Zamora de Hidalgo, conocida simplemente como Zamora, es una ciudad del estado de Michoacán, México y cabecera del municipio de Zamora. Cuenta con una población de 154 546 habitantes según datos del Censo de Población y Vivienda del año 2020 llevado a cabo por el INEGI. Por su población es la tercera ciudad más poblada del estado de Michoacán y la 97.ª ciudad más poblada de México. Asimismo, es el principal polo de desarrollo del poniente de Michoacán.
Zamora, asentada en un valle muy fértil, siempre ha sido el centro de una zona económica fundamental para Michoacán. Su localización geográfica ha permitido que la urbe se caracterice por ser un enlace comercial y económico muy importante entre la capital del estado, Morelia, y la ciudad de Guadalajara. Zamora colinda con Jacona de Plancarte, uniendo así a los dos municipios a los que pertenecen estas ciudades para formar la Zona metropolitana de Zamora, que cuenta con una población de 273 641 habitantes en las 109 localidades que la conforman.
Por su historia y composición social, Zamora es también un centro cultural relevante en Michoacán, al contar con el Centro Regional de las Artes de Michoacán, El Centro Cultural Casona Pardo, El Colegio de Michoacán, y el Teatro Obrero de Zamora. Asimismo, la ciudad cuenta con un recinto de gran relevancia arquitectónica y artística, el Santuario Guadalupano, un edificio religioso de estilo neogótico que sobresale por su altura y magnitud de superficie, siendo el templo más alto del país y uno de los más altos de América, el cual se ha convertido en un ícono de la ciudad y un atractivo para el turismo.
Toponimia
La ciudad fue nombrada Zamora en honor a la ciudad española del mismo nombre, en razón de que la mayoría de sus primeros pobladores hispánicos provenían de esa provincia de Castilla y León.
A partir de 1953, a la ciudad de Zamora se le agregó oficialmente «de Hidalgo» como un homenaje a Miguel Hidalgo y Costilla, quien elevó esta población al rango de «ciudad» en la época del movimiento de Independencia de México. En aquellos tiempos Hidalgo pasó por la entonces villa de Zamora y estuvo ahí una tarde, cuando se dirigía rumbo a Guadalajara, Jalisco.
Historia miniaturadeimagen|Santuario Guadalupano de noche.
Época Virreinal El 18 de enero de 1574 el Dr. Alonso Martínez fundó la villa de Zamora sobre el valle de Tziróndaro, en cumplimiento de una orden del virrey Martín Enríquez de Almanza de formar un asentamiento para un grupo de españoles que se establecía temporalmente en los alrededores, así como para veinte familias que habían llegado de Castilla a la Nueva España. La fundación de la ciudad respondía, por una parte, a la necesidad de abrir un camino a tierra chichimeca protegido por villas españolas debido al descubrimiento de minas en ese territorio; y por otra parte, a varios problemas político-sociales, producto del asentamiento de españoles en la república de indios de Jacona.
Durante la época colonial, la ciudad desarrolló cotidianamente su actividad agrícola. En tiempos de la Independencia de México el cura Miguel Hidalgo y Costilla hizo su entrada a Zamora el 21 de noviembre de 1810 cuando se dirigía a Guadalajara, y en la celebración que el pueblo realizó en su honor, le otorgó a la entonces villa de Zamora el título de «Ilustre Ciudad».
Después de la Independencia, la industria en la ciudad se fue posicionándose frente a otras actividades productivas, específicamente en la fabricación de hilos y tejidos; si bien, la producción de manta decayó por la competencia extranjera, la fabricación de rebozos continuó generando fuentes de trabajo e ingresos para la ciudad y la región.
En 1825 Zamora se convirtió en la capital del departamento michoacano del poniente, lo que más tarde le daría cierta posición para intentar formar un estado independiente de Michoacán.
