El Ejército Real del Perú fue la unidad militar organizada por el virrey del Perú, José Fernando de Abascal, para proteger a la Monarquía Hispánica en el Virreinato del Perú y las provincias aledañas (Provincia de Charcas, Capitanía General de Chile y la Provincia de Quito) de las revoluciones independentistas que a principios del convulsionaron el Imperio español. Este ejército estuvo compuesto en un 80% por indígenas americanos.
Denominación thumb|230px|Bandera coronela de Batallón de Voluntarios de Castro de Chiloé, capturada en la batalla de Cerro de Pasco cuando la unidad formaba parte del Regimiento Talavera. En los documentos españoles era llamado como el Ejército del Perú Véase el uso de esta denominación en "Biografía del excelentísimo señor teniente general Don Valentín Ferraz" publicada en la obra del Estado Mayor de Ejército (España), Madrid, 1854. haciendo referencia al ejército de ese territorio de ultramar (el nombre también era usado por su rival: las Provincias Unidas, llamado Ejército Auxiliar del Perú, más tarde conocido como Ejército del Norte). Generalmente, los oficiales realistas lo llamaban como el Ejército Real del Perú o, abreviadamente, Ejército Real, sin embargo, durante el Trienio Liberal se denominó Ejército Nacional. Es menor el uso del término Ejército Español, utilizado principal aunque no exclusivamente por sus enemigos.Véanse estas tres denominaciones en "Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú" por Andrés García Camba. En referencias de la guerra de la Independencia de Chile también se encuentra el sobrenombre ofensivo de Ejército Godo para calificar a las tropas americanas y peninsulares, por relación con la Hispania visigodaUniversidad de Chile "Anales de la Universidad de Chile", Número 9, pág. 132. La historiografía actual reconoce que en el Perú hasta el año 1820, y en la sierra en particular hasta 1821, el término Patriota se atribuye a los defensores de la Monarquía Hispánica. En el Perú, a partir de esas fechas y con la llegada de las Corrientes Libertadoras del Norte y Sur, queda apropiado por el bando independentista, primero frente al Liberalismo español, y luego, contra el trono devuelto por Napoleón a Fernando VII, pero no como referencia al territorio del Perú, propiamente dicho, sino que el término Patria y Patriota hacen referencia a una filiación con América y ser partidario de la Soberanía, el Estado nación y el Liberalismo Hispanoamericano. El término Realista se empleó tardíamente con la conclusión de la guerra, durante el régimen absolutista de Fernando VII de España que se mantuvo desde 1823 hasta su muerte.
El Ejército Real durante el Trienio Liberal thumb|230px|Estandarte de Caballería. Regimiento de la Imperial Ciudad del Cuzco. Durante el Trienio Liberal, que desde 1820 ocasionó en España el abierto enfrentamiento entre Liberales y Absolutistas, el Ejército Real Español paso a denominarse oficialmente como Ejército Nacional, esto se debía a que las Cortes Generales buscaban transformar a las fuerzas armadas, en ese entonces bajo el control directo del monarca y en su beneficio e intereses, en un ejército que se encontrara al servicio de la nación española. Estas ideas se habían gestado ya durante la guerra frente a la invasión napoleónica pero habían sido desechadas con la restauración absolutista de 1814.Blanco Valdés, Roberto Luis "Rey, cortes y fuerza armada en los orígenes de la España liberal, 1808-1823", págs. 165 -166 Por aquel entonces en España se entendía como realista, al defensor del absolutismo mientras que en el teatro de guerra americano tenía una connotación diferente como explicaba el general García Camba:
Los jefes españoles en el Perú, aunque de simpatías liberales en su mayoría, se definían a sí mismos como realistas y trataban de no tomar un abierto partido en el conflicto que sacudía a la metrópoli, esperando pacientemente el envío de refuerzos. Tras tener noticias de las victorias obtenidas por el ejército real del Perú en 1823 el periódico español "El Restaurador" de marcada posición absolutista publicaba lo siguiente:El Restaurador periódico absolutista editado por Fray Manuel Martínez, España 1823, págs. 709 y 710
El Ejército Real durante la Restauración Absolutista En 1824, apoyado por 100.000 soldados franceses, el monarca Fernando VII logró recuperar sus antiguos poderes y a la vez abolir todas las leyes y disposiciones decretadas por las Cortes, sin embargo entre estas figuraba también el reconocimiento de José de la Serna como virrey del Perú lo que sería aprovechado por el general Pedro Antonio Olañeta para rebelarse contra su autoridad y minar el potencial realista para continuar la lucha.
