El Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) es un museo público situado en el centro histórico de La Habana (Cuba). Subordinado al Ministerio de Cultura, ocupa dos edificios en las cercanías del Paseo del Prado: el Palacio de Bellas Artes, destinado al arte cubano y el Palacio del Centro Asturiano, que alberga las colecciones de arte universal. Un tercer edificio, el antiguo Cuartel de Milicias, se destina a funciones administrativas.
Inaugurado el 28 de abril de 1913 como Museo Nacional de la República, funcionó hasta mediados del como un museo enciclopédico. Tras la Revolución cubana de 1959 pasó a especializarse como institución dedicada a la historia del arte. Inicialmente su sede estaba próxima al actual Hospital Hermanos Ameijeiras, en el municipio de Centro Habana, cerca del antiguo Frontón.
Su patrimonio artístico, compuesto por más de 45 000 piezas, es considerado uno de los más importantes de la región. Conjuntamente con una importante colección de arte cubano, conserva piezas representativas de las escuelas europeas. También mantiene importantes muestras de arte antiguo procedentes de Grecia, Roma y Egipto.
La institución cuenta con un teatro y un extenso programa cultural, que incluye exposiciones temporales, conciertos y tertulias. También alberga el Centro de Información Antonio Rodríguez Morey, referencia nacional para las artes visuales, además de una biblioteca con más de 120 000 volúmenes.
Historia Antecedentes Después de la independencia de España en 1898 y la proclamación de la República en 1902, Cuba inició un proceso de formación de la conciencia nacional orientado a definir un modelo de nación y consolidar la identidad cultural. Este período estuvo marcado por transformaciones políticas, sociales y culturales, en un contexto influido por la presencia de los Estados Unidos en la isla tras la aprobación de la Enmienda Platt.
Como resultado de este proceso, que cobró fuerza en los primeros años del , se crearon instituciones como la Academia de Historia de Cuba y la Academia Nacional de Artes y Letras. Insipiradas en las instituciones culturales de las antiguas potencias coloniales europeas, estas procuraban impulsar nuevas perspectivas para el desarrollo de la joven nación. En este contexto, se se consideró indispensable la creación de un museo nacional de carácter enciclopédico, concebido siguiendo el modelo de museo público establecido tras la Revolución francesa, con el propósito de preservar la memoria histórica del país y contribuir a la formación cultural de la sociedad.
Fundación y primeros años left|thumb|Inauguración del Museo Nacional (1913).El presidente José Miguel Gómez y Mario García Kohly, secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, fundaron la institución con el nombre de Museo Nacional de la República mediante un decreto presidencial del 23 de febrero de 1913. Concebido como un museo enciclopédico, inspirado parcialmente en el concepto de «gabinete de curiosidades», que tenía como objetivo la difusión del conocimiento, el Museo Nacional se dedicó a conservar los objetos que correspondientes a diferentes disciplinas, con secciones como arqueología, antropología, piedras, bellas artes, historia natural, archivo, biblioteca y mueblería. El arquitecto Emilio Heredia, primer director del museo, fue responsable de aprobar las donaciones, de establecer los criterios de organización y de exposición del acervo cultural.
La sección de Bellas Artes (que también incluía numismática y joyería antigua) contó con un núcleo de pinturas y esculturas de Cuba, Latinoamérica y Europa, parte de la cual provenía de la galería de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro. Dicha galería había sido creada a mediados de , tras la adquisición de un lote en Europa por Pedro de Alcántara (marqués de Jabalquinto) en 1841 para servir como modelo a los estudiantes de la academia.
Durante su primera década de existencia el museo recibió donaciones de particulares, iglesias, conventos e instituciones civiles. Artistas contemporáneos entre los que se encuentran: Antonio Rodríguez Morey, Leopoldo Romañach y Aurelio Merelo, cedieron muchas de sus pinturas. En 1917 el museo se vio obligado a trasladarse desde el Mercado de Colón hacia la Quinta de Toca (Avenida Carlos III), lo cual provocó enormes gastos y posteriormente el cierre del establecimiento hasta el 20 de mayo de 1919. En 1919 la institución participó en una subasta de obras de arte en Europa, mediante la que adquirió un conjunto de sesenta copias de cuadros famosos del Museo del Prado, así como algunas piezas originales de artistas españoles.
Especialización y consolidación En 1918, el artista plástico y restaurador Antonio Rodríguez Morey se hizo cargo de la dirección del Museo Nacional. Su larga administración (que duró hasta 1967, año de su muerte) desempeñó un papel fundamental para la especialización de la institución como un museo de bellas artes y en la obtención de reconocimiento internacional. En 1921, Morey propuso la transferencia de la colección de historia natural a otro edificio, con el objetivo de hacer espacio para la exhibición de piezas históricas y artísticas.
thumb|El Mercado de Colón en 1928.
En 1924, los propietarios vendieron el edificio que servía de sede principal al museo a los hermanos de La Salle y la institución se trasladó nuevamente, esta vez hacia la Casa Aguiar, donde permaneció durante tres décadas hasta la construcción de su sede permanente. Los arquitectos Evelio Govantes y Félix Cabarrocas diseñaron el primer proyecto para la nueva sede en 1925. El proyecto incluyó la adecuación y recuperación del antiguo Mercado de Colón (construido entre 1882 y 1884) y se inició más de dos décadas después. Sin embargo, en 1947 fue abandonado debido a la falta de recursos.
