miniaturadeimagen|Los actores Enrique Borrás y Leovigildo Ruiz Tatay interpretando respectivamente a Pedro Crespo y a Don Lope en una representación de 1909 en el Teatro Español de Madrid. El drama histórico es un subgénero dramático o teatral de amplia trayectoria en el que los temas o asuntos se basan en hechos históricos. Es uno de los tres géneros principales del teatro occidental junto con la tragedia y la comedia, aunque se originó, en su forma moderna, bastante después que los otros géneros primarios, razón por la que a menudo se le trata como a un subconjunto de la tragedia. Una obra de este género se conoce como obra histórica y se basa en una narración histórica, a menudo ambientada en el pasado medieval o moderno temprano. Pedro Calderón de la Barca, William Shakespeare y otros autores empezaron a cultivarlo en los siglos y , y continúa hoy en día.
Definición Refleja hechos del pasado y recrea mitos fundamentales de la nación. En el caso del teatro español, habitualmente los sucesos dramatizados son variantes de los conflictos entre monarquía, nobleza y pueblo. Como afirma Francisco Ruiz Ramón,
«Todo relato histórico es, en principio, analéptico, y está construido sobre la separación de dos tiempos, el tiempo del objeto narrado y el tiempo del relato propiamente dicho. En el drama histórico, sin embargo, esa separación tiende a borrarse, e incluso a anularse, por virtud de las muy especiales relaciones dialécticas que el dramaturgo -es decir, el constructor de la acción dramática y el constructor de la representación escénica- establece entre el pasado y el presente, entre el que llamamos "tiempo histórico", y el tiempo actual, que es el tiempo del dramaturgo y del espectador, es decir, el tiempo de la construcción del drama, el de su representación y el de su recepción.»K&M.Cf. Francisco Ruiz Ramón, "Apuntes para una dramaturgia del drama histórico español del siglo XX", en VV. AA., Actas IX. AIH... KaRii.p. 363-4.
Precursores Las obras con alguna conexión con las narraciones históricas datan de los inicios del teatro ateniense. Por un lado, aunque muchas de las primeras obras griegas cubrían temas que el público moderno considera mitos (en lugar de historia), los griegos no hicieron tal distinción, incorporando las historias de sus dioses en la misma narrativa general que incluía historias de sus reyes. La obra de teatro más antigua que se conserva: Los persas, relata un suceso completamente histórico, incluso bajo la comprensión moderna de la historia. Una diferencia clave entre Los persas y una obra histórica en el sentido moderno es la incorporación de elementos sobrenaturales en la narrativa de Salamina. Además, dramatiza principalmente la reacción persa a la batalla, información que, en el mejor de los casos, habría sido una preocupación secundaria para el historiador griego. Por lo tanto, aunque se trata de un suceso histórico verificable, difiere sustancialmente del género moderno de "obra histórica" en que no se ajusta a la comprensión moderna de la historia (al presentar elementos sobrenaturales invariables como hechos) y en que sus objetivos no no son del todo paralelos a los de los antiguos historiadores griegos. miniaturadeimagen|George Romney, Los Persas Un desarrollo significativo en la evolución de la obra histórica ocurrió durante la Edad Media con el surgimiento de las obras de misterio. El teatro en la Edad Media surge de las tradiciones en torno a la misa, un ritual que, debido a la posición teológica ortodoxa de que el sacrificio eucarístico representa (e incluso recrea) el sacrificio en la cruz, tiene profundas similitudes con el teatro (y con los tipos de rituales que dio origen al teatro en la antigua Atenas). Si bien la liturgia dominical regular era como el teatro, las tradiciones que se desarrollaron en torno al servicio de Pascua eran teatro. Específicamente, el "Quem quaeritis?" implicaba explícitamente la representación de personajes por parte del sacerdote y el acólito.
Con esto como punto de partida, los creadores de teatro medievales comenzaron a crear otras obras que detallaban las narrativas religiosas del cristianismo. Las obras de teatro sobre santos, especialmente santos locales, fueron particularmente populare. Estas obras se ajustaban a los objetivos de los historiadores contemporáneos, a menudo en estrecho paralelismo con los libros de "Vidas de los santos". Sin embargo, generalmente no se incluyen en la comprensión moderna de las obras históricas porque difieren significativamente de la comprensión moderna de la historia al incluir sin cuestionamientos los fenómenos sobrenaturales como elementos clave. El paso final en el origen de la obra histórica moderna, por lo tanto, requeriría, como requisito previo, la evolución de la comprensión moderna de la historia.
