El Reino de MurciaVéase la 2.ª acepción del término reino en el Diccionario de la Real Academia Española. fue una jurisdicción territorial de la Corona de Castilla desde su reconquista en el hasta la división provincial de 1833, acometida por Javier de Burgos. Se extendía aproximadamente por el territorio de la actual Región de Murcia, la parte sureste de la actual provincia de Albacete, Villena y Sax en Alicante y por algunas localidades de la actual provincia de Jaén. Desde su creación hasta 1305 también abarcó buena parte de la provincia de Alicante: las comarcas del Vinalopó, L'Alacantí y la Vega Baja, que pasaron al Reino de Valencia como Gobernación de Orihuela, en la Corona de Aragón, tras los tratados de Torrellas y de Elche.
El título de «rey de Murcia» fue ostentado por los reyes de la Corona de Castilla y hoy día sigue constituyendo uno de los títulos históricos del rey de España. Libro online
El Tratado de Alcaraz, protectorado castellano, revuelta mudéjar y conquista aragonesa (1243-1266) En 1243, el emir de la taifa de Murcia (Ibn Hud al-Dawla) firmó las capitulaciones de Alcaraz con el infante Alfonso de Castilla en representación de Fernando III, aceptando el protectorado de los reinos de Castilla y de León. De esta manera Murcia ganaba una alianza para frenar a los aragoneses de Jaime I (que acababan de conquistar Villena) y a los granadinos de Ibn al-Ahmar (rivales de la taifa murciana), al mismo tiempo que conseguían parar el avance de la Orden de Santiago, que ya había penetrado en la zona norte de la taifa de la mano de Pelayo Pérez Correa (conquistando Chinchilla o Yeste en 1242). Castilla, en contrapartida, conseguía una salida al mar Mediterráneo. miniatura|izquierda|El Castillo de Lorca, sede de la guarnición castellana tras 1244, estuvo sitiado durante la Revuelta mudéjar de 1264-1266. Sin embargo, diversos núcleos de la antigua taifa no cumplieron el pacto, tales como Orihuela, Alicante, Ricote y Aledo, siendo sometidas por la acción de Pelayo Pérez Correa en el mismo año de 1243.Veas Arteseros, pags. 24 Otras poblaciones importantes, como Mula, Cartagena y Lorca, se negaron en su momento a participar del tratado de Alcaraz, por lo que tropas de Castilla (dirigidas por el infante Alfonso) aplicaron el derecho de conquista sobre ellas. Mula cayó en 1244 y Cartagena en 1245. En cambio, Lorca acabó firmando un pacto con los sitiadores que replicaba lo acordado en Alcaraz.Veas Arteseros, pags. 31 Este situación generó que todo el territorio murciano fuera un protectorado semiautónomo de los musulmanes, a excepción de los núcleos de Mula y Cartagena, las únicas poblaciones de jurisdicción plenamente cristiana, ya que a ambas se les concedió el Fuero de Córdoba en 1245 y 1246 respectivamente.
En 1244 se firmaría el Tratado de Almizra entre Castilla y Aragón, que definiría la frontera murciana con el Reino de Valencia y por el que Villena pasaría a manos castellanas.
En 1250 Castilla decidió crear la diócesis de Cartagena, en 1257 se produjo el primer repartimiento de Murcia y en 1258 se nombró al primer adelantado mayor del reino de Murcia. El paulatino incremento de la intervención castellana en el protectorado, ya que el rey Alfonso X fue consciente de que si cumplía lo acordado en Alcaraz en nada avanzaría la transformación cristiana del reino y su jurisdicción en la zona seguiría estando limitada, derivó en la sublevación de los musulmanes murcianos en 1264. thumb|Pintura alusiva a la entrada de Jaime I en Murcia el 2 de febrero de 1266, obra de Federico Mauricio Ramos.
