Federico González Suárez (Quito, 12 de abril de 1844-Quito, 1 de diciembre de 1917) fue un eclesiástico, político, historiador, catedrático universitario, crítico literario y arqueólogo ecuatoriano. Ejerció como Arzobispo de Quito entre 1906 y 1917. A pesar de su fe profunda, mantuvo una postura de independencia frente a los partidos políticos, promoviendo la despolitización del clero y defendiendo la soberanía nacional en momentos críticos.

Es considerado el padre del positivismo histórico en Ecuador y el fundador de la arqueología científica en el país. Su metodología se basó en el análisis crítico de fuentes primarias, investigando exhaustivamente en archivos de España y América para rectificar mitos nacionales. Fue el creador de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos (hoy Academia Nacional de Historia) y autor de la Historia General del Ecuador.

En el ámbito literario, su pensamiento estuvo guiado por una estética humanista y cristiana, defendiendo una literatura nacional caracterizada por la religiosidad, el patriotismo y la originalidad. Fue un ensayista que analizó la poesía épica y la estética como reflejos del orden divino y la moralidad.

Biografía

Primeros años y educación Nació el 12 de abril de 1844 fue hijo de Manuel María González y Mercedes Suárez. Tuvo una infancia difícil puesto que su papá enfermó de lepra y tuvo que dejar a su mamá y a Federico, quien también era propenso a las enfermedades. Estudió con becas y siempre sintió curiosidad por la historia. Cuando era adolescente empezó a leer los libros de Juan de Velasco y de Inca Garcilaso de la Vega, momento en que empezaría a desarrollar su amor por la historia. Empezó a estudiar en 1862 en el seminario.

Durante la primera etapa de su carrera se dedicaría a la literatura, publicando La Poesía en América en 1871. Poco después complementaría su obra con Estudio sobre Virgilio y el Estudio de la Poesía épica cristiana. Formó parte del “Liceo de la Juventud” que dirigía Julio Matovelle donde se formaron varios poetas religiosos con una devoción especial a la Virgen María. Publicaría "La Belleza literaria de la Biblia" y haría un estudio sobre Jaime Balmes, al que admiraba mucho.

Perteneció por cerca de diez años a la Compañía de Jesús, que abandonó finalmente en 1872, cuando contaba con 28 años de edad y aún no había sido nombrado presbítero. González Suárez se trasladó entonces a Cuenca, donde recibió las órdenes sacerdotales, y vivió allí once años, hasta 1883. Desde aquella época comenzó a figurar en la vida pública nacional como hombre prestigioso por su saber, inteligencia, pluma y verbo oratorio. Por esa época ya era notable por su gran talento y habilidad política, condiciones que le permitirían alcanzar las más altas posiciones dentro de la Iglesia, y ejercer su poderosa influencia en la política y el Estado. En esta época pronuncia su famoso y polémica Oración Fúnebre sobre la muerte de García Moreno que causó gran polémica en la ciudad, debido a que no formaba parte del partido conservador.

En 1878 fue elegido diputado por la provincia del Azuay a la Convención de Ambato. En septiembre de ese año publicó en Quito su primera obra arqueológica titulada “Estudios históricos sobre los cañaris, antiguos habitantes de la Provincia del Azuay". Más tarde, en 1883 se estableció nuevamente en Quito donde combatió a la dictadura instaurada por el general Ignacio de Veintemilla, y al tiempo que intervenía en la política su figura se fue haciendo muy respetada y temida por su intransigencia moral. Como parte de la oposición publicó su famosa colección de artículos titulado “Opúsculos de polémica religiosa”.

Viaje a España e inicio de sus investigaciones El arzobispo Ordóñez y González Suárez eran amigos cercanos y viajaron juntos a las Antillas, Francia, Suiza, Italia y España. Sería en el último país donde viviría dos años y profundizaría sus conocimientos históricos en los Archivos de Simancas y Alcalá de Henares. También estudiaría en el archivo de la Real Academia de la Historia, en el Depósito Hidrográfico, en la biblioteca del Real Palacio. Especialmente dedicaría parte de su estadía ahí a investigar en la Biblioteca Nacional de Madrid varios códices y en el Archivo de Indias de Sevilla más documentos. Conoció a personas importantes de esa época como Marcelino Menéndez y Pelayo el historiador chileno José Toribio Medina, con americanistas como Marco Jiménez de la Espada y Justo Zaragoza. También conocería al escritor Cesáreo Fernández Duro. Al regreso viajaría por Brasil, Chile y Perú, regresando a Ecuador en 1887. En esta época publica la “Memoria Histórica sobre Mutis y la Expedición Botánica en Bogotá” y comienza una etapa fértil en su carrera. Dos años después escribió “Refutaciones Históricas”, en 1890 su “Ensayo sobre Lacordaire”, al año siguiente publica la “Historia General del Ecuador” con el atlas arqueológico y terminaría con su ensayo “La imprenta en el Ecuador durante el tiempo de la colonia”. Esto despertó la polémica con otros historiadores y se publicó “La Veracidad del Sr. Dr. Federico González Suárez en orden a ciertos hechos referidos en el Tomo IV de su Historia General”, por parte de Pablo Herrera.

Rol durante el laicismo miniaturadeimagen|Retrato en la Catedral Metropolitana de Quito. A él se debe la despolitización del clero ecuatoriano, históricamente unido al Partido Conservador Ecuatoriano; sin embargo, se mantuvo firme en las doctrinas de sus antecesores oponiéndose a las leyes que creía iban en contra de la Iglesia, como las del matrimonio civil, el registro civil, la libertad de cultos, el divorcio y el laicismo estatal, y en educación. "El retrato moral" y físico del gran Arzobispo lo muestra de "estatura pequeña, cabeza bien formada, cabello entrecano, frente alta y limpia donde brillaba la centella del genio, espesas y arqueadas cejas, el mirar melancólico y penetrante, la nariz larga y algo extendidos los labios al terminar en su parte inferior, las mejillas blancas, sonrosadas y salientes; la boca grande y gruesos labios, el andar lento y mesurado. Tranquilo y apacible en el trato familiar y cuando estaba de buen humor, serio y severo en el ejercicio del ministerio sacerdotal. De temperamento nervioso y sensible, al contemplar su rostro bien a las claras se veía que un sentimiento de tristeza profunda dominaba su alma noble y generosa. Sus modales decorosos y dignos inspiraban respeto y aún veneración. Tenaz en sus propósitos y firme en sus resoluciones, nunca le faltó el valor para llevar a cabo empresas de trascendental importancia. Solía decir que el honor era el premio a la virtud. Sirvió de puente y evitó el abismo entre dos mundos, el decimonónico que él clausuró y el que inauguró con su influyente personalidad de sabio y sacerdote. Al recibir a cualquier persona levantaba la cabeza y el pecho para mirarla de frente, gesto que le daba un aire señoril y regio, como de quien no se intimida ante nadie y que infundía respeto y algo de turbación en cuantos se le acercaban, sobre todo la primera vez. De índole comunicativa, gustaba de la conversación y de las tertulias de amigos, deleitándolos con las anécdotas que refería con gran franqueza y cierto gracejo.

Durante esta época asistió como senador al Congreso de 1892; el 14 de diciembre de 1894, pese a las duras críticas en su contra, el papa León XIII lo escogió para ocupar el obispado de Riobamba, y luego como Obispo de Ibarra 1895 a 1905. En 1906, Pío X lo nombró Arzobispo de Quito, lugar desde el que dirigió la iglesia ecuatoriana hasta su muerte.miniaturadeimagen|325x325px|Cenotafio en memoria de González Suárez en la Catedral Metropolitana de Quito. Nacimiento de la arqueología y de la Academia Nacional de Historia Con el cambio de siglo empezarían nuevas excavaciones arqueológicas y fruto de ello, en 1902 y 1903 publicó en los Anales de la Universidad Central su obra “Los aborígenes del Carchi e imbabura”. Años más tarde publicaría su ensayo metodológico titulado “Advertencias para buscar, coleccionar y clasificar objetos arqueológicos pertenecientes a los indígenas, antiguos pobladores del territorio ecuatoriano” y en 1915 escribiría sus “Notas Arqueológicas.” Sus investigaciones las realizó con Jacinto Jijón y Caamaño, a quien conoció cuando era niño y guio dentro de su carrera como arqueólogo. Además lo puso en contacto con Paul Rivet, quien había llegado como parte de la Segunda Misión Geodésica Francesa. Además, durante esta época, en 1909 fundó la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos, que en 1920 se transformaría en la Academia Nacional de Historia de Ecuador.

Federico González Suárez, destacado historiador, arzobispo y figura intelectual de Ecuador, falleció por causas naturales el 1 de diciembre de 1917 en Quito. A sus 73 años, su salud se había debilitado considerablemente debido a su avanzada edad y a las fatigas propias de su intensa vida dedicada al estudio y al servicio eclesiástico. Su muerte ocurrió de manera tranquila en el Palacio Arzobispal, rodeado del respeto de una nación que, a pesar de las fuertes divisiones políticas de la época entre liberales y conservadores, lo reconocía unánimemente como una de las mentes más brillantes y una autoridad moral indiscutible de su tiempo.

Resumen de sus ideas

Historia y arqueología miniaturadeimagen|Primicias de la Cultura de Quito, periódico de Eugenio Espejo hecho por la primera imprenta de la Real Audiencia de Quito, estudiado por González Suárez en "La imprenta en el Ecuador" Federico González Suárez concebía la historia como una lección moral y una búsqueda rigurosa de la verdad. No buscaba recopilar una serie de narraciones de crónicas y más bien optó por adoptar una metodología basada en el análisis crítico de fuentes documentales. Se le considera el padre del positivismo histórico en Ecuador, bajo la premisa de que "la verdad es el alma de la historia". Para él, el historiador tenía el deber de investigar archivos para rectificar mitos y leyendas.

En cuanto a la arqueología, la entendía como una herramienta científica para reconstruir el pasado de los pueblos aborígenes donde los documentos escritos no alcanzaban. Fue pionero en realizar excavaciones sistemáticas y en estudiar restos materiales como cerámica, cráneos y metales para comprender las costumbres y el origen de las civilizaciones precolombinas. A través de obras como su Atlas Arqueológico, otorgó a los objetos la categoría de "páginas inéditas" de la historia nacional, sentando las bases de la arqueología científica ecuatoriana al combinar el trabajo de campo con el estudio comparativo de lenguas indígenas.

Entre sus discípulos más destacados sobresalen Jacinto Jijón y Caamaño, José Rumazo González, Wilfrido Loor Moreira, Jorge Salvador Lara, Gabriel Cevallos García, Carlos Manuel Larrea, y Cristóbal de Gangotena y Jijón, quienes continuaron sus investigaciones en arqueología e historia documental.

Literatura épica Como crítico literario, González Suárez escribió ensayos donde definía el carácter que debía tener la poesía en Ecuador. A su juicio debía tener tres características:

Consideraba que los antiguos dejaban que los poetas formen religiones, mientras que los modernos, a partir del cristianismo, las religiones forman a los poetas. Como ejemplo citaba a grandes autores de la literatura occidental como Dante, Tasso, John Milton, Racine, Chateaubriand, Manzoni. Sobre eso además, desarrollaría un estudio titulado "Estudio de la Poesía Épica Cristiana", enfocándose en Hojeda, Milton y Dante. Dentro de sus reflexiones, afirmaba por ejemplo que el Lucifer de la Cristiada es más verosímil que el del Paraíso perdido.