Sayyid Jamāl-al-dīn al-Afghānī (; nombre de origen: Sayyid Muḥammad ibn Ṣafdar, ) (n. 1838Britannica Encyclopædia, Online Edition 2007 - link-f. 9 de marzo de 1897) fue un pensador y activista político que recorrió la Persia Kayar, Afganistán, Egipto, la India y el Imperio otomano durante la segunda mitad del intentando conseguir la unidad de la comunidad musulmana para hacer frente al imperialismo de Occidente. Precursor del antiimperialismo, fue uno de los fundadores del reformismo islámicoJamal al-Din al-Afghani Jewish Virtual Library y del panislamismo,Ludwig W. Adamec, Historical Dictionary of Islam (Lanham, Md.: Scarecrow Press, 2001), p. 32 y ha sido descrito como "menos interesado en la teología que en organizar la respuesta musulmana frente a la presión de Occidente."Vali Nasr, The Shia Revival: How Conflicts within Islam Will Shape the Future (New York: Norton, 2006), p. 103.

Cuando un año antes de morir, fue acusado de haber instigado el asesinato del Sha de Persia Naser al-Din, al-Afghani después de proclamar su inocencia afirmó: «He luchado, y sigo luchando, por un movimiento reformista en el podrido Oriente, donde me gustaría sustituir la arbitrariedad por la ley, la tiranía por la justicia, y el fanatismo por la tolerancia». Su mandamiento coránico favorito era: «Dios no cambiará la condición de un pueblo mientras éste no cambie lo que en sí tiene».

Su obra es reivindicada tanto por los secularistas de izquierdas, los islamistas, los panarabistas y los panislamistas. El indio Pankaj Mishra ha dicho que «indudablemente hubo muy pocas tendencias en las tierras musulmanas —el modernismo, el nacionalismo, el panislamismo— que la sensibilidad amplia y vital de al-Afghani no inflamara o alimentara. Ni tampoco hubo un ámbito de la acción política —la conspiración antiimperialista, la educación, el periodismo, el reformismo constitucional— sobre el que no dejara la huella de sus ideas». El islamista iraní Alí Shariatí dijo de él que «comprenderle equivale a reconocer el islam y a los musulmanes, así como nuestro presente y nuestro futuro» y que fue «el hombre que levantó por primera vez la voz de la conciencia en el aletargado Oriente».

Biografía Afganistán En 1866 se dirigió de la India a Afganistán, siendo vigilado por los servicios secretos británicos que lo consideraban un peligroso agitador y un probable agente ruso. Poco después de llegar a Kabul fue nombrado consejero del emir, que estaba en guerra con su hermanastro. Para hacer frente a las «intrigas» de Gran Bretaña, Al Afghani le aconsejó que se aliara con el Imperio Ruso, pero el emir acabó siendo derrotado en 1868, y el hermanastro vencedor llegó a un acuerdo con los británicos y expulsó a Al Afghani de Afganistán. En la cárcel de Kabul a la espera de ser expulsado escribió el siguiente irónico comentario:

Diez años después, en una historia de Afganistán que escribió cuando se produjo la segunda guerra anglo-afgana, alabó la resistencia de los afganos cuya «nobleza de alma les lleva a elegir una muerte con honor antes que una vida de abyección bajo el dominio extranjero».

Imperio Otomano De Afganistán marchó a Estambul, la capital del Imperio Otomano y la ciudad más grande del mundo musulmán, a donde llegó a finales de 1869. A los pocos meses fue nombrado miembro del Consejo de Educación, y quedó encargado de dar una conferencia en la inauguración de una nueva y moderna universidad laica, acto al que iban asistir el ministro de educación y otros altos cargos de la administración otomana volcada en el desarrollo de la política renovadora del Tanzimat. En su intervención lamentó la ignorancia que difundían las madrasas y los «conventos derviches» y la señaló como la causa principal del sojuzgamiento del pueblo islámico (milla) por Occidente:

En una conferencia posterior fue más lejos y se atrevió a poner al mismo nivel a los filósofos y a los profetas —«las enseñanzas del filósofo son universales, y no tienen en cuenta las particularidades de una época determinada, mientras que las enseñanzas de un profetas están condicionadas por ella. Por esta razón las prescripciones del profeta varían»—, lo que implicaba cuestionar la inmutabilidad de la ley islámica, la sharía, que podía ser revisada por los filósofos. Los medios conservadores encabezados por los ulemas interpretaron estas palabras como una desautorización del profeta Mahoma y de la teología islámica y desencadenaron una enorme protesta que provocó el cierre de la universidad y la expulsión de Al Afghani de Estambul a principios de 1871.Keddie, Nikki R An Islamic response to imperialism: political and religious writings of Sayyid Jamāl ad-Dīn "al-Afghānī", University of California Press Ltd, Berkeley and Los Angeles, California, 1983. pp 212. ISBN 0-520-04774-5

Egipto thumb|right|210px|Muhammad Abduh. De Estambul se dirigió a El Cairo, entonces la capital cultural y financiera del mundo árabe. Consiguió el patrocinio de un dignatario local a quien había conocido en Estambul y se puso a dar clases particulares en su casa y en un café tras rechazar un empleo en la mezquita de al-Azhar, centrándose sobre todo en la enseñanza de las matemáticas y de las ciencias y en la reinterpretación de los textos islámicos, recurriendo a autores clásicos como Ibn Khaldun. El clero conservador cairota, especialmente los jeques de al-Azhar, lo acusó de defender el ateísmo, pero Al Afghani no se arredró y continuó con sus clases aunque algunos de sus alumnos, como Saad Zaghloul, tuvieron que ocultar que acudían a las mismas. thumb|left|Solicitud escrita a mano para la admisión de al-Afghani en la Logia de El Cairo

Después de unos años inició el activismo político, convirtiéndose asimismo en uno de los precursores del periodismo político en el mundo árabe —en 1879 casi todos los periódicos de Egipto estaban dirigidos por discípulos suyos—, lo que le llevó a decir a uno de sus alumnos más destacados, el reformista Muhammad Abduh, que Al Afghani había disipado las «tinieblas» que cubrían Egipto, pues «antes de 1877, en sus asuntos públicos y privados, los egipcios se sometían completamente a la voluntad del soberano y de sus funcionarios… Ninguno de ellos se atrevía a aventurar una opinión sobre la forma en que se administraba su país». También se afilió a la masonería, al igual que otros egipcios, para poder celebrar discusiones políticas.

Por otro lado, desde la revista Misr ('Egipto') habló de la necesidad de una Reforma del Islam para modernizarlo, al igual que la Reforma que había encabezado Lutero en el cristianismo y que había sido el acontecimiento decisivo de la historia de Europa, según el historiador francés François Guizot, estudiado por Al Afghani.

En 1878 alentó a los campesinos a la rebelión: «¡Oh! ¡Pobres de vosotros, campesinos! Abrís las entrañas de la Tierra a fin de sacar de ella vuestro sustento y mantener vuestra familia. ¿Por qué no les abrís las entrañas a vuestro opresor? ¿Por qué no les abrís las entrañas a los que se comen los frutos de vuestro trabajo?».

Durante ese tiempo reflexionó sobre las causas del atraso de los musulmanes respecto a Occidente, que atribuyó al despotismo y al fanatismo. «Oh, hijos de Oriente, ¿acaso no sabéis que el poder de los occidentales y su dominio sobre vosotros se produjo por sus avances en el conocimiento y la educación, y por vuestro declive en esos ámbitos?», escribió Así propugnó la formación de un partido nacional que tuviera como meta el establecimiento de un gobierno parlamentario que librara a Egipto del dominio que ejercían sobre él británicos y franceses.

thumb|right|210px|Tewfik Pachá, jedive de Egipto. Cuando el príncipe heredero Tewfik Pachá, a quien había conocido en la logia masónica a la que ambos pertenecían, sucedió a su padre el jedive Ismail Pachá en 1879, Al Afghani le pidió que expulsara del gobierno a los extranjeros, para «salvar la independencia de Egipto y consolidar la libertad». La respuesta del nuevo jedive, presionado por los cónsules de Francia y de Gran Bretaña que consideraban a al-Afghani un peligroso agitador que incitaba al «rencor contra los europeos», fue ordenar su expulsión a la India. Tres años después los británicos establecieron su protectorado sobre el jedivato de Egipto.