La revuelta contra la Corona de Castilla fue dirigida por el miembro de la familia real musulmana al-Watiq, con el apoyo de Granada. El conflicto fue sofocado gracias a la intervención aragonesa. La reina de Castilla Violante de Aragón, esposa de Alfonso X, pidió ayuda a su padre, Jaime I de Aragón, debido a que Alfonso se encontraba atendiendo la rebelión andaluza. Tropas aragonesas comandadas por el infante Pedro (el futuro Pedro III de Aragón) y el propio Jaime I sofocaron la revuelta entre finales de 1265 y principios de 1266, dejando a un importante número de aragoneses en el reino. Aunque según las condiciones del tratado de Almizra, este sería devuelto a Castilla.
A al-Watiq se le dieron tierras y vivió en el exilio, en su lugar Abdallah ibn Hud fue nombrado líder de los ahora mudéjares, con el título de "Rey de los moros de la Arrixaca de Murcia", en lugar de "Rey de Murcia", título que pasaría a ser ostentado por los reyes de Castilla. Daba así comienzo la construcción del nuevo Reino de Murcia como un ente político articulado plenamente dentro de la Corona castellana.
Construcción institucional Tras el fin de la revuelta mudéjar, el Reino de Murcia se vio sometido a una repartición y colonización a través de los repartimientos que, en parte, ya fueron esbozados durante la etapa del protectorado, tratando de atraer a pobladores cristianos de toda la península y ciertas zonas de Europa. Se formaron concejos de realengo a través de la concesión de fueros (la ciudad de Murcia recibió el Fuero de Sevilla en 1266), además de señoríos laicos (destacando el señorío de Villena de los Manuel), delimitándose así distintos concejos (los primeros fueron los de Mula y Cartagena durante el protectorado). La estabilidad se vio favorecida por el establecimiento de órdenes militares tales como la de Santiago (con las encomiendas de Aledo o Yeste) o la del Temple (con la encomienda de Caravaca), evitando las rebeliones internas, a los piratas de la costa y la conflictividad de la frontera con Granada. Esta última se fortificó con numerosos castillos y torres. thumb|Alfonso X y su corte. Alfonso X concedió a la ciudad de Murcia la representatividad de su reino en las Cortes castellanas.
Antes de la conquista definitiva que supuso la intervención aragonesa, el principal cargo institucional castellano bajo el protectorado era el de merino mayor, de la misma forma que los reinos de Castilla, León y Galicia. Hay constancia de que al menos desde mayo de 1251 ya era merino mayor de Murcia Garcí Suárez. Sin embargo, en 1258 los merinos mayores de León, Castilla y Murcia fueron reemplazados por adelantados mayores, y cinco años después también el de Galicia. El primer adelantado mayor del reino de Murcia fue Alfonso García de Villamayor.
Aunque este cargo sólo era efectivo en la zona de realengo, pronto fue copado por miembros de la familia Manuel, como el infante Manuel de Castilla, pasando posteriormente a su hijo Don Juan Manuel, que además eran poseedores de la principal jurisdicción nobiliaria del reino: el señorío de Villena, por lo que su poder en todo el Reino de Murcia llegaría a ser indiscutible.
De los reinos creados por la Corona de Castilla en la reconquista del , sólo el de Murcia llegó a tener instituciones propias. De hecho, Alfonso X el Sabio estableció en su testamento que su hijo, el infante don Jaime de Castilla, heredara el Reino de Murcia como premio por haber vuelto a su servicio en la guerra que mantenía contra el infante Sancho, con la condición de que fuese vasallo del Reino de Castilla y León, que legaba a su nieto Alfonso de la Cerda; disposición que hubiera supuesto la independencia del Reino de Murcia frente a la Corona castellana. Sin embargo, el testamento del rey quedó sin valor al heredar finalmente el trono Sancho IV el Bravo.
El periodo aragonés (1296-1304) thumb|220px|Retrato imaginario del rey Jaime II de Aragón, de Manuel Aguirre y Monsalbe. Ca. 1851-1854. (Diputación Provincial de Zaragoza). El rey Jaime II el Justo de Aragón organizó en 1296 la conquista del Reino de Murcia tras recibirlo como donación de Alfonso de la Cerda a cambio de favorecer sus pretensiones al trono castellano durante la minoría de edad de Fernando IV de Castilla,> dada la abundante población cristiana de origen aragonés que habitaba el territorio y que ponía en cuestión la adscripción del mismo.