Aun cuando el 9 de agosto de 1821, José de San Martín derogó en Lima la Constitución de 1812, ésta permaneció en vigor nominalmente en la zona realista hasta marzo de 1824, cuando el virrey De la Serna anunció su abolición en los territorios que controlaba, mientras en el Alto Perú tenía lugar en simultáneo la rebelión capitaneada por Olañeta. Parece que la idea del supuesto liberalismo de los dirigentes realistas del Perú fue una acusación originada por Olañeta, jefe realista del Alto Perú con tendencias absolutistas, quien aprovechó la noticia, procedente de Buenos Aires, de que el rey había derogado la Constitución por segunda vez, para dividir el territorio bajo su control del que estaba controlado por los realistas del Bajo Perú, con el pretexto de que el virrey y sus principales generales eran liberales. Como las Cortes ya no existían, los tachó de renegados enemigos del trono y del altar. Entonces, Olañeta disfrazó su movimiento separatista con una máscara de ser un movimiento de defensa de la monarquía española. Consecuentemente, emitió una proclama en la que calificaba a La Serna, José de Canterac y Gerónimo Valdés como “liberales, judíos y herejes”, afirmando actuar por rechazo a los “innovadores” y “falsos filósofos”, cuya “impiedad” y “desenfrenada licencia” eran la causa del derrumbe de la ley y del orden en el imperio. Tildó al liberalismo de ser un sistema destructor de la moral católica y se acusó al Virrey José de la Serna de ser un masón.Valdés, Exposición…, pp. 66, 82 y 156-158, doc. núm. 30, General Pedro Antonio de Olañeta a los pueblos del Perú, Potosí, 4 de febrero de 1824; Arnade, The Emergence…, pp. 113 y 118, parece haber dado crédito a Olañeta, ya que compara la oposición de éste al virrey con la lucha de los absolutistas españoles contra el régimen liberal de Madrid en 1820-1823, y se refiere al “trío constitucional”, La Serna, Canterac y Valdés. Olañeta derogó la Constitución en Chuquisaca el 11 de febrero de 1824. García Camba, Memoria para la historia…, vol. II, p. 415, compara la insubordinación militar de Olañeta (general de la vanguardia) en 1824 contra el virrey del Perú con la de los oficiales liberales en la Península en enero de 1820
Para Valdés, estas declaraciones eran calumnias. Exhibió un documento que demostraba que Olañeta había recibido con bienaventuranza la restitución de la Constitución en 1820, y afirmó que Olañeta había sido “uno de los más exaltados innovadores” y “un revolucionario enemigo de España y de su rey”. En cuanto a sus opiniones religiosas, Valdés señaló que Olañeta, en una carta que en 1822 escribió a De la Serna, le informó que había clausurado tres conventos de Tarija, apropiándose de sus fondos para pagar sus haberes a las tropas que tenía a su mando. Además, a pesar de sus protestas en defensa de la lealtad a la monarquía española, tanto él, como su sobrino Casimiro Olañeta, intrigaban con Simón Bolívar y Antonio José de Sucre.Valdés, ibid., pp. 66, 69, 77-80 y 158-159, núm. 32, Olañeta a La Serna, Mojo, 9 de agosto de 1822; Olañeta a Bolívar, Oruro, 2 de octubre de 1824, declara que el Perú nunca ha obtenido ningún beneficio de la Constitución de 1812, viendo que todos los decretos de las Cortes estaban dirigidos contra la religión; núm. 31, Olañeta al general en jefe del ejército del Alto Perú, Mojo, 14 de diciembre de 1820; Olañeta a Sucre, Cuartel general de Cochabamba, 22 de diciembre de 1824. También Andrés García Camba vio el origen de las acusaciones de liberalismo hacia los funcionarios realistas en las intrigas de Olañeta. En el manifiesto que éste emitió el 20 de junio de 1824, De la Serna y sus colaboradores son calificados de “constitucionales, enemigos del trono y del altar, jacobinos”, etc. Por otra parte, también los oficiales derrotados de la facción de Olañeta que regresaban a España difundieron estos rumores, por lo cual la Gaceta de Madrid elogió la insurrección encabezada por Olañeta. Otro periódico, la Gaceta de Bayona, llegó a afirmar en 1829 que el ejército realista fue “vendido” en Ayacucho, pero pese a todo, el rey Fernando VII nunca dudó de la versión de los hechos dada por De la Serna, y consecuentemente ratificó todos los honores y ascensos que se le concedieron mientras fue virrey del Perú.AGI Lima 604, Consultas, decretos y órdenes originales (1820-1825), La Serna echó la culpa a Olañeta de la pérdida del Perú, señalando que Bolívar aprovechó sin demora alguna la clara división de los realistas. García Camba, ibid., vol. II, pp. 414-417. El 6 de julio de 1825, el Consejo de Indias discutió el informe de La Serna sobre su disputa con Olañeta, el cual, al recibir el real decreto del 1° de octubre de 1823, procedió a hacer pública la derogación de la Constitución en Chuquisaca, Potosí, Cochabamba, Santa Cruz y La Paz. Olañeta y sus asociados, en comunicaciones enviadas al Rey con fechas 6 y 7 de marzo y 24 de mayo de 1824, calificaron a La Serna, Canterac y Valdés de “corifeos constitucionales” que los habían acusado y perseguido por ser “serviles realistas”.
Composición y organización thumb|left|300px|Uniformes de la infantería de línea — Alto Perú.
Las tropas reales en el Perú se componían principalmente y en su inmensa mayoría de peruanos"El Virreynato del Perú después de las últimas desmembraciones y nuevas agregaciones que se le han hecho tiene por límites al norte la provincia de Guayaquil; el desierto de Atacama al sur, comprendiendo en todo su territorio desde los 32 minutos al norte de la equinoccial hasta los 25° 10’ de latitud meridional", Memoria del virrey del Perú José Fernando de Abascal citada en "La cuestión del Pacífico. pág. 6. Autores: Victor Manuel Maurtua, Javier Prado y Ugarteche" organizados en batallones y milicias según su lugar de procedencia, tal como los españoles, blancos, los mestizos e indígenas, que al reconocerse como peruanos, estaban organizados según sus pueblos de origen, tal es el caso del escuadrón de caballería miliciana Dragones de Tinta. También hubo personas de raza negra que estaban organizadas en milicias según su Casta colonial, siendo así que existían unidades de negros y mulatos, como el batallón de Pardos de Arica. Sin embargo la necesidad de cubrir las bajas y nutrir de soldados de los regimientos expedicionarios europeos terminó por refundir la tropa de distintas unidades y hacían que la evolución de muchos de los cuerpos de línea realistas acabasen con un mestizaje de compañías de distintos lugares de procedencia y casta dentro de la misma unidad expedicionaria, clara expresión de la realidad social peruana.