Evolución miniaturadeimagen|Don Álvaro de Luna, de las figuras históricas más representadas del teatro español Los primeros dramas históricos españoles importantes surgen a finales del (la Numancia de Cervantes, por ejemplo), aunque hay algunos anteriores; destacan sobre todo los escritos por Lope de Vega, quien se inspiró frecuentemente en Crónicas impresas por diversos historiadores. La conciencia histórica colectiva común de una patria llamada España derivaba sobre todo del Romancero como fenómeno histórico-poético, según Stephen Gilman. A veces, el acercamiento a los temas históricos se hacía con la intención de transformarlos en poesía dramática (es decir, se produce una recreación, no exenta de anacronismos, falseamientos, faltas de verosimilitud...) y mitificar algunos personajes y hechos. En otras ocasiones existen ciertas relaciones entre la composición de la obra y el momento histórico dramatizado. Carol Bingham Kirby (para quien el drama histórico «surge en los grandes momentos de la transición de la historia de un pueblo») pone los siguientes ejemplos, precisamente lopianos: «Una obra ceremonial escrita unos meses después de un suceso, como El Brasil restituido (1625), proporciona unas perspectivas respecto al tiempo distintas que una obra escrita siglos después de los hechos, como El último godo (h. 1599). Lejos de la visión shakespeariana, en Lope se contempla la pervivencia de una visión medieval de la historia como providencial. En las obras sobre el Nuevo Mundo destaca la visión de la dialéctica entre vencidos y vencedores. Por otra parte, las dos visiones contrastadas sobre la figura del rey Pedro I, la del Cruel y la del Justiciero, también dan pábulo a interpretaciones históricas diversas.»
Otros dramaturgos del escribieron buenos dramas históricos, como Juan Ruiz de Alarcón (Los pechos privilegiados), sobre Alfonso V de León y Sancho de Navarra (siglos X-XI) o El tejedor de Segovia, ambientado en la época de Alfonso VI y tenido por antecedente del Don Álvaro o La fuerza del sino, o, sobre todo, Pedro Calderón de la Barca, (El sitio de Breda, h. 1625, escrito por encargo para celebrar una victoria sobre los luteranos, La cisma de Inglaterra, 1627, sobre Enrique VIII y Ana Bolena, El príncipe constante, h. 1629, sobre el martirio infligido a don Fernando de Portugal por el rey de Fez en Ceuta, o El tuzaní de la Alpujarra, h. 1633, sobre la sublevación de los moriscos y su exterminio a manos de las tropas de Felipe II mandadas por don Juan de Austria.
Sin embargo, la época dorada del drama histórico español fue el , cuando los románticos quisieron superar el dominio de la tragedia clásica de la Ilustración en el . El dramaturgo Francisco Martínez de la Rosa publicó en 1830 sus Apuntes sobre el drama histórico, donde explicaba la contaminación con géneros como la tragedia, aunque establecía asimismo algunas diferencias (también, por el otro extremo, con la comedia):
«El drama histórico no requiere quizá tanta elevación como la tragedia, admite con menos dificultad personas de condición más llana, desciende con gusto a pormenores más leves; se acerca más a la vida común [...] Ya se deja entender, por razones opuestas, que la gravedad misma de los sucesos, la clase de personas que en ellos intervienen y el calor que dan las ocasiones al estilo y al lenguaje, exigen a su vez que estos rayen más alto en el drama histórico que en la comedia.»
El drama permitía una mayor libertad, al superar las unidades dramáticas y otros rígidos principios del Neoclasicismo (verosimilitud incluida), y los resultados eran más estimables, en el sentido de que las tramas y acciones escenificadas captaban mejor la atención y el interés del espectador. La materia argumental que suministraba la Historia era, además, inagotable, y siempre podía haber un hecho del pasado que pudiera servir para tratar asuntos actuales y contemporáneos, sobre todo aquellos que planteaban el gran conflicto de fondo entre liberales y absolutistas; en este teatro de histórico en que la intención política actual importa más que el simple telón de fondo histórico destacan sobre todo dos dramaturgos decimonónicos: el fecundo Tomás Rodríguez Rubí y Eusebio Asquerino. miniaturadeimagen|Las figuras de Pedro I y su hermano Enrique de Trastamara fueron también de los más representados.