistas demócratas, como los derechistas Emilio Romero de ABC o Luis María Anson. Conservar el franquismo, en el caso de los primeros; impedir un gobierno de izquierdas, en los segundos. Los empresarios a través de su partido:Alianza PopularCercas, Javier (2009), op. cit. «Primera parte: La placenta del golpe» (4), pp. 55-59. Manuel Fraga, influyente franquista y promotor de su amigo Alfonso Armada como posible líder de un golpe de Estado; siendo un fuerte candidato presidencial, tras la muerte de Franco el rey prefirió a Suárez en lugar de a él para gobernar durante el período preconstitucional. Pese a votar por Suárez, pues este contaba con el apoyo del rey y la democracia proyectaba una buena imagen en el exterior, beneficiosa para los negocios, comenzaron a desconfiar de él después de que fue adquiriendo confianza e independencia en su cargo, adoptando medidas más izquierdistas. Fue el último partido en rechazar el golpe, después de que ya hubiera fracasado. La Iglesia(posiblemente)Cercas, Javier (2009), op. cit. «Primera parte: La placenta del golpe» (5), pp. 60-61. El cardenal Vicente Enrique y Tarancón, presidente de la Conferencia Episcopal Española. La estrecha relación de Suárez con Tarancón se rompió después que el primero legalizara la ley de divorcio. Entonces, Tarancón comenzó a escuchar a los obispos conservadores partidarios de Manuel Fraga, y crearon alianzas con demócratas cristianos del partido de Suárez, Unión de Centro Democrático. La Iglesia guardó silencio durante y después del golpe. El Partido Socialista Obrero Español, nuevo partido de oposiciónCercas, Javier (2009), op. cit. «Primera parte: La placenta del golpe» (6), pp. 62-66. Felipe González El PSOE era por entonces el segundo partido más votado y el primero de izquierdas. Después de haber llegado a acuerdos con Suárez para establecer la nueva Constitución, sentían que ya habían cumplido la tarea que les había sido encomendada por el rey. Le reprochaban unas declaraciones televisivas realizadas durante la campaña electoral, que interpretaron como juego sucio, debido a las cuales afirmaban haber perdido votantes. Como partido novato, masivo e influenciable, se hicieron inconscientemente cómplices de los golpistas, al reunirse Enrique Múgica con Alfonso Armada, exsecretario del rey, sobre el que circulaban rumores como posible cabeza de un gobierno de unidad presidido por un militar. El mismo Unión de Centro Democrático, partido de SuárezCercas, Javier (2009), op. cit. «Primera parte: La placenta del golpe» (7), pp. 67-73. Líderes internos demócrata cristianos, liberales, social demócratas y exfalangistas. Pese al inicial apoyo incondicional de su artificioso partido, las energías iniciales de Suárez se estaban agotando, lo que hacía aflorar algunas de sus carencias como gobernante y acrecentaba las luchas internas por el poder. Para ganar su aceptación, Suárez estableció fuertes ministerios liderados por miembros de su partido, pero esto solo aceleró los motines en su contra. Estados UnidosCercas, Javier (2009), op. cit. «Primera parte: La placenta del golpe» (8), pp. 74-76. Ronald Reagan Mantener la tendencia derechista que por entonces estaba viviendo la política internacional. Reagan sabía del golpe días antes de que este ocurriese, y de haber triunfado, lo hubiese celebrado. Ejército (principalmente) y miembros del CESIDCercas, Javier (2009), op. cit. «Primera parte: La placenta del golpe» (10), pp. 79-85. Manuel Fraga y Antonio Tejero Conservar el franquismo o impedir un gobierno de izquierdas. El CESID era el servicio de inteligencia que debía informar acerca de cualquier intento golpista; manejaba mucha información al respecto, pero no supo predecir o algunos de sus miembros no quisieron advertir acerca del golpe.

thumb|Mapa de las once capitanías generales en las que se dividía el Ejército español hacia 1981. Todas estaban lideradas por franquistas, y la III Región Militar de Valencia, a cargo del golpista Jaime Miláns del Bosch, jugaba un importante papel en el golpe.