Desde el punto de vista museológico, Morey buscó renovar los criterios para la adquisición de las obras de arte, privilegiando piezas originales en detrimento de copias o reproducciones, contribuyendo significativamente al aumento de la calidad de las colecciones. En 1924 se adquirieron con fondos públicos, algunas pinturas de la colección del distribuidor italiano Salvador Buffard. Al año siguiente, también con subvención estatal, se compró una gran cantidad de pinturas cubanas y europeas. El Salón Anual de Bellas Artes, a través del premio de adquisición, se convertiría en otro espacio importante en la configuración de la colección del museo y fue responsable de incorporar a la colección obras de vital importancia para la historia del arte cubano.
Morey también amplió las adquisiciones de dibujos, grabados, esculturas y artefactos arqueológicos precolombinos. En 1927 la Academia de San Alejandro, concede a manera de empréstito, un segundo conjunto de pinturas que posteriormente pasarían a formar parte del fondo del museo. La colección de etnografía fue ampliada gracias a la transferencia de un grupo de objetos religiosos africanos procedentes de un tribunal en Marianao. En 1936 fueron donadas al museo un grupo de piezas de elaboración indígena provenientes de antiguas aldeas taínas de Camagüey y Pinar del Río, ese mismo año varios profesores de la academia nacional donan algunas de sus piezas.
En las décadas de 1930 y 1940, Morey obtuvo el apoyo de destacados intelectuales cubanos en su propósito de fortalecer el prestigio de la institución y sensibilizar a la sociedad y al gobierno sobre la necesidad de proporcionar condiciones adecuadas para el funcionamiento del museo. Los historiadores Emilio Roig de Leuchsenring y Luis de Soto y Sagarra y el arquitecto Luis Bay Sevilla publicaron una serie de artículos en la prensa en los que se denunciaba la situación de «abandono del Museo Nacional» y destacaron la importancia de su patrimonio. El traslado de las exposiciones y de las obras del museo a otras instituciones en La Habana, debido a la escasez de servicios, contribuyó a resaltar al público la necesidad de una nueva sede más amplia. Para coordinar el traslado se organizó en noviembre de 1946, el Patronato Pro-Museo Nacional, que reunió a representantes de diferentes instituciones culturales cubanas.
El patronato desarrolló un intenso programa de actividades para promover el museo, incluyendo la movilización de la prensa y la radio, los intelectuales, académicos y artistas, y la organización de conferencias y exposiciones en las que se distribuyeron materiales informativos, instando al público a exigir mejores condiciones para la institución. La iniciativa adquirió proyección internacional, y la nueva sociedad trató de establecer acuerdos con instituciones similares de Estados Unidos, Francia y España. El museo fue incorporado al Consejo Internacional de Museos (ICOM). Debido a la escasez de técnicos de museología en el país, el patronato pagó varias becas en el extranjero.
Nueva sede Frente a la presión de la intelectualidad y sectores académicos, el gobierno finalmente aceptó la idea de construir una sede propia para el museo nacional. Se decidió construir una nueva sede denominada Palacio de Bellas Artes, en el sitio donde se ubicaba el antiguo Mercado de Colón, que había sido demolido bajo el gobierno de Carlos Prío. miniaturadeimagen|El Palacio de Bellas Artes en 1954, año de su inauguración. El proyecto del edificio de estilo racionalista estuvo a cargo del ingeniero Alfonso Rodríguez Pichardo. El diseño contaba con amplios espacios libres, que serían susceptibles de modificaciones para acoger diferentes exposiciones. El diseño siguió los códigos internacionales de la arquitectura moderna, y mezcló elementos de la tradición colonial cubana, lo que se reflejó en un patio central y en el uso de piedra de Jaimanitas en la fachada. Varios artistas fueron invitados a realizar trabajos específicos para la construcción, como Ernesto Navarro, Rita Longa y Mateo Torriente. La construcción comenzó en 1952 y finalizó casi dos años después. El Palacio de Bellas Artes fue inaugurado el 18 de junio de 1954, como sede de la II Bienal Hispanoamericana de Arte.
El Patronato fue responsable de elaborar las directrices generales para la reapertura del museo. Un decreto-ley emitido en febrero de 1954 concedió al Patronato (luego rebautizado como Patronato de Bellas Artes y Museos Nacionales) autoridad legal para las organizar instituciones museológicas cubanas, gestionar las colecciones históricas y artísticas, establecer los criterios para la aceptación de donaciones y la organización de las exposiciones y otros eventos culturales. Un consejo asesor ayudó a la Administración en la gestión de la institución.
La reinauguración del museo motivó nuevas donaciones y depósitos durante toda la década de 1950. Donaron obras para la institución la arquidiócesis de La Habana, la Casa de Beneficencia y diversos coleccionistas particulares como María Ruiz de Olivares (marquesa de Pinar del Río), Julio Lobo, Oscar Cintas, José Gómez Mena y Tomás Felipe Camacho, entre otros. Una de las más importantes donaciones hechas al museo fue la de antigüedades egipcias, etruscas y greco-latinas realizada por Joaquín Gumá (conde de Lagunillas), que continúa siendo hoy uno de sus núcleos más valiosos. thumb|Vista actual del Palacio de Bellas Artes.Los curadores del museo montaron las exposiciones permanentes de arte nacional e internacional con la colaboración de Allan MacNab, director del Fours Arts Gallery de Palm Beach, Florida, siguiendo criterios cronológicos y geográficos. El nuevo espacio posibilitó mostrar al público un número mayor de piezas que hasta entonces permanecían almacenadas, entre ellas destacan colecciones de artes decorativas y de la etnología africana de Cuba. La organización del espacio dedicado a piezas históricas estuvo a cargo de José Manuel Pérez Cabrera y Francisco Pérez de la Riva. El campo de la antropología se confió a Fernando Ortiz y Lydia Cabrera.