Alicante fue conquistada en abril del mismo año, tras una dura resistencia en el castillo de Santa Bárbara de su alcaide Nicolás Pérez. Jaime II tomó posteriormente Guardamar con el apoyo de la flota, negoció con Don Juan Manuel en Elche, prosiguiendo hacia Orihuela y Murcia, que capitularon, igual que el resto de la huerta murciana.
La conquista se vio facilitada por la referida población de origen aragonés que habitaba en el reino, aunque tuvo la oposición de las guarniciones castellanas de los castillos y del obispo de Cartagena.
Una segunda campaña tuvo lugar en 1298, ocupando Alhama de Murcia, y el 21 de diciembre de 1300 capitulaba Lorca tras un largo asedio. Por aquel entonces Jaime II pensó en articular el Reino de Murcia como uno más de los territorios de la Corona de Aragón al concederle Fueros, los llamados Constitutiones Regni Murcie de 1301.
Sin embargo, tras la mayoría de edad de Fernando IV, las pretensiones al trono de Alfonso de la Cerda fueron debilitándose, la crisis política de Castilla llegaba a su fin, por lo que ambas coronas prefirieron alcanzar un acuerdo, tanto Castilla como Aragón necesitaban la paz, firmándose el Tratado de Torrellas (1304) y la modificación expresada en el Tratado de Elche (1305), que devolvían el reino a la jurisdicción castellana pero cambiaban definitivamente las fronteras entre Castilla y Aragón fijadas en el Tratado de Almizra (1244), incorporando a la Corona de Aragón, en concreto al Reino de Valencia, las comarcas del Valle del Vinalopó, el Campo de Alicante y la Vega Baja del Segura. Sin embargo, estas comarcas continuarían perteneciendo a la diócesis de Cartagena hasta el .
Las localidades de Jumilla, Abanilla, Villena y Sax; que en un principio también pasaron a Aragón, acabaron regresando al Reino de Murcia a lo largo del .
y primera mitad del
Crisis poblacional: las epidemias de peste y la inseguridad de la frontera con Granada
Durante gran parte del y la primera mitad del el Reino de Murcia vivió una profunda crisis que quedó reflejada en su economía y demografía, motivada no solo por las epidemias, como la peste que apareció en diversos momentos, sino por las continuas incursiones de tropas musulmanas provenientes del Reino de Granada que crearon una profunda inseguridad en todo el reino y favorecieron una importante despoblación.right|thumb|Castillo de Moratalla, localidad que tras la pérdida de Huéscar se convirtió en vanguardia fronteriza del Reino de Murcia frente al islam.
Todo comenzó cuando en 1314, las localidades en aquel momento murcianas de Huéscar, Orce y Galera cayeron en poder de los musulmanes granadinos, generando un peligro bélico omnipresente en todo el reino. A esto se unió la epidemia de peste de 1348, que fue aprovechada por las tropas granadinas para saquear el valle del Guadalentín. Las sucesivas pestes de 1372, 1379 y 1395 dejaron despobladas comarcas enteras, como las de Caravaca y Cehegín. La peste de 1395 generó en la ciudad de Murcia casi 6000 víctimas.Rodríguez Llopis, pags. 111
Numerosas villas y aldeas desaparecieron para nunca más resurgir, como las cristianas Chuecos, Ugíjar, Puentes o Felí, o las mudéjares Ascoy, Celda, Calentín, Gañuelas y Caristón.
El contexto de inseguridad y despoblación motivó el abandono de gran parte de las explotaciones agrarias, orientándose la economía del Reino de Murcia hacia la ganadería. Los intentos repobladores fueron numerosos, entre ellos la bula de la Santa Sede de 1386 para atraer guerreros y pobladores a diversas fortalezas como las de Moratalla, Yeste, Caravaca, Cehegín y Aledo.Rodríguez Llopis, pags. 112
Inestabilidad política: los Manuel y la Guerra de los dos Pedros