La influencia de al-Afghani sobre un amplio grupo de pensadores y activistas egipcios fue muy duradera, especialmente entre los ulemas partidarios de la reforma religiosa, a quienes, como dijo uno de ellos, Al Afghani les había demostrado que «si se interpretaban adecuadamente, y si se controlaban mutuamente, la ley del islam era susceptible de desarrollos más liberales, y que ningún cambio beneficioso era realmente contrario a dicha ley», por lo que «en vez de aferrarse al pasado» se debía «avanzar intelectualmente en armonía con el conocimiento moderno».

India Entre mediados de 1879 y finales de 1882 estuvo en la India, pasando la mayor parte del tiempo en Hyderabad y en Calcuta. Bajo la constante vigilancia de los espías británicos, abandonó el activismo político pero durante ese tiempo fue perfilando sus ideas que le llevaron a propugnar el panislamismo. Ya antes de verse obligado a abandonar El Cairo había escrito una carta al sultán otomano Abdulhamid II en la que le mostraba su indignación por la humillación que estaba sufriendo el «pueblo islámico» (milla) a manos de las potencias occidentales y, tras decirle que «he hecho de los medios para la reforma y salvación de ese milla mi profesión y mi conjuro», le pedía que formara un gran frente panislámico contra Occidente, ofreciéndose él mismo como representante suyo en India, Afganistán y Asia central.

thumb|right|210px|Sayyid Ahmad Khan. El panislamismo lo fue perfilando en una serie de artículos que publicó para criticar las posiciones prooccidentalistas de Sayyid Ahmad Khan, el principal líder musulmán de la India, quien según Al Afghani aspiraba «a debilitar la fe de los musulmanes, a servir a los intereses de los extranjeros, y a modelar a los musulmanes conforme a las costumbres y creencias de aquéllos». Por el contrario, Al Afghani, junto con su discípulo más influyente Muhammad Abduh, quería restablecer la debilitada umma musulmana mediante el desarrollo del «auténtico islam», entendido como una religión racional. Estas ideas las desarrolló en un libro titulado Refutación de los materialistas dirigido a rebatir la visión del islam de Sayyid Khan y en el que afirmaba que el ataque a la religión socavaba los lazos que mantenían unidas a las comunidades musulmanas y cuyo debilitamiento era lo que precisamente las había hecho entrar en crisis.

Influenciado por la revuelta de El Mahdi en Sudán, Al Afghani comenzó a defender entonces la lucha armada y la resistencia violenta contra Occidente, utilizando en ocasiones el concepto de «guerra santa». Por otro lado, para hacer frente a la dominación británica propugnó la unión de musulmanes y de hindúes, destacando sus vínculos lingüísticos y exaltando el legado científico y filosófico de la India, «cuna de la humanidad» y «origen de todas las leyes y las normas del mundo», pero sin que ninguna de las dos comunidades le diera la espalda a sus respetivas religiones y tradiciones ya que eran la fuente de su fortaleza.

Interludio europeo: Londres, París thumb|right|210px|Wilfrid Scawen Blunt. Tras una breve estancia en Londres, donde conoció al poeta inglés antiimperialista Wilfrid Scawen Blunt y publicó un artículo antibritánico en un periódico dirigido por un libanés discípulo suyo, Al Afghani llegó a París a principios de 1883, poco después de que Gran Bretaña ocupara Egipto. El motivo del viaje, según explicó en una carta, era estar en «tierras cuyos habitantes gozan de mentes sanas, oídos atentos y corazones comprensivos, a los que pueda narrarles cómo se trata a un ser humano en Oriente. Así se apagará el fuego que han encendido en mí tantos sufrimientos, y mi cuerpo se verá libre de la carga de unos sufrimientos que me han roto el corazón».