José de la Puente y Peña Castejón y Salcines (Muriedas, Real Valle de Camargo, Cantabria, 1663 - Madrid, 1739), marqués de Villapuente de la Peña, fue un noble y militar español, caballero de la Orden de Santiago (1696), gentilhombre de Cámara de S. M. (caballero de la llave dorada), maestre de Campo de los Reales Ejércitos, gran benefactor de la Compañía de Jesús. thumb|250px|Armas que utilizó el primer marqués de Villapuente de la Peña, certificadas por el "rey de armas" don Antonio Gómez de Arévalo en la ejecutoria dada por S. M. el rey Felipe V

Biografía Fue el tercero de los hijos de Juan de la Puente y Castejón (Castexón), alcalde de la Santa Hermandad de los hijosdalgo y regidor perpetuo de Muriedas, y de María de la Peña y Salcines (Salzines), naturales ambos de Muriedas, en el Valle de Camargo. Los de la Puente asentados inmemorialmente en Camargo, tendrían su origen en las Encartaciones, Vizcaya y más concretamente en Valmaseda, donde existe un famoso puente del . Otros autores remiten su origen mitológico, al caballero de la puente antigua de la Ría de Solía, defensor en solitario de la misma, frente al enemigo musulmán.

thumb|220px|Cruce de espadas entre caballeros.

Con apenas 15 años de edad, José de la Puente pasó a Nueva España (México) reclamado por su tío materno el caballero de la Orden de Calatrava, Francisco de la Peña y Salcines, capitán de las Reales Guardias de la Ciudad de México y alcalde ordinario de la misma, en el Virreinato de Nueva España. thumb|200px|Caballero de Orden Militar nobiliaria.

Aprendió el arte de la guerra y uso de las armas de su primo político Francisco Lorenz de Rada Arenaza y Osma, natural de Laredo (Cantabria) 1660,† México 1713 , Marqués de las Torres de Rada, Caballero de Santiago, Maestre de Campo, gobernador de lo político y militar de la Plaza de la Veracruz, y tratadista del arte de la espada ("Repuesta philosophica y mathematica en la qual se satisface a los argumentos y proporciones que a los profesores de la Verdadera Destreza y Philosophia de las armas se han propuesto"). Bien parecido, magnífico jinete, y muy diestro en jugar una lanza,.Juego galante que a la manera de torneo, servía de entrenamiento a los caballeros. era de carácter fogoso y algo pendenciero (ver crónica del Padre Juan de Villafañe), y mantuvo algún lance de espada por "asuntos de faldas", y alguno que otro muy sonado, como lo fue el duelo con Antonio Fernández de Juvera, Caballero de Santiago, con el que tuvo un desafío el 30 de diciembre de 1699 y al que dejó herido del mismo, lo que le costó a José de la Puente ser suspendido temporalmente por el virrey, de su cargo de alcalde ordinario de la Ciudad de México (1700).

José de la Puente había sentado plaza de soldado en la Armada de Barlovento (1684) en la que sirvió por espacio de más de ocho años, participando en numerosas acciones de guerra contra piratas y corsarios. En 1692, acudió con sus armas, caballo, con otras personas y criados suyos, a la defensa de la Ciudad de México, más en concreto del Palacio Virreinal, Casas del Cabildo y Plaza Mayor, atacada por el motín de los indios de 8 de junio, debiéndose, a decir de las crónicas, buena parte en su pacificación y "menos incendio" a la acción de José, que resultó herido en el combate.

