thumb|300px|Cátedra de Fray Luis de León en la Universidad de Salamanca. Se vio involucrado en las polémicas universitarias protagonizadas por los miembros de diferentes órdenes religiosas, como miembro de la Orden de San Agustín. Acusado ante la Inquisición, escribió en su celda: Aquí la envidia y mentira me tuvieron encerrado... Es célebre la manera en que reanudó sus clases tras su rehabilitación: Decíamos ayer... La poesía, la frase y su contexto son reproducidos de diversas maneras, probablemente apócrifas o mitificadas. Suelen interpretarse para ensalzar la figura del poeta y profesor como la de alguien que supo estar por encima del odium theologicum al superar las bajezas y rencillas con una visión universal.Breve descripción del contexto de frase y poema en cvc.cervantes.es. «Luego que ha cesado el vocerío estudiantil —escribe Unamuno—, cuando están cerradas y mudas las aulas, en horas o en días de vacaciones, sobre todo en las tardes lentas del verano ese patio de las Escuelas Menores, con su broncíneo fray Luis en el centro, sobre su pedestal, con su eterno gesto de apaciguamiento, es algo que habla al alma de lo eterno y lo permanente». Y continúa Unamuno: «Creía uno oír sobre todo el leyandario, el mítico "decíamos ayer..." de fray Luis de León, el que creyó poder huir del mundanal ruido y la sombra de cuya alma se acuesta en el Tormes, allí en las riberas de La Flecha, río arriba del puente romano. Decían ayer nuestros abuelos lo que dirán mañana nuestros'nietos, el eterno cuento de nunca acabar» (Fray Luis de León en la poesía de Miguel de Unamuno, pg. 627).
Odium theologicum es una expresión latina que literalmente significa odio teológico. También se emplea la expresión furor theologicusPor ejemplo, en Darwin’s Philosophical Imperative and the Furor Theologicus. De forma impropia, a veces se escribe furor theologicum (sic) The pursuit of the ideal: Jewish writings of Steven Schwarzschild, pg. 181 (furor teológico).También traducido como delirio teológico: Es el nombre dado originalmente al furor, la ira y el odio generado por las disputas sobre teología, especialmente entre los correligionarios, y no tanto entre los miembros de diferentes religiones, para designar a los cuales se emplean más propiamente los conceptos de intolerancia religiosa u otras expresiones de odio religioso. La violencia del odium theologicum no se restringe al terreno verbal o intelectual, y en muchas ocasiones ha llegado a la agresión física con todas las consecuencias, incluido el exterminio, o a la persecución judicial. También se utiliza el concepto odium theologicum para describir disputas o debates intelectuales no teológicos, especialmente para destacar su carácter rencoroso y la utilización de los recursos de baja política académica (nepotismo en la disputa por los cargos, desprestigio profesional, argumentos ad hominem, etc.). Implica la existencia de diferentes escuelas de pensamiento o bandos intelectuales. Se intensifica especialmente cuando se produce una conversión o cambio de bando, con lo que el que cambia se esfuerza por demostrar su celo de converso o furor de converso, y sus antiguos compañeros se esfuerzan por denigrarlo.
Odio teológico, debates teológicos y polémicas religiosas thumb|Quema de escritos arrianos en el Concilio de Nicea, ante Constantino I el Grande. thumb|Quema de escritos albigenses ante Santo Domingo de Guzmán. Los escritos católicos levitan milagrosamente (milagro de Fanjeaux). thumb|Los censores se ensañaron tachando no sólo determinadas frases de este libro de Erasmo de Róterdam, sino su propia imagen, con un evidente animus injuriandi. En España, el erasmismo fue una corriente especialmente perseguida por el clero regular, hasta tal punto que se popularizó la frase Quien dice mal de Erasmo, o es fraile, o es asno. thumb|Bartolomé de Carranza, a quien la cartela de este grabado del siglo XVIII presenta como Arzobispo de Toledo... hombre célebre por su sabiduría, su zelo y sus desgracias. A pesar de ser uno de los principales definidores del dogma católico en Trento, su Catecismo (1558) fue objeto de una intensísima campaña: denunciado a la Inquisición (presidida por su principal enemigo, Fernando de Valdés), fue encarcelado y juzgado a pesar de su cargo. Tras ser condenado, recurrió a Roma, donde tras un prolongadísimo proceso fue absuelto poco antes de morir. thumb|Libros del estudio de Baruch Spinoza en su casa-museo de Rijnsburg, en los alrededores de Leiden, Holanda.
En algunos momentos y lugares los debates teológicos (tanto los centrales para el cristianismo —cristología, mariología, trinidad, justificación, etc.— como los aparentemente menos importantes —representación de imágenes, uso del pan ázimo y de la cláusula filioque, si Cristo tuvo o no propiedades o hermanos—) llegaron a ser tan enconados, obsesivos y ridículos que forjaron expresiones como cuestiones bizantinas (o discusión bizantina) o sexo de los ángeles.Das ist ein Streit um des Kaisers Bart. Su ridiculización (como la que realiza Jonathan Swift en Los viajes de Gulliver, 1726) no implica que no tuvieran serias consecuencias, al contrario, eran expresión de oposiciones ampliamente extendidas entre distintas sociedades o dentro de cada una, y ha sido una constante en la historia de las guerras, tanto internacionales como civiles (guerra de religión). Habitualmente se imbrican tan íntimamente con cuestiones sociopolíticas que es imposible separarlas de ellas: agustinismo político y debates teológicos en torno a los poderes universales, para el cristianismo medieval, o el concepto de estado islámico y la aplicación de la sharia para la revolución islámica, el islamismo y el fundamentalismo islámico de época actual.Lee Harris Speaking of Islam, en The Weekly Standard, 07 de febrero de 2008.