Intentos para separar a Zamora de Michoacán Fue hasta el , en tiempos del México independiente, en que la ciudad de Zamora presentó un gran auge cultural y económico muy notable debido a aspectos como el florecimiento de su actividad agrícola y comercial. En los años del , con el tiempo, la sociedad zamorana se sintió cada vez más identificada en lo cultural con la región del bajío jalisciense que con las poblaciones de Michoacán, lo que llevó a la élite de la ciudad a varios intentos por sustraerse de la jurisdicción de la capital del estado, Morelia, para crear una nueva entidad, que tuviera como capital Zamora. Para Verduzco (1986a), los intentos separatistas respondían más bien a la autonomía adquirida durante esos tiempos que por un simple chovinismo. Segunda mitad del y Porfiriato En 1863 se erigió la diócesis de Zamora, cuya conformación estuvo vinculada a la estadía de algunos obispos mexicanos exiliados en Roma, y que satisfacía, además, a esos antiguos sentimientos separatistas. A través de su conformación, la ciudad reforzó sus funciones nodales en la región a través de los diezmos. A causa de esta recaudación se centralizaron algunas funciones financieras y se impulsó la economía regional, gracias a que con ellos la Iglesia otorgaba préstamos a hacendados y comerciantes. Estos dos, por su parte, le proporcionaban la base material para el desarrollo de sus actividades.
Durante este tiempo, aunque Zamora se encontraba unida administrativamente a Morelia, se había integrado más profundamente con el Bajío, con quien compartía vínculos económicos y culturales. En general, desde la conformación del obispado, se vivieron tiempos de cambios. En particular, el capitalismo se hizo presente en el occidente mexicano, motivo por el cual se fueron modificando las estructuras económicas y, en consecuencia, las relaciones sociales. Sin embargo, otras situaciones se mantuvieron igual, puesto que a diferencia de lo que sucedió en casi todo el país, los servicios civiles siguieron estando en control de la Iglesia. Cuando Porfirio Díaz asumió de facto el poder, en 1876, Zamora apenas contaba con 10000 habitantes, y pese a todo, era un asentamiento de importancia para el occidente de México, debido a su clero y a sus hacendados. Por lo demás, la instauración del Porfiriato permitió la reconciliación de la Iglesia con el Estado: mientras que el primero conformaba su proyecto de ciudad episcopal —el obispo Cázares impulsó una gran campaña de construcción para ello—, el segundo integraba la ciudad y su región al capitalismo.
Desarrollo urbano de la época Las señales más notorias del progreso local se desarrollaron entre los años de 1854 a 1910, tiempo en el que ocurrió el mayor desarrollo de la agricultura y comercio, además de la entrada de innovaciones tecnológicas y modernización. En el ámbito de transportes, en 1899 se introdujo el ferrocarril que trajo un progreso a la agricultura y comercio, así mismo, Zamora contó con un sistema de tranvía que comunicaba desde la estación de ferrocarril de la ciudad, las principales calles, hasta poblaciones suburbanas (corredor Zamora-Jacona). Además, fue de las primeras ciudades en Michoacán en que llegaron la energía eléctrica, la introducción de agua potable, el telégrafo, fonógrafo, cinematógrafo, el primer banco, etc.
En el ámbito de urbanismo se comenzó a forjar una nueva imagen para la ciudad en su afán de modernizarla, proyecto que se vio consolidado durante el gobierno de Porfirio Díaz, época en que hubo un gran impulso al desarrollo urbano y arquitectónico de la ciudad; varios edificios actuales son testimonio de aquellos tiempos de auge económico. Se edificaron nuevas construcciones civiles y religiosas con estilos propios de la época inspirados en la arquitectura europea en boga en esos tiempos: se construyeron nuevos templos en el estilo neoclásico, pero se destacó sobre todo lo neogótico, como es el caso del proyecto de la nueva catedral para la ciudad, hoy Santuario Guadalupano. Así como edificios públicos principiante en estilo ecléctico inspirado en el neoclásico, como el Mercado Morelos —que para la época fue un moderno mercado con un sistema constructivo innovador al ser una estructura de metal unida con remaches—, la construcción del Teatro de la Ciudad o Teatro Obrero, el Palacio episcopal, hoy Palacio Federal, etc. En el mismo auge constructivo, se edificaron también residencias particulares afrancesadas.
A principios de siglo la ciudad ya había integrado los adelantos técnicos de la época, como el teléfono, el telégrafo y la nueva maquinaria agrícola e industrial. Además, se había convertido en una pequeña urbe con gran dinamismo y modernidad, organizando los aspectos económicos, políticos y socioculturales de su hinterland.
La situación fue cambiando de 1913 en adelante, puesto que Zamora sufrió los estragos de la Revolución mexicana a través de la imposición de préstamos, la ira contra la Iglesia, el permanente bandolerismo, así como la hambruna, el tifus y la influenza; no resulta extraño el hecho de que parte de la población abandonara la ciudad para instalarse en la Ciudad de México, Guadalajara o en los Estados Unidos. La prosperidad de la agricultura fue decayendo por una década a partir de este momento histórico, principalmente porque se suspendieron los préstamos que otorgaban los bancos y la Iglesia, fueron saqueadas continuamente las haciendas y las deudas contraídas durante el porfiriato se volvieron imposibles de saldar. Ante la incapacidad de costear la producción, los hacendados perdieron el control total del proceso de producción de sus parcelas al hacer uso de la mediería. Entre 1915 y 1930 algunos comerciantes empezaron a financiar a hacendados y medieros, lo que les ayudó a ascender económicamente y conformar, junto con algunos medieros, una nueva burguesía. Durante esta época postrevolucionaria la imagen porfiriana de la ciudad empezó, además, por desaparecer.
Cuando Lázaro Cárdenas dio inicio con el reparto agrario, se opusieron tanto las familias latifundistas como esa nueva burguesía previamente conformada, situación que, aunque provocó grandes disputas con los agraristas, no impidió el reparto. El único cambio que produjo fue que la tierra cambiara de dueño, puesto que los medieros siguieron controlando el proceso productivo del campo. Por lo demás, para el financiamiento de los ejidos, Cárdenas impulsó para ese fin la fundación del Banco de Zamora.
Después del reparto, el fortalecimiento de la agricultura, junto con la apertura de la carretera México-Guadalajara y la Segunda Guerra Mundial, propiciaron el crecimiento demográfico de la ciudad, pasando de 15477 hab. en 1940, a poseer 23397 hab. en 1950. Como la Segunda Guerra Mundial le permitió a México hacer crecer su industria, ello requirió además la ampliación de los mercados, situación por la cual se asentaron en Zamora distribuidoras de cerveza, automóviles, maquinaria agrícola, fertilizantes, semillas, etc.
Entre 1950-1960 la ciudad de Zamora se consolidó totalmente como el núcleo comercial y de servicios del Bajío Zamorano. Por estos años, además, se terminaron las obras de desecación del valle, lo que provocó que la producción aumentara radicalmente y se introdujeran nuevos cultivos, como las berries —principalmente fresa— y las hortalizas. La expansión del primer cultivo condujo a que se instalaran empacadoras para la comercialización de la fresa y sus derivados, que le han dado a Zamora su prosperidad y distintivo nacional.
Geografía
Ubicación miniaturadeimagen|río Duero a su paso por Zamora. Zamora de Hidalgo se localiza al occidente de México y al noroccidente del Michoacán, dentro de la subprovincia fisiogeográfica «Depresión de Chapala» —parte del Eje Neovolcánico— y la región geocultural denominada Bajío zamorano, una de las dos porciones michoacanas del Bajío. Se asienta sobre el valle de Tziróndaro en las coordenadas 19°59' de latitud norte y 102°17' de longitud oeste, con una altitud de 1560 y una superficie de 19.58km².