El Virrey, Gaspar de la Cerda y Mendoza (Silva y Sandoval), VIII conde de Galve, nombró a José de la Puente, capitán de Infantería Miliciana (1695) de una de las compañías del tercio miliciano, compuesta por ochenta infantes. Al año siguiente (1696) el Rey Carlos II, le concedió el hábito de caballero de la Orden de Santiago, sin él solicitarlo. El 5 de agosto de 1698, fue nombrado por el virrey, José Sarmiento Valladares, conde de Moctezuma y I duque de Atrisco, gobernador de Florida y Capitán de una de las Compañías de Infantería española de las dos que se levantaron en la Ciudad de México para la guarda y guarnición del presidio que se formó en la provincia de la Florida, en el Puerto y Bahía de Santa María de Gálvez, enfrentándose a la Armada francesa al mando del General Conde de Châteaurenault, a la sazón, en guerra con España en la llamada guerra de los Nueve Años (1688-1697) que terminó con el Tratado de Rijswijk, general francés, que luego sería aliado de Felipe V en la guerra de Sucesión española. Fue miembro del Cabildo colonial, Regidor, alcalde Ordinario de México (1700) donde lo primero que hizo, fue financiar de su bolsillo con 2.000 pesos fuertes, la construcción de un depósito de agua para el abastecimiento de la ciudad, fue también alcalde de Mesta (1701). Llegando noticias a Nueva España del aviso del Rey (1701), del gran armamento que holandeses e ingleses hacían para invadir y conquistar los reinos de Indias (aprovechando la guerra de Sucesión española), José se presentó al servicio del virrey, ofreciendo acudir a la defensa del puerto de Veracruz, cosa que hizo, con una Compañía de 50 hombres (montados, vestidos, armados y mantenidos a su costa), esta acción le valió ser nombrado capitán de Caballos y Corazas españolas.

En 1703, viajó de vuelta a la península, en cuya corte fue nombrado Gentilhombre de Cámara de S.M. (Caballero de llave entera dorada) y Maestre de Campo de los Reales Ejércitos (4 de noviembre de 1703). Acudió a su pueblo natal (Muriedas) para ser padrino de su sobrina Rosa María de la Puente y Velarde, que sería antepasada directa del héroe del dos de mayo Pedro Velarde Santillán (Santiyán), sobrino tataranieto del marqués de Villapuente. Por Real Decreto de 24 de febrero de 1703, recibió merced de título de Castilla con la denominación de marqués de Villapuente de la Peña, con el vizcondado previo de Miralmar y Sebrón (Real despacho de 22 de abril de 1704).

En ese mismo año de 1703, el ya maestre de campo, José de la Puente y Peña, al servicio del gobernador y capitán General, marqués de San Vicente, levantó un tercio de 560 hombres, montados, armados, vestidos, mantenidos y pagados a su costa, durante más de año y medio (24 de febrero de 1703 a julio de 1704) que duró la amenaza de las armadas inglesa y holandesa en las costas de Galicia. Le fue ofrecido por el rey Felipe V de España, el nombramiento como virrey de Nueva España, cargo que insólitamente rechazó. José de la Puente, estaba en un momento de su vida en el que no tenía necesidad de nuevas mercedes, ya era inmensamente rico, poseía minas de oro y de plata, numerosas estancias y haciendas (algunas de las cuales destinaría como sustento del Fondo Piadoso de las Californias) y como buen montañés, una ingente cantidad de cabezas de ganado, llegando el número de estas a más de 230.000. No obstante el rey le hizo otras mercedes expresivas de su Real gratitud "en que entró a dexar a la elección de V.S. (Villapuente) el honor de escoger 200 vezinos por Vassallos en qualquier País de sus extendidos Dominios, con lo que llaman mero mixto imperio". Y diole S.M. Real Cédula para que ningún Virrey pueda obligar a V.S. a gobierno alguno de la república de essa Imperial Ciudad, y que, essento de los ordinarios cortejos, pueda V.S. libremente salir de la Ciudad a ver sus haziendas de campo por más distantes que estén de essa Capital". También le concedió el Rey, cuatro mercedes de hábitos de la órdenes militares, incluida la de Santiago. Entre los años 1702 a 1714, siendo Virreyes los Duques de Alburquerque (ver Ducado de Alburquerque) y de Linares (ver Ducado de Linares), remitió cuantiosas sumas a Felipe V, para los gastos de la guerra que el primer Borbón sostuvo con la Casa de Austria. thumb|200px|Armas del Duque de Alburquerque, Virrey de Nueva España 1702-1710.

Tuvo el marqués de Villapuente carácter emprendedor y aventurero, recorriendo en numerosos viajes, gran parte de las posesiones del todavía Imperio español de su tiempo. Mitad fraile mitad soldado, hizo suya la labor y el espíritu de la Compañía de Jesús, de la que, junto a su mujer, Gertrudis de la Peña Rueda Salcines y Esquivel, marquesa de las Torres de Rada, fue sin duda el principal benefactor del primer tercio del .

