La rebelión del Ejército de Reserva y Protector de la Constitución y Leyes fue un golpe de Estado, surgido en protesta por la victoria de la revolución de la Acordada.

Antecedentes

El 26 de agosto de 1829 arribaron a Veracruz los generales Nicolás Bravo y Miguel Barragán, quienes salieron desde Acapulco con dirección a Guayaquil en 1828 exiliados luego de la Rebelión de Nicolás Bravo. A su desembarco, fueron recibidos y felicitados por las autoridades, cónsules extranjeros y la alta sociedad del puerto, obsequiándoles bailes y banquetes. Poco después de este acontecimiento corrió el rumor de que se preparaba un movimiento para variar la forma de gobierno, mismo que supuestamente sería acaudillado por Antonio López de Santa Anna y Anastasio Bustamante.

Ambos, se sintieron obligados a desmentir semejante murmullo en una proclama fechada el 29 en Jalapa, Veracruz, manifestando que no podían tener esa pretensión porque ni en ellos residían facultades para cambiar el sistema federal ni podía creérseles contrarios a él cuando de su adhesión habían dado pruebas inequívocas. No obstante, si creían necesarias algunas reformas generales, pero para ello la Constitución había fijado un periodo cuyo término estaba próximo, y pronto podrían verse realizadas de un modo legal; por último, protestaban contribuir a consolidar las instituciones, la independencia y la Constitución, en cuya defensa se los hallaría siempre.

Levantamiento

Estas protestas, no fueron nada comparadas con el levantamiento de la guarnición de Campeche, que se había pronunciado por la forma de República central y obligado a las autoridades civiles a jurarla, el día 6 de noviembre.

Anastasio Bustamante, condenando este proceder, escribió:

En esta situación, Vicente Guerrero, comisionó a Lorenzo de Zavala para que con la mayor brevedad posible pasara a Yucatán a reducir el orden, por medio de la persuasión, a los jefes militares pronunciados. Zavala señala en sus memorias que el gabinete de Guerrero quería separarlo del gobierno central, no obstante, a su llegada y al entregarle el oficio del comandante militar de Yucatán ordenándole partiese inmediatamente de Sisal, el capitán portador de él añadió “El gobierno supremo me ordena prevenga a usted que si por cualquier evento vuelve a pisar las playas de esta provincia, será pasado por las armas inmediatamente”. Por tal motivo, decidió regresar a Veracruz en el buque con el que había llegado, siendo el término de esa misión peligrosa.

A su juicio, el pronunciamiento de Campeche fue promovido por los oficiales mexicanos residentes en la península de Yucatán, de acuerdo con los jefes del ejército acantonado en Jalapa, cuyos planes eran hacerse de la situación imponiendo al país militar que preparase la entronización del centralismo. Aunque como los hechos lo demostraron, el plan contase con la adhesión de todos los militares de la República, sus directores no osaron, sin embargo, romper con la opinión, que declarada por el sistema federal había facilitado el triunfo del partido guerrerista, y procurando no contrariarla por el momento, en sus proclamas, periódicos y papeles de toda especie predicaron, según hemos visto hacerlo a Bustamante, que la mala administración no podía en modo alguno ser motivo a hacer desear la supresión de un sistema conveniente a la nación y por toda ella profesado y sostenido.

El 24 de noviembre ocurrió en el cuartel que en Jalapa tenía el batallón activo de Toluca, un motín contra el comandante José María Durán, que por disposición del presidente había remplazado al coronel del cuerpo, Ignacio Inclán, cuyos soldados deseaban fuese repuesto en el mando. Comunicada la noticia al Ministerio de la Guerra, Bustamante respondió en un oficio:

Una vez que creyeron conseguido su objetivo de que no se les tuviera por enemigos de la Constitución vigente, decidieron darle el golpe. El 4 de diciembre, reunidos los jefes de los cuerpos acantonados en Jalapa, en el alojamiento del general de brigada Melchor Múzquiz, el coronel José Antonio Facio presentó y leyó el plan de conjuración:

Posteriormente, cada uno de los jefes manifestó su opinión acerca del plan, mismo que firmaron, jurándose unión eterna, para luego transmitirlo a los oficiales, sargentos y tropas. Alternativamente se fueron presentando comisiones de los cuerpos, compuestas por un capitán, un teniente y un alférez a manifestar al general en jefe el quedar adheridos al movimiento.

A los generales Anastasio Bustamante y Antonio López de Santa Anna, enviaron un oficio para que ambos se pusiesen a la cabeza del movimiento, y debido a las declaraciones que el primero ya había hecho, tuvo que enviar un oficio en donde llamaba a la defensa de las leyes y declaraba los males que podría acarrear a la nación si este no aceptaba, poniéndose a la cabeza del movimiento, como se puede ver en su oficio:

Según se encuentra documentado en México a través de los siglos, luego de orar esa misma noche, Bustamante llegó a su alojamiento acompañado de su comisión, precedido por las bandas de músicas y bandas de los cuerpos, y aclamaciones de su ejército en Jalapa, Veracruz, hasta que el general Melchor Múzquiz pasó a felicitarlo con todos sus jefes y oficiales. Luego, el general Melchor Múzquiz suplicó al vicegobernador del estado, Argüelles, que reuniera al Congreso que se encontraba en receso y se adhirieran al movimiento. El día 5, el diario El Mensajero escribió en sus líneas: Hoy se ha dado prestaciones dobles a los soldados. Sobran recursos cuando se trata de salvar a la patria, comprobándose así el fundamento que se tuvo para sospechar que la clase alta habían facilitado la compra de tropas, y ese mismo día se unió al movimiento el general Mariano Arista.