Las polémicas religiosas dentro del cristianismo presidieron la cultura de Occidente desde la Antigüedad tardía, cuando la cristianización del Bajo Imperio Romano da lugar a la conciliación del cristianismo primitivo con la filosofía clásica (neoplatonismo y patrística), a los primeros concilios y la fijación de una ortodoxia convertida en dogma frente al variopinto conjunto de opiniones discrepantes (definidas como heterodoxia o herejía), que pasaron a ser perseguidas con tanta violencia intelectual y física como la que se ejercía contra los paganos (muertes de Pelagio entre los heterodoxos y de Hipatia entre los paganos). Tales debates pasaron a ser la casi única manifestación de vida intelectual digna de tal nombre durante la mayor parte de la Edad Media europea (escuelas monacales, universidad medieval, escolástica), en la que las polémicas y rivalidad entre las órdenes religiosas (benedictinos, franciscanos, dominicos, agustinos) era tan enconada como la persecución de la herejía (con la que la mayor parte de las veces se pretendía justificar).El ambiente está magistralmente reflejado en la novela El nombre de la rosa de Umberto Eco. El Renacimiento inició una era de cultura secular en la que la primacía del debate religioso siguió, no obstante, indiscutida (Reforma protestante y Contrarreforma católica, tanto en los enfrentamientos entre ambos bandos como internamente dentro de cada uno y de ambos con quienes pretendían mantener criterios propios o intermedios —erasmismo—); perdiendo únicamente protagonismo con la denominada crisis de la conciencia europea de finales del ,Paul Hazard, obra homónima. tras de la cual la Ilustración y el enciclopedismo pretendieron liberarse de la tutela religiosa, haciendo entrar al pensamiento en lo que Kant denominó mayoría de edad.¿Qué es Ilustración?, 1784. Edición actual de Agapito Maestre (1988) ¿Qué es Ilustración?, Madrid, Tecnos, ISBN 84-309-1538-9
No obstante, las polémicas religiosas no desaparecieron, sino que pasaron a expresar la nueva oposición entre el laicismo de la modernidad y la voluntad de mantener las relaciones Iglesia-Estado propias del Antiguo Régimen; y a resituar permanentemente, según los avances científicos iban haciendo retroceder las fronteras de lo incognoscible, las no menos complejas entre ciencia y fe (ya cuestionadas desde el averroísmo medieval y puestas a prueba en la Edad Moderna con los procesos a Miguel Servet, Giordano Bruno —ambos ejecutados en la hoguera, el primero por los calvinistas y el segundo por los católicos— y Galileo —obligado a retractarse—; y ya en la segunda mitad del con el escándalo del darwinismo). El librepensamiento y el volterianismo (por Voltaire, el principal referente de la crítica ilustrada a la religión) se convirtieron en el enemigo intelectual principal de la intelectualidad católica, sobre todo de la parte de ella que se reafirma como la principal corriente reaccionaria contra la revolución liberal. El anticlericalismo desarrollado desde la Revolución francesa y extendido en los siglos y pasó a ser una expresión no menos violenta de odio teológico, aplicado en este caso contra la propia religión (para Marx el opio del pueblo) como odio antiteológico.Término usado, por ejemplo, por Miguel de Unamuno (Del sentimiento trágico de la vida: V). La oposición entre odium theologicum y odium antitheologicum, en José Gregorio Cayuela: Un siglo de España: centenario 1898-1998, Universidad de Castilla La Mancha, 1998 ISBN 978848995807 pg. 572. El odio ideológico, el originado entre las ideologías contrapuestas de la Edad Contemporánea, y plasmado en las grandes tragedias del totalitarismo y las guerras del ha sido en muchas ocasiones comparado al odio teológico.Javier Tusell lo aplica al caso del Terror blanco y terror rojo (España) en 1936.
Furor del converso El celo o furor del converso, término que puede aplicarse a todas las conversiones, y en el caso del cristianismo a la más famosa y espectacular de las conversiones iniciales, la de San Pablo tras su caída del caballo en el camino de Damasco; es un término especialmente referido a los judeoconversos o cristianos nuevos de la Baja Edad Media y el Antiguo Régimen en España, muchos de los cuales encontraron en la delación la mejor manera de librarse a sí mismos de la persecución inquisitorial, y otros, sinceramente convertidos, se sintieron estimulados para sublimar su fe, bien desde la santidad (casos como el de Santa Teresa de Jesús), bien desde el ejercicio de la más feroz persecución de sus antiguos correligionarios (casos como el de Tomás de Torquemada).José Amador de los Ríos Historia crítica de la literatura española, Volumen 3, pg. 87 (refiriéndose a la producción literaria del Rabbí Ammer de Burgos, bautizado como Alfonso de Valladolid: Libro de las batallas de Dios —en hebreo, respuesta polémica a Las guerras del Señor o Miljamot Hacem del Rabbí Quingui—, Monstrador de justicia y Libro de las tres Gracias). El autor del Miljamot Hacem es también llamado Jacob ben Rubén de Huesca (Carlos del Valle Rodríguez [http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2782736 en La Controversia judeocristiana en España: (desde los orígenes hasta el siglo XIII): homenaje a Domingo Muñoz León 1998, ISBN 84-00-07744-X , pags. 223-233; Polémica judeo-cristiana). C. Lisón Tolosana Judíos, inquisidores y política en torno al tiempo de la Reina Católica, parte II, refiriéndose a Torquemada.