Apoyó a los franciscanos y sobre todo a la Compañía de Jesús, en su labor colonizadora y evangelizadora de las Californias, aportando el dinero necesario para la fundación de Misiones. Con sus aportaciones, de un mínimo de 10 000 pesos fuertes cada una, se dotaron más de diez misiones en California, que serían: Misión de Nuestra Señora del Pilar de la Paz de Airapí (Airapi) 1702, Misión de Santa Rosalía de Mulegé 1705, Misión de San José de Comondú 1708, Misión de La Purísima de Cadegomó 1720, Misión de Nuestra Señora de Guadalupe Huasinapí 1720, Misión de Santiago de los Coras Aiñiní 1721, Misión de Nuestra Señora de los Dolores de Chillá 1725, con medios del Fondo Piadoso de las Californias, Misión de San José del Cabo Añuití 1730, Misión de Todos Santos 1733, también conocida como Santa Rosa de las Palmas o de Todos los Santos, Todos Santos (Baja California Sur), Misión de Santa Gertrudis la Magna de Kadakaamán 1752, post mortem con dotación dispuesta en su testamento, Misión de Santa María de los Ángeles 1762, post mortem, con dotación del Fondo Piadoso de las Californias.

El Fondo Piadoso de las Californias, fue creado sobre una idea del jesuita padre Juan María Salvatierra y Vizconti, para la colonización y evangelización de California por la Compañía de Jesús. Los principales benefactores del Fondo Piadoso fueron El marqués de Villapuente, su prima y esposa Gertrudis de la Peña y Rueda, marquesa de las Torres de Rada, y la duquesa de Béjar y Gandía.

El marqués de Villapuente dotó al Fondo jesuítico para su desarrollo y financiación en 1717, con las siguientes Haciendas y Estancias: Hacienda de Nuestra Señora de los Dolores de Buzio, Hacienda de San José de Petigán, Estancia del Arbolillo o el Pino, Estancia de Luis Martín, Estancia de Teupa, Estancia de Buxa, Estancia de Coapa, Estancia de Huapango, Hacienda de Arroyozarco, San Agustín de Amoles, Estancia de Las Palmillas, Estancia de Otodejee, todas ellas en las inmediaciones de la Ciudad de México y en las jurisdicciones de Jilotepec y San Juan del Río.

Más adelante (1735) y junto con la marquesa de las Torres de Rada, donó al Fondo Piadoso de forma irrevocable y para que fueran "permanentemente inalienables" las Haciendas de San Pedro de Ibarra, Hacienda del Torreón, Hacienda de las Golondrinas y tres "agostaderos" en el Nuevo Reino de León, que eran San Antonio de los Llanos, El Álamo (o los Álamos) y San Pedro Guadalcázar. Además aportó el Rancho de la Cañada de Santiago de Huautla, el Rancho de Santa María Magdalena, el Rancho de Santiago y el Rancho de San Luis de las Peras (datos de Ignacio del Río), así como fondos y depósitos en efectivo.

Las propiedades y recursos económicos del Fondo Piadoso de las Californias, tras la expulsión de la Compañía de Jesús de México (1767) y la anexión de la Alta California por los EE. UU., arrebatándosela a México (Tratado de Guadalupe Hidalgo), serían objeto de disputa entre estos dos Estados, disputa que duró hasta la última sentencia que se falló a principios del (14 de octubre de 1902), por la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya.

En África thumb|220px|África. Pero el marqués de Villapuente de la Peña, empleó su fortuna además en otras acciones, según nos relata el padre jesuita Francisco Javier Alegre: "En el África, fuera de grandes sumas remitidas en diversos tiempos para redención de cautivos, fundó en Argel un hospicio de padres franciscanos observantes para el amparo y pasto espiritual de los cautivos cristianos.

En Asia thumb|220px|Asia. En el Asia, a costa de muchos males, remedió a innumerables cristianos de las vejaciones que por la fe de Jesucristo padecían en algunos reinos de la India, en el Japón, en Filipinas y en la China donde envió más de 100.000 pesos fuertes para el establecimiento de misiones.

En México