Para convencer a las tropas de secundar el pronunciamiento, se les hizo creer que Vicente Guerrero y los jefes insurgentes veían con desdén y mala voluntad al ejército regular, no teniendo simpatías sino por el levantisco a que ellos habían pertenecido y en que se habían formado. Al respecto, el coronel del Batallón permanente Pablo María Mauleaa, dijo a sus soldados en su proclama:

Existía pues, una falsedad de principios y un desorden de ideas, como lo expresó el diario El Sol, que concluía un artículo suyo en referencia a Anastasio Bustamante con las siguientes exclamaciones: ¡Que trastorno en las ideas! ¡Que empeñó en seducir al pueblo! ¡Que deseo de perpetuar el poder usurpado sobre la ley!.

5 días después de proclamado el Plan de Jalapa, la guarnición y la legislatura del Estado de Puebla, dieron un gran impulso al movimiento del Ejército de Reserva. A las 8 a.m.. del 9 de diciembre se reunieron en la casa del Comandante general del Estado, el general Justo Berdeja y el general José María Calderón, así como demás jefes y oficiales de los cuerpos de línea, haciendo presente Berdeja que habiendo secundado el Plan, el coronel Pablo Víctor Unda, se hacía necesario acordar lo conveniente para regularizar la conducta de los demás.

A las siete de la noche los oficiales militares congregados recibieron el decreto de la legislatura en que se dictaba su adhesión al plan, declarando al Estado de Puebla como Protector del Ejército de Reserva, mientras éste lo fuera de la Constitución, y en consecuencia, Berdeja, Calderón y sus tropas hicieron formal pronunciamiento a favor del mismo plan, firmando como inspector de la milicia cívica del Estado, Carlos Furlong.

Sin embargo, esta misma milicia no estaba muy de acuerdo con la decisión de su comandante, pues al llegar el general Melchor Muzquiz el día 13 a las 7 de la noche frente a la garita de Amozoque, comandante de la vanguardia del Ejército Jalapista, se encontró con que los cuerpos de cívicos le cerraban el paso en actitud hostil hacia la garita y el puente. El gobernador del Estado, Patricio Furlong, parecía dispuesto a sostener el gobierno general, pero luego de varios enérgicos oficios de Muzquiz, cambió de actitud, retirando las fuerzas cívicas para que sus tropas tomaran la plaza Mayor entre cohetes y a la voz de ¡Viva el Congreso del soberano Estado de Puebla!.

En la noche del 20 al 21 salió de aquella ciudad toda la fuerza combinada, dejando una guarnición regular… la división se fraccionó en dos cuerpos al mando respectivo de los generales Pedro María Anaya y Melchor Muzquiz. Anastasio Bustamante permaneció en Puebla hasta las diez de la mañana del 22, en que salió para Atlixco, dejando al general José María Calderón de comandante general de la plaza, y después de haber recibido a las siete de la noche anterior una carta de Antonio López de Santa Anna, avisándole que, disintiendo de las opiniones del ejército pronunciado, mantendría en Veracruz y en cualquier campo de batalla la legitimidad de la presidencia de Vicente Guerrero.

El 15 de diciembre, en efecto, expidió un manifiesto en Manga de Clavo expresando a los que se habían manifestados contrarios a Guerrero que sólo conseguirían sacarlo de la silla presidencial, como dijo, pasando sobre mi cadáver, cuando yo haya dejado de existir en defensa del primer magistrado de la nación… Anular su elección, o lo que equivale a lo mismo, separar de la presidencia al general presidente, que ha ya estado cerca de un año en posesión de su destino, sin que haya habido reclamación alguna, servirá sólo para atraer sobre la república un cúmulo de males mayores que los que desean aparentemente evitar los que están animados de aquellas intenciones, pues quedaría la nación acéfala, o cuando menos, hecha presa de un poder militar que la oprimiría privándola de su amada libertad.

Bustamante y su partido que había declarádolo jefe, aunque sintieron la disidencia de Santa Anna, no le dieron mayor importancia, independientemente el 26 de diciembre Santa Anna recibió facultades extraordinarias en Veracruz, publicando una proclama que sostenía como constitucional al gobierno de Vicente Guerrero.

La noticia de esta conjuración militar causó en el gabinete de Vicente Guerrero tal sorpresa y aturdimiento, que no tomó ninguna medida contra los levantados… El 10 de diciembre, Lorenzo de Zavala desembarcó en Veracruz, siendo mal visto por los sublevados y la prensa local, independientemente era gobernador de ese estado, como así se hace constar en uno de los periódicos del puerto, que anunció así su llegada: Anoche ha llegado aquí de regreso de su comisión extraordinaria el sultancillo o Lorencillo Zavala. Desgraciados habitantes de México, enterrad vuestras propiedades en los sepulcros, pues va tras de ellas el héroe de la rapiña.

Casi instantáneamente, Guerrero se vio aislado en un círculo de traidores y perjuros. Y que en vano habría querido resistir a una rebelión consumada por las tropas del gobierno, acaudillada por el vicepresidente de la república, secundada por las guarniciones de las principales ciudades, facilitada por los tropiezos del ejecutivo causados por el Consejo de Estado y la Cámara de Senadores, ayudada por la defección de la mayoría de los jefes militares, y por la conducta del gobernador del Distrito, Ignacio Esteva, cuya cooperación, que una vez no creyeron útil los conspiradores capitalinos, les fue de mucha ayuda pues él mismo anduvo buscando a quien ofrecer sus servicios, pues, como dice Lucas Alamán, separado de sus antiguos compañeros, trabajaba con empeño